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Capítulo 12


 El Año Litúrgico


 

 

Indice

 

Introducción

La problemática actual del año litúrgico

Progresivo desarrollo del año litúrgico

• Se inicia en Jesucristo

• Primeros años

• La Semana Santa y la Cuaresma

• La Navidad y el Adviento

 

La reforma del Vaticano II

• Antecedentes y criterios para reformar

• Estructura actual del año litúrgico

 

Fundamentación del año litúrgico

• Los misterios de Cristo y el Misterio Pascual

• De la historia al memorial litúrgico

 

Motivos para celebrar el año litúrgico

El domingo cristiano

Significado de cada tiempo litúrgico

Espiritualidad del año litúrgico

Pastoral del año litúrgico

 

Cuestionario

 


 


 


Introducción

Mirando hacia atrás y haciéndonos preguntas nos damos cuenta que hasta ahora hemos respondido a estas tres preguntas:

¿Qué celebramos? Dicho resumidamente: celebramos el Misterio Pascual del Señor. Lo hemos respondido en los capítulos 4 y 5.

¿Cómo celebramos? Celebramos por medio de símbolos, gestos, con la Palabra de Dios y con palabras y cantos humanos inspirados en la Palabra de Dios. Quedan respondida en los capítulos 6, 9, 10 y 11.

¿Quién celebra? Cristo y nosotros, es decir, el Cuerpo de Cristo. A ello hemos dedicado los capítulos 7 y 8.

Nos quedan otras dos:

¿Cuándo celebramos? La responderemos en este capítulo 12; y

¿Dónde celebramos? Será objeto del capítulo 13.

Así pues, este capítulo responde a esta pregunta: ¿cuándo celebramos?

La vida de cualquiera de nosotros está sujeta a unos ritmos de tiempo, que regulan todos los actos. Estamos atados a unos calendarios. El calendario civil, marco de todas las actividades profesionales que debemos realizar; el calendario laboral, que señala los días de trabajo y los tiempos de descanso y vacaciones. Pero también nos encontramos con el calendario escolar de los hijos, que condiciona la vida familiar.

Hay otro calendario: el litúrgico, es el que ordena la vida de la comunidad parroquial. Un cristiano que vive una relación estrecha con la comunidad parroquial, observa que ésta también tiene su calendario. En este calendario litúrgico observamos una sucesión de tiempos más fuertes e intensos que otros. Este calendario se ha formado desde una vivencia de los cristianos: Dios nos salvó un día: el día de la Resurrección.

Por eso, el calendario litúrgico más que fijarse en los días, se fija en el sentido y en el contenido de esos días. Lo importante no es el día sino lo que se celebra ese día. Además, el calendario litúrgico se ha formado poco a poco a través de los siglos. Algunos de estos días vienen por una tradición apostólica, otros se han formado a través de la historia de la Iglesia. El Concilio Vaticano II, hizo una tala o entresaca en el calendario litúrgico. Ahora vemos con más claridad el bosque. Y los árboles se pueden apreciar mejor.

"La santa madre Iglesia considera deber suyo celebrar con un sagrado recuerdo, en días determinados a través del año, la obra salvífica de su divino Esposo. Cada semana, en el día que llamó del Señor, conmemora su resurrección, que una vez al año celebra también, junto con su santa pasión, en la máxima solemnidad de la Pascua. Además, en el círculo del año desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la encarnación y la Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la expectativa de la dichosa esperanza y venida del Señor" (SC 102).

A la celebración de la obra salvífica de Cristo a través del año lo designamos con el nombre del Año Litúrgico.
 

Este capítulo lo tienes ordenado de la siguiente manera:

En primer lugar, trataremos de la problemática actual del Año Litúrgico. Inmediatamente, haremos un recorrido por la historia. Completaremos este recorrido histórico, en un tercer apartado, con la Reforma del Concilio Vaticano II.

El cuarto apartado está dedicado a la base teológica del Año Litúrgico. Es decir, ¿qué hay detrás o bajo esta sucesión de días especiales? A éste, le seguirá el apartado de los motivos para celebrar el Año Litúrgico.

Una vez que hayamos asumido todo esto nos introduciremos en el Domingo, fundamento del Año y en los distintos tiempos litúrgicos, como son el Adviento-Navidad y Cuaresma-Pascua.

Al final, analizaremos su espiritualidad y su pastoral, es decir, cómo vivirlo y hacerlo vivir.

 


PROBLEMÁTICA ACTUAL DEL ANO LITÚRGICO
 

Posturas Críticas
 

Al afrontar la cuestión del año litúrgico, no podemos olvidar el contexto socio-cultural actual. Está marcado por la secularización y los condicionamientos de una sociedad técnica-industrial. Este contexto es totalmente distinto de aquel otro en que surgió y se fue desarrollando el año litúrgico.

Por eso, no faltan hoy quienes llegan a cuestionar la realidad misma de la fiesta religiosa, como residuo de un mundo sacral ya superado. Éstas son sus expresiones: "Hay que dar paso a una fe que valora lo cotidiano y lo profano como lugar auténtico del encuentro con Dios". "Todos los días son iguales, no hay días sagrados en sentido estricto", "Dios se manifiesta en la vida y aquí hay que encontrarle". "Hoy día no tiene sentido el celebrar tiempos fuertes. Todos son sagrados para Dios".
 

Postura real

Frente a la situación actual, la pastoral no puede ceder ni al extremismo secularizante ni al integrismo religioso de formas antiguas. Debemos contar y asumir el cambio cultural que ha tenido lugar y que prosigue todavía en evolución, para purificar y redescubrir la fe en sus contenidos y en sus actitudes más puras y auténticas. Es verdad.

En su estructura, en su forma externa, el año litúrgico no es un absoluto, no es algo intocable: es una creación de la Iglesia, pero cuyo contenido, su interior, su sentido (la otra cara de la moneda) constituye la esencia de la fe de la misma Iglesia, que es el misterio de Cristo. El año litúrgico, su estructura es la manifestación. de un contenido. La estructura podrá cambiarse o modificarse; adaptarse a los tiempos, pero el contenido es siempre el mismo: Cristo y su obra salvadora. Y ésta necesita días especiales para celebrarlo. También es verdad, somos humanos y necesitamos expresiones humanas.

 

Tarea catequética

Cuando el contenido se presenta íntegramente y en su autenticidad, mediante una buena catequesis, cuando se celebra con las implicaciones en la vida, no llegará a fomentar ninguna alienación.

Esta catequesis debe dar a conocer el lenguaje bíblico y tener en cuenta el lenguaje del hombre moderno. La catequesis y celebración unida a la vida ayudarán a los creyentes a encontrarse con el Dios de la historia, el Padre de nuestro Señor Jesucristo "que tanto ha amado al mundo, que le ha dado a su Hijo unigénito" (Jn 3, 16).

 

DESARROLLO PROGRESIVO DEL AÑO LITÚRGICO

 

Se inicia en Jesucristo
 

Ya hemos dicho en la introducción que lo más importante del año litúrgico no son los días, sino lo que celebramos esos días. Por tanto, el año litúrgico no es una idea, sino la persona de Jesucristo y su misterio que actúa en el tiempo y que nosotros hoy celebramos sacramentalmente.

Este misterio de Cristo (vida, pasión, muerte, resurrección, ascensión) la Iglesia lo ha celebrado al principio como "concentrado" en un día, ("el primer día de la semana", el domingo. Esto, el todo concentrado, el núcleo del año litúrgico, lo que llamamos el Misterio Pascual, se va a ir desplegando y explicitando a los largo de los siglos, se va a ir distribuyendo progresivamente a lo largo de todo el año. Es decir, en vez de celebrar todo el misterio de Cristo un día, empezó a celebrar un día el nacimiento, otro, la pasión, otro día la resurrección, y así sucesivamente.

Veamos, a grandes rasgos, cómo.

 

Primeros años: Pascua

En los primeros años de la Iglesia el centro vital único de la predicación, de la celebración y de la vida cristiana era la Pascua del Señor. Recordemos las primeras predicaciones de san Pedro (Hch l, 16-22; 2, 22-36). Este dato es importante. El culto de la Iglesia, la celebración, nació de la Pascua y para celebrar la Pascua. En los primeros años, pues, no se celebraban los misterios, sino el misterio de Cristo. Y esta celebración del misterio de Cristo tenía su única manifestación en una fiesta única: el domingo y con una única denominación: día del Señor. No había, pues, día de la Trinidad, de Navidad, de la Ascensión, etc. Sólo existía el Día del Señor. Y todos iguales.

Muy pronto, seguramente por influencias de las comunidades cristianas que procedían del judaísmo, surgió la idea de celebrar la Pascua de un modo especial una vez al año, como un gran domingo. Lo que se celebraba cada domingo, se celebra de un modo más solemne una vez al año. Era como el aniversario. Lo mismo que los judíos celebraban la fiesta de la pascua judía anual, los cristianos empezaron a celebrar la Pascua del Señor de forma especial. Esta forma especial era en resumen así: se empezaba al anochecer, seguía la celebración durante toda la noche hasta el amanecer, se leía toda la pasión para terminar con la celebración de los bautismos y la Eucaristía.

 

El Triduo Pascual y la Cuaresma

Después del s. IV, por la necesidad de contemplar y revivir cada uno de los momentos de la pasión prevaleció el criterio de celebrarlos en varios días. Así nació el triduo Pascual.

La noche de pascua se celebraba el bautismo (desde el s. III) y el Jueves Santo por la mañana se celebraba la reconciliación de los penitentes (desde el s. V). Estas celebraciones necesitaban de preparación. Entonces, nació un tiempo de preparación para el bautismo y para la reconciliación. Se inspiraron en los cuarenta años de los israelitas en el desierto y, claro, en los cuarenta días de Jesús en el desierto. Así surgió la Cuaresma. Esta preparación tenía unos contenidos fijos: Jesús, fuente de agua viva (Evangelio de la Samaritana, Jn 4, 5-42), Jesús, luz (Evangelio del ciego de nacimiento, Jn 9, 1-41) y Jesús, vida (Evangelio de la resurrección de Lázaro, Jn 11, 1-45). Todavía seguimos escuchándolos en los domingos tercero, cuarto y quinto del "ciclo A". La idea preparación que es proceso hasta tomar a Jesús como agua, luz y vida para la vida diaria.

 

Adviento-Navidad

El ciclo de Navidad nació en el s. IV independientemente del misterio pascual, es decir, no nació de la idea de relacionarlo con el misterio pascual. Fue la necesidad de apartar a los fieles de las celebraciones paganas e idolátricas del sol que tenían lugar en Roma en el solsticio de invierno (cuando la luz del sol comienza otra vez a crecer).

Más tarde, las discusiones teológicas del s. IV encontraron en la Navidad una ocasión para afirmar la auténtica fe en el misterio de la encarnación. Y, al final del s. IV, se establece un paralelismo con el ciclo pascual. Así, se empezó a establecer un período preparatorio de cuatro a seis semanas. Nació el Adviento. Toma nota: primero nace la Navidad y después el Adviento. Lo mismo que ocurrió con la Cuaresma y Pascua. La Cuaresma es "hija" de la Pascua.

Culto a los mártires

El culto de los mártires es antiquísimo. Este culto nació unido al misterio pascual: lo mismo que Cristo había derramado su sangre en la muerte, así mismo los mártires. Se habían hecho enteramente semejantes a Jesús en el acto supremo de cruz.
 

Culto a María
 

Es posterior al culto de los mártires. Se desarrolló a partir del concilio de Éfeso (año 431), y sobre todo durante el período de Adviento y Navidad. Se celebraba su maternidad. El mes de mayo, como mes de María, no se formó hasta la Edad Media, cuando los cristianos habían perdido la lengua y el conocimiento del latín y, por tanto, no se vivía la celebración ni el año litúrgicos.

Visto este esquema histórico, concluimos diciendo que, históricamente, el año litúrgico, no se formó sobre la base de un plan pensado de antemano. No se pensó programar el año litúrgico. Se formó y creció a partir de la riqueza interna del misterio de Cristo y a partir de las situaciones históricas que vivían los cristianos a los cuales había que dar una respuesta pastoral. Una vez desarrollado el año litúrgico, vino la reflexión teológica que le dio unidad.

Por último, nos hemos dado cuenta que lo surgido históricamente en primer lugar, es lo más importante también teológicamente. Lo cual no quiere decir que no tenga importancia. También tiene importancia. pero algo menos. Ya hemos anotado que el cristianismo y la celebración nacieron de la pascua y para celebrarla.
 


LA REFORMA DEL CONCILIO
 

Texto del Concilio Vaticano II
 

"Revísese el año litúrgico de manera que, conservadas y restablecidas las costumbres e instituciones tradicionales de los tiempos sagrados de acuerdo con las circunstancias de nuestra época, se mantenga su índole primitiva para alimentar debidamente la piedad de los fieles en la celebración de los misterios de la redención cristiana, muy especialmente del misterio pascual.. Oriéntese el espíritu de los fieles, sobre todo, a las fiestas del Señor, en las cuales se celebran los misterios de la salvación durante el curso del año. Por tanto, el ciclo temporal mantenga su debida superioridad sobre las fiestas de los santos, de modo que se conmemore convenientemente el ciclo entero del misterio salvífico" (SC 107-108).


Antecedentes
 

Esto que hemos apuntado de la historia del Año Litúrgico no es todo. Como hemos apuntado en la introducción, se habían introducido tantas fiestas de santos, tantas novenas, etc., es decir, tanto árbol, que se había perdido la visión general del bosque, del Año Litúrgico. Las fiestas de los santos habían tapado lo central, eclipsaban el Misterio Pascual.

Por ello, Pío X y Juan XXIII, antes del Concilio, habían dado normas para devolver al domingo su dignidad primitiva, de modo que todos lo considerásemos como la fiesta principal.

Pío XII decretó reavivar, en la noche pascual, la solemne vigilia, en la cual el pueblo de Dios renueva su alianza con Cristo Resucitado.

Como aplicación de las normas fijadas por el Vaticano II, Pablo VI publicó las "Normas generales para la ordenación del año litúrgico y del nuevo calendario".

 

Criterios para la reforma

El Vaticano II para reformar el Año Litúrgico se inspiró en el criterio de la tradición y en el criterios de la simplificación.

Se ha reestructurado, pues, con más lógica y con una organización más clara y lineal. Así se evitaban los duplicados de fiestas y sobre todo se expresaba la centralidad del misterio de Cristo con su culminación en la Pascua.
 

Estructura actual del año litúrgico
 

Después de la reforma del Vaticano II, el año litúrgico está estructurado de esta forma:

• El Año litúrgico comienza con el tiempo de Adviento-Navidad. Este ciclo (Adviento-Navidad) está dividido en dos tiempos: uno de preparación a la Navidad, que es el Adviento y otro el de Navidad. Primero se formó y se celebró la Navidad, después vino el Adviento para prepararse a la Navidad.

El primer día del Adviento no tiene un día fijo todos los años. Lo único fijo es el 25 de Diciembre, día de la Navidad. El Adviento debe tener cuatro domingos. Por eso, unos años comenzará un día y otros años otro día (bien sea un domingo de Noviembre o de Diciembre). Sólo una cosa es fija: el primer día será domingo. Este el el inicio, aunque no el centro. No fue el primero que se formó.

• El centro de todo el año litúrgico y el primero que se formó, es la Pascua de Resurrección. También forma un ciclo: un tiempo de preparación, que es la Cuaresma y otro, el de Pascua.

La Cuaresma no tiene otro sentido que prepararse para vivir la Pascua con toda su intensidad. Este día de Pascua no tiene un día fijo en el calendario. Pascua es el primer domingo después de la luna llena de primavera. Unos años caerá un día y, otros, otro. Así que, las dos fiestas más importantes del calendario litúrgico están unidas íntimamente con las estaciones. Pero, no celebran los ciclos estacionales, sino acontecimientos históricos en las estaciones. La Cuaresma tiene cuarenta días: desde el miércoles de Ceniza hasta la Semana Santa. De todos modos, los días de la Semana Santa hasta el Jueves por la tarde se considera Cuaresma.

• Todo el tiempo que queda es llamado Tiempo Ordinario. Comienza después del Tiempo de Navidad, en concreto después del Bautismo de Jesús y sigue hasta que comience la Cuaresma.

Una vez terminado el Tiempo Pascual, con el día de Pentecostés, sigue otra vez el Tiempo Ordinario, el domingo siguiente al que dejamos antes de empezar la Cuaresma. Así que unos años el Tiempo Ordinario hasta Cuaresma tiene tres domingos, y otros más. De todos modos el Tiempo Ordinario tiene 34 semanas en total. Termina con al fiesta de Cristo, Rey. Este es el último domingo del Tiempo Ordinario, lo último que ocurrirá: que Dios por Cristo y por Espíritu será todo en todos. Dentro de este Tiempo Ordinario se celebran las fiestas de María y los Santos. El Concilio ha procurado dejar Adviento-Navidad y Cuaresma-Pascua sin fiestas, para no quitar importancia a lo central.

 

FUNDAMENTACIÓN DEL AÑO LITÚRGICO
 

Reflexión teológica
 

Para comprender el año litúrgico correctamente es necesario hacer una reflexión teológica. De lo contrario corremos el riesgo de no encontrar el elemento unificador de sus diversos aspectos. Lo resumimos en estos puntos.
 

• El año litúrgico está fundado en la Historia de la salvación. Lo que caracteriza al cristianismo es el hecho de que Dios ha entrado en la historia. Nuestro Dios ha hablado en la historia y a través de la historia. Por eso, la historia y el tiempo están cargados de significado.
 

• El acto fundamental y el que constituye la historia de la salvación es la predestinación de Cristo como principio y fin de toda la realidad. "En él fueron creadas todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, las visibles y las invisibles; todo lo ha creado Dios por él y para él. Cristo existe antes que todas las cosas y todas tienen en él su consistencia" (Col 1, 16-17).
 

• En este plan salvífico, Cristo es el centro y, por tanto, la clave para leer todos los acontecimientos anteriores y posteriores. La creación, desde su inicio, se ordena a él y progresará a través del tiempo hasta su plenitud, hasta ser el Cuerpo de Cristo: "hasta que seamos hombres perfectos, hasta que alcancemos en plenitud la vida de Cristo" (Ef 4, 13).
 

• Así pues, el centro vital toda la historia y de todos los acontecimientos de ella es el acontecimiento pascual, que culminará en el señorío pascual del Resucitado. Por tanto, "cuando le (a Cristo) estén sometidas todas las cosas, entonces el mismo Hijo se someterá también al que le sometió todo, para que Dios sea todo en todas las cosas" (1 Cor 15, 28).
 

• La Iglesia ha unido nuestro tiempo con el tiempo de Cristo. ¿Con qué finalidad? Para que la salvación realizada en y por Cristo, llegue a ser salvación comunicada y actualizada a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos. Esto lo comunica y actualiza la Iglesia mediante el año litúrgico.
 

• Esta visión del plan de Dios en la historia como salvación es fundamental y esencial para captar el sentido, el valor, la estructura y la unidad interna del año litúrgico.
 

Cristo y el misterio pascual

También la vida histórica de Jesús se contempla en su unidad y en su tensión hacia el acontecimiento pascual. Los acontecimientos de la vida de Jesús (nacimiento, las obras que realizó: curaciones, comidas, etc.), y las palabras que pronunció son momentos salvíficos. Están íntimamente relacionados entre sí y orientados hacia un cumplimiento: la Pascua de Muerte-Resurrección.
 

• Todos los acontecimientos de su vida tienen su significado: el estar orientados al único misterio. Cada uno con su propio valor salvífico. Los acontecimientos son, por tanto, misterios. La muerte-resurrección el misterio. Desde este centro se contempla y se interpreta la persona y la misión de Jesús. Los apóstoles reconocieron todos los acontecimientos de la vida de Jesús después y desde la pascua. Esta es la perspectiva teológica que nos dan los evangelios. Las explicaciones que reciben los discípulos de Emaús, comenzando desde Moisés y terminando por él mismo, son precisamente explicaciones que ayudan a reconocer un plan único en toda la historia y en toda la vida de Jesús.
 

• Ahora bien, al año litúrgico refleja no tanto la vida terrena de Jesús de Nazaret, considerada desde el punto de vista histórico-cronológico (aunque no prescinde de ello), sino como el misterio, es decir, Cristo mismo, en cuya carne se realizó plenamente el plan salvador.
 

Del acontecimiento histórico al memorial litúrgico

Para comprender el año litúrgico debemos analizar la línea ritual o litúrgica del A. T. Ver cómo un hecho salvífico realizado por Dios en la historia se hacía presente y eficaz para el pueblo israelita.
 

• En el A.T. el acontecimiento histórico-salvífico se perpetúa en una fiesta y en un rito memorial. Recordamos lo dicho cuando hablamos del memorial. Así cada generación conmemora, hace presente (actualiza) la salvación encerrada en el acontecimiento salvífico y anuncia su cumplimiento. "Éste será un día memorable para vosotros, y lo celebraréis de generación en generación. Decretaréis que se sea fiesta para siempre" (Ex 12, 14).
 

• Todas las fiestas de Israel son una celebración memorial de acontecimientos históricos. Mientras los pueblos vecinos celebran las estaciones del año, los israelitas celebran los acontecimientos de Dios en la historia. Así pues, ya tenemos el acontecimiento histórico actualizado en la fiesta litúrgica, fiesta litúrgica que es siempre memorial.
 

MOTIVOS PARA CELEBRARLO

Si la Eucaristía encierra todo el bien de la Iglesia, si en ella se actualizan y se concentran todos los aspectos del misterio de Cristo, ¿qué necesidad hay de celebrar el año litúrgico? Si la realidad salvífica es plena y total en cada Eucaristía, ¿para qué toda una serie de fiestas distribuidas a los largo de un año?

La Iglesia ha ido explicitando los distintos aspectos y momentos de un único misterio porque no podemos captar ni penetrar con una sola mirada toda su infinita riqueza.

Cada fiesta litúrgica pone de relieve litúrgicamente, uno u otro aspecto del único misterio. Si nos fijamos en la Plegaria Eucarística IV, recordamos la muerte de Cristo, su descenso al lugar de los muertos, su resurrección y ascensión a la derecha del Padre.

Pero otras plegarias nombran sólo la muerte y resurrección. Es posible vivir todas las riquezas del misterio de Cristo en la Eucaristía, pero es mucho más pedagógico tomar un aspecto del misterio y vivirlo con intensidad. Siempre aparecen aspectos y vivencias que no habíamos tenido en cuenta.

La obra de la salvación y la glorificación de Dios se ha cumplido especialmente mediante el misterio pascual, pero no exclusivamente. Todos los actos de la vida de Cristo y sus misterios son salvíficos. Además, cada uno de ellos tiene un significado y un valor en el plan de Dios.

El nacimiento, el encuentro con la samaritana, las comidas con los pecadores, las noches en oración, etc. todos los actos de Jesús están cargados de significado y de un valor concreto.

Estos actos (misterios) no son sólo significativos porque son pasos hacia el acontecimiento final, sino que constituyen actos salvadores de la vida de Jesús y manifiestan el amor del Padre en Cristo.

La liturgia, por tanto, por ser actualización del misterio de Cristo, no puede dejar de valorarlos en orden a comunicar su gracia o fuerza salvadora particular a los fieles.

 

EL DOMINGO CRISTIANO

"La Iglesia, por una tradición apostólica que trae su origen del mismo día de la resurrección de Cristo, celebra el Misterio Pascual cada ocho días, en el día es que es llamado con razón "día del Señor" o Domingo. En este día, los fieles deben reunirse afín de que, escuchando la Palabra de Dios y participando en la Eucaristía, recuerden la pasión, la resurrección y la gloria del Señor Jesús y den gracias a Dios, que los hizo renacer a la viva esperanza por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos (1Pe 1, 3). Por esto, el domingo es la fiesta primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles de modo que sea también día de alegría y de liberación del trabajo" (SC 106).
 

Analicemos con cierto detenimiento este texto conciliar:

Celebración del Misterio Pascual

Así como la plenitud de Cristo y de su salvación es la muerte y resurrección (Misterio Pascual), así es también el centro y la plenitud del domingo. Porque el Misterio Pascual es el nacimiento y el origen de la comunidad cristiana, del nuevo pueblo de Dios, de la Iglesia. Hemos nacido en el Misterio Pascual, en la Pascua.

"El domingo nació indisolublemente ligado al acontecimiento admirable de la resurrección del Señor, que acaeció precisamente "el día primero". Por ello trae su origen del mismo día de la resurrección de Cristo".

Los signos del domingo

Otro aspecto que señala el Concilio son los signos con los que expresa y manifiesta la celebración de la pascua semanal. Estos signos son:

• La Asamblea o la reunión

• La Eucaristía

• La Palabra de Dios

• La caridad

• El descanso

• La fiesta y la alegría


La Asamblea

El domingo es el día en que los cristianos se reúnen. Para los cristianos el domingo es, antes que otra cosa, el día de la asamblea. El domingo es lo que es, en buena parte y en primer lugar, por la asamblea o reunión de los fieles en un mismo lugar. El Resucitado empezó congregando a los que la pasión había disgregado. Los evangelistas ponen cuidado en señalar que se apareció "a los discípulos reunidos" el primer día de la semana (Jn 20, 19. 26). Desde entonces, el encuentro gozoso de los hermanos alrededor del Señor Resucitado ha marcado al domingo. No se concibe el domingo sin asamblea.

Así, la asamblea se convierte y es signo o señal de la Iglesia. La Iglesia se hace visible en y por la asamblea.

En ella vemos reflejada la naturaleza (porque la Iglesia es sacramento y señal de unidad y fraternidad.), la estructura (La Iglesia es jerárquica y también la asamblea con su presidente que hace las veces de Cristo.), el origen (Porque la asamblea nace de la Pascua y se hace en la Pascua.), la fe y el destino ( Es la asamblea de la nueva Jerusalén, el pueblo salvado.) de la Iglesia.

 

La Eucaristía

La Eucaristía (celebración del Misterio Pascual) es la raíz y el fundamento de la comunidad cristiana y del cristiano particular. "No es posible formar una comunidad cristiana si no tiene como raíz y eje la celebración de la Eucarístía" (PO 6). Eucaristía y Misterio Pascual son equivalentes.

Por ello, desde los días de la Resurrección, los discípulos han celebrado la "fracción del pan", en domingo.

Después de la Ascensión del Señor la Eucaristía será el centro de la vida de las comunidades cristianas. Y esta unión entre el domingo (día de la Resurrección o Pascua) y la Eucaristía se mantendrá invariablemente en todas partes. Es necesario, por tanto, descubrir todo el valor que tiene la Eucaristía. A ello dedicaremos una parte de esta especialidad, una vez que terminemos el lugar de la celebración o dónde celebramos.

Dice Pablo VI que "solamente por medio de la Eucaristía se perpetúa verdaderamente la Pascua del Señor".

La Eucaristía es, pues, la única acción eclesial que actualiza verdaderamente la Pascua del Señor.

Es necesario que lo interioricemos, lo asumamos y lo vivamos: no hay actualización plena de la Pascua del Señor sin Eucaristía. Lo vemos claro comparándolo con otro sacramento. Si unos padres llevan a su hijo a bautizar y el sacerdote celebra todo muy bien, el pueblo canta y reza y se proclama la Palabra de Dios, pero no realiza el rito del agua, aquel niño quedaría sin bautizar. Así pasa en la Eucaristía, si no hay Plegaria Eucarística, no hay actualización de la Pascua del Señor.



La Palabra de DIOS

Es otro de los componentes esenciales de la celebración del  domingo. Desde los orígenes (Hch 2, 42), los cristianos han dedicado un tiempo a la proclamación de la Palabra.

A lo largo de la semana escuchamos voces y palabras diferentes: informaciones y opiniones de toda clase invaden nuestra vida. El domingo, por fin, nos detenemos a escuchar el Evangelio que orienta nuestra acción e ilumina nuestra esperanza. La proclamación de la Palabra es una continua evangelización y catequesis del pueblo cristiano. Es además la única que llega a muchos cristianos. Mediante ella, los cristianos y la misma comunidad crecen y se consolidan en la fe.

La palabra de Dios en la Liturgia es un acontecimiento salvador. Cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura es Dios quien habla a su pueblo y Cristo mismo sigue anunciando su Evangelio (SC 7).

 

La caridad

"El domingo, día de la caridad", así viene de los orígenes. Junto a la "fracción del pan", se menciona la comunicación de bienes: "vendían sus posesiones y lo repartían" (Hch 2, 44). San Pablo ordena a los cristianos de Corinto que "cada primer día de la semana pongan aparte lo que han podido ahorrar" (1 Cor 16, 1-2), con destino a la colecta en favor de los hermanos.

Los cristianos, que tienen tiempo para descansar deben acordarse de sus hermanos que tienen las mismas necesidades y los mismos derechos y no pueden descansar a causa de la pobreza y la miseria. El domingo está tradicionalmente consagrado por la piedad cristiana a buenas obras y a servicios humildes para con los enfermos, débiles y ancianos (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica n° 2.186).

"El domingo es, primero, una invitación a vivir el amor cristiano dentro de la propia comunidad. ahogando toda enemistad, otorgándose el perdón generosamente, prestándose al diálogo, multiplicando gestos de amistad, aportando cada uno su parte a la vida y al crecimiento de la comunidad. La atención preferente de la comunidad cristiana y de sus miembros debe ir hacia los hermanos que más la necesitan: los enfermos, los ancianos que viven solos o en residencias, los separados, los presos... Cada domingo, los cristianos que forman una comunidad deberían renovar, personal y colectivamente, su compromiso de empeñarse en convertirla en auténtica fraternidad".

 

El descanso

De entrada, hemos de decir que el descanso en domingo tardó siglos en imponerse. En los dos primeros siglos, el domingo civil y  religiosamente era día de trabajo para todos, incluidos los cristianos. Al atardecer, celebraban la Pascua semanal. Más tarde el año 321 Constantino publica los dos decretos que oficializan el descanso dominical. No había en ello motivos religiosos. La Iglesia pidió el descanso hacia el año 650 y por razones sociales. El trabajo del campo era tal que no tenían tiempo los siervos para nada. La Iglesia lo pone como descanso para ellos.

Más tarde el descanso ha adquirido un significado: es un signo de liberación pascual. Es sí mismo una liberación, liberación del trabajo, de cargas y obligaciones. Es signo del hombre liberado. Es profecía del descanso eterno. Nos hace pensar en la liberación de la humanidad. El que toma tiempo libre para descansar demuestra que, para él, el ser está por encima del obrar, la persona por encima del trabajo, la calidad de vida por encima de la posesión de bienes. Permite el cultivo de relaciones humanas enriquecedoras: es bueno para la unidad de la familia, para la convivencia.

 

Fiesta y alegría

El atributo con que el Concilio califica el domingo es el de "fiesta primordial" (SC 106). El domingo es fiesta porque en ese día celebramos la victoria pascual de Cristo. Es fiesta también de cumpleaños de la Iglesia. Ese día nació la Iglesia.

La fiesta, entre otros aspectos, requiere un clima especial, demanda en los participantes un talante de exultación. La fiesta es afirmación de la vida. Es un sí a la creación. Acogida gozosa de la Vida Nueva. Unida a la fiesta está la alegría. Le es connatural. Los motivos que hacen del domingo una fiesta, son motivos de alegría. Nos alegramos de la actuación del Señor: "Este el día que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo". "El mundo entero se desborda de alegría" (Prefacio X del domingo del Tiempo Ordinario).

Es reflejo y anticipo de la felicidad plena, cuando Dios "enjugue las lágrimas de sus ojos y no haya muerte ni llanto ni dolor, pues lo de antes ha pasado" (Ap 21, 4). Nos alegramos por el encuentro con los hermanos en la fe: "Brota una alegría muy grande de vernos los unos a los otros" (San Jerónimo).


 

SIGNIFICADO DE CADA TIEMPO LITÚRGICO

 

Adviento

• La palabra Adviento, significa venida, venida del Señor en concreto. Él pueblo de Dios desea y espera al Señor que viene. Pues bien, al ponernos a esperar, nos preguntamos los cristianos ¿nosotros qué esperamos? Y, nos respondemos: esperamos al Señor, en Navidad; esperamos al Señor diariamente; esperamos al Señor al final de los tiempos. Esta es la esperanza cristiana. Todas estas facetas conforman la esperanza cristiana. Por eso, el adviento internamente está dividido en dos partes: una, las primeras semanas, que miran la esperanza final y otra, las siguientes semanas, que miran la esperanza de Navidad. Las dos nos hacen mirar a la esperanza diaria.

• Ahora bien, para vivir el Adviento debemos fijarnos en las lecturas de este tiempo. Ellas nos llevan a vivir la esperanza. En estas lecturas nos encontraremos con tres personas que han vivido la esperanza de manera especial: María, Juan el Bautista y los profetas.

Con María. Con ella esperamos el nacimiento del niño Dios que renovará nuestras vidas.

Con Juan el Bautista. Con él esperamos actuando, transformando nuestro mundo.

Con los profetas. Con ellos anunciamos, deseamos y transformamos esta vida diaria.

 

Navidad

• En Navidad celebramos el misterio de Dios hecho hombre. Decimos misterio, porque abarca muchos aspectos: encarnación, manifestación de Dios, nacimiento, compasión, unión de Dios con el hombre, divinización del hombre, regeneración, liberación, etc.

• No sólo celebramos el nacimiento. Dios se ha manifestado muchas veces y de muchas maneras: en el nacimiento, en los reyes o magos, en el Bautismo, en las Bodas de Caná. etc. Pues todas estas manifestaciones las tomamos en consideración en Navidad. Además nos fijamos en María, la Madre. Un domingo será para vivir lo que ella vivió y experimentó: "El Señor ha hecho maravillasen mí".

• En Navidad, como decía San Pablo a Tito: "Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación a todos los hombres".

 

Cuaresma

Para hacernos con la idea de la cuaresma vamos a fijarnos en los cuatro prefacios propios del tiempo de Cuaresma. Citamos la parte central de los prefacios: la parte llamada embolismo:

"El cual (Jesús), al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento, inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal; y, al rechazar las tentaciones del enemigo, nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado; de este modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta pascua, podremos pasar un día a la pascua que no acaba". (Prefacio 1º).

"El cual (Jesús), después de anunciar su muerte a sus discípulos, les mostró en el monte santo el esplendor de su gloria, para testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas, que la pasión es el camino a la resurrección" (Prefacio 2°)

"El cual, al pedir agua a la samaritana, ya había infundido en ella la gracia de la fe, y si quiso estar sediento de la fe de aquella mujer fue para encender en ella el fuego divino" (Prefacio 3º).

"El cual, se hizo hombre para conducir al género humano, peregrino en tinieblas, al esplendor de la fe; y a los que nacieron esclavos del pecado, los hizo renacer por el bautismo, transformándolos en tus hijos adoptivos" (Prefacio 4°).

Como vemos, la Cuaresma tiene estas experiencias que las viviremos fijándonos en los siguientes aspectos:

1 En cuaresma tomamos como ejemplo a Jesús en el desierto. Y se nos presentan los aspectos fundamentales de la Cuaresma: la lucha contra el pecado; la abstinencia de alimentos, la practica penitencial.

2 Mira hacia la Pascua. Uno de los prefacios resume el sentido de la pascua y la presenta como paso de la muerte a la resurrección. Nos debemos olvidar durante el camino cuaresmal que la gloria de la transfiguración baña de luz y de esperanza el dolor de la muerte.

3 Otro prefacio nos hace vivir aspectos fundamentales de la experiencia cristiana: intimidad con Cristo que tiene sed de la fe y del amor de nosotros. Aspectos que nos alertan sobre el peligro de banalizar la experiencia pascual en el juego superficial de los símbolos.

4 Y la experiencia del bautismo que se celebra en la pascua. El bautismo es el paso de las tinieblas del pecado a la luz de la fe, paso de ser esclavos a ser hijos de Dios.

 

La Pascua

Las experiencias cristianas de la Pascua las tomamos también de los prefacios de Pascua. Los cristianos celebramos y rezamos lo que creemos. No citamos los prefacios, pero anotamos los puntos que resumen lo que debemos vivir en Pascua. He aquí:

• Vivimos la pascua o el misterio pascual como destrucción de la muerte por la muerte de Cristo. Cristo ha demolido nuestra antigua miseria y ha recuperado la imagen de Dios que tiene el hombre. Es una experiencia gratificante, hace bien a la persona. En nosotros también "actúa" el Señor.

• Presenta la resurrección como paso a una vida restaurada. No es sólo que después resucitaremos, sino que ya estamos resucitados, por tanto, vivimos como los resucitados. Esta idea de paso aparece simbolizada en el paso de las tinieblas a la luz, como un amanecer. Vivir como resucitados es consecuencia clara.

• Esta vida resucitada se nos presenta como algo dinámico, algo que se está realizándose con fuerza. Cada semana Dios sigue actuando en la Misa dominical.

• La razón de nuestra resurrección es la resurrección de Jesús: primicia y germen de la resurrección de todos los que le siguen. La pascua es, sobre todo, una victoria sobre la muerte. Sobre la muerte definitiva, y sobre las actuales.

• La entrega de Jesús a la muerte se compara con la ofrenda del sacrificio. Por eso, algunos textos, presentan la pascua como el culmen y la plenitud de los sacrificios de la antigua alianza. Cristo, es sacerdote, víctima y altar. Vivimos un nuevo concepto de sacrificio: no sacrificamos animales, nos ofrecemos nosotros.

• La Ascensión es vista como la plena glorificación de Cristo, primicia y garantía de nuestra futura salvación. En realidad es lo mismo que la resurrección, pero por pedagogía se celebra otro día, "a los cuarenta días" (Lucas). Dios es glorificado y nosotros somos salvados.

• La fiesta de Pentecostés, que culmina la celebración y el tiempo pascual, asegura la plenitud del tiempo pascual en la Iglesia. Vivimos en el tiempo y celebramos el mismo hecho, resurrección, ascensión y venida del Espíritu, en el tiempo, en días. Por otra parte, la fuerza del Espíritu es fuerza que congrega y reúne a todos los pueblos en la Iglesia y los convierte en cuerpo de Cristo. El Espíritu nos une y nos convierte en un mismo Cuerpo de Cristo.

 

Tiempo Ordinario

El Tiempo Ordinario, es una de las novedades de la reforma del Concilio. Ya existía antes de la reforma, pero no tenía la estructura que tiene ahora.

Entre los motivos para reformar se tomaron en cuenta estos dos:

1 Dar valor al domingo por encima de las fiestas de los santos.

2 Dar valor a la Palabra de Dios, para que en dos o tres años se lean las partes más significativas de la Sagrada Escritura.

Dice así la parte central del prefacio X dominical del Tiempo ordinario:

"Hoy, tu familia,

reunida en la escucha de tu Palabra

y en la comunión del pan único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado,

mientras espera el domingo sin ocaso

en el que la humanidad entera entrará en tu descanso.

Entonces contemplaremos tu rostro

y alabaremos por siempre tu misericordia".

En este prefacio se nos presentan las claves de los domingos del Tiempo Ordinario. Ya las hemos visto.

 

ESPIRITUALIDAD DEL AÑO LITÚRGICO

 

La Liturgia fuente primaria y necesaria

Ya lo afirmó el Concilio en la Constitución dogmática sobre la liturgia: La liturgia "es la fuente primaria y necesaria en la que han de beber (los fieles) el espíritu verdaderamente cristiano" (SC 14).

La razón es que con la celebración del año litúrgico la Iglesia, abre a los fieles la riqueza de los actos salvíficos del Señor y los hace  presentes a todos en todo tiempo, para que puedan sintonizar con ellos y llenarse así de la gracia de la salvación (SC 102).

Toda espiritualidad legítima deberá alimentarse y con-formarse con esta fuente normativa, es decir, con Cristo y su misterio. No hay otra salvación, ni otra espiritualidad.

Consecuencias

Deben rectificarse las devociones. Sobre todo algunas perspectivas parciales y unilaterales. Es decir, aquellas que están desligadas de toda relación con el misterio de Cristo. Recordemos lo dicho al hablar del culto a los santos y su relación con el misterio pascual. En muchas de estas devociones prevalece el aspecto anecdótico, sentimental y moralista a expensas del aspecto salvífico.

Hay que recuperar la centralidad del misterio pascual, es decir, hay que vivir envueltos e inmersos en dicho misterio. No existe una historia de la salvación que ha pasado y que ahora nosotros disfrutamos de sus frutos. Existe una única historia de la salvación que, por la fuerza del Espíritu Santo, se realiza en cada uno de nosotros aquí y ahora. Estamos salvados en esperanza, pero todavía no se ha manifestado totalmente esa salvación en cada uno de nuestro vivir diario. Los santos nos ayudan en este caminar. Los santos no están para que nos toque la lotería o aprobemos en los exámenes.

Hay que vivir la dimensión cristocéntrica-trinitaria propia del culto cristiano. Lo tradicional, lo clásico es al Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo, que es el camino que ha seguido Dios: El Padre envía a Cristo, que realiza la salvación y se actualiza por el Espíritu Santo. Los santos son compañeros de camino. Nadie nos ama más que Cristo.

Hay que vivir y alimentarse a través de los ritos y las oraciones de la misma celebración y, sobre todo, a través de los textos de la Palabra de Dios.

 

PASTORAL DEL AÑO LITÚRGICO

Finalidad de la pastoral

La pastoral litúrgica

•  trata de ayudar a los fieles a entrar en el misterio,

• a mantener el máximo contacto con el Señor en la asamblea,

• para convertir la vida entera en ofrecimiento agradable a Dios.

La finalidad de la celebración sacramental es insertar a los participantes en el gran hecho salvífico al que se ordenan todos los demás hechos.

 

Peligros

Algunas veces los tiempos litúrgicos parecen más una ocasión para aplicar iniciativas pastorales que verdaderas celebraciones del misterio de Cristo.

Esto ocurre si se aprovecha un tiempo litúrgico (normalmente el Adviento y la Cuaresma) para dar a conocer nuevos programas con sus "predicaciones" (que no son homilías). La homilía parte y se basa de la Palabra proclamada. La "predicación" toma un tema independiente de la Palabra y lo expone.

 

Actividades de la pastoral litúrgica a nivel parroquial

Toda celebración que quiera adecuarse a la asamblea debe estar precedida por una preparación práctica hecha con "ánimo concorde entre todos aquellos a quienes atañe, tanto en lo que toca al rito como al aspecto pastoral y musical, bajo la dirección del rector de la iglesia, y oído también el parecer de los fieles en lo que a ellos directamente les atañe" (OGMR 73). Por lo cual, el equipo de liturgia es el que debe preparar los tiempos litúrgicos teniendo en cuenta el auténtico contenido de cada tiempo. Aunque hablaremos más concretamente de la pastoral en el capítulo 21, adelantamos como principios generales, estos dos:

• -Hay que canalizar el año litúrgico hacia una participación cada vez mayor en la pascua de Cristo

• Hay que unir estrechamente en la celebración los signos, cantos, con el sentido del tiempo concreto. El tema de los cantos es muy necesario que estén en sintonía con el tiempo que se celebra.
 

Cuestionario
 

1 Toma el año litúrgico, desde Adviento hasta la fiesta de Cristo Rey y apunta todas las fiestas que caen en domingos. Apunta también los días de jornadas (Paro, Seminario, Misiones, etc.) de nuestra diócesis. Y responde: ¿Qué influencia tienen todas estas fiestas y jornadas en la celebración de día del Señor o en el año litúrgico?

2 Repasa las ideas que hemos apuntado del Adviento. Responde a esta pregunta: ¿Qué celebramos en Adviento?

3 Teniendo en cuenta estas ideas, programa los cuatro domingos de Adviento en tu parroquia. ¿Qué signos emplearías? ¿Qué cantos elegirías? ¿Qué hechos de vida serán iluminados en adviento?

4 Escribe la lista de las fiestas del Año Litúrgico, empezando por las más importantes y terminando por las menos. Razona las respuestas:

La Inmaculada,

Adviento,

Viernes Santo,

Cuerpo de Cristo,

Pascua,

San José,

Cuaresma,

Pentecostés,

Reyes,

Navidad,

Sábado Santo,

La Asunción,

La fiesta del pueblo,

Santiago,
 

 

 

 

Capítulo 13: El lugar de la celebración

 

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