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Semana 11 Tiempo Ordinario

 

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Día: 22-06-2017
 

Santos Paulino, obispo / Juan Fisher, obispo y Tomás Moro, mártires
 

 Jueves XI semana del tiempo ordinario

 

Lectura 1

 

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11,1-11

Hermanos:
Ojalá me toleraseis unos cuantos desvaríos; bueno, ya sé que me los toleráis.
Tengo celos de vosotros, los celos de Dios; quise desposaros con un solo marido, presentándoos a Cristo como una virgen fiel.
Pero me temo que, igual que la serpiente sedujo a Eva con su astucia, se pervierta vuestro modo de pensar y abandone la entrega y fidelidad a Cristo.
Se presenta cualquiera predicando un Jesús diferente del que yo predico, os propone un espíritu diferente del que recibisteis, y un Evangelio diferente del que aceptasteis, y lo toleráis tan tranquilos.
¿En qué soy yo menos que esos súper apóstoles?
En el hablar soy inculto, de acuerdo, pero en el saber no, como os lo he demostrado siempre y en todo.
¿Hice mal en abajarme para elevaros a vosotros?
Lo digo porque os anuncié de balde el Evangelio de Dios.
Para estar a vuestro servicio tuve que saquear a otras comunidades, aceptando un subsidio.
Mientras estuve con vosotros, aunque pasara necesidad, no me aproveché de nadie; los hermanos que llegaron de Macedonia pagaron mis cuentas.
Mi norma fue y seguirá siendo no seros gravoso en nada.
Tan verdad como que soy cristiano, que nadie en toda Grecia me quitará esta satisfacción.
¿Por qué? ¿Por qué no os quiero?
Bien lo sabe Dios.

Palabra de Dios

 

Salmo

 

Sal 110, 1-2. 3-4. 7-8

R. Justicia y verdad son las obras de tus manos, Señor.

Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman.

Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por siempre;
ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud.

 

Evangelio


Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,7-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que lo pidáis. Vosotros rezad así:
«Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno».
Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.

Palabra del Señor

 

 

Reflexión

 

San Paulino de Nola, obispo (L)

Paulino fue un político con cargos importantes (cónsul y gobernador), que San Ambrosio inició en el camino de la fe. Después de haber contraído matrimonio, a petición del pueblo fue ordenado sacerdote en Barcelona el día de Navidad del 394, a pesar de su resistencia. Con gran sensibilidad y humildad, se relacionó con los grandes personajes de su tiempo: «Según la Palabra de la Escritura es él el que triunfa en nosotros cuando, tomando la condición de servidor, adquiere para sus servidores la gracia de la libertad» (Carta).

 


La oración —o lo que es lo mismo— dedicar algún tiempo (al menos, un rato) a expresar ante Dios lo que más deseamos, eso ha sido siempre importante en todas las religiones. Lo fue en la tradición de Israel. Y lo fue en la vida de Jesús, del que los evangelios nos informan de sus largos tiempos que dedicaba a la oración, a veces, la noche entera, en la soledad del campo, de un monte, en la paz del silencio. Así, hasta el final, en el huerto de Getsemaní. Y finalmente en la cruz, orando al Padre. En las antiguas sociedades patriarcales, se invocaba a Dios como "Júpiter", que se expresaba como Zeus-Pater. Pero esa denominación, al igual que la del Emperador como Pater Patriae, equivalía a invocar el "Poder de dominación". Era la veneración de la soberanía y el mando, propia de los tiempos imperiales, en las culturas de entonces.


Jesús pensaba a los "padres" de la cultura patriarcal como padres "malos" (Mt 7, 11 par) y así los contrapone al Padre del cielo. Los evangelios presentan a este Padre así:

1) Tan desconcertantemente bueno, que jamás rechaza a un hijo, por más perdido que ande. (Lc 15, 11-32);

2) Tan generoso que siempre da a sus hijos lo que le piden (Mt 7, 9-11 par).

3) Tan fiel, que trata a todos por igual, como el sol y la lluvia benefician a todos sin distinciones (Mt 5, 45); tan entrañable, que se puede comparar a una gallina que protege a sus polluelos bajo sus alas (Mt 23, 37).


Por todo esto, los hijos de tal Padre, lo que tienen que desear más intensamente es que el nombre de ese Padre suyo no sea jamás utilizado para lo que no se debe, que ese Padre reine en este mundo, y que todos los humanos hagamos lo que Él quiere. Es decir, pedimos ante todo que el Padre esté presente en nuestras vidas lo más y lo mejor posible. Además, le decimos a ese buen Padre que no queremos que nos falte nada de lo que es necesario para llevar una vida sana y digna. Sobre todo, que no nos falte el alimento, la salud, la vida digna. Y afirmamos nuestra decisión de ser buenos con los demás, como el Padre es bueno con todos. Por eso le decimos que nos perdone, si hemos hecho mal a alguien. De la misma manera que nosotros perdonamos gustosamente a quien nos desagrade o nos haga daño, sea como sea. Todo esto es lo más y mejor que podemos desear en la vida. Por eso, en la expresión de estos deseos se debe resumir y centrar nuestra oración, es decir, nuestra relación con Dios. Y, por tanto, nuestra espiritualidad.



Punto de reflexión y plegaria

Con las tres primeras peticiones del Padrenuestro expresamos un único deseo: Que Dios sea amado y conocido en nuestro mundo y que el Reino de Dios se viva con la misma naturalidad que en el Paraíso antes del pecado. En las cuatro últimas, nos hacemos conscientes de nuestra debilidad humana y espiritual y pedimos a Dios que nos ayude y perdone. Acabamos firmando un compromiso: Perdonar porque nosotros nos sentimos perdonados por Dios.

- Señor, venga a nosotros tu Reino.



 

 

 

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