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XIV SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 

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Día: 1-07-2018
 

San Benito, abad, patrono de Europa
 

 Miércoles San Benito, abad, patrono de Europa

 

Lectura 1

 

Lectura del libro de los Proverbios 2,1-9

Hijo mío, si aceptas mis palabras
y conservas mis consejos,
prestando oído a la sensatez
y prestando atención a la prudencia;
si invocas a la inteligencia
y llamas a la prudencia;
si la procuras como el dinero
y la buscas como un tesoro,
entonces comprenderás el temor del Señor
y alcanzarás el conocimiento de Dios.
Porque es el Señor quien da sensatez,
de su boca proceden saber e inteligencia.
Él atesora acierto para los hombres rectos,
es escudo para el de conducta intachable,
custodia la senda del deber,
la rectitud y los buenos senderos.
Entonces comprenderás la justicia y el derecho,
la rectitud y toda obra buena.
 

Palabra de Dios
 

Salmo

 

Sal 33, 2-3. 4 y 6. 9 y 12. 14-15

R. Bendigo al Señor en todo momento.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.

Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él.
Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor.

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.

 

Evangelio


Lectura del santo evangelio según san Mateo 19,27-29

En aquel tiempo, dijo Pedro a Jesús:
- Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?
Jesús les dijo:
- Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel.
El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.
 

Palabra del Señor

 

Reflexión

 

San Benito, abad, patrono de Europa (F)

El padre de la Regla monástica más famosa de Occidente sembró de monasterios Europa cuando se hundía con el Imperio Romano. Recomienda a los monjes: «Que se adelanten a honrarse los unos a los otros; que se soporten con una gran paciencia sus debilidades, tanto físicas como morales. Que no antepongan nada absolutamente a Cristo, él que nos llevará juntos a la vida eterna» (Regla, capítulo 72). Pablo VI, en 1964, lo proclamó Patrón de esta Europa que, en el siglo XXI, aún busca su identidad.

 

 

Premio al seguimiento.

Es lo que viene a decir Jesús al apóstol Pedro, que, en nombre de los demás, quiere sacar las consecuencias de lo dicho precedentemente por Cristo: "Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos va a tocar?" La pregunta puede parecer cálculo mezquino e interesado, pero no dejaba de ser obvia, y a Jesús le pareció normal.

En la primera parte de su respuesta se refiere a los doce apóstoles, que en el reino mesiánico se sentarán en doce tronos para regir las doce tribus de Israel. Lenguaje figurado y arcaico, con base en el profeta Daniel (7,27). La segunda parte es extensiva a cualquiera que lo deja todo para seguir a Cristo: "El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna".

Mateo modifica profundamente el texto de Marcos al suprimir las promesas relativas a la vida presente y el inciso "con persecuciones" (Mc 10,28ss). La generosa recompensa que anuncia Jesús para sus seguidores pobres hace efectiva la segunda de las bienaventuranzas: Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra (Mt 5,4). Así "muchos últimos serán primeros", y viceversa.

En todo este pasaje evangélico vemos que las expresiones: seguir a Jesús, entrar en el Reino y salvarse aparecen en perfecta equivalencia.

Pero todo arranca del seguimiento de Cristo, concepto básico en los evangelios.

Seguir a Jesús es un verbo que se conjuga hasta treinta veces en los sinópticos, y significa compartir su vida, actitudes y destino. Comprende estos aspectos:

1º Una relación personal con Cristo, que es quien toma y conserva siempre la iniciativa; al discípulo no le toca sino responder libre e incondicionalmente;

2.° La vinculación de este seguimiento no es solamente para un tiempo, por ejemplo, de estudio como en la relación rabino/ discípulos en la época de Jesús, sino de una vez para siempre adhiriéndose a la persona de Cristo.
3º Por eso el compromiso del seguimiento evangélico es más que una imitación del estilo de vida de Jesús; es una identificación total con sus actitudes, sentimientos y modo de pensar y actuar.

No nos contentemos con "admirar" a Cristo; hemos de "seguirlo" en pobreza afectiva y efectiva. Venturosamente, hoy como ayer, hay hombres y mujeres que sienten el asombro de Dios y su llamada incandescente; unámonos a ellos. Sus labios y sus corazones perciben el fuego del Espíritu que los purifica y los marca para una misión. Son hombres y mujeres que responden en el silencio más profundo de su ser: Aquí estoy, cuenta conmigo, Señor. Entran así a formar parte de la saga de los profetas, de los apóstoles y de los voluntarios de la pobreza total, optando por el estilo de Jesús y la disponibilidad absoluta del "hágase" de María, la Madre del Señor.

 

Punto de reflexión plegaria

Seguir a Cristo no es una decisión puntual. Seguirle supone un modo de vida y una conversión continua. Así lo entendió san Benito. En la Regla Benedictina se hace hincapié en la caridad y la convivencia. El monasterio es la escuela del Servicio divino. En esta escuela se aprende a valorar lo realmente fundamental: el seguimiento de Cristo y el amor a los hermanos.

Cuando Jesús invitaba a los discípulos a dejar todo para seguirle, era para formar una nueva comunidad fundamentada en los valores del Evangelio. Y para ser signo de que es posible empezar a vivir el Reino. San Benito y las familias de monjas y monjes que siguen su camino hace quince siglos, nos hablan con su vida. E invitan a escuchar la sabiduría, a encontrar el conocimiento de Dios, a valorar la oración, el trabajo, la vida comunitaria, la acogida fraterna, el compartir los bienes materiales y espirituales.

- ¡Gracias, Señor, por el testimonio de las monjas y monjes entre nosotros!

- Señor, que sepamos valorar la vida monástica y el servicio que presta a la sociedad.

 

 

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