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Lecturas del día Celebración de la Eucaristía J. A. Pagola Puntos de reflexión
Génesis 3, 9-15.20 Modelo de creyente A. Pronzato X. Goitia
II Pedro 3, 8-14 Santa María Rufo González B. Caballero
Lucas 1, 26-38 Mensajeros de su presencia J. Garrido Orar con el Salmo

 

 

La Inmaculada Concepción

Misa Pr. Gl. Cr. Pf  pr

 8 de Diciembre

 

 

REFLEXIONES SOBRE LAS LECTURAS DE HOY

 

  

Reflexión: Génesis 3, 9-15.20

Primer pecado y primer anuncio de salvación

El Libro del Génesis, en la la lectura de hoy, nos presenta el diálogo entre Dios y el hombre después de la caída en pecado.

Ya se deja entrever la victoria final de Dios.

Es el primer destello de la salvación. Se nos ofrece el anuncio profético de la salvación.

El vencedor de Satanás será Cristo-Jesús. La mujer a él asociada en la lucha y en la victoria, será María.

De María nacerá Cristo, que es la cabeza de la Nueva Humanidad redimida, al igual que Eva lo es de la Humanidad pecadora.

Y Dios la prepara para que sea digna madre del Salvador.

Por eso le concede el privilegio de no caer en el pecado original, haciéndola inmaculada desde el momento de su concepción.

Y una vida limpia, pura e inmaculada vivirá a lo largo de toda su vida personal.

Esa es la respuesta que nuestra Señora da a la misión que Dios le ofrece.  

 

Reflexión: II Pedro 3, 8-14

La venida definitiva del Salvador, de Cristo Jesús, era entendida por algunos de los primeros cristianos como un acontecimiento inminente.

De ahí que vivieran intensamente esta espera. Algunos vivían sin hacer nada. Simplemente esperaban. Otros se desalentaban porque los "últimos tiempos" no llegaban.

El Apóstol Pedro tuvo que salir al paso de estos excesos y extraños desalientos: La venida del Señor es cierta. Pero esa 2ª venida es prolongación de la primera.

El Señor viene y se hace presente continuamente.

Dios tiene una noción del tiempo muy distinta a la nuestra, ya que "mil años son como un día".

Por eso tiene paciencia asombrosa para con el hombre. Una paciencia amorosa porque "no quiere que nadie perezca sino que todos se conviertan".

Lo importante es que, cuando venga, nos encuentre en paz con El. No podemos establecer fechas a la acción de Dios; para El no hay ayer o mañana como para nosotros.

No debemos intranquilizarnos por su aparente silencio; ni tampoco queramos apresurar sus intervenciones. ¡El día del Señor llegará, sin duda!

Y ese día habrá, para siempre, "un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia", como dice hoy el Apóstol Pedro.

El lograr que se vaya realizando el "cielo nuevo y la tierra nueva" es labor que tenemos que asumir nosotros, los cristianos.

 

Reflexión: San Lucas 1, 26-38

Alégrate, María, llena de gracia.

 

El Evangelio de San Lucas nos presenta el anuncio a María de la Encarnación del Mesías.

La profecía del Génesis (que leíamos en la la lectura de hoy) se realiza por María, la llena de gracia.

María al decir "hágase en mí según tu palabra", va a colaborar decisivamente en la victoria de Jesús sobre el pecado.

Su fe en Dios va a hacer posible al Mesías esperado desde antiguo. María hará cercano a Cristo-Jesús. Le da su propia carne y así hace posible el "Dios con nosotros" que celebramos en la Navidad. Celebramos hoy un gran privilegio de María y un gran ejemplo para nosotros.

Que seamos capaces de vivir la fe y la confianza en Dios, como María las vivió.

Ofrecer al Señor nuestra "disponibilidad" y ser portadores de Cristo, como María lo fue.

Ella dio vida a Jesús en su propia carne.

Nosotros hemos de dar vida a la Palabra de Dios en nosotros: hacerle presente en nuestro mundo al igual que María lo hizo presente en Belén.


 

 

 

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