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Semana 15 Tiempo Ordinario

 

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Día: 19-07-2017
 

 
 

Miércoles XV semana del tiempo ordinario

 

Lectura 1

 

Lectura del libro del Éxodo 3,1-6. 9-12

En aquellos días, pastoreaba Moisés el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios.
El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse.
Moisés se dijo:
- Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza.
Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza:
- Moisés, Moisés.
Respondió él:
- Aquí estoy.
Dijo Dios:
- No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.
Y añadió:
- Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob. Moisés se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios.
Y el Señor le dijo:
- El clamor de los israelitas ha llegado a mí y he visto cómo los tiranizan los egipcios.
Y ahora marcha, te envío al Faraón para que saques a mi pueblo, a los israelitas.
Moisés replicó a Dios:
- ¿Quién soy yo para acudir al Faraón o para sacar a los israelitas de Egipto?
Respondió Dios:
- Yo estoy contigo; y ésta es la señal de que yo te envío: cuando saques al pueblo de Egipto, daréis culto a Dios en esta montaña.

Palabra de Dios

 

Salmo

 

Sal 102, 1-2. 3-4. 6-7

R. El Señor es compasivo y misericordioso.


Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.

Él perdona todas tus culpas,
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura.

El Señor hace justicia,
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés,
y sus hazañas a los hijos de Israel.

 

Evangelio


Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,25-27

En aquel tiempo, exclamó Jesús:
- Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Palabra del Señor

 

 

Reflexión

 

Una vez más hay que insistir en que, según los evangelios, "conocer al Padre", que es tanto como decir "conocer a Dios", eso es algo que excede nuestra capacidad de conocimiento (Mt 11, 27; Lc 10, 22; Jn 1, 18). Vamos a dejarlo claro, de una vez por todas: nosotros los humanos, desde nuestra inmanencia, no podemos conocer al Trascendente en su trascendencia. Precisamente la gran alucinación de las religiones y sus teologías ha sido partir del supuesto según el cual nosotros, los pobres mortales, no solo conocemos a Dios, el ser de Dios, sus cualidades y atributos, sino que además hemos llegado a la petulancia de afirmar sin titubeos que sabemos también cuál es la voluntad de Dios, hasta en los detalles más minuciosos de la vida cotidiana.


Todo esto está más allá de cuanto nosotros podemos alcanzar. Porque se sitúa en el ámbito de lo que nos trasciende, o sea de lo que no podemos saber. Por eso Jesús hace una afirmación que nunca llegamos a entender: que Dios ha ocultado todo esto a los sabios y entendidos. Es decir, los que se creen que saben cómo es Dios y lo que Dios quiere, esos precisamente son los que no tienen ni idea de por dónde van las cosas de Dios.


De ahí, la importancia capital de Jesús. Porque es la "imagen" de Dios (Col 1, 15), la "representación" del ser mismo de Dios (Heb 1, 3), la "palabra" que nos revela a Dios (Jn 1, 1-2). Más aún, Jesús es la "encarnación" de Dios (Jn 1, 14). Es decir, aquel pobre artesano de la pobre aldea de Nazaret, el que fue "pequeño" entre los "pequeños" de este mundo, en él se hizo carne", no el "ser" de Dios, sino el "acontecer" de Dios: su forma de proceder, lo que acontece y lo que sucede cuando Dios se nos hace presente en la vida. De forma que en Jesús, en su vida, en sus preferencias y sus costumbres, en lo que hacía y decía, en todo eso es donde conocemos y encontramos a Dios.


Por esto resulta extraño, y hasta profundamente inquietante, el atrevimiento de no pocos "hombres de la religión", que tienen hasta la osadía de decir a los creyentes lo que Dios piensa, lo que Dios quiere, lo que Dios no quiere..., en asuntos cotidianos y hasta minuciosos. Dios merece un profundo respeto. Y se ha de hablar de Dios sabiendo que Dios está en todas las cosas. Como todas las cosas están en Dios. Tomar conciencia de esta realidad tan profunda es lo que llevó a los grandes místicos a vivir el despojo de toda representación de "lo divino". Así, Juan de la Cruz, en el vacío de la "nada". O el Maestro Eckhart cuando "le pide a Dios que lo libre de Dios". En la más pura tradición cristiana, a Dios lo encontramos en Jesús, en su vida, sus convicciones y su forma de estar presente en la sociedad.



Punto de reflexión y plegaria

Los que van de sabios por la vida tienen pocos amigos. Para contactar con los hermanos es preciso escuchar y acallar nuestro diálogo interior. Para escuchar al Señor se nos pide otro tanto: escuchar y dedicarle tiempo. Agradecer cuanto somos y tenemos sin darle lecciones a Dios de cómo consideramos que tienen que ser las cosas.


- Señor, te doy gracias por tu presencia en mi vida.
 

 

 

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