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Semana 11 Tiempo Ordinario

 

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Día: 20-06-2017
 

 
 

Martes XI semana del tiempo ordinario

 

Lectura 1

 

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 8,1-9

Hermanos:
Os informo del favor que Dios ha hecho a las iglesias de Macedonia:
En las pruebas y desgracias creció su alegría; y su pobreza extrema se desbordó en un derroche de generosidad.
Con todas sus fuerzas y aun por encima de sus fuerzas -os lo aseguro-, con toda espontaneidad e insistencia me pidieron como un favor que aceptara su aportación en la colecta a favor de los hermanos.
Y dieron más de lo que yo esperaba: se dieron a sí mismos; primero al Señor y luego, como Dios quería también a mí.
En vista de eso, como fue Tito quien empezó la cosa le he pedido que dé el último toque entre vosotros a esta obra de caridad.
Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguíos también ahora por vuestra generosidad.
No es que os lo mande, os hablo del empeño de otros para comprobar si también vuestra caridad es genuina.
Bien sabéis lo generoso que ha sido nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, por vosotros se hizo pobre, para que vosotros, con su pobreza, os hagáis ricos.

Palabra de Dios

 

Salmo

 

Sal 145, 2. 5-6. 7. 8-9a

R. Alaba, alma mía, al Señor.

Alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él;
que mantiene su fidelidad perpetuamente.

Que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos;
el Señor liberta a los cautivos.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan;
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos.

 

Evangelio


Lectura del santo evangelio según san Mateo 5,43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo» y aborrecerás a tu enemigo.
Yo, en cambio, os digo: «Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen». Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.

Palabra del Señor

 

 

Reflexión

 

¿Se puede realmente amar al enemigo? ¿Se puede querer al que sabemos que nos odia, se pone triste cuando las cosas nos salen bien y triunfamos en la vida, y se pone alegre cuando fracasamos o quedamos mal ante los demás? Como es lógico, las preguntas que podemos hacernos sobre este asunto son interminables. Porque la vida y la relación con los demás nos ponen en situaciones que quizá nunca pudimos imaginar. Por eso hay que hacerse, en serio, la pregunta: ¿Es posible amar al enemigo? Dios no nos puede pedir lo imposible. Ni Dios es tan inhumano como para pedirnos que lleguemos a portarnos violentando constantemente lo que da de sí nuestra condición humana.


Jesús no nos pide que nos arranquemos del alma los sentimientos más espontáneos que brotan de nuestra intimidad. No somos dueños de nuestros "sentimientos". Solo mandamos en nuestra conducta, en nuestros "comportamientos". Y lo que Jesús nos pide es que nunca hagamos mal a nadie. Aunque sea nuestro peor enemigo. Esto sí está en nuestra mano. Y lo tenemos siempre a nuestro alcance. Por eso, una vez más, hay que insistir en la importancia de reeducar nuestras "convicciones" fundamentales, básicas, determinantes. Las "convicciones" no son meros "propósitos". Sino que son "pautas de conducta", que generan "hábitos de comportamiento". Lo que se traduce en costumbres. El que no acostumbra a decir jamás una palabra hiriente, o hablar mal de otro, sea quien sea, y no digamos si lo que está en juego es dañar la fama, la dignidad, los derechos de otras personas, sean quienes sean... El que se porta así, ese es el que ama incluso al enemigo.


La grandeza de una persona se mide, sobre todo, por su capacidad para reconocer sus propias limitaciones. El que sabe lo limitado que es -aunque sea importante y famoso- ese será siempre buena persona. El que sabe sus limitaciones, pero ni las reconoce, ni las acepta, ese es un individuo peligroso. Y normalmente suele ser un resentido. Una persona así, es un peligro para quienes están cerca o simplemente se relacionan con semejante sujeto. Hay que pensar en esto: ¿Dónde está, para mí, la base y el cimiento de la auténtica honestidad y la verdadera bondad?


Punto de reflexión y plegaria

Se dice que dos llaves abren el corazón de Dios: el amor y el perdón. Estas mismas llaves abrirán el corazón de los humanos. Perdonar al enemigo es dificil. No se trata de palabras o buenas intenciones. Amo a quien me ha hecho daño cuando oro por él. No oro para que se disculpe o cambie. Oro sin poner condiciones y lo pongo en manos de Dios. Así podemos ser perfectos como el Padre celestial es perfecto.

- Padre, que sepa perdonar como tú perdonas.
 

 

 

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