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Semana 27 Tiempo Ordinario

 

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Día: 11-10-2017
 

Celebración de la Eucaristía y homilía
 

Miércoles Ntra. Sra. de Begoña, patrona del Señorío de Bizkaia

 

Lectura 1

 

Lectura del libro del Eclesiástico 24, 17-22.

Como vid hermosa retoñé:
mis flores y frutos son bellos y abundantes. Yo soy la madre del amor puro, del temor,
del conocimiento y de la esperanza santa. En mí está toda gracia de camino y de verdad,
en mí toda esperanza de vida y de virtud. Venid a mí, los que me amáis,
y saciaos de mis frutos; mi nombre es más dulce que la miel,
y mi herencia, mejor que los panales. El que me come tendrá más hambre,
el que me bebe tendrá más sed; el que me escucha no fracasará,
el que me pone en práctica no pecará; el que me honra poseerá la vida eterna.

Palabra de Dios

 

Miércoles Tiempo Ordinario

 

Lectura del profeta Jonás 4,1-11

Jonás sintió un disgusto enorme, y estaba irritado. Oró al Señor en estos términos:
- Señor, ¿no es esto lo que me temía yo en mi tierra? Por eso me adelanté a huir a Tarsis, porque sé que «eres compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, que te arrepientes de las amenazas».
Ahora, Señor, quítame la vida; más vale morir que vivir.
Respondióle el Señor:
- ¿Y tienes tú derecho a irritarte?
Jonás había salido de la ciudad, y estaba sentado al Oriente. Allí se había hecho una choza y se sentaba a la sombra, esperando el destino de la ciudad.
Entonces hizo crecer el Señor un ricino, alzándose por encima de Jonás para darle sombra y resguardarlo del ardor del sol. Jonás se alegró mucho de aquel ricino.
Pero el Señor envió un gusano, cuando el sol salía al día siguiente, el cual dañó al ricino, que se secó.
Y cuando el sol apretaba, envió el Señor un viento solano bochornoso; el sol hería la cabeza de Jonás, haciéndole desfallecer.
Deseó Jonás morir, y dijo:
- Más vale morir que vivir.
Respondió el Señor a Jonás:
- ¿Crees que tienes derecho a irritarte por el ricino?
Contestó él:
- Con razón siento un disgusto mortal.
Respondiole el Señor:
- Tú te lamentas por el ricino, que no cultivaste con tu trabajo, y que brota una noche y perece la otra.
Y yo, ¿no voy a sentir la suerte de Nínive, la gran ciudad, que habitan más de ciento veinte mil hombres, que no distinguen la derecha de la izquierda, y en la que hay gran cantidad de ganado?

Palabra de Dios

 

Salmo

 

Sal 88, 2-3. 6-7. 8-9. 16-17. 18-19

R. Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.

El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos?

Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey.

 

 

Miércoles Tiempo Ordinario

 

Sal 85, 3-4. 5-6. 9-10

R. Tú, Señor, eres lento a la cólera y rico en piedad.

Piedad de mí, Señor,
que a ti estoy llamando todo el día:
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti.

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor,
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas,
tú eres el único Dios».

 

Lectura 2
 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4,4-7

Hermanos:
Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.
Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡Abba! Padre». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Palabra de Dios

 

Evangelio


Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,25-30

En aquel tiempo, Jesús exclamó:
- Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

Palabra del Señor

 

Miércoles Tiempo Ordinario

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,1-4

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
- Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.
Él les dijo:
- Cuando oréis, decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación».
 

Palabra del Señor

 

 

Reflexión

 

Aunque resulte extraño, si un discípulo le pidió a Jesús que les enseñara a orar, parece lógico (por más ilógico que parezca) que el interés por la oración brotó de los discípulos, no de Jesús. Lo cual no quiere decir que a Jesús no le importara el asunto de la oración. Lo que ocurre es que Jesús vio claro que, en el tema de la oración, lo que importa no son las enseñanzas, sino la práctica. No interesa "saber" mucho sobre la oración, sino "hacer" mucha oración. Como sabemos que hizo Jesús: oraba con frecuencia y de forma prolongada. Una persona que hace oración, contagia su experiencia a los demás, sin que diga nada sobre el asunto. Jesús fue fiel a aquello (que él mismo había dicho): "Cuando reces, no te exhibas en la esquina" (Mt 6, 5).


El Padre nuestro, antes que una fórmula de oración, es un programa de vida. Porque lo que se expresa en esa oración es toda una manera de entender la vida. Y los valores que tienen que regir nuestra vida. Rezar el Padre nuestro es decirle a Dios cómo es nuestro estilo de vida y lo que manda en la vida que llevamos. Equivale, por tanto, a decir que lo primero, en nuestra vida, es Dios: el respeto a la santidad de Dios, el deseo que sea Él quien reine y mande en este mundo, el anhelo de que siempre se cumpla lo que Dios quiere. ¿Qué significa todo esto?


Significa que Dios es lo más importante, lo que ante todo nos interesa en la vida. Esto no significa que tengamos claro todo lo que sobre Dios se ha escrito y se ha dicho. Significa, más bien, que, en la vida, lo decisivo es una convicción relacionada con "lo trascendente", es decir, con lo que está por encima y más allá de lo inmediato, lo que nos conviene en este momento, lo que deseamos y apetecemos, lo que gratifica nuestros intereses, nuestros orgullos y vanidades. Cuando en la vida se toma en serio "lo trascendente", "lo último", "lo definitivo", el deseo y la ambición quedan subordinados a principios éticos que nos hacen mejores personas, más útiles para los demás, y también más felices en nuestra intimidad secreta. He ahí el sentido primero y más elemental del Padre nuestro.


Punto de reflexión y plegaria

Jesús nos ofrece un plan de oración: Evitar todo lo que pueda hacernos sentir importantes por nuestra devoción y ponernos en manos de Dios tanto en lo material como en lo espiritual. Todo lo que concierne a nuestro bienestar y a nuestra felicidad es motivo de oración. Ante Dios podemos sentir nuestras debilidades y nuestros desencuentros. Todo es importante para Él.

- Señor, que viva siempre unido a Ti.
 

 

 

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