Inicio

J. A. Pagola

Homilías

Lecturas y reflexión

Contactos parroquia

T. Ordinario

PowerPoint Eucaristía

 

CAPITULO 4

 

Naturaleza de la Liturgia

 

Introducción

 

Después de mirar la parte histórica de la liturgia, vamos a analizar la parte central de este curso. La hemos llamado "Parte Teológica y Expresiva".

La hemos llamado así por dos razones:

1.-  Teológica, porque es lo que está dentro de lo que aparece ante nuestros ojos en las celebraciones: el que está dentro es Dios salvando.

2.- Expresiva, porque lo que aparece es la expresión de la salvación de Dios. Dios nos salva hoy día y lo hace también por medio de la liturgia.

Las hemos unido ambas en una parte, porque en cada capítulo iremos viendo estos dos aspectos de la liturgia: la teológica y la expresiva, el fondo y la cara externa. Ambas forman la realidad.

En el dibujo aparecen los dos aspectos. 

El externo, personas reunidas y el interno, el Espíritu que las hace Cuerpo de Cristo.


Indice

 

Introducción: Punto de partida.

Lo que hemos recibido en los últimos años:

• Idea estética de la liturgia.

• Idea jurídica de la liturgia

Concepto de liturgia en el Vaticano II:

• Historia de la Salvación

• Misión de la Iglesia

Noción de Liturgia

Juicio de las ideas anteriores al Vaticano II:

• Respecto a la idea estética

• Respecto a la idea jurídica

Dos cuestiones:

• Liturgia y vida

• Liturgia y celebración

Cuestionario


INTRODUCCIÓN: Punto de partida

 

Un ejemplo

Si alguien me pregunta qué es un beso. ¿Qué le respondo? Le puedo responder de dos maneras:

1.- que es un toque con los labios.

2.- que es la manifestación de amor, de odio, de la costumbre, etc.

La primera respuesta se fija sólo en lo que se ve, en su aspecto externo. La segunda, no describe el acto externo, pero dice que es algo más que lo que se ve, dice que es "manifestación" (expresión) de algo que no se ve.

Lo mismo ocurre con el amor. Tiene un mundo interno de vivencias, de sentimientos, de recuerdos, de deseos, de entrega,... Y también un mundo externo de manifestaciones, como son la sonrisa, la caricia, el estar cerca, el coger la mano, el beso, etc.

Si nos preguntan qué es el amor, ¿qué responderemos? ¿Responderemos solamente teniendo en cuenta las manifestaciones externas? ¿o sólo las internas? ¿No habrá que tomar en consideración los dos mundos para responder lo que es el amor?

El peligro en la vida cotidiana está es tomar una parte por el todo, un mundo por los dos.

Aplicación a la liturgia

Con la liturgia sucede algo perecido. La liturgia tiene también dos mundos, dos dimensiones o dos elementos.

• El interno, que es aquello que celebramos y

• El externo, que es el cómo lo manifestamos o celebramos.

Cuando vamos a una celebración litúrgica, lo primero que aparece ante nosotros es un edificio (iglesia, ermita) que es como una sala grande, hay una mesa-altar, un ambón,... unas personas reunidas, algunos están junto al altar,... se leen unas lecturas, se canta, se reza, se comulga,... y la gente cambia de posturas. Esto sólo no es liturgia. Todo esto no es más que la manifestación de "algo". Tampoco este "algo" sólo es liturgia, aunque sea el elemento más importante. "Lo más importante es lo que no se ve". 

La finalidad de estos primeros capítulos es conocer este "algo", más tarde uniremos y relacionáremos los dos mundos. Primero hay que conocer el mundo interior, para vivirlo. Después la podemos manifestar y expresar adecuadamente. 

El peligro de los que estudiamos liturgia es el de valorar sólo la dimensión externa, la de las manifestaciones y, así, convertir la liturgia y los sacramentos en ceremonia, con el riesgo de convertirlas en mito. Recordemos, por tanto, todos los textos de los profetas y de Jesús en los que se condena y denuncia una religión y liturgia puramente externas.

En este primer capítulo analizamos lo que es la liturgia, es decir, la naturaleza de la liturgia. Llamamos naturaleza a la unión de los dos mundos. En el mandato de Jesús "Haced esto en memoria mía" (Lc 22, 19; 1 Co 11, 24) se percibe la unión de ambos mundos. El elemento interno sería la memoria y el externo, esto.

El hilo que vamos a seguir va a ser éste: fijándonos en los últimos años, analizaremos dos ideas de liturgia: la estética y la jurídica; después, iremos al Concilio Vaticano II para analizar la noción de liturgia que nos da; desde esta noción que nos da el Concilio, diremos qué es la liturgia, su naturaleza. Una vez aclarado esto, juzgaremos las dos ideas anteriores (la estética y la jurídica). Por último, terminaremos aclarando la relación que tiene la liturgia con la vida y con la celebración.

La educación recibida

Ya hemos visto en la parte histórica que siempre no se ha entendido la liturgia de la misma forma. La historia de la liturgia no ha sido una línea recta ascendente hacia el Reino, hacia la verdad plena. Ha tenido muchas curvas y bajadas.

A los que han sido educados antes del Concilio Vaticano II les ha tocado vivir en medio de esas curvas descendentes y pueden tener una idea de la liturgia algo equivocada.

En las celebraciones de la catedral junto al Obispo suele haber un ministerio o servicio que lo realiza el "maestro de ceremonias". Este suele ser uno que conoce lo que hay que hacer en la celebración litúrgica. Por ello, existe el peligro de confundir liturgia y ceremonia. "El maestro de ceremonias es el que prepara adecuadamente las celebraciones y procura que los ministros celebren con decoro, orden y piedad" (OGMR 69). De todos modos la ceremonia tiene un sentido más profundo (1). Veamos y analicemos, en primer lugar, las ideas equivocadas de la liturgia

(1) Ceremonia se llama a un rito que se realiza con un tono de solemnidad ritual, más bien público y reglamentado. La ceremonia la entendemos referida a la forma externa del rito y a su exactitud formal. Pero esto no debe prejuzgar la profundidad de su sentido, que abarca toda la realidad que sucede. "Las sagradas celebraciones que preside el Obispo manifiestan el misterio de la Iglesia, a la que está presente Cristo: no son, pues, mero aparato de ceremonias "(Ceremonial de los Obispos 12).

Idea estética de la liturgia

Después de unas Primeras Comuniones o Confirmaciones solemos oír "Qué bonito ha sido". Esta es una manifestación de la idea estética (2) de liturgia. Esta idea de la liturgia se fija en la belleza, en su forma externa y sensible de la liturgia, se fija en los ritos (3) y ceremonias y en los sentimientos que produce. Por ello, identifica el contenido de la liturgia con los aspectos decorativos y expresivos del sentimiento religioso.

(2) Se llama estético a una cosa bella, artística. Estético es lo bello, lo bonito. La estética trata de la belleza.

(3) Se llama rito a los gestos y textos que expresan y configuran una acción sagrada. A lo largo de la historia la palabra "rito, ritos" ha sido muchas veces sinónimo de lo que ahora llamamos liturgia. La liturgia tiene mucho de ritualidad, con un lenguaje de gestos y acciones repetidas, que son ayuda para expresar lo que celebramos. Por este peligro, entender el sentido de la liturgia desde su aspecto exterior o ceremonial, ahora preferentemente se llama celebración o acción litúrgica (SC 7. 26. 112). En el capítulo 7, al hablar de la sacramentalidad de la liturgia hablaremos más extensamente del rito.

Esta idea nació en la época barroca (siglos XVIII-XIX). Ya hemos dicho que una característica del barroco es la tendencia a resaltar los aspectos periféricos. Las celebraciones barrocas se hacen brillantes y espectaculares, para entusiasmar a los fieles, para dar a conocer la grandeza de Dios.

La encíclica Mediator Dei de Pío XII, publicado el 20 de noviembre de 1947, rechazaba expresamente esta noción de la liturgia: "No tienen noción exacta de la sagrada liturgia los que la consideran como una parte sólo externa y sensible del culto divino o un ceremonial decorativo. Ni se equivocan menos los que consideran como un mero conjunto de leyes y preceptos con los que la jerarquía eclesiástica ordena al cumplimiento de los ritos" (MD 38). Lo que en realidad rechaza la Mediator Dei es la reducción de la liturgia a lo bonito y sensible. Lo cual no quiere decir que la liturgia no tenga que ser bien hecha, con arte, ser bella y tocar lo sensible. Sentimientos y emociones existen, son parte integrante del ser humano y necesitan ser expresados. La Liturgia, como acción celebrativa, exige un espacio para reconocer los sentimientos y expresarlos comunitariamente como, por ejemplo, en un entierro, en un bautizo, en una boda.

El celebrar la liturgia con gusto y bien es una idea e intuición totalmente válida. "Nos hablaron de que Dios es verdad. Nos dijeron que Dios es amor. Ya es hora de que se nos hable de la belleza de Dios" (Asociación de liturgistas de Brasil). El problema es absolutizar este aspecto de la liturgia.

Idea jurídica de la liturgia

Lo jurídico nos remite a la ley. Para los que toman la liturgia solamente en su aspecto jurídico, la liturgia es algo regulado por las leyes. Y como las leyes las da la autoridad, la liturgia es aquello mandado por la autoridad. Para algunos la liturgia es la suma de leyes y preceptos que regulan el culto de la Iglesia. Es válida aquella celebración litúrgica que cumple exactamente todas y cada una de las leyes y normas. Persiste todavía esta idea en algunos. Todavía escuchamos frases o preguntas como éstas.¿Esta misa vale para cumplir el domingo? La mentalidad jurídica y la rubricista son muy parecidas. Hay que cumplir todo, hasta el último detalle. Así me quedo tranquilo.

Este concepto de liturgia nació a partir del Concilio de Trento. Fue un momento concreto de la historia de la Iglesia, con unos problemas concretos a los cuales había que dar una solución. El año 1588 el Papa Sixto V creó la Sagrada Congregación de Ritos. Desde entonces y durante cuatro siglos, la liturgia romana, sobre todo la misa, ha permanecido totalmente petrificada, fija en todos sus aspectos externos. La praxis de esta Congregación no fue continuar, como debiera haber sido, con la reforma de Trento, sino cuidar la fidelidad de lo mandado en los libros litúrgicos.

Esta noción también fue rechazada por Pío XII en la encíclica Mediator Dei.  

Hoy día, aunque en algunas personas subsista parte de esta mentalidad, estamos más bien en el lado opuesto: las normas no valen nada. Naturalmente, debemos colocarnos entre ambas posturas, no para hacer equilibrio, sino para manifestar y expresar la comunión y la unidad con toda la Iglesia ese "algo" que celebramos.

Unida a esta idea jurídica está el rubricismo. Rubricismo es la observancia escrupulosa, pero superficial, de las rúbricas, esas pequeñas notas escritas en rojo que indican lo que hay que hacer y cómo hay que hacerlo.

La actitud rubricista consiste en ejecutar materialmente las normas, sin comprometerse en ellas, no ya la propia fe o la propia piedad, sino ni siquiera el cuerpo. ¿Me dicen que extienda los brazos? Extiendo los brazos, pero ése no es realmente mi gesto. Y, así, el gesto pierde su significación. Por otra parte, se cumple el rito, lo mandado sin preocuparse de su intención. Por ejemplo, los curas dicen: "Oremos", y no se deja tiempo suficiente para orar. Pero, han dicho "Oremos".

Todos tenemos que vivir los ritos, que son manifestaciones de nuestro ser corpóreo, pero debemos evitar el cumplir el rito por el simple hecho de que esté mandado.

Concepto de liturgia en el Vaticano II

El Vaticano II representa, para la noción de liturgia, no sólo un punto de llegada, de recuperación de la idea original de liturgia, sino también un verdadero punto de partida.

El Concilio Vaticano II en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia "Sacrosanctum Concilium" (de aquí en adelante se cita con SC) para dar la noción de liturgia parte de dos realidades: del plan salvador de Dios que se realiza gradualmente en la historia hasta que se completa en Cristo y de la misión de la Iglesia, que es actualizar la salvación realizada por Cristo. Veamos los dos puntos básicos.

a) Historia de la Salvación

La constitución SC en el número 5 cita este texto de san Pablo: "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tim 2, 4). Y una vez enunciado el propósito divino de salvación universal, afirma que este propósito ha sido revelado por medio de los profetas y, por último, por Jesús, el Verbo encarnado, convertido él mismo en instrumento de nuestra salvación. Es decir, fue él quien realizó esa salvación: "En Cristo se realizó plenamente nuestra reconciliación y se nos dio la plenitud del culto divino" (SC 5).

Así nos presenta la historia de la salvación el Catecismo de la Iglesia Católica (CAT):

- El Padre realiza el "misterio de su voluntad" dando a su Hijo Amado y al Espíritu Santo para la salvación del mundo y para gloria de su Nombre. Tal es el Misterio de Cristo (Ef 3, 4), revelado y realizado en la historia según un plan, una "disposición" sabiamente ordenada que s. Pablo llama "la Economía del Misterio" (Ef 3, 9) y que la tradición patrística llamará "la Economía del Verbo encarnado " o "la Economía de la salvación "(CA T 1066).

- "Cristo, el Señor, realizó esta obra de la redención humana y de la perfecta glorificación de Dios principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada pasión, de su resurrección de entre los muertos y de su gloriosa ascensión. Por este misterio, con su muerte destruyó nuestra muerte y con su resurrección restauró nuestra vida". (CA T 1067)

¿Qué es la salvación? La obra de nuestra salvación la constituyen estas dos acciones: nuestra reconciliación (realización) (Se puesto "realización" entre paréntesis, porque hoy día se expresa de esta manera.) y la perfecta glorificación de Dios. Ambas están intrínsecamente unidas. Como decía s. Ireneo "la gloria de Dios es que se salve el hombre". Esto es lo que repetimos diariamente en misa cuando el presidente de la celebración nos invita a orar después de haber presentado el pan y el vino en la mesa-altar: "Para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia" o en euskera: "Jaínkoa goresteko eta gízona salbatzeko".

Estas dos acciones se realizaron en el Misterio Pascual, es decir, en la pasión, muerte, resurrección y ascensión de Cristo (SC 5).

Ya tenemos el primer punto básico para poder entender la liturgia: Dios tiene un plan. Este plan es salvar a la humanidad y glorificar su nombre. Lo realiza Cristo Jesús con la fuerza del Espíritu Santo dándole plenitud en el misterio pascual. A este iniciativa y a su realización en la historia llamamos Historia de la Salvación. Es decir, Historia que va hacia la Salvación o Historia salvada en Cristo.

En este punto no hemos hablado nada de la liturgia. Vayamos al segundo punto y veamos dónde aparece la liturgia, es decir, cuál es el lugar de la liturgia en todo esta plan salvador de Dios.

b) Misión de la Iglesia

¿Cuál es la misión de la Iglesia? Continuar en la historia de la humanidad la obra de Cristo. El concilio lo dice de esta forma: La misión de la Iglesia consiste "no sólo en anunciar que el Hijo de Dios, con su muerte y resurrección, nos libró del poder de Satanás y de la muerte y nos condujo al reino del Padre, sino también en realizar la obra de salvación que proclama, mediante el sacrificio (Misa) y los sacramentos, en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica" (SC 6).

Nos fijamos en la palabra "realizar". La Iglesia tiene que realizar la obra salvadora que anuncia. Y el concilio nos dice que esto lo hace (lo realiza) mediante el sacrificio (Eucaristía) y los sacramentos, que es la liturgia. Por ello, decimos que el plan salvador de Dios realizado una vez por todas, por Cristo Jesús, lo realiza ahora y aquí por medio de la liturgia. La Liturgia realiza, es decir, actualiza aquí y ahora la obra de la salvación. Y así, de golpe, coloca la liturgia en el corazón mismo de la "historia de la salvación". El misterio que la Iglesia anuncia y celebra en su liturgia es el "designio benevolente" de la Trinidad.

San León Magno lo decía con estas palabras: "lo visible de nuestro Redentor ha pasado a los sacramentos ".

Citamos otra vez la constitución sobre la liturgia: "Es el misterio de Cristo lo que la Iglesia anuncia y celebra en su liturgia a fin de que los fieles vivan de él y den testimonio del mismo en el mundo. En efecto, la liturgia, por medio de la cual se ejerce la obra de nuestra redención, sobre todo en el divino sacrificio de la Eucaristía, contribuye mucho a que los fieles, en su vida, expresen y manifiesten a los demás el misterio de Cristo y la naturaleza genuina de la verdadera Iglesia " (SC 2).

Ya tenemos el concepto verdadero de la liturgia. Dios toma la iniciativa del salvar a la humanidad. Lo realiza Cristo en su vida. Y el Espíritu Santo lo actualiza en la liturgia. 

Liturgia es, por tanto, la actualización del misterio salvador de Dios. Esta es la dimensión interna de la liturgia. ¿No es el más importante?

Consecuencias:

• Cada vez que participamos en la celebración litúrgica actualizamos en nuestra historia, o "atraemos" a nuestro mundo la salvación. De esta verdad nos tenemos que convencer, dejarnos invadir. Una vez invadidos, celebrar. Sin este espíritu nuestras celebraciones serán estéticas, hechas según la ley, pero nunca celebraciones vivas, auténticas. Esta es la espiritualidad litúrgica. Es necesario que desde el comienzo gustes y tengas experiencia. Así será agradable el estudio de la liturgia. "Tengo sed, sed del Dios vivo" (Sal 62), del Dios que da vida, del Dios que me salva.

• El misterio que celebramos es, en primer lugar, la obra de Dios, la que él lleva a cabo en nosotros y para nosotros. Soy yo, pues, quien entro en la liturgia: no soy yo quien la creo. Soy yo quien entro en la salvación que Dios ha realizado: no soy yo quien creo la salvación. Por eso en la liturgia hay que entrar con una actitud de servicio, para que aparezca con toda la fuerza expresiva esa salvación que Dios actualiza aquí y ahora sacramentalmente, pero realmente. Se entra en la liturgia con la mirada puesta en Dios, para acogerlo. La liturgia no es una palabra humana, sino una respuesta humana a la palabra de Dios.

 

Noción de liturgia

Antes habíamos dicho que el beso es la manifestación de "algo" por medio de un toque con los labios. Ahora, para entendernos mejor y antes de decir lo que es la liturgia con palabras del concilio, digamos que liturgia es la manifestación, aquí y ahora, de la salvación de Dios por medio de ritos. Así quedan expresadas los dos aspectos: interno: salvación de Dios, y externo, manifestación por medio de ritos.

El Concilio lo dice con estas palabras:

Realmente en esta obra tan grande por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados. Cristo asocia siempre consigo a su Iglesia, que invoca a su Señor y por él tributa culto al Padre Eterno.

Con razón entonces, se considera la liturgia como el ejercicio sacerdotal de Jesucristo. En ella, los signos sensibles significan, y cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo Místico de Cristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro.

En consecuencia, toda la celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia (SC 7).

En el texto conciliar hemos subrayado unas frases. Son las que expresan lo que es la liturgia. Las explicamos:

• La liturgia es la obra por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados. Santificados o salvados o redimidos o liberados o pacificados o realizados. Cada una de la palabras, significando lo mismo, subrayan un aspecto concreto de esa salvación. Recordamos la frase de s. Ireneo: "La gloria de Dios es la salvación del hombre ". Salvar al hombre es lo que glorifica a Dios.

• Liturgia es el ejercicio sacerdotal de Jesucristo. Como queda dicho Jesucristo es el que ha realizado el plan salvador de Dios. El realizar este plan es ejercer el sacerdocio. Sacerdote es el que realiza el plan salvador de Dios. Por esto Cristo es el único sacerdote. Los demás participamos del sacerdocio de Cristo por el bautismo. Somos para continuar la salvación de Cristo.

• Liturgia es obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo (Iglesia). Cristo en la liturgia no realiza la salvación como el que enseña a cocinar y nos dice: "Ahora, vosotros". El lo ha hecho por y con toda la humanidad. Esta unión entre Cristo y nosotros la manifiesta el final de la Plegaria Eucarística de la Misa: "Por Cristo, con él y en él ... ". Lo decimos nosotros dando a entender la unión total con él. Así también se realizó el plan salvador de Dios.

Esta es la dimensión interna de la Liturgia. Pero, como también tiene una dimensión externa, la recalca y subraya::

• En la liturgia los signos sensibles (4) significan y realizan la santificación del hombre. La liturgia no se realiza encerrándose en sí mismo, entrando en uno mismo y viviendo la experiencia salvadora de Dios sin manifestarlo. La liturgia no es "espiritualista", sino encarnacionista. Con ello el Vaticano II ha puesto la liturgia en la misma línea histórico-salvífica del Verbo encarnado. La humanidad, la carne del Cristo fue el instrumento de nuestra salvación (SC 5). Esta encarnación es presencia eficaz de lo divino en la historia. Esta encarnación continúa efectuándose en las acciones y en los signos que la Iglesia utiliza en la liturgia. Los signos y acciones son prolongación de la humanidad del Hijo de Dios.

(4) Signo sensible en la liturgia es todo lo que vemos: edificio, mesa-altar. ambón, personas, posturas, elementos como el pan, vino, agua, cantos, oraciones,... todo lo que percibimos por los sentidos. La palabra signo será explicada en un capítulo posterior, que trataremos sobre la sacramentalidad de la liturgia.

Rigurosamente hablando, es posible prescindir de muchos elementos para celebrar; pero nunca se puede prescindir del cuerpo. El mundo occidental en conjunto ha relegado el cuerpo a segunda fila y ha ensalzado la inteligencia. Algunos atribuyen esta desconfianza del cuerpo a toda una tradición judeo-cristiana; no han leído la Biblia, ni cantado los salmos en los que siempre está presente el cuerpo. Ha sido salvado todo el hombre: "lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, lo que han tocado nuestras manos del Verbo de vida,... es lo que os anunciamos" (I Jn 1, 1-3).

Nuestro cuerpo es el primero que se ve afectado por la acción litúrgica, ya que es el lugar de relación, relación con la creación, con los demás, con Dios. No hay más que observarlo: nuestras actitudes, nuestros gestos, muestras miradas y hasta nuestra voz se modifican según las relación que tenemos con lo que está fuera de nosotros.

Una vez dada la noción de liturgia, nos damos cuenta que ya tenemos su idea original y auténtica. La liturgia tiene su origen en el designio salvador de Dios realizado por Cristo. Cristo nos asocia a nosotros y juntos con él damos culto verdadero y auténtico a Dios, uniéndonos a su entrega por medio de signos sensibles.

Esta es la naturaleza de la liturgia: la misma obra de Cristo, que se realiza por medio de signos.

"Liturgia es una acción sagrada a través de la cual, con un rito, en la Iglesia y mediante la Iglesia, se ejerce y continúa la obra sacerdotal de Cristo, es decir, la santificación de los hombres y la glorificación de Dios" 

Un diamante en el estuche

Ningún joyero presenta las piedras preciosas sobre una mesa de mármol. Si quiere hacerlas brillar, las coloca en una montura graciosa y las presenta en un estuche de terciopelo rojo o azul, para protegerlas y realzar su valor. Algo parecido pasa con la liturgia.

La piedra preciosa es la salvación. Los ritos el estuche. Debemos cuidar y realzar la piedra preciosa. Pero para realzarla, cuidaremos los ritos y los signos.

El rito, lo externo, está al servicio del misterio de la salvación, en el cual y por el cual se ha obrado nuestra salvación y se nos dio la plenitud del culto divino.

Toda comprensión del rito litúrgico que olvide esta realidad fundamental es, en sí misma, incompleta. Es por este motivo el que no podamos aceptar, como decía Pío XII, una comprensión de la liturgia reducida a puro y simple ceremonial.

Celebramos la liturgia externamente con símbolos y ritos: no podría ser de otra manera tratándose de personas con cuerpo. Pero en y por medio de estos símbolos y ritos los creyentes acogemos y, al mismo tiempo, nos encontramos con el Señor.

 

Volviendo alas nociones anteriores

Una vez asumida la noción del Liturgia del Vaticano II, estamos preparados para juzgar las nociones estética y jurídica de liturgia.

a) Respecto a la noción estética

El Vaticano II ha resaltado el valor de la dimensión interior de la Liturgia, aspecto que se tenía abandonado. Pero no ha despreciado los ritos y las ceremonias. Las ha simplificado. Lo que ha hecho ha sido darles su justo valor. Los ritos y las ceremonias son válidas, no porque sean bonitas y/o nos emocionen, sino porque son expresión de un mundo interior y de fe.

Pero, los ritos y las ceremonias son un instrumento relativo, es decir, se pueden y se deben cambiar (SC 21) y de hecho se han cambiado porque la forma de expresarse varía de unas culturas a otras, de unos tiempos a otros. Lo que no se puede variar es el contenido de la celebración litúrgica, que es la obra de Cristo. Así lo expresa el Concilio:

"La liturgia consta de una parte que es inmutable, por ser de institución divina, y de otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden y aun deben, variar, si es que en ellas se han introducido elementos que no responden tan bien a la naturaleza de la misma liturgia o han llegado a ser menos apropiados.

En esta reforma, los textos y los ritos se han de ordenar de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprenderlas fácilmente y participar en ellas por medio de una celebración plena, activa y consciente" (SC 21).

La razón última de las reformas litúrgicas o cambios está no en la estética, en lo bello, sino en la naturaleza misma de la liturgia. Los ritos están ordenados para expresar con mayor claridad el contenido, el mundo interior de la liturgia. Primero, hay que vivir la obra de Cristo y el sentido de cada una de las partes de la celebración, ya que cada parte tiene un sentido. Después mirar y analizar cómo se puede expresar con más claridad. La relatividad de los ritos y ceremonias consiste en que están al servicio del sentido, del contenido, del mundo interior. Por esto, el Concilio nos dice el criterio a tener en cuenta para las variaciones:

• El criterio de una investigación teológica (sentido), histórica (cuándo entraron en la liturgia) y pastoral (¿son válidos hoy día?) acerca de las partes que se han de revisar (SC 23).

b) Respecto a la noción jurídica

El Concilio había dicho que la liturgia es mucho más que el resultado de la voluntad de regular de la Jerarquía. No hay duda que la Iglesia tiene verdadero poder para ordenar su vida litúrgica. Pero se había llegado a tal situación, que parecía que la jerarquía eclesiástica era el sujeto agente de la acción litúrgica. Y naturalmente, el sujeto agente principal, el que ha realizado el plan de Dios ha sido Jesucristo. La Iglesia es, en primer lugar, sujeto paciente, la que es salvada y es sujeto agente en segundo lugar, porque Cristo se une con ella para actualizar esta obra. Así pues, el contenido de la liturgia no está en la voluntad reguladora de la jerarquía sino en Cristo mismo.

Otras veces, sigue existiendo el monopolio y control, no de Roma, sino del clero. Este control se ejerce tanto en la señalización de ritos, como en una dirección concreta que se da a las celebraciones independientemente de las lecturas y oraciones. En el terreno litúrgico tendríamos que hablar tanto de un clericalismo integrista como del progresista. El número 23 de la constitución litúrgica habla, tal como hemos citado, de un estudio teológico, histórico y pastoral de cada rito. Los ritos no se han ordenado porque sí, sino por unas razones teológicas (bíblicas), históricas y pastorales. Estas son las que hay que analizar, para poder actuar con sentido litúrgico.

Sin embargo, la realidad es que los ritos están minuciosamente codificados. La liturgia tendría que ser la expresión de la fe de la comunidad. Si la Iglesia introdujo unas normas fue para evitar abusos. Siguiendo por ese camino se llegó al rubricismo. Las cosas hay que tomarlas con naturalidad, sin agobios, ni cargos de conciencia, pero también con respeto, el respeto que merece todo el trabajo y estudio de tantos que han realizado la reforma. Siempre tenemos que tener una mentalidad abierta y pensar si con otra forma mejoramos la celebración o no. Abiertos, sin embargo, también a lo que uno hace. La misma apertura o el mismo juicio crítico debemos tener también para lo que nosotros hacemos.

La Iglesia se reconoce en el ritual. Decir que el ritual litúrgico es de la Iglesia no es alejarlo de cada uno de nosotros y hacer de él una especie de conjunto despersonalizado, casi abstracto. Por ser de la Iglesia es de cada uno de nosotros. El ritual no es nuestro porque nos lo reservamos cada uno de nosotros como si se tratara de algo particular y de lo que gozamos individualmente, privadamente. Es y nuestro como lo es la familia, como es el pan de la mesa del hogar, como son las costumbres que nos definen, etc.

REPETICIÓN Y NOVEDAD

En la celebración hay un juego entre repetición y novedad, y realizar bien este juego es lo que da gracia y ritmo.

- Es importante que en la celebración haya repetición. Es decir, que resuenen en los fieles textos y palabras conocidos, a los que uno se pueda asociar con facilidad, con el corazón, sin tener la preocupación de captar cosas nuevas. Poderse asociar con paz al Padrenuestro, a la plegaria eucarística, a los cantos conocidos, ayuda de manera decisiva a la creación del clima de plegaria que la celebración debe tener.

- Pero es importante, al mismo tiempo, que haya elementos nuevos, que den color a lo repetido. El elemento distinto es la lectura de la Palabra. Pero hay otros a nivel de signos: la ambientación de la Iglesia, breves frases que colorean la plegaria eucarística, el gesto de la paz, aquel canto peculiar. Estas cosas ayudan a resaltar y dar personalidad propia a días y fiestas especiales.

 

Dos cuestiones

Las cuestiones a las que nos referimos son las siguientes: la liturgia, ¿es sólo el momento de la celebración o es la vida? ¿Qué relación tiene la liturgia con la vida? 

Pues bien, analicemos la relación de la liturgia con la vida y con la celebración

a) Liturgia y vida

Muchas veces al final de la Eucaristía se suele decir que "ahora, cuando salgáis a la calle, lo que hemos celebrado hay que vivirlo ". Como si la celebración litúrgica, primera acción, estuviera separada de una segunda que vendrá a continuación, es decir, como si fueran dos cosas distintas, que, sin embargo, hay que unirlas. Veamos su relación.

La liturgia expresa y manifiesta la entrega-ofrenda de Cristo y de su Cuerpo y, como es también acción nuestra, manifiesta la entrega-ofrenda de toda la iglesia ofrecimiento de cada uno de nosotros. Por tanto, liturgia es ofrecerse lentamente con Cristo Jesús a Dios Padre, es decir ofrecerse de la misma manera (intentar ofrecerse de la misma manera, queremos decir) a lo que se ofreció Jesús, al Reino.

• Si nos fijamos en el lenguaje que utiliza el concilio y los textos litúrgicos veremos que sale muchas veces la palabra sacrificio (5). El Concilio y muchos textos litúrgicos hablan de sacrificio y no de entrega-ofrecimiento. Las nuevas Plegarias, por ejemplo la Plegaria V nos habla indistintamente de sacrificio y de ofrecimiento: "Dirige tu mirada, Padre santo, sobre esta ofrenda; es Jesucristo que se ofrece con su Cuerpo y con su Sangre y, por este sacrificio, nos abre el camino hacia ti ".

(5) Sacrificio: Literalmente quiere decir, hacer algo sagrado, es decir, sacrum (sagrado) y facere (hacer). Para hacerla sagrada se ofrecía a la divinidad. Estamos en un sentido de lo sagrado distinto del cristianismo. Para nosotros no hay unas cosas que sean santas y otra, profanas. Todo es sagrado. Como se ofrecía a la divinidad, es decir, uno se desprendía de algo que apreciaba suponía una renuncia (inmolación) de sí o de las propias posesiones. En el AT sigue presente esta idea de sacrificio. Se sacrificaban o se ofrecían animales, etc. En el NT no tiene importancia este concepto de sacrificio: sólo es válido el de Jesús. Y el sacrificio de Jesús es el ofrecimiento de sí mismo, pero no para hacerse sagrado, sino para ponerse al servicio de Dios Padre. A los cristianos se nos pide que nos unamos a esta entrega de Cristo con la actitud interior y con el ofrecimiento de nuestro cuerpo, de nuestra vida (Hb 10, 10; Rm 6, 13; 12, 1 ; 1 Pe 2, 21...)

Hoy día en el lenguaje actual nos llena más la palabra ofrenda, entrega u ofrecimiento. Entendemos mejor el entregarnos, el ofrecernos. Con esto queremos subrayar que en la liturgia nos entregamos a Dios, a su causa, por, con y en Jesucristo.

A esto hay que llegar en cada celebración. Pero esta entrega nuestra no se agota en la celebración. Se expande y se concreta en la vida diaria.

• Otra de las expresiones que usa la liturgia es el de "sacrificio espiritual". Espiritual no quiere decir no corpóreo, sino entrega perfecta, es decir, el sacrificio en el cual se identifican lo que se ofrece y el que ofrece. No existe más que un sólo SACRIFICIO, el de Jesucristo (Hb 10, 5-10). La Iglesia no lo ofrece en sustitución de ella misma, sino para que ella misma se convierta en ofrenda agradable a Dios. Esto es ofrecer en espíritu y verdad. Esto que se realiza realmente, pero sacramentalmente en la liturgia, se debe significar en la vida.

De aquí se deriva una importante conclusión para la vida cristiana. No hay dualismo entre la liturgia y la vida. Toda aquello que es vida cristiana es dos cosas: liturgia en la vida y vida en la liturgia (culto en la vida y vida en el culto).

Toda la vida cristiana es liturgia verdadera o culto en la vida. La liturgia implica ya en su celebración una respuesta de vida, un deseo de compromiso, ya presente en los que celebran. No hay celebración litúrgica sin entrega, sin ofrecimiento total. Y esta entrega en la celebración aunque sea sacramental es real. Dicho de otro modo.

La entrega del cristiano a la acción amorosa de Dios que se realiza por el sacramento, no es sólo entrega de pensamiento, sino que, al mismo tiempo, es sintonía y apertura de hechos, de vida, de práctica.

Evidentemente, esto no quiere decir que la liturgia sea exclusiva de santos. De la misma manera que la fe es casi siempre imperfecta -en camino- también lo es la sintonía de vida. En la Eucaristía celebro el amor de Dios realizado en Cristo y, al mismo tiempo, vivo mi amor a los hermanos. Celebro y vivo lo que tengo por gracia de Dios, sabiendo que es imperfecto. Pero no tengo que salir de la iglesia para vivir mi amor.

Volviendo, por tanto a la primera frase, lo correcto es decir "continuad viviendo lo que habéis vivido en la celebración". 

La oración después de la comunión habría que concretarla más mirando a la vida diaria y a los problemas que vamos a encontrarnos. Estas oraciones, escritas en otros tiempos muchas de ellas, miran más a la vida del cielo.

b) Liturgia y celebración

Normalmente cuando mencionamos la palabra liturgia entendemos la celebración litúrgica. Pero, después de afirmar en el punto anterior que la vida litúrgica es una vida cristiana entregada, hecha ofrenda, que se realiza tanto en la celebración como fuera de la celebración, sacamos la conclusión de que no es lo mismo liturgia que celebración.

La vida cristiana tiene un aspecto que es culto (6) al Padre por medio de Jesucristo bajo la acción del Espíritu Santo. Este aspecto no se puede reducir al momento de la celebración, sino que implica y abarca toda la existencia de los cristianos, convirtiendo su vida en ofrenda al Padre.

(6) La palabra culto (del latín cultus, honrar venerar) se aplica en liturgia a las muestras de veneración y respeto hacia personas o cosas. El culto es la expresión concreta de la virtud de la religión, en cuanto manifestación de la relación que une al hombre con Dios. Subraya el aspecto de criatura ante en Creador. Pero se usa muchas veces indistintamente para nombrar la celebración es también el nombre que recibe la misma celebración litúrgica: el culto que dirigimos a Dios.

Puestos pues a distinguir liturgia y celebración digamos que:

• La liturgia es el culto de toda la vida cristiana hecha ofrenda a Dios y que actualizan la presencia de la salvación. Abarca toda la vida.

• La celebración es el momento en que tiene lugar esta actualización mediante gestos, símbolos, acciones y ritos. La celebración abarca un tiempo concreto.

Podemos afirmar que toda la vida cristiana es liturgia, pero no toda la vida cristiana es celebración.

De todos modos, normalmente en la vida diaria y en este libro cuando hablamos de liturgia estamos refiriéndonos a la celebración litúrgica, pero hecha de ritos y hecha de corazón.

Ahora bien, afirmamos que aunque la celebración se realiza mediante ritos, ceremonias, gestos y símbolos no es lo mismo celebración que ceremonia. La ceremonia no es más que un elemento de la celebración, una acción externa sujeta a una norma o costumbre.

Desgraciadamente durante mucho tiempo se ha identificado liturgia con ceremonia, hasta el punto de reducir la formación litúrgica al aprendizaje de normas y rúbricas.


Cuestionario

1.- Hemos empezado el capítulo poniendo un ejemplo para introducirnos en la liturgia. Pon tú otro ejemplo.

2.- Cita algún texto de la Biblia sobre el culto falso. Busca en las primeras lecturas de las misas de cuaresma..

3.- Una madre que su hijo celebra la primera comunión, me dice que todo ha ido bien, pero que le ha perecido frío: que no se ha emocionado. ¿Qué le responderíamos? ¿Qué deberíamos hacer?

4.- Uno de los aspectos más complicados para nuestra vida cristiana es unir la celebración y la vida, la liturgia y la vida. Escribe en pocas palabras lo que se entiende por celebración y lo que se entiende por vida litúrgica.

5.- No hay liturgia sin vida, ni vida cristiana sin liturgia. Explica esta frase.

 

Volver al inicio

 

Capítulo 5: La celebración 

Indice

Inicio J. A. Pagola Homilías Lecturas del día Contactos parroquia T. Ordinario PowerPoint Eucaristía