Inicio

J. A. Pagola

Homilías

Lecturas del día

El Día del Señor

Diapositivas Eucaristía

Contactos

 

 

Semana 1 Tiempo de Adviento ciclo B

 

Lunes
Martes
Miércoles
Jueves
Viernes
Sábado
Domingo

 

Rezando voy

 

 

 

 

 

Día: 09-12-2017
 

 
 

Sábado I semana de adviento

 

Lectura 1

 

Lectura del libro de Isaías 30,19-21. 23-26

Así dice el Señor, el Santo de Israel:
- Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén,
no tendrás que llorar,
porque se apiadará a la voz de tu gemido:
apenas te oiga, te responderá.
Aunque el Señor te dé
el pan medido y el agua tasada,
ya no se esconderá tu Maestro,
tus ojos verán a tu Maestro.
Si te desvías a la derecha o a la izquierda,
tus oídos oirán una palabra a la espalda:
«Éste es el camino, camina por él».
Te dará lluvia para la semilla
que siembras en el campo,
y el grano de la cosecha del campo
será rico y sustancioso;
aquel día, tus ganados pastarán
en anchas praderas;
los bueyes y asnos que trabajan en el campo
comerán forraje fermentado,
aventado con bieldo y horquilla.
En todo monte elevado,
en toda colina alta,
habrá ríos y cauces de agua
el día de la gran matanza,
cuando caigan las torres.
La luz de la Cándida será
como la luz del Ardiente,
y la luz del Ardiente será
siete veces mayor.
Cuando el Señor vende la herida de su pueblo
y cure la llaga de su golpe.

Palabra de Dios

 

Salmo

 

Sal 146, 1-2. 3-4. 5-6

R. Dichosos los que esperan en el Señor.

Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
El Señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los deportados de Israel.

Él sana los corazones destrozados,
venda sus heridas.
Cuenta el número de las estrellas,
a cada una la llama por su nombre.

Nuestro Señor es grande y poderoso,
su sabiduría no tiene medida.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los malvados.

 

Evangelio


Lectura del santo evangelio según san Mateo 9,35_10,1. 6-8

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos:
- La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.
Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
A estos doce los envió con estas instrucciones:
- Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios.
Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.
 

Palabra del Señor

 

 

Reflexión

 

Jesús no fue un hombre instalado. No tuvo títulos, ni cargos, ni estuvo vinculado a ninguna institución. Quiso ser libre, para enseñar donde había ignorancia y para aliviar el sufrimiento donde había enfermedades y dolencias. Ante el dolor, la opresión y el abandono de la pobre gente, Jesús "se compadecía", literalmente "se le conmovían las entrañas" (Mt 14, 14; 15, 32; 18, 27; 20, 34). Jesús vio que lo más necesario en la vida es la libertad al servicio de la misericordia que contagia paz y bien.
 

A los doce "apóstoles" (Mt 10, 2), Jesús les dio "autoridad". ¿Para qué? No para dominar o someter a nadie en nada, sino para expulsar demonios y sanar enfermos. En la mentalidad de Jesús, tener "autoridad" es tener "bondad" y "sensibilidad" ante el sufrimiento de los que lo pasan mal. En la Iglesia se ha pervertido el concepto y la forma de ejercer la autoridad. Porque se ejerce como poder para someter y mandar. Esa forma de practicar la autoridad se fundamenta en el derecho romano, no en el Evangelio.
 

Por último, anunciar que está cerca el Reino (reinado) de Dios, es "curar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos, expulsar demonios"(Mt 10, 8). O sea, anunciar el Reino de Dios no es dar catequesis, enseñar doctrinas, imponer mandamientos y organizar ceremonias sagradas. Anunciar el Reino es liberar a la gente de sus penas y sufrimientos, dar vida a los que están como muertos, contagiar felicidad. Hoy diríamos que es trabajar por una sociedad en paz, respeto, igualdad de derechos, seguridad para todos y en todo.
 

Punto de reflexión y plegaria

A lo largo de la semana el profeta Isaías promete esperanza y presencia de Dios en medio de un pueblo que se siente abandonado. El evangelio objetiva esta promesa. La ayuda al desvalido se hará realidad con los seguidores de Jesús. La evangelización no se limita a buenas palabras o a doctrina más o menos convincente. La evangelización tiene en cuenta a la persona en su plenitud.


^ Señor, cuenta conmigo.
 

 

 

Inicio

J. A. Pagola

Homilías

Lecturas del día

El Día del Señor

PPS Eucaristía