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Capítulo 11

 

El pueblo responde con el canto


 


 

Introducción
 

Analizamos varios cantos

Situación actual

¿Qué ha ocurrido?

¿Qué entendemos por canto litúrgico?

Clases de cantos litúrgicos

Grados de participación por medio del canto

Criterios para seleccionar los cantos

 

FORMACIÓN LITÚRGICA



Introducción
 

De la misma forma que decíamos en el capítulo anterior, que no tratábamos de la oración en general sino de la oración litúrgica, en este capítulo trataremos no del canto en general, ni del canto en las reuniones de cristianos, sino del canto en las celebraciones, es decir, del "canto litúrgico".

Hoy día hay una proliferación de cassettes y publicaciones de cantos. Casi todos los autores musicales cristianos han publicado sus cantos para sus grupos y para el público en general. Otros muchos han recurrido a poner una letra a melodías que han sido de su agrado.

No tenemos la pretensión de juzgar todos los cantos de todas las publicaciones. Nos parece bien la proliferación de cantos, lo mismo que nos parece bien la publicación de libros de oraciones. Todo lo que sirva para la edificación del pueblo de Dios es bienvenido, porque "la participación en la sagrada liturgia no abarca toda la vida espiritual" (SC 12). En medio de todas estas publicaciones, hay cantos para las reuniones y oraciones de grupos, otros cantos, con pretensión de ser cantos litúrgicos y también hay "cantos litúrgicos". Por tanto, no todos los cantos que se publican son cantos litúrgicos, lo mismo que no todas las oraciones son oraciones litúrgicas.

"En la liturgia, Dios habla a su pueblo y el pueblo responde a Dios con el canto y la oración" (SC 33). Nos centraremos, pues, en el canto que entonamos en las celebraciones litúrgicas. Así queda delimitado el contenido de este capítulo.

En las celebraciones litúrgicas "el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integrante de la liturgia solemne" (SC 112). El canto, por tanto, es "liturgia", y como tal, requiere atención y cuidado.

Este capítulo, tal como lo ves en el índice, comienza analizando varios cantos que se cantan en las Misas. Partiendo de este hecho, analizaremos la situación actual, delimitaremos el canto litúrgico, estudiaremos las clases de cantos litúrgicos, daremos las orientaciones para participar en la liturgia por medio de canto y los criterios para elegir los cantos, los retos que tenemos delante en cuanto al canto, las sugerencias para tener en cuenta y, por último, nos fijaremos en los cantos de la Eucaristía.


 


MIRAMOS VARIOS CANTOS


Tú, Señor, cada mañana
llamas a mi puerta y me dices: Ven.

Yo quiero seguirte con todas mis fuerzas, que se haga tu voluntad.

Sabes que no tengo nada, que soy muy débil y pecador.

Mi vida te ofrezco, mis pies, mis manos, te entrego mi corazón.

Tú, Señor, has tomado todo lo que soy, me seduce tu evangelio y tu verdad,
tu amor y tu amistad.

 

Todos unidos, formando un solo cuerpo,

un pueblo que en la pascua nació.

Miembros de Cristo en sangre redimidos Iglesia peregrina de Dios.

Vive en nosotros la fuerza del Espíritu que el Hijo desde el Padre envió.

El nos empuja, nos guía y alimenta. Iglesia peregrina de Dios.

Somos en la tierra semilla de otro reino, somos testimonio de amor.

Paz para las guerras y luz entre las sombras, Iglesia peregrina de Dios.

 

Yo siento, Señor, que tú me amas.

Yo siento, Señor, que tu siervo escucha.

Yo quiero estar dispuesto a todo.

Toma mi ser, mi corazón es para ti.

Por eso canto tus maravillas,

por eso canto tu amor.

 


Un solo Señor, una sola fe,
un solo bautismo, un solo Dios y Padre!

Llamados a guardar la unidad del Espíritu por el vínculo de la paz,
cantamos y proclamamos.

Llamados a formar un solo cuerpo en un mismo Espíritu,
cantamos y proclamamos.
 

 

Cristianos que habitáis el siglo veinte,

dejad ya de esconderos entre rezos,

hablad menos de Dios,

mostradlo en obras,

son las obras medida de lo cierto.

Dejad en vuestras casas las palabras,

hablad con el lenguaje de los hechos,

hoy los golpes de pecho no convencen.

Hoy no se puede estar mirando al cielo.

 


Pueblo de Reyes, asamblea santa,

Pueblo sacerdotal, Pueblo de Dios, ¡bendice a tu Señor!

Te cantamos, OH Hijo amado del Padre,

Te alabamos, Eterna Palabra salida de Dios.

Te cantamos, OH Hijo de la Virgen María,

Te alabamos, OH Cristo, nuestro hermano nuestro Salvador.

 

Hemos puesto sólo tres ejemplos de los cantos que se oyen en la Eucaristías con jóvenes y que se han introducido en las Eucaristía del pueblo de Dios. Están en el cantoral de los jóvenes de mi parroquia y se han cantado muchas veces en las Misas. Naturalmente, no nos fijamos en esta primera mirada en la música, sino en la letra. ¿Qué les pasa a algunas de estas letras?


Situación actual

Cuando los sacerdotes nos ponemos a hablar de la sociedad, o de cualquier otra realidad, solemos ser pesimistas, estos es, destacamos los fallos y defectos. Estamos siempre comparando con el Evangelio y el Reino. Apenas hablamos de los aspectos positivos que tiene toda realidad.

Al hablar de la situación actual del canto litúrgico, del canto en las celebraciones me ocurre exactamente lo mismo. Por tanto, no olvidamos todo el esfuerzo que se ha hecho para la renovación y adaptación del canto litúrgico. Sería injusto no señalar la cantidad de trabajo de valor, tanto en el texto como en la música, realizado por personas competentes durante estos últimos años.

Pero, al mismo tiempo, no podemos dejar de ver la preocupante situación actual. Destacamos tres defectos:

El individualismo que predomina en la mayor parte de las letras. Predomina el "yo" sobre el "nosotros", y éste es un aspecto más propio de lo "devocional" que de "lo litúrgico".

El sentimentalismo: letras de hablan de seducción, cómplices de miradas de amor íntimo y personal entre Dios y "el yo". Manifestaciones de este sentimentalismo son cantos con boca cerrada, sonidos tenues, verbos afectivos como sentir, querer, etc.

Vacío espiritual y una teología parcial. Hemos pasado de una teología espiritualista al otro extremo, a subrayar más los aspectos antropológicos que los teológicos: humanismo, lucha por la igualdad, libertad, paz, etc., con pocas referencias a Cristo.

Si nos fijamos algo en la música veremos que son

Músicas con melodías sentimentales y un ritmo monótono. Frases musicales medio terminadas sin fuerza. Propias para cantar entre unos pocos y a media voz, cosa que ocurre así la mayoría de veces. Cualquiera puede componer estos cantos.
 

Hemos de afirmar que éstos no son los únicos cantos que se cantan en las eucaristías. Junto a estos cantos hay otros muchos cantos dignos de ser tenidos en cuenta y que se cantan en nuestras Eucaristías
 

¿Qué ha ocurrido?
 

Lo que vamos a hacer es retroceder unos pocos años, hasta el Concilio y ver lo que ha pasado a la hora de aplicar la reforma conciliar. La idea básica del Concilio fue ésta: No se trata de cantar cantos, sin más, durante la misa, aunque sean muy bonitos y bellos, sino que se trata de expresar la fe expresada en los textos de la misa, a través del canto.

Pero, ha habido dos fallos desde el inicio:

- Primer punto defectuoso: Dice así la Ordenación de la Misa hablando del canto de entrada: "Pueden emplearse para este canto o la antífona con el salmo, como se encuentran en el Gradual Romano o el Gradual simples, u otro canto acomodado a la acción sagrada o a la índole del día o del tiempo litúrgico, con un texto aprobado por la Conferencia Episcopal" (OGMR 26).

¿Qué ha ocurrido? Que nos hemos quedado con "otro canto" y no hemos seguido leyendo. Por otra parte, la Conferencia Episcopal no ha hecho una relación de textos y cantos para la entrada.

Además, se ha pensado: si en el canto de entrada se puede cantar "otro canto", también se podrá cantarlo en otros momentos de la Misa. Y cada comunidad parroquial ha hecho su elección de cantos para la Eucaristía.

- Segundo punto básico defectuoso: Antes de la reforma conciliar había dos formas de celebrar la Misa. La Misa solemne o cantada y la Misa rezada, sin canto.

Para la primera estaba todos reglamentado. Normalmente era la llamada Misa Mayor. En ella se solía cantar todo, con las melodías gregorianas, o con otras melodías polifónicas.

La Misa rezada tenía su origen en las antiguas Misas privadas, las que decía cada sacerdote con el monaguillo, y era sin canto (Antiguamente el cumplimiento del precepto dominical sólo se cumplía con la asistencia a la Misa Mayor. Pasó mucho tiempo para que se permitiera cumplir con el precepto dominical asistiendo a la misa rezada o privada.) .

El Movimiento Litúrgico, comenzó a promover la participación en las misas rezadas a través de cantos populares que se cantaban "durante la misa" (Decimos durante la misa, porque con frecuencia de lo que se canta no puede afirmarse que sea la misa o en la misa, es decir, en su interior, porque muchos textos son ajenos a la realidad de la misma.), porque para la Misa Mayor ya existía el canto gregoriano y polifónicos. Estos cantos eran de carácter piadoso, devocional. No era éste el modelo que se deseaba en la auténtica reforma litúrgica.

 


¿Qué entendemos por canto litúrgico?
 

Hasta la reforma litúrgica del Vaticano II, quedaba bien claro qué debía entenderse por canto litúrgico y qué era lo que quedaba fuera de él. El criterio era el texto y no la música. Y así, si el canto musicalizaba un texto litúrgico (el escrito en el misal) y si ese canto se utilizaba en el momento en que la liturgia lo había colocado, este canto era litúrgico. No importaba el género musical empleado (gregoriano, polifónico o popular). Si el texto no era un texto del misal o el canto se colocado en otro momento de la celebración se consideraba canto religioso, pero no litúrgico.

Al llegar el Concilio, y con él la celebración de la misa en lengua vulgar, se prepararon los textos de la misa y se musicalizaron dichos textos. Todos estos son cantos litúrgicos. Son la misa con algunos textos de ella cantados. Por tanto, todos los textos de la misa con música son cantos litúrgicos.

Hoy día son cantos litúrgicos,

en primer lugar,

- el ordinario de la misa (Ordinario de la Misa se llama aquello que es parte de todas las Misas, aunque en algunos tiempos litúrgicos no se realice, como el Señor, ten piedad o el Gloria. Este nombre viene de antiguo y se decía en contraposición al "Propio de la Misas", que eran aquellas partes que sólo eran propias de unas misa; por ejemplo lo que era propio del Día de Navidad o del Día de Pascua, etc.) Señor, ten piedad, el Gloria, el Credo, el Santo, el Cordero de Dios, los saludos del sacerdote, los diálogos, y aclamaciones.
 

- el propio de la misa: los Prefacios, los salmos y versículos del aleluya.
 

• en segundo lugar: el canto que acompaña a un rito: como es el canto de entrada que acompaña a la procesión de entrada y el de la comunión que acompaña a la procesión de comunión. El texto de estos cantos deben ser aprobados por la Conferencia Episcopal. Pero, todavía no ha aprobado unos textos para estos momentos.

• Por último, el canto que se canta normalmente en la presentación del pan y del vino, no se puede llamar en sentido estricto "cantos litúrgico", "sino cantos-para-la-liturgia". Sus textos están escritos por autores privados. Los cantos de nuestros coros, las "Ave Marías" u otros para el momento de la comunión, que son de esta tercera categoría.
 

El canto será más litúrgico cuanto más íntimamente esté unida a la acción litúrgica. (SC 112). Por tanto, el ideal sería que la Conferencia Episcopal aprobara unos textos para los cantos de entrada y comunión con contenido doctrinal y calidad literaria suficientes. Hay muchos que se quejan de la baja calidad.

De todos modos, la pastoral litúrgica se desenvuelve tranquilamente sin plantearse si un texto es litúrgico o no. Hay, sin embargo, una inquietud por la cantidad de textos que han cambiado el texto litúrgico, como el Padre Nuestro, otros han suprimido el salmo y sustituirlo por un canto cualquiera y existen cantidad de músicas que no se han compuesto para expresar sentimientos religiosos, mucho menos litúrgicos. La asignatura del canto, actualmente, es una asignatura pendiente.
 


Clases de cantos litúrgicos
 

Hemos titulado a este apartado "clases" de canto litúrgicos. Pero otros autores lo titulan "situaciones" del canto litúrgico.

De todos modos lo que queremos expresar es los siguiente: que no todos los cantos que pide la liturgia son iguales, ni tienen la misma función.

Hay situaciones en la liturgia que pide una clase de canto. Hay situaciones que piden cantos como de marcha, para acompañar una procesión; otras situaciones que el canto debe expresar un entusiasmo; otras situaciones que necesitamos interiorizar el texto; etc.

 

El himno

Todos los pueblos han celebrado sus gestas con poesías y cantos. También el pueblo de Dios ha recordado las obras salvadoras de Dios con cantos o himnos. Recordemos el cántico de Moisés después de la liberación de Egipto (Ex 15 1-18). El Magníficat, el Benedictus son himnos. El Gloria de la Misa es himno. Todos cantan la salvación. Ya tenemos la primera característica del himno litúrgico: cantan las obras de salvación. La letra es muy importante.

Por otra parte, todos ellos están escritos en un lenguaje solemne y de exaltación. Están hechos para cantar. Y no por un solista, sino por toda la comunidad, y casi siempre con instrumentos.

La música del himno es también solemne, en consonancia con la letra. Muchos de los himnos se cantan en las procesiones. Si miramos a la sociedad civil, se cantan en las marchas.

Así pues, por himno se entiende el canto que se ejecuta por todos a una en una fiesta. Es el canto por excelencia, el canto-canto. Su característica principal consiste en que, en él, la palabra y música tienen la misma importancia.

En la liturgia se producen situaciones de este tipo, es decir, situaciones hímnicas. Por ejemplo, al comienzo de la celebración, ya que el himno puede unirse a una acción que exija movimiento.

Para conocer si un canto es himno, en primer lugar nos fijaremos en la letra. Por ejemplo, entre los cantos que cantamos son himnos: "Este es el día que actuó el Señor" (Cantoral Litúrgico Nacional 522).

Si elegimos un himno lo cantaremos a la entrada de la misa.
 

Las aclamaciones
 

La aclamación es una frase corta, colectiva, concisa y cargada de emoción. Es como aplaudir o gritar, pero hecho con música. El grito ¡VIVA! GORA! es una aclamación. Son palabras llenas de entusiasmo.

En misa son aclamaciones el AMEN, ALELUYA, HOSANNA, SEÑOR, TEN PIEDAD, DEMOS GRACIAS A DIOS, TE ALABAMOS SEÑOR, etc. Todas esas frases cortas llenas de emoción. Sería un contrasentido recitarlas o decirlas.

Las aclamaciones y las respuestas están destinadas a conseguir la participación activa de toda la asamblea. Pierden su sentido si sólo se recitan y cumplen plenamente su función cuando se cantan. Por tanto, todas ellas son para cantar en la misa dominical. Otra cosa es una celebración en un día laborable.

Ahora bien, el canto de las aclamaciones da a éstas un carácter más ritual y comunitario, aunque pierdan algo de su fuerza primitiva. En Misa no gritamos, cantamos lo que diríamos por medio de un grito. Es verdad que pierde algo de fuerza, pero gana en musicalidad y en unión. Son para cantarlo todos.

Usamos, pues, en liturgia aclamaciones para invocar: "Ven, Señor"; para demostrar alegría: "Aleluya"; para dar gracias: "Demos gracias a Dios "; para bendecir a Dios: "Bendecid al Señor"; etc. Los saludos del sacerdote, los diálogos con sus respuestas, algunas respuestas de salmos son aclamaciones.

El santo es también una aclamación. Por tanto, no debe ser largo, no debería romper el ritmo de la Plegaria Eucarística. Es desaconsejable los "sanctus-benedictus" polifónicos que cantan algunos de nuestros coros, anteriores a la reforma del Vaticano II.

 

Canto meditativo

Meditar significa concentrarse, recogerse, interiorizar. El canto meditativo va en dirección opuesta a la del himno y a la aclamación.

Hay en la liturgia situaciones en las que tenemos que interiorizar sentimientos y actitudes; situaciones en que debemos apropiarnos del mensaje. En estos momentos el canto más apropiado es el canto meditativo.

Los salmos son canto-meditación de la Palabra. Lo cual no quiere decir que todo el salmo tenga que ser cantado por todos. Nos referimos a las frases que cantamos todos, intercalando al salmo. Hay frases en la Biblia que necesitan ser interiorizados. En ambos casos la liturgia usa cantos de estilo recitativo.

Así pues, el canto del salmo es un canto meditativo. También en la comunión se pueden usar cantos meditativos, aunque el canto de comunión acompañe a la procesión de comunión.

"Ubi charitas" o "Donde hay caridad y amor allí está el Señor", la primera parte de "Jesús matea zan, azken afarian" son cantos meditativos.

 

Canto lírico

Si los anteriores cantos son cantos colectivos, el canto lírico es de un miembro o de un servidor o ministerio de la comunidad.

En la liturgia hay también momentos líricos. Por ejemplo, el canto del salmo responsorial de la misa, por ser muchas veces el texto poético y por situación (por estar entre dos lecturas) y por la finalidad que tiene de hacer asimilar la Palabra, es una situación para el canto recitativo y lírico.

De todos modos, el momento más lírico de la misa es el momento del Prefacio. Así también la misma consagración.

 

Grados de participación por el canto

Una vez que conocemos el canto en la liturgia, proponemos un modo práctico para introducir el canto litúrgico en las celebraciones, sobre todo el las Eucaristía dominicales.

Proponemos tres grados de participación, es decir, respondemos a estas preguntas: si se canta algo, ¿qué es lo primero que hay que cantar? Si hay que cantar algo más, ¿qué más cantos meteríamos? y si queremos celebrar solemnemente, ¿cómo lo haríamos? Teniendo en cuenta siempre que se trata de cantar la misa y no cantar durante la misa.

 

Primer nivel


Es lo más simple. Incluye las aclamaciones y las respuestas. Es el nivel que mejor puede promover la participación del pueblo. Las aclamaciones y las respuestas son cortas, sencillas, siempre o casi siempre las mismas y favorecen el clima de misa cantada.

Por tanto, lo primero no es el canto de entrada, sino las aclamaciones. Debemos quitarnos de la cabeza que cantar "Por Cristo, con él y en él", con el Amén, por ejemplo es sólo propio de las grandes fiestas.

En concreto, lo primero es cantar, el saludo del sacerdote, las respuestas a las lecturas, el diálogo antes del Evangelio, el diálogo del Prefacio, el Prefacio, el Santo, la aclamación después de la consagración, la doxología con el Amén y la bendición final. A este primer nivel se puede añadir al estrofa del salmo si es una aclamación.
 

Segundo nivel

Si queremos cantar más, lo segundo sería cantar las partes del Ordinario de la Misa: Señor, ten piedad, el Gloria, el Credo, el Cordero de Dios, el Padre nuestro y las respuestas a la Oración de los fieles.

El Gloria es un himno, por tanto, debe ser cantado. Muchas veces se recita, como se hacía en las misas rezadas. Un himno sin canto no tiene sentido.

La Oración de los fieles tiene forma de letanía: el lector recita las intenciones y el pueblo las asume cantando. Tal vez nuestros lectores no se atrevan a cantar la invitación a la respuesta. Pero al menos se debería cantar la respuesta a estas intenciones.


Tercer nivel

En este nivel entrarían el salmo responsorial, el canto de entrada y el canto de comunión y el de alabanza o acción de gracias después de la comunión.

El salmo responsorial es uno de los cantos que conviene cantar, si hay cantor. Por lo menos la antífona que repite toda la comunidad. Suele ser corta y fácil de aprender. Con un pequeño ensayo antes de la Misa es suficiente. Con el salmo, que es Palabra de Dios, ocurre que algunas veces es sustituido por cualquier canto, sin que ni siquiera sea salmo. Es poco respeto a la Palabra de Dios. No hay palabra humana comparable a la Palabra de Dios. En ella Cristo está presente.

El canto de entrada y el de comunión corresponden a este tercer nivel. Ahora bien, si nos fijamos en los cantorales, veremos que tenemos muchos cantos de esta tercer nivel. Lo cual nos impulsa a introducirlos olvidándonos de todos los demás. Pero, muchos de ellos no son cantos litúrgicos. Son cantos religiosos, algunos muy buenos, pero que no se han compuesto con la finalidad de acompañar al rito de entrada, ni al de comunión.

Con este panorama, tal vez, digamos que actuamos en sentido contrario. así es. Sin embargo, debemos caminar hacia el ideal. esto no se consigue de la mañana a la noche, pero sí es necesario ponernos en camino.

Cada comunidad, viendo sus capacidades, debe examinarse ante este panorama y ponerse a ordenar su participación en la Eucaristía a través del canto.

Si en alguna parroquia existe un coro, se puede introducir un canto en la presentación de las ofrendas. De todos modos, ya hablaremos del papel del coro más adelante.
 

3. La música

En la actualidad no hay por así decirlo música profana y música sagrada. Toda música que nazca para expresar la fe es válida, en principio, para que sea cantada. La Iglesia no excluye ningún género de música en la liturgia (SC 116).
Pero es necesario que nos esforcemos para que dicha música tenga cierta calidad. De hecho, actualmente, por afán de modernidad, se ha cambiado el estilo musical del canto litúrgico por ritmos y melodías, la mayoría importados de otras latitudes y culturas. Todas son respetables, pero no todas ellas favorecen el clima de oración deseable. Lo peor, sin embargo, es que son de dudoso gusto y de poca calidad musical.
 


 

FORMACIÓN LITÚRGICA
 

Para conseguirlo hace falta formación. Una formación musical, litúrgica, teológica y bíblica. No es suficiente la buena voluntad. Hay que intentar que quienes están al frente de las celebraciones litúrgicas sean conocedores de las realidades que se celebran.

Ahora bien, esto es muy difícil. Pero debemos hacer un esfuerzo. Y en caso que nuestra asamblea no pueda tener personas formadas en todo ello, déjense guiar.
 

 

 

 

Capitulo 11: Segunda parte

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