Inicio

J. A. Pagola

Homilías

Lecturas del día

El Día del Señor

Diapositivas Eucaristía

Contactos

 

 

I SEMANA DE ADVIENTO

 

Lunes
Martes
Miércoles
Jueves
Viernes
Sábado
Domingo

Rezando voy

 

 

 

 

 

Día: 04-12-2018
 

San Juan Damasceno, presbítero y doctor de la Iglesia
 

 MARTES DE LA I SEMANA DE ADVIENTO

 

Lectura 1

 

Lectura del libro de Isaías 11, 1-10

AQUEL día, brotará un renuevo del tronco de Jesé,
y de su raíz florecerá un vástago.
Sobre él se posará el espíritu del Señor:
espíritu de sabiduría y entendimiento,
espíritu de consejo y fortaleza,
espíritu de ciencia y temor del Señor.
Le inspirará el temor del Señor.
No juzgará por apariencias
ni sentenciará de oídas;
juzgará a los pobres con justicia,
sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra;
pero golpeará al violento con la vara de su boca,
y con el soplo de sus labios hará morir al malvado.
La justicia será ceñidor de su cintura,
y la lealtad, cinturón de sus caderas.
Habitará el lobo con el cordero,
el leopardo se tumbará con el cabrito,
el ternero y el león pacerán juntos:
un muchacho será su pastor.
La vaca pastará con el oso,
sus crías se tumbarán juntas;
el león como el buey, comerá paja.
El niño de pecho retozará junto al escondrijo de la serpiente,
y el recién destetado extiende la mano
hacia la madriguera del áspid.
Nadie causará daño ni estrago
por todo mi monte santo:
porque está lleno el país del conocimiento del Señor,
como las aguas colman el mar.
Aquel día, la raíz de Jesé
será elevada como enseña de los pueblos:
se volverán hacia ella las naciones
y será gloriosa su morada.

Palabra de Dios
 

Salmo

 

Sal 71, 1-2, 7-8. 12-13. 17

R/. Que en sus días florezca la justicia
y la paz abunde eternamente.

V/. Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R/.

V/. En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R/.

V/. Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R/.

V/. Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/.

 

Evangelio


Aleluya

R/. Aleluya, aleluya, aleluya.

V/. Mirad, el Señor llega con poder
e iluminará los ojos de sus siervos. R/.

 


Proclamación de la Buena Noticia de Jesús según san Lucas 10, 21-24

EN aquella hora Jesús se lleno de la alegría en el Espíritu Santo y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
«¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».
 

Palabra del Señor

 

Reflexión

 

San Juan Damasceno, presbítero y doctor de la Iglesia (L)

Hijo de una familia árabe cristiana (650), el presbítero Juan Damasceno «enseñó admirablemente la fe». Después de estudiar filosofía, entró en el monasterio de San Sabas, cerca de Jerusalén, donde escribió obras teológicas, especialmente contra los que querían suprimir todas las imágenes.

 


Los evangelios relatan, no solamente lo que Jesús hacía y decía. Además de eso, y sobre todo, los evangelios nos informan de lo que Jesús sentía y vivía, en su intimidad más profunda. Esto supuesto, lo que aquí queda patente es que la experiencia más profunda de Jesús era la alegría. Esto es determinante para la vida de los cristianos. Porque cada cual contagia lo que vive. El que vive amargado, contagia amargura. El que vive resentido, contagia resentimiento. Y así sucesivamente. Pues, bien, por esto es por lo que Jesús contagiaba sus sentimientos más profundos. Y eso le hacía vivir feliz. Y hacer felices a quienes le seguían.


Lo mejor de todo es que el motivo de tanta alegría, en la intimidad de Jesús, era que Dios se oculta a los sabios y entendidos, mientras que se revela, se da a conocer y, por tanto, a quienes se acerca es a la gente sencilla. Es la clase de gente a la que perteneció el mismo Jesús, que nació entre animales y murió entre bandidos. ¿Por qué esto es tan importante? ¿Por motivos sociales o políticos? No. El tema es más profundo. Mucho más profundo.


La "gente sencilla" no tiene nada más que su condición humana. Es gente sin estudios, sin títulos, sin propiedades, sin poderes ni dignidades. Sin influencias, ni categorías de importancia. Solo la humanidad. Pues bien: ahí y en eso es donde está Dios. En lo humano. En lo propiamente humano. Porque Dios se ha humanizado. De todo lo demás, incluido "lo divino", "Dios se vació".



Punto de reflexión y plegaria

El autor de «La Nube del no saber», nos anima a acercarnos a Jesús con amor: «Vence la distancia de esta nube desconocida entre tú y Dios con el dardo afilado de anhelo de amor. Ve tras la experiencia, en lugar del conocimiento. A cuenta del orgullo, el conocimiento puede a menudo defraudarnos. El conocimiento tiende a generar la soberbia; en cambio el amor construye».

- El Señor enaltece a los humildes.

 

 

 

 

 

Inicio

J. A. Pagola

Homilías

Lecturas del día

El Día del Señor

PPS Eucaristía