Inicio

J. A. Pagola

Homilías

Lecturas del día

El Día del Señor

Diapositivas Eucaristía

 

 

Semana 15 Tiempo Ordinario

 

Lunes
Martes
Miércoles
Jueves
Viernes
Sábado
Domingo

 

Rezando voy

 

 

 

 

Día: 18-07-2017
 

 
 

Martes XV semana del tiempo ordinario

 

Lectura 1

 

Lectura del libro del Éxodo 2,1-15a

En aquellos días, un hombre de la tribu de Leví se casó con una mujer de la misma tribu; ella concibió y dio a luz un niño. Viendo que era hermoso, lo tuvo escondido tres meses. No pudiendo tenerlo escondido por más tiempo, tomó una cesta de mimbre, la embadurnó de barro y pez, colocó en ella a la criatura y la depositó entre los juncos, junto a la orilla del Nilo.
Una hermana del niño observaba a distancia para ver en qué paraba.
La hija del Faraón bajó a bañarse en el Nilo, mientras sus criadas la seguían por la orilla. Al descubrir la cesta entre los juncos, mandó a la criada a recogerla.
La abrió, miró dentro y encontró un niño llorando.
Conmovida, comentó:
- Es un niño de los hebreos.
Entonces la hermana del niño dijo a la hija del Faraón:
- ¿Quieres que vaya a buscarle una nodriza hebrea que críe al niño?
Respondió la hija del Faraón:
- Anda.
La muchacha fue y llamó a la madre del niño.
La hija del Faraón le dijo:
- Llévate al niño y críamelo, y yo te pagaré.
La mujer tomó al niño y lo crió.
Cuando creció el muchacho, se lo llevó a la hija del Faraón, que lo adoptó como hijo y lo llamó Moisés, diciendo: «Lo he sacado del agua».
Pasaron los años, Moisés creció, fue a donde estaban sus hermanos, y los encontró transportando cargas. Y vio cómo un egipcio mataba a un hebreo, uno de sus hermanos.
Miró a un lado y a otro, y viendo que no había nadie, mató al egipcio y lo enterró en la arena.
Al día siguiente salió y encontró a dos hebreos riñendo, y dijo al culpable:
- ¿Por qué golpeas a tu compañero?
Él le contestó:
- ¿Quién te ha nombrado jefe y juez nuestro? ¿Es que pretendes matarme como mataste al egipcio?
Moisés se asustó pensando: la cosa se ha sabido.
Cuando el Faraón se enteró del hecho, buscó a Moisés para darle muerte; pero Moisés huyó del Faraón y se refugió en el país de Madián.
 

Palabra de Dios

 

Salmo

 

Sal 68, 3. 14. 30-31. 33-34

R. Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Me estoy hundiendo en un cieno profundo
y no puedo hacer pie;
he entrado en la hondura del agua,
me arrastra la corriente.

Pero mi oración se dirige a ti, Dios mío,
el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.

Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.

 

Evangelio


Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,20-24

En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho casi todos sus milagros, porque no se habían convertido:
- ¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza.
Os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.
Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno.
Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy.
Os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti.

Palabra del Señor

 

 

Reflexión

 

Hay motivos razonables para sospechar que Jesús no pronunció estas amenazas, al menos tal como aquí quedaron recogidas y redactadas. Es probable que estas increpaciones de tipo justiciero no tengan su origen en Jesús, sino en experiencias y sentimientos de frustración que estaba viviendo la comunidad de Mateo cuando se redactó este texto. ¿Por qué? Los evangelios no dicen en ninguna parte que Jesús hiciera numerosos milagros en Corozaín y Betsaida. Hasta el punto de que ni se sabe a ciencia cierta dónde estaban esas dos ciudades. Y en cuanto a Cafarnaúm, sabemos con seguridad que Jesús encontró allí muy buena acogida (Mt 8, 5-13 par; 8, 14-17 par; 9, 2-8 par...). De forma que el mismo Mateo llama a Cafarnaúm la ciudad de Jesús (Mt 9, 1).


Entonces, ¿por qué estas amenazas, que no parecen tener razón de ser? Hay quienes han pensado que estas increpaciones reflejan la frustración que seguramente pudo tener la comunidad de Jesús en una posible misión por Galilea. Pero ocurre que el texto de este evangelio habla de la misión de Jesús, no de una hipotética misión de los seguidores que más tarde creyeron en Jesús.


Probablemente, este texto refleja la tensión que existía entre las comunidades cristianas y el pueblo judío en los años posteriores a la guerra y conquista de Jerusalén por los romanos (año 70). Esta tensión dejó su desagradable huella en algunos textos evangélicos, señaladamente en los relatos de la pasión. Pero a eso hay que decir que quien se enfrentó a Jesús no fue el pueblo judío, sino sus dirigentes, especialmente los sumos sacerdotes y dirigentes de la religión. Una religión a la que se enfrentó Jesús por causa de sus numerosas y graves desorientaciones.


Todo esto, en definitiva, nos viene a decir que debemos tratar con sumo cuidado y respeto el significado de lo que fue la vida y la enseñanza de Jesús para nosotros. Y evitar, sobre todo, cuanto pueda representar o expresar una utilización del Evangelio para legitimar nuestros problemas, nuestros fracasos o nuestras frustraciones. No pongamos nunca el Evangelio al servicio de nuestras conveniencias. Lo que tenemos que hacer es someter nuestros intereses a las exigencias del Evangelio. Que son las exigencias de la humanidad.


Punto de reflexión y plegaría

A Jesús como a cualquiera de nosotros le duele la ingratitud. Las ciudades más queridas no aceptan o no quieren entender su mensaje. Le duele la indiferencia y la dureza de corazón. Las ciudades de las que nos habla el evangelio nos quedan lejos. Si llevamos la pregunta de Jesús referida a nosotros, descubriremos que no hemos sido agradecidos a lo que el Señor ha hecho por nosotros.


- Gracias, Señor.
 

 

 

Inicio

J. A. Pagola

Homilías

Lecturas del día

El Día del Señor

PowerPoint Eucaristía