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Capítulo 9

 

Dios nos habla en la celebración

 

 

 

Introducción

 

La Palabra de Dios en la Historia de la Salvación

El pueblo cristiano, Pueblo de la Palabra

El Espíritu Santo hace comprensible la Palabra

En la Liturgia celebramos la Palabra:

Expresiones

Función de la Palabra en la celebración

La Palabra nos prepara al sacramento

Las dos mesa

¿Hay que leer todas las lecturas?

¿Se pueden sustituir las lecturas?

El Leccionario:

Cómo están hoy día los leccionarios

La estructura de la Liturgia de la Palabra:

Elementos de la liturgia de la Palabra:

Ministerios al servicio de la palabra

Cómo preparar una celebración de la Palabra

Cuestionario

 


Introducción

 

La Biblia fue el primero y más importante libro litúrgico que se usó en la celebración desde los orígenes. La escena de los discípulos de Emaús se considera como el esquema de las celebraciones de los primeros cristianos. Los distintos pasos de la narración representan así: habla de Moisés, de los profetas, que representaría la liturgia de la Palabra, después el Maestro les explica caldeando el corazón de los discípulos -la homilía-, que forma la Liturgia de la Palabra, y finalmente se sientan en la mesa para realizar la fracción del Pan y comer (sacramento).

San Justino, hacia el año 155, ha dejado escrita la más antigua descripción de la celebración de la Eucaristía dominical. Comienza con la liturgia de la Palabra:

"El día que se llama del Sol se celebra una reunión de todos los que habitan en las ciudades, en los campos, y allí se leen en cuanto el tiempo lo permite, las Memorias de los Apóstoles, los Escritos de los Profetas.

Luego, cuando el lector termina, el presidente, de palabra, hace una exhortación e invitación a que imitemos estos bellos ejemplos.

Seguidamente, nos levantamos todos y elevamos nuestras plegarias. Cuando se termina, se ofrece... "

La Proclamación de la Palabra es un hecho constante y universal en la historia de la liturgia cristiana. No hay familia litúrgica que no tenga sus leccionarios en los cuales se ha distribuido la lectura de la Palabra de Dios.

Por ello el Concilio afirmó:

"En la celebración litúrgica, la importancia de la Sagrada Escritura es sumamente grande. Pues de ella se toman las lecturas que luego se explican en la homilía y los salmos que se cantan; las preces, oraciones e himnos litúrgicos están penetrados de su espíritu y de ella reciben su significado las acciones y los gestos" (SC 24).

La Biblia no sólo nos ofrece las lecturas y los salmos, sino también las plegarias y las oraciones. Incluso el significado de los gestos y de las acciones sacramentales han sido tomados del simbolismo bíblico. No se comprenderá la liturgia sin comprender la Biblia.

Mirando la estructura de la parte de la Palabra de Dios, llamada Liturgia de la Palabra, vemos que es un diálogo entre Dios y nosotros. En este capítulo trataremos del primer interlocutor: Dios: Dios nos habla. En los dos siguientes: la respuesta del pueblo.

 

La Palabra de Dios en la Historia de la Salvación

Para tratar el tema de la Palabra de Dios, tomamos como base el documento sobre la Palabra que publicó el Concilio. Es la constitución "Dei Verbum", que quiere decir La Palabra de Dios (DV de aquí en adelante).

La presencia de la Palabra en la historia de la salvación es tal que al Pueblo de Dios, objeto significativo de la salvación de Dios, se le puede llamar el Pueblo de la Palabra de Dios.

En la historia de la salvación la Palabra de Dios creó todas las cosas y dio vida a todo cuanto existe: "Todo fue hecho por ella (la Palabra) y sin ella no se hizo nada de cuanto llegó a existir" (Jn 1, 3; Gn 1,3; Sal 33, 6). Los acontecimientos de la vida de Israel fueron una continua manifestación de la presencia de la Sabiduría de Dios.

Esta Sabiduría de Dios o la Palabra (Hijo de Dios) entró en el mundo y en la historia de los hombres: "Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1, 14). Era el único que podía explicar a los hombres quién es el Padre y hacerles verdaderos hijos de Dios.

Jesús, es la Palabra divina en comunicación con los hombres, Palabra personal y encarnada, que entra en contacto con la humanidad físicamente, en un tiempo y lugares determinados y concretos.

Al comienzo de su ministerio Jesús es ungido por el Espíritu Santo en el Jordán y proclamado por el Padre como Hijo amado: "Este es mi Hijo amado, en quien me complazco" (Mc 1, 9-1 l). En la Transfiguración el Padre nos dirá que le escuchemos: "Este es mi Hijo amado: escuchadlo" (Mc 9, 7). El paralelismo de estos dos textos es evidente.

La misión de Jesús es obediencia al Padre: como Maestro enseña, convierte a los pecadores, los llama, los amonesta, como Siervo parte el pan de la Palabra y alimente con el pan material, como Pastor cura a los enfermos, expulsa a los demonios y resucita a los muertos.

Todo esto lo realiza con su palabra y el poder del Espíritu Santo: "basta una palabra tuya, para que mi criado quede curado" (Lc 7, 7; 11, 20). En todos los signos, obrados por Cristo en su vida histórica, anticipa el gran signo que es la muerte y resurrección, suprema palabra-hecho que hace realidad la salvación de los hombres.

En adelante la Iglesia de la Palabra, nacida para hacer las mismas cosas que hizo Jesús "el que cree en mí hará las mismas cosas que yo hago" (Jn 14, 12), y, en especial, para actualizar su muerte y resurrección "cada vez que comáis de este pan anunciáis su muerte" (1 Cor 11, 26), tendrá que ponerse a la escucha de la Palabra.

El Espíritu Santo es prometido, como memoria viva y eficaz, para recordar todo cuanto el Señor dijo. "Os recordará todas mis palabras" (Jn 14, 26).

Cuando este Espíritu se manifieste en Pentecostés, lo hará bajo la forma de lenguas de fuego, para habilitar a los discípulos y a toda la Iglesia para la predicación de la Palabra divina. La Iglesia no es elemento de salvación, sin la presencia de la Palabra-Hecho y del Espíritu Santo. Cristo, Palabra de Dios, y el Espíritu hacen de la Iglesia signo de salvación.

San Juan nos presenta al Hijo de Dios como el Verbo-Palabra de Dios que se hace carne (Jn 1, 14). Y él nos invita a leer las Escrituras para conocerle a él: "¡Qué torpes sois para comprender, y qué cerrados estáis para creer lo que dijeron los profetas!" (Lc 24, 24-27). Cristo es el centro de la Escrituras y de la liturgia.

 

El Pueblo cristiano, Pueblo de la Palabra

La Palabra de Dios convoca al Pueblo de Israel: "Calla y escucha, Israel. Hoy te has convertido en el Pueblo del Señor tu Dios. Escucha la voz del Señor tu Dios, y pon en práctica los mandatos y preceptos que yo te mando hoy" (Dt 27, 9-10). Por ello, cada año, el pueblo de Israel se reunía delante del Santuario, ante el Arca de la Alianza, para renovar su adhesión y fidelidad.

La Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, también por la Palabra, por Jesús, Palabra encarnada: "Siempre que la Iglesia, congregada por el Espíritu Santo en la celebración litúrgica, anuncia y proclama la palabra de Dios, se reconoce a sí misma como el nuevo pueblo en el que la alianza sancionada antiguamente llega ahora a su plenitud y total cumplimiento " (OLM 7).

La Iglesia para acercarse a la salvación, repite con el centurión: "Di una sola palabra y mi criado quedará curado" (Mt 8, 8). O como Pedro: "Señor ¿a quién iremos? sólo tú tienes palabras de vida eterna" (Jn 6, 68), "palabras que son Espíritu y Vida" (Jn 6, 63).

María es el ejemplo más sublime, figura de la Iglesia y prototipo de la respuesta a la Palabra: "ella la acogió meditándola en su corazón" (Lc 2, 19. 5l). En efecto, el Verbo de Dios tomó carne en su seno, convirtiendo a su Madre en Arca de la Nueva Alianza.

Del mismo modo, cada uno de nosotros, por la fuerza del Espíritu Santo, tenemos que acoger, escuchar, conservar y encarnar la Palabra.

El Pueblo de Dios está llamado a escuchar continuamente la Palabra de Dios y a ponerla en práctica: "En definitiva, ¿qué dice la Escritura? Que la palabra está cerca de ti; en tu boca y en tu corazón..." (Rm 10, 8-17). También a preferirla por encima de cualquier cosa. A Marta que se queja por María que estaba con la boca abierta escuchando a Jesús le dice: "Marta, Marta, andas inquieta y preocupada por muchas cosas, cuando en realidad una sola es necesaria" (Lc 10, 38-42).

Por otra parte, el Pueblo de Dios está caracterizado por la misión recibida del Señor de anunciar el Evangelio a todas las gentes. Todo bautizado y confirmado por el Espíritu Santo es ministro de la Palabra y puede decir con san Pablo: "¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio!" (1 Cor 9, 16). La Palabra de Dios no se recibe realmente, si el que la escucha no se hace él mismo mensajero del Evangelio y portador de esa Palabra a los hombres.

Por esto, la Iglesia se edifica y va creciendo por la escucha de la Palabra de Dios. Las maravillas que realizó Dios, en la historia de la salvación, se hacen de nuevo presentes realmente a través de los signos de la celebración litúrgica: "La Iglesia se edifica y va creciendo por la audición de la palabra de Dios" (OLM 7).

Por todo ello "la Iglesia honra con una misma veneración, aunque no con el mismo culto, la palabra de Dios y el misterio eucarístico, y quiere y sanciona que siempre y en todas partes se imite este proceder, ya que nunca ha dejado de celebrar el misterio pascual de Cristo, reuniéndose para leer lo que se refiere a él en toda la Escritura y ejerciendo la obra de salvación por medio del memorial del Señor y de los sacramentos" (DV 21; OLM 10).

 

El Espíritu Santo hace comprensible y apta la Palabra

 

El Espíritu Santo o el Espíritu de Jesús es el gran olvidado. Sin embargo, nadie puede decir que Jesús es Señor, como respuesta a la palabra divina que anuncia la resurrección del Señor, sin la asistencia del Espíritu Santo (1 Cor 12, 3).

"La actuación del Espíritu no sólo precede, acompaña y sigue a toda acción litúrgica, sino que también va recordando, en el corazón de cada uno, aquellas cosas que, en la proclamación de la Palabra de Dios, son leídas para toda la asamblea de los fieles " (OGMR 9).

El Espíritu Santo

• empieza a actuar en la preparación del ministerio de la Palabra,

• actúa en el corazón de los oyentes para que reciban con fe el mensaje y, por último,

• conduce a la asamblea litúrgica a la experiencia viva de celebrar y actualizar lo que ha sido anunciado en la vida.

"Aquel mismo Espíritu que, desde el comienzo, fue el alma de la Iglesia naciente; el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos, actúa hoy" (Prefacio de día de Pentecostés).

 

En la liturgia la Palabra es objeto de celebración

Decimos que en la liturgia celebramos la Palabra. Celebración es una reunión festiva, gozosa, causada por un motivo salvador y realizada con cierta solemnidad y ritual. Pues bien, la palabra, por su poder salvador, es motivo de reunión festiva y gozosa.

Con la Palabra de Dios, tomada como letra, podemos hacer varias cosas: leerla, decirla en alto, explicarla, estudiarla, hacer oración con ella, reflexionarla, anunciarla, vivirla, celebrarla, etc. A cada una de estas tareas le corresponde una actividad: exégesis, catequesis, evangelización, celebración, etc. La liturgia es un lugar privilegiado donde la Palabra de Dios suena con una particular eficacia, pues en ella Dios habla a su pueblo y Cristo sigue anunciando el evangelio (SC 33). Por esto decimos que en la liturgia la Palabra la proclamamos, y no la leemos. Porque los destinatarios no son los fieles aislados, sino el Pueblo de Dios reunido y congregado por el Espíritu Santo.

Pero en este punto queremos decir algo más. Afirmamos que la Palabra en la liturgia no es para explicarla, sino para celebrarla. Celebramos la Palabra por la presencia de Cristo en ella. La presencia de Cristo es siempre salvadora y esto hace que sea motivo de celebración (OLM 4). Celebramos, por tanto, la Palabra porque

• la Palabra de Dios, proclamada en las celebraciones, constituye uno de los modos de la presencia real del Señor entre los suyos: "Él está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es él quien habla" (S C 7).

• la celebración de la Palabra de Dios en la liturgia responde a esto: los hechos y palabras revelados en la Escritura siguen siendo válidos aquí y ahora. Dios dispuso de tal manera el plan salvífico que éste se desarrollase eficazmente no sólo en los acontecimientos que culminaron en Cristo, sino también en el tiempo que habría de venir después, es decir, en la liturgia.

 

Expresiones

Y esto que creemos y vivimos lo expresamos de esta forma:

Hacemos celebraciones de la Palabra. El Concilio los recomendó (SC 35, 4; 109). La Palabra de Dios tiene fuerza salvadora porque proclama el desarrollo del plan salvador de Dios "La misma celebración litúrgica, que se sostiene y se apoya principalmente en la palabra de Dios, se convierte en un acontecimiento nuevo" (OLM 3).

Se ha creado un lugar para la Palabra: el ambón. "En la nave de la iglesia ha de haber un lugar elevado fijo, dotado de la adecuada disposición y nobleza, de modo que corresponda a la dignidad de la Palabra de Dios y, al mismo tiempo, recuerde con claridad a los fieles que en la misa se les prepara la doble mesa de la palabra de Dios y del cuerpo de Cristo" (OLM 32)

Se cuidan los libros para la proclamación de la Palabra. "Hay que procurar que también los libros, que son en la acción litúrgica signos y símbolos de las cosas celestiales, sean realmente dignos, decorosos y bellos" (OLM 35; SC 122). "Los leccionarios que se utilizan en la celebración, por la dignidad que exige la Palabra de Dios, no deben ser sustituidos por otros subsidios de orden pastoral, por ejemplo las hojas que se hacen para que los fieles preparen las lecturas o para su meditación personal" (OLM 37).

No la sustituimos. Por todo ello, afirmamos que ninguna otra palabra tiene la dignidad ni categoría salvadora de la Palabra de Dios. "No está permitido que, en la celebración de la misa, las lecturas bíblicas, junto con los cánticos tomados de la Sagrada Escritura, sean suprimidas, mermadas ni, lo que sería más grave, substituidas por otras lecturas no bíblicas" (OLM 12).

Nos impulsa al estudio de ella. Si la Palabra de Dios se comunica a los hombres en la liturgia (DV 25) y si la Palabra da significado a toda a toda la acción litúrgica (SC 24) es necesario el estudio y la lectura de la Sagrada Escritura.

 

Función de la Palabra en la celebración

¿Cuál es la función de las lecturas bíblicas? ¿Por qué hay que leer la Biblia cuando se celebra la Eucaristía?

Es verdad que los cristianos no hemos sido bautizados para leer la Biblia, sino para entrar en la alianza salvadora de Dios. Pero desde primeros días del cristianismo la celebración, que terminaba con la comida, empezaba con la proclamación de la Palabra. Es la garantía de esa Alianza: celebramos las obras salvadoras de Dios con una comida. Pero como esta obras salvadoras de Dios se han escrito, primero las recordamos, las actualizamos, y después, pasamos a pedir la actualización de la gran obra salvadora de Dios (en el sacramento) y terminamos comiendo, comida que manifiesta el acercamiento de Dios. Así fue en Ex 24, 1-11. Así fue también en Lc 24, 13-35.

Por tanto la liturgia de la Palabra no es:

• ni un tiempo de lecturas atropelladas colocadas antes de la Eucaristía mientras llega la gente;

• ni una instrucción que después concluirá con los ritos eucarísticos.

La Liturgia de la Palabra

• es la primera mesa de la celebración.

• como celebración que es, recuerda y actualiza la fuerza salvadora de Dios en la historia, invita acogerla y a responder en la propia vida personal y comunitaria.

 

La Palabra nos prepara al sacramento

El encuentro de los discípulos de Emaús con Jesús Resucitado tuvo dos momentos muy expresivos:

• en el camino les contó y les explicó las Escrituras para que entendieran su sentido

• y luego comió con ellos, partiendo el pan y dándoselo.

Este doble encuentro con el Señor es todo un símbolo (el modelo) que se repite en nuestras Eucaristías: Palabra y Sacramento, anuncio y realización.

Este doble encuentro se repite también en todos los demás sacramentos. No hay sacramento sin Palabra. Lo primero es lo que Dios nos dice y lo segundo, lo que hace.

 

Las dos mesas

En la Eucaristía, Cristo nos invita a una doble mesa: la mesa de la Palabra y la mesa del pan y del vino. Cristo es Palabra (Verbum) y Pan y Vino. Las dos las aceptamos y a las dos respondemos: "Te alabamos, Señor" o "Gloria a ti, Señor Jesús" o "Tu palabra, Señor, es la verdad, y tu ley nuestra libertad", o "Tu palabra, Señor, es lámpara que alumbra nuestros pasos" o " Tu palabra, Señor, permanece por los siglos" (Misal n° 426); o con el "Amén" en la comunión.

La palabra proclama la Historia de la Salvación obrada continuamente por Dios. La Eucaristía celebra esa misma Historia en su punto culminante: la muerte y resurrección de Cristo Jesús, es decir, el Misterio Pascual.

Lo que la primera proclama y ya hace presente, la segunda lo realiza en plenitud, llegamos a participar del Cuerpo y Sangre entregados de Cristo.

La Palabra crea en la asamblea una actitud de fe y de acogida. Sólo así tiene sentido después la celebración del sacramento, que es signo o sacramento de nuestra fe, no un gesto mágico.

Más aún: la Palabra inicia la actitud de entrega y obediencia, que es más expresiva en la comunión. La adhesión obediente a la Palabra de Dios tiene un carácter de ofrenda personal al proyecto de Dios. Más tarde, nos uniremos totalmente con Cristo entregado, comiendo su Cuerpo. Incluso en la Palabra atisbamos la acción de gracias, ya que la aceptación de las obras salvadoras realizadas por Dios nos lleva a agradecerle y a alabarle.

La Palabra tiende al sacramento, donde encuentra su plena realización. El sacramento tiene su sentido total si se celebra desde la Palabra. Ambas están tan unidas que constituyen un solo acto de culto (SC 56).

 

¿Hay que leer todas las lecturas?

En muchas celebraciones se suprime una de las dos primeras lecturas. Las razones que se aducen son:

- hay mucha palabra y no se entienden, asumen, si son tres, utiliza un lenguaje lejano, y es mejor no aturdir a la gente con tanta lectura,

- la primera y la segunda tocan temas diferentes,

- no se puede hacer una homilía breve tomando en consideración las tres,

- la gente no aguanta, etc.

No obstante, antes de suprimir alguna lectura habría que tener en cuenta estos dos criterios:

1. El valor de la Palabra no proviene sólo de la captación consciente, ni "repercute siempre con la misma eficacia en los corazones de los que la escuchan, pero siempre... santifica a los hombres" (OLM 4).

2. la diversidad de temas demuestra que la Palabra tiene entidad por ella misma. Es una invitación a dejarse penetrar por la Palabra.

 

¿Se pueden sustituir las lecturas?

Veamos las razones. Esta pregunta supone dos casos distintos: sustituir una lectura bíblica por otra bíblica o sustituirla por otra no bíblica. Veamos:

1 Sustituir por otra lectura bíblica. Hay casos en que sería pastoralmente bueno; por ejemplo, en la fiesta del patrón o en los días que se celebre algún sacramento. En este último caso es bueno pastoralmente. Ahora bien, que un domingo el Evangelio sea de ese domingo. Hay otros casos, que también se puede obrar de modo semejante; por ejemplo en casos que una parroquia o sector esté en asamblea o quiera dar una catequesis sobre algo.

2 Sustituir por otra no bíblica, por un autor moderno. La respuesta es que no, porque los textos de la Escritura son textos constituyentes de fe, ahí está nuestra fe, y ningún otro autor puede pretender serlo. Esto no obsta para que en algún caso se pueda leer algún texto, pero siempre como comentario a la Palabra de Dios.

 

El Leccionario

El Vaticano II había pedido que "se abrieran más ampliamente a los fieles los tesoros bíblicos" (SC 51).

El Leccionario más antiguo de la Iglesia romana, que contenía epístolas (primeras lecturas) y evangelio (sólo se hacían dos lecturas), data del s. VII. En este tiempo se hacían sólo dos lecturas. Anteriormente no se conocía el Leccionario. Se leía capítulos enteros directamente de la Biblia.

El nuevo Leccionario sustituye, por lo tanto, a un libro que había servido a la comunidad durante doce siglos.

Los leccionarios se prepararon con tiempo y con la colaboración de los mejores escrituristas del mundo entero.

Los trabajos comenzaron el año 1964, antes determinar el Concilio, al año siguiente de la publicación de la "Sacrosanctum Concilium". Se trabajó en dos frentes:

Frente histórico: se analizaron los leccionarios de la Iglesia partir del siglo IV hasta el siglo XIII. Después de este siglo, los leccionarios fueron disminuyendo su contenido bíblico. Inmediatamente se estudiaron los leccionarios de los protestantes, porque ellos daban más importancia que nosotros a la palabra.

Frente bíblico: estudio de la Biblia, para entresacar las partes más importantes. Se seleccionaron los mejores textos. Este estudio nos dio el contenido central de la Biblia. Cada especialista presentó su propia selección. Se puso en común y se eligieron los textos definitivos.

Ya tenemos los mensajes centrales de todos los libros de la Biblia, hecha por los mejores biblistas.

Siguiente paso: seleccionado el núcleo central de la Historia de la Salvación en estos textos, se distribuyó primero a un equipo de un centenar de catequistas y pastores; más adelante a 800 expertos y a las Conferencias Episcopales. Se recibieron 10.000 observaciones. Con todas estas respuestas se elaboraron los leccionarios. El Leccionario (o los leccionarios) se promulgó el 3 de abril de 1969, cinco años después de iniciarse el trabajo.

¿No será la mejor garantía el pensar que está compuesto por los mejores "maestros"? Sin duda ninguna, el juicio de estos técnicos sobre los textos centrales que debe conocer el pueblo de cada uno de los Libros de la Biblia merece más confianza que la simple opinión nuestra. Por ello, para cualquier celebración en mejor acudir a los textos de los leccionarios.

 

Cómo están hoy día los leccionarios

Aunque hoy hablemos de Leccionario en singular, en realidad, hay ocho libros o leccionarios. Además del Leccionario para los domingos y días feriales (días entre la semana, que no son días de fiesta para la liturgia), se han publicado los leccionarios para los santos, para los sacramentos, para misas votivas, para niños, etc.

Los leccionarios editados últimamente tienen una introducción general llamada "Ordenación de las Lecturas de la Misa" (OLM). En ella está la doctrina de la Iglesia sobre la Palabra de Dios.

Estos son los nueve leccionarios actualmente en vigor:

1 Contiene las lecturas para los domingos y fiestas del Señor. Año A.

2 Contiene las lecturas para los domingos y fiestas del Señor. Año B

3 Contiene las lecturas para los domingos y fiestas del Señor. Año C

4 Leccionario para el Tiempo Ordinario (Tiempo Ordinario se llama al Tiempo durante el año que no es Adviento-Navidad o Cuaresma-Pascua.). Lectura continuada (Lectura continuada se llama cuando se lee todo el libro de la Biblia de seguido, de continuo. Un día se lee un texto y al día siguiente se sigue sin dejar nada. Cuando se dejan partes se dice que es Lectura semi-continua. Esta es los domingos.) para los días feriales (Días feriales o ferias, se llaman a los día que no es fiesta en la Iglesia. Fiesta en la Iglesia, no es lo mismo que fiesta en lo civil. Hay muchos días de santos que son fiesta. Estos días se canta el Gloria.) (ciclo completo)

5 Lecturas del propio (Propio de santos. Algunos santos y santas tienen para la celebración de la misa textos propios de ellos. Por esto se dice Lecturas del propio.) y del común (Del común. Se dice porque hay unas lecturas que valen para todos los santos.) de los santos.

6 Lecturas para las misas en diversas circunstancias y misas votivas (Misas votivas son aquellas misas que algunos días se pueden celebrar por alguna necesidad.).

7 Lecturas para las ferias de Adviento, Navidad, Cuaresma y Tiempo Pascual.

8 Rituales. Lecturas para las celebraciones de los sacramentos, Profesión religiosa, Consagración de vírgenes y Exequias de adultos y niños.

9 Leccionario para las misas con niños en domingos. Es una adaptación de los leccionarios de los domingos para los niños.

En euskera están todos en un mismo libro, titulado, "IRAKURGAIAK". No se ha publicado el Leccionario para las misas con niños.

 

Un consejo

El cristianismo no es una religión del libro. Pero nunca se hablará bastante del respeto con que conviene manejar el libro de la Palabra, que es tan importante como el pan y el vino.

Podemos decir sin exagerar que la Biblia es el único libro de la celebración cristiana. Hasta el misal, tan importante por contener las oraciones de la Iglesia, es secundario.

Sin embargo, hoy día, se rinde culto a los papeles. Todo o casi todo se lleva escrito en papeles. Hay que manejar el Libro (Leccionario) con cierta solemnidad. Los demás libros y papeles hay que manejarlos con suma discreción.

Si hay que deplorar cierta inflación verbal en nuestras celebraciones, ¿no habrá que deplorar también una inflación del papel?

Incluso es mucho mejor no usar el misal de los fieles. La experiencia demuestra que cuando la asamblea tiene el texto a la vista y las condiciones de comunicación son buenas, su interés se estimula.

 

La estructura de la celebración de la Palabra en la liturgia

Una vez analizado el significado de la Palabra, veamos ahora la manifestación, es decir, cómo se expresa esa verdad que tiene la Iglesia. La Liturgia en su aspecto externo es algo significativo. Hemos visto el significado. Vemos ahora el significante.

La forma externa se cuida no por puro ritualismo, sino para que exprese lo mejor posible la verdad y la realidad que está detrás del rito. La finalidad no es cumplir la ley, sino manifestar significativamente la realidad: que Dios habla a su pueblo y le da a conocer un mensaje salvador.

a) Está en forma de diálogo

En la Palabra Dios nos habla de su misterio de la salvación y el pueblo creyente responde al Señor con cantos y oraciones (SC 33) y habla a Dios con las mismas palabras y sentimientos que El ha inspirado (el salmo responsorial).

De este modo la liturgia de la Palabra por su naturaleza y su estructura ritual es un diálogo o conversación entre Dios que habla y el pueblo que escucha, responde y acepta su manifestación.

Veamos el esquema de la Liturgia de la Palabra en la Eucaristía, que es el modelo de todas las celebraciones de la Palabra.

Dios nos habla en

 

Primera lectura

 

Segunda lectura

 

 

Evangelio

 

Homilía

 

 

El pueblo responde con

 

Pequeño silencio

Salmo responsorial

Pequeño silencio

Se adelanta al Evangelio con el Aleluya

 

Pequeño silencio

 

Pequeño silencio

 

Credo

Oración universal o de los fieles

 

b) Elementos de la liturgia de la Palabra

"Las lecturas tomadas de la Sagrada Escritura, con los cantos (salmos y aleluya) que se intercalan, constituyen la parte principal de la liturgia de la Palabra; la homilía, la profesión de fe (credo) y la oración universal, la desarrollan y concluyen" (OGMR 33).

 

b. 1) Lecturas bíblicas

• La lectura del Evangelio constituye el punto culminante; las demás lecturas preparan a la asamblea para la aceptación del evangelio (OLM 13).

• Por tanto, a veces, es conveniente hacer la procesión con el libro del Evangelio, proclamarlo con incienso y elevarlo al terminar.

• La buena dicción, voz alta y clara y con conocimiento de lo que leen, es necesario.

• Las moniciones deben ayudar para que sean escuchadas y aceptadas. Deben ser "breves, apropiadas, sencillas, fieles al texto, preparadas minuciosamente, adaptadas al matiz propio del texto" (OLM 15), "oportunas, claras, diáfanas por su sobriedad, cuidadosamente preparadas, normalmente escritas y aprobadas por el presidente " (OLM 57).

• Es bueno cantar la conclusión de las lecturas (OLM 17).

• El ambón, lugar necesario para la Palabra de Dios, simboliza la dignidad de la Palabra y una de las dos mesas.

• Un pequeño silencio hace aceptar la Palabra.

 

b. 2) El salmo responsorial

• Es parte integrante de esta liturgia (OLM 19). Por tanto, sería empobrecer la liturgia de la Palabra reemplazar el salmo por cualquier canto religioso, ya que es un texto bíblico por el cual Dios nos presta su Palabra para responderle. Sería antipedagógico transformar la Misa en una especie de festival de canciones que nada tienen que ver con la acción litúrgica. Sería dar a entender que en la Misa lo importante son las canciones, el quehacer del equipo liturgia es distraer al personal para que no se aburra.

• La finalidad del salmo es interiorizar la Palabra y hacer oración al estilo bíblico (OLM 19; 21).

• Normalmente debe ser cantado (OLM 20-21), para no reducirlo a una simple lectura. Si no es posible cantarlo, sí que sería bueno "rezarlo" despacio.

 

b. 3) La aclamación antes del Evangelio

• Su sentido no es responder a la segunda lectura o a la primera, sino recibir y saludar al Señor que va a hablarnos. Está unido no a la lectura anterior, sino a la posterior, al Evangelio.

• Se canta estando de pie. El sentido de estar de pie significa: que somos los reyes de la creación (comparado con los animales), estamos salvados por Cristo (antiguamente se prohibía estar de rodillas los domingos), indica respeto y disponibilidad.

 

b. 4) La homilía

 • No es sermón, ni catequesis, sino una conversación o plática familiar.

• Está al servicio de la Palabra: parte de ella, conduce al sacramento y actualiza en la vida la Palabra escuchada o la fiesta vivida.

• Los sacerdotes deben tener en cuenta que la capacidad de atención de la gente es muy limitada: casi nunca aprovecha una homilía larga.

 

b. 5) El silencio

•Su finalidad es personalizar, acoger la Palabra y provocar la oración y respuesta, lograr la plena resonancia de la voz del Espíritu (OLM 28).

• Se hace después de cada lectura y al terminar la homilía. Deben ser valorados y fomentados (OLM 28).

 

b. 6) La oración universal

• Es también respuesta a la proclamación de la Palabra: la salvación que Dios nos da, la queremos y la pedimos para nosotros y para toda la humanidad.

• Es universal, es decir, para todo el mundo. Por eso mismo, tampoco pueden faltar las intenciones de la comunidad.

 

Ministerios al servicio de la Palabra en la celebración

En la liturgia de la Palabra es Dios quien habla a su pueblo por mediación de los ministros. El ministerio de proclamar no es una función presidencial, exceptuando el evangelio, sino de otros ministros: lectores. Solamente en caso de que falten lectores los hará el presidente, es decir, el presidente proclamara las lecturas (1ª y 2ª) únicamente si no hay lector. Tampoco lo deben hacer los sacerdotes aunque estén concelebrando.

 

1)  Funciones del pueblo

El pueblo se alimenta con la Palabra y responde escuchando con fe (fe viva, traducida en la vida, OLM 47), se convierte en pueblo de Dios, crece su vida espiritual y se introduce en el misterio que celebra (OLM 45; 48).

• Los fieles han de tener la convicción de la presencia del Señor, que Dios es el que habla.

• Responde, además, con el salmo, silencio, posturas, etc.

 

2) Funciones del presidente

• Primero escucha la Palabra y se alimenta de ella, incluso cuando lo traduce en la homilía (OLM 38). 

• Debe conocer la estructura de las lecturas, estudiarlas y meditarlas y orar con ellas (OLM 39).

• Hacerlo de común acuerdo con todos los interesados, oyendo también el parecer de los fieles (OLM 40; OGMR 313; 318320; 324-325).

• Le corresponde el evangelio, la homilía y la introducción y conclusión de la oración de los fieles (OLM 41).

• Preparar a los laicos en caso de que no haya lectores. No es conveniente llamar de improviso a posibles voluntarios.

 

3) Otros ministerios:

El diácono

• Su función es la proclamación del evangelio, la homilía y proponer las intenciones de la oración universal.

 

El lector.

• Tiene su ministerio propio, ministerio que debe ejercer él, aunque haya un ministro ordenado. El sacerdote suple al lector.

• Hay que procurar que haya laicos, los más idóneos, que estén preparados para ejercer este ministerio, porque la asamblea litúrgica necesita de lectores (OLM 52; 55).

• Lo ideal sería que fueran estables. La práctica, sin embargo, es que sea por encargo temporal.

 

Cantor o salmista.

• Propone las intenciones de la oración universal, pero si son cantadas (OLM 53).

• Canta el salmo responsorial; el versículo del aleluya.

• También éstos deben tener sus cualidades y formación (OLM 56).

 

Cómo preparar una celebración de la Palabra

Lo primero es fijar bien lo que quiero dar a conocer o a celebrar. Por ejemplo quiero celebrar en la Palabra el amor de Jesús a los pobres, o la experiencia de Dios Padre, etc.

Segundo: Buscar las lecturas que mejor expresen esta verdad que quiero celebrar. Una primera lectura, bien del Antiguo o Nuevo Testamento; un Salmo y el Evangelio.

Tercero: unas oraciones que recen lo que vamos a celebrar, como primera oración o lo que hemos celebrado, como oración final.

Cuarto: Preparo o encargo a otros para que hagan las distintas peticiones de la oración de los fieles.

Quinto: Busco algún símbolo para que manifieste o exprese la verdad que vamos a celebrar.

Con estos elementos organizo la celebración de la Palabra. Toda celebración tiene dos partes fundamentales: Palabra y Símbolo. Antes de la Palabra se hace una introducción o Rito de acogida y después del símbolo, la despedida o el Rito de Conclusión o Envío. Hago el esquema y distribuyo dentro de él los diversos elementos:

Rito de acogida:

• Una pequeña monición para dar la bienvenida a los que han venido y para decirles lo que vamos a celebrar.

• Un canto de hermandad o según el tema que he elegido.

• El saludo del que preside y

• Una oración para rezarla todos juntos.

 

Liturgia de la Palabra:

• Una pequeña monición a las lecturas.

• Una lectura.

• Un salmo cantado. Por lo menos la estrofa.

• Una aclamación cantada al Evangelio.

• El Evangelio.

• Un silencio con algunas preguntas.

 

Liturgia del símbolo:

• Una pequeña monición para fijarse en el sentido del símbolo.

• Silencio para vivirlo. Suele ser bueno que el símbolo mire a la vida.

• Un canto con el tema de la celebración.

• La oración de los fieles.

 

Rito del envío o despedida:

• Una monición diciendo que vamos a la vida.

• Una oración para hacerla todos juntos.

• Canto.

• Bendición y envío.

 

Cuestionario

1 Expresa en unas cinco líneas las razones por las cuales es importante la Palabra.

2 Se habla de dos mesas. Explica un poco esto.

3 Prepara una celebración de la Palabra. Toma un problema actual o el tema que tú quieras y elige las lecturas, el salmo y la oración de los fieles.

 

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