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Día: 22-07-2017
 

 
 

Sábado Santa María Magdalena

 

Lectura 1

 

Lectura del profeta Jeremías 3,14-17

Volved, hijos apóstatas -oráculo del Señor-
soy vuestro dueño.
Os escogeré a uno de una ciudad,
a dos de una tribu,
y os traeré a Sión.
Os daré pastores conforme a mi corazón,
que os apacienten con ciencia y experiencia.
Cuando os multipliquéis y crezcáis en el país,
en aquellos días -oráculo del Señor-,
ya no se nombrará el arca de la alianza del Señor:
no se recordará ni se mencionará,
no se echará de menos, ni se hará otra.
En aquel tiempo llamarán a Jerusalén
«Trono del Señor»,
esperarán en ella todas las naciones,
por el nombre del Señor que está en Jerusalén;
y ya no seguirán la maldad de su corazón obstinado.

Palabra de Dios

 

Salmo

 

Jr 31, 10. 11-12ab. 13

R. El Señor nos guardará como pastor a su rebaño.

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como pastor a su rebaño».

Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas.

 

Evangelio


Lectura del santo evangelio según san Juan 20,1. 11-18

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
- Mujer, ¿por qué lloras?
Ella les contesta:
- Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
- Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
- Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.
Jesús le dice:
- ¡María!
Ella se vuelve y le dice:
- ¡Rabboni», que significa: «¡Maestro!
Jesús le dice:
- Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro».
María Magdalena fue y anunció a los discípulos:
- He visto al Señor y ha dicho esto.

Palabra del Señor

 

 

Reflexión

 


Santa María Magdalena (F)

La podemos identificar entre las mujeres que seguían a Jesús y le servían (Lc 8,2-3), que lo vieron de lejos clavado en la cruz (Mc 15,40) y la primera, a la que se aparece el Resucitado (Jn 20,11-18): «Primero buscó y no encontró, perseveró en la búsqueda, y por eso encontró; el deseo aplazado crecía, y con esta búsqueda encontró lo que buscaba» (San Gregorio el Grande, Homilía 25).

 


I. María de Betania, la pecadora convertida

Cuando sale a la luz el Evangelio según san Juan –el último de los cuatro Evangelios en salir–, se sabía ya por san Lucas que una mujer anónima, pecadora pública, en casa de un fariseo, había ungido los pies de Jesús con perfume y los había enjugado con sus cabellos (cf Lc 7, 36-50), y que en una aldea una tal Marta lo había recibido en su casa, y que su hermana María, sentada a los pies del Señor, había escuchado su palabra (cf Lc 10, 38-42); y se sabía por san Mateo y san Marcos que una mujer anónima, en Betania, en casa de Simón el leproso, estando Jesús a la mesa, había derramado perfume de gran precio sobre su cabeza (cf Mt 26, 6-7; Mc 14, 3).

San Juan comienza el capítulo 11 de su Evangelio con estas palabras: «Había un enfermo, Lázaro, de Betania, la aldea de María y su hermana Marta. Era esta María la que ungió al Señor con ungüento y le enjugó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro era el enfermo» (Jn 11, 1-2). En este texto san Juan nos informa de tres cosas no clarificadas por los demás evangelistas: Primera, que es Betania la aldea de Marta y María; segunda, que ambas hermanas tienen un hermano llamado Lázaro; y tercera, que la mujer que «ungió al Señor con ungüento y le enjugó los pies con sus cabellos» es esta María.

Cuando san Juan comienza el capítulo 11 de su Evangelio, del testimonio escrito de los demás evangelistas se conocía una sola actuación de mujer en que, además de ungir al Señor con ungüento (cf Mt 26, 7 y Mc 14, 3), «le había enjugado los pies con sus cabellos» (Lc 7, 38); por lo que solo a dicha actuación se refiere aquí san Juan. Así pues, este evangelista, antes de narrarnos la muerte y resurrección de Lázaro (cf Jn 11, 11-44) y la posterior cena en Betania –en casa de Simón el leproso (cf Mt 26, 6; Mc 14, 3)–, en que María unge de nuevo los pies de Jesús y los enjuga con sus cabellos (cf Jn 12, 3), nos la identifica ahora, es decir, al comienzo del capítulo 11 de su Evangelio, con la anónima pecadora pública convertida de Lc 7, 36-50.

Así las cosas, ¿por qué, mientras Juan identifica a la mujer anónima, los demás evangelistas lo callan? Seguramente por discreción, porque cuando ellos escribían, María viviría todavía, y cuando escribió él, ya habría muerto.



II. La pecadora convertida, María, llamada Magdalena


«Ha amado mucho» (Lc 7, 47). Tras consignar esta alabanza de Jesús a la anónima pecadora pública convertida, san Lucas añade: «Le acompañaban los doce y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana, y otras muchas; las cuales le asistían con sus bienes» (Lc 8, 1-3).

La que «ha amado mucho», ¿cómo no iba a seguir a Jesús y asistirle cuanto pudiese con sus bienes? ¿Y cómo, si el evangelista cita a otras mujeres por su nombre, no nombrarla con más razón a ella? Y así, tras afirmar la común curación de las mujeres «de espíritus malignos», san Lucas insiste en que de la Magdalena «habían salido siete demonios», como para insinuar que es de ella, y no de alguna de las otras, de quien se acaba de decir que le «están perdonados sus muchos pecados» (Lc 7, 47). El motivo de discreción, aludido arriba, será el que ha limitado la explicitud en la identificación.



Se comprende que María Magdalena permaneciera de pie junto a Jesús crucificado (cf Jn 19, 25), porque «amó mucho» (Lc 7, 47), porque «escogió la mejor parte» (Lc 10, 42), porque «se adelantó a ungir el cuerpo del Señor para su sepultura» (cf Mc 14, 8). Y se comprende, por ello, que Jesús la honrara con su primera aparición (cf Mc 16, 9), la encomendara ir a sus hermanos y decirles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro» (Jn 20, 17), y asegurara que dondequiera que se predique el Evangelio, en todo el mundo, «se contará también lo que ella ha hecho, para memoria suya» (Mt 26, 13; Mc 14, 9).

 

Punto de reflexión y plegaria

María Magdalena vive en el pasado y por eso no reconoce a Jesús. Jesús Resucitado quiere que le descubramos en cada situación por nueva o poco corriente que sea. El encuentro con Jesús siempre nos empuja a los hermanos. Los momentos de intimidad en la oración o en la Eucaristía son el equipaje que necesitamos para darle a conocer. María Magdalena lo, entiende y se convierte en evangelizadora.


- Señor, ayúdame a crecer en el amor.
 

 

 

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