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XIV SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 

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Día: 12-07-2018
 

 
 

 JUEVES DE LA XIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Lectura 1

 

Lectura de la profecía de Oseas 11, 1-4. 8c-9

ESTO dice el Señor:
«Cuando Israel era joven lo amé
y de Egipto llamé a mi hijo.
Cuanto más los llamaba,
más se alejaban de mí:
sacrificaban a los baales,
ofrecían incienso a los ídolos.
Pero era yo quien había criado a Efraín,
tomándolo en mis brazos;
y no reconocieron que yo los cuidaba.
Con lazos humanos los atraje,
con vínculos de amor.
Fui para ellos como quien alza
un niño hasta sus mejillas.
Me incliné hacia él
para darle de comer.
Mi corazón está perturbado,
se conmueven mis entrañas.
No actuaré en el ardor de mi cólera,
no volveré a destruir a Efraín,
porque yo soy Dios,
y no hombre;
santo en medio de vosotros,
y no me dejo llevar por la ira».

Palabra de Dios
 

Salmo

 

Sal 79, 2ac y 3b. 15-16

R/. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve.

V/. Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece,
despierta tu poder y ven a salvarnos. R/.

V/. Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña.
Cuida la cepa que tu diestra plantó
y al hijo del hombre que tú has fortalecido. R/.

 

Evangelio


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 7-15

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios.
Gratis habéis recibido, dad gratis.
No os procuréis en la faja oro, plata ni cobre; ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entréis en una ciudad o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa, saludadla con la paz; si la casa se lo merece, vuestra paz vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros.
Si alguno no os recibe o no escucha vuestras palabras, al salir de su casa o de la ciudad, sacudid el polvo de los pies.
En verdad os digo que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra, que a aquella ciudad».

Palabra del Señor

 

Reflexión

 

Lo primero que Jesús deja claro, en lo que les dice a los apóstoles, es que hay una relación directa entre la proclamación del Reino y todo lo que es dar vida. Jesús piensa, por tanto, que el Reino de Dios se hace presente, antes que mediante doctrinas y teorías, dando vida a los que la tienen limitada o amenazada. Es una equivocación pensar que el anuncio del Reino se hace obligando a la gente a que acepte una "teología ortodoxa", cuando lo que más urge Jesús es que trabajemos y luchemos por dar vida y por dignificar la vida.


Jesús pensó en la misión de los apóstoles de forma que, para realizar tal misión no necesitaban dinero. Más aún, Jesús pensaba que, para hacer visible el Reino de Dios, el dinero es un estorbo. Lo mismo que es un estorbo todo lo que sea (o parezca) ostentación o imagen que llama la atención. Jesús no quiere nada de eso, ni para sus apóstoles, ni por tanto para los sucesores de sus apóstoles. ¿Por qué esta postura tan radical de Jesús?


Un Evangelio que se transmite sin dinero, ni con dinero, ni por dinero, ¿no es la prueba más evidente de que es la fuerza de la vida, que brota del amor y solo busca amor, respeto, bondad, tolerancia, en definitiva otro modelo de persona, que ya no puede ser nada más que el "hombre-no-económico", el ser humano que añoramos y nunca alcanzamos? San Pablo parece que lo entendió así. Por eso insiste, hasta diez veces, que él renunció a recibir dinero por su apostolado, "para no crear obstáculos al Evangelio" (1 Tes 4, 10 ss; 2, 3.6-12; 1 Cor 4, 12; 9, 4-18; 2 Cor 11, 7-12; 12, 13-18; Hech 20, 33-35; cf. Hech 18, 1-4).


Punto de reflexión

Los apóstoles saludaban con el «shalom»: paz. Este saludo alude a la paz externa pero sobre todo a la buena relación con los demás. Se les envía a restablecer una buena relación con Dios y con todos los hombres de buena voluntad. Sean de la raza y pensamiento que sean. Jesús no les augura el éxito en la misión. Algunos se desentenderán del mensaje. No han fracasado. La paz volverá a ellos y a los que la acogen.

- Señor, que sepa acogerte.

 

 

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