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DOMINGO II TIEMPO DE ADVIENTO CICLO C

HOMILÍAS JOSÉ ANTONIO PAGOLA

 

Preparad el camino del Señor

Lc 3, 1-6

 

 

 

 

 

RECUPERAR CAMINOS


Es muy fácil quedarse en la vida «sin caminos» hacia Dios. No hace falta ser ateo. No es necesario rechazar a Dios de manera consciente. Basta seguir la tendencia general de nuestros días e instalarse en la indiferencia religiosa. Poco a poco, Dios desaparece del horizonte. Cada vez interesa menos. ¿Es posible recuperar hoy caminos nuevos hacia Dios?

Tal vez, lo primero sea recuperar «la humanidad de la religión». Abandonar caminos ambiguos que conducen hacia un Dios interesado y dominador, celoso sólo de su gloria y poder, y en definitiva poco humano, para abrirse a un Dios que sólo busca y desea, desde ahora y para siempre, lo mejor para nosotros. Dios no es el Ser Supremo que aplasta y humilla, sino el Amor Santo que atrae y da vida. Las personas volverán a Dios, no atraídas por lo «tremendum» sino por lo «fascinans» de su misterio.

Es necesario, al mismo tiempo, ensanchar el horizonte de nuestra vida. Estamos llenando nuestra existencia de cosas y nos estamos quedando vacíos por dentro. Vivimos informados de todo, pero ya no sabemos hacia donde orientar nuestra vida. Nos creemos los seres más inteligentes y progresistas de la historia, pero no sabemos entrar en nuestro corazón, meditar, orar o dar gracias. Sólo camina hacia Dios el que no está satisfecho con el lugar actual y busca uno nuevo para existir.

Es importante, además, buscar un «fundamento sólido» a la vida. ¿En qué nos podemos apoyar en medio de tanta incertidumbre y desconcierto? La vida es como una casa: hay que cuidar la fachada y el tejado, pero lo importante es construir sobre cimiento seguro. Al final, siempre necesitamos poner nuestra confianza última en algo o en alguien. ¿No será que necesitamos a Dios?

Para recuperar caminos hacia Dios necesitamos aprender a callar. A lo más íntimo de la existencia se llega, no cuando hablamos y nos agitamos, sino cuando hacemos silencio. Cuando la persona se recoge y está callada ante Dios, el corazón tarde o temprano comienza a abrirse.

Se puede vivir encerrado en uno mismo, sin caminos hacia nada nuevo y creador. Pero se puede también buscar nuevos caminos hacia Dios. A ello nos invita el Bautista.

 

HACER SITIO A DIOS

Juan grita mucho
. Lo hace porque ve al pueblo dormido y quiere despertarlo, lo ve apagado y quiere encender en él la fe en un Dios Salvador. Su grito se concentra en una llamada: «Preparad el camino del Señor». ¿Cómo abrirle caminos a Dios? ¿Cómo hacerle más sitio en nuestra vida?

Búsqueda personal. Para muchos, Dios está hoy como oculto y encubierto por toda clase de prejuicios, dudas, malos recuerdos de la infancia o experiencias religiosas negativas. ¿Cómo descubrirlo? Lo importante no es pensar en la Iglesia, los curas, la misa o la moral sexual. Lo primero es abrir el corazón y buscar al Dios vivo que se nos revela en Jesucristo. Dios se deja encontrar por los que lo buscan.

Atención interior. Para abrirle un camino a Dios es necesario descender al fondo de nuestro corazón. Quien no busca a Dios en su interior es difícil que lo encuentre fuera. Dentro de nosotros encontraremos miedos, preguntas, deseos, vacío... No importa. Dios está ahí. Él nos ha creado con un corazón que no descansará si no es en él.

Con un corazón sincero. No ha de preocuparnos el pecado o la mediocridad. Lo que más nos acerca al misterio de Dios es vivir en la verdad, no engañarnos a nosotros mismos, reconocer nuestros errores. El encuentro con Dios acontece cuando a uno le nace desde dentro esta oración: «Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador». Éste es el mejor camino para recuperar la paz y la alegría interior.

En actitud confiada. Es el miedo el que cierra a no pocos el camino hacia Dios. Tienen miedo a encontrarse con Él, sólo piensan en su juicio y sus posibles castigos. No terminan de creerse que Dios sólo es amor y que, incluso cuando juzga al ser humano, lo hace con amor infinito. Despertar la confianza total en este amor puede ser comenzar a vivir de una manera nueva y gozosa con Dios.

Caminos diferentes. Cada uno ha de hacer su propio recorrido. Dios nos acompaña a todos. No abandona a nadie y menos cuando se encuentra perdido. Lo importante es no perder el deseo humilde de Dios. Quien sigue confiando, quien de alguna manera desea creer es ya «creyente» ante ese Dios que conoce hasta el fondo el corazón de cada persona.
 

 

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