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XXVII SEMANA TIEMPO ORDINARIO

 

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Día: 10-10-2018
 

Santo Tomás de Villanueva, obispo
 

 miércoles, XXVII semana del tiempo ordinario

 

Lectura 1

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 2,1-2. 7-14

Hermanos:
Transcurridos catorce años, subí otra vez a Jerusalén en compañía de Bernabé, llevando también a Tito. Subí por una revelación.
Les expuse el Evangelio que predico a los gentiles, aunque en privado, a los más representativos, por si acaso mis afanes de entonces o de antes eran vanos.
Al contrario, vieron que Dios me ha encargado de anunciar el Evangelio a los gentiles, como a Pedro de anunciarlo a los judíos; el mismo que capacita a Pedro para su misión entre los judíos, me capacita a mí para la mía entre los gentiles.
Reconociendo, pues, el don que he recibido, Santiago, Pedro y Juan, considerados como columnas, nos dieron la mano a Bernabé y a mí en señal de solidaridad, de acuerdo en que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a los judíos.
Una sola cosa nos pidieron: que nos acordáramos de sus pobres, y esto lo he tomado muy a pecho.
Pero cuando Pedro llegó a Antioquía, tuve que encararme con él, porque era reprensible.
Antes de que llegaran ciertos individuos de parte de Santiago, comía con los gentiles; pero cuando llegaron aquéllos, se retrajo y se puso aparte, temiendo a los partidarios de la circuncisión.
Los demás judíos lo imitaron en esta simulación, tanto que el mismo Bernabé se vio arrastrado con ellos a la simulación.
Ahora que, cuando yo vi que su conducta no cuadraba con la verdad del Evangelio, le dije a Pedro delante de todos:
- Si tú, siendo judío, vives a lo gentil y no a lo judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a las prácticas judías?

Palabra de Dios


 

Salmo

 

Sal 116, 1. 2

R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

 

Evangelio


Proclamación de la Buena Noticia de Jesús según san Lucas 11,1-4

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
- Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.
Él les dijo:
- Cuando oréis, decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación».
 

Palabra del Señor

 

Reflexión

 

Santo Tomás de Villanueva, obispo (L)

Hijo de Fuenllana (Ciudad Real), primero fue profesor en la universidad de Alcalá y después en la de Salamanca. Religioso agustino, solo por obediencia accedió a ser arzobispo de Valencia, sin abandonar la vida de extrema pobreza y de oración asidua que llevaba. En vida, lo dio todo a los pobres; en su muerte, dejó un claro testimonio y ejemplo de simplicidad (se le conocía como «Tomás el Limosnero»).

 



Los evangelios sinópticos hablan con frecuencia de la oración de Jesús (Mt 14, 23; 19, 13; 26, 36-44; Mc 1, 35; 6, 46; 14, 32-39; Lc 3, 21; 5, 16; 6, 12; 9, 18. 29 s; 11, 1; 22, 41-45). La oración era importante para Jesús. Se puede afirmar que era fundamental en su vida. Es más, si Jesús tuvo la intimidad que tuvo con el Padre, y si habló de Él como sabemos, eso se debe a la profunda familiaridad que tuvo con Él. Sin oración, Jesús hubiera sido otro hombre y no hubiera podido hacer lo que hizo.


El discípulo le pide a Jesús que les enseñe a orar "como Juan enseñó a sus discípulos". La forma de orar de un grupo religioso es una de las cosas que más claramente caracterizan al grupo y más unido lo mantienen. Pues bien, aquí nos encontramos con algo sorprendente: Jesús, lo mismo que Juan, nunca vincularon su oración o su espiritualidad al templo, al culto religioso, a la dirección de sacerdotes y teólogos del tiempo. Jesús oró siempre en la soledad del campo, del monte, donde nadie lo veía. Y, por lo visto, ninguno hablaba de su vida de oración. Fue un discípulo el que tuvo la iniciativa de que les hablara de eso. La oración se enseña con el ejemplo personal, antes que de ninguna otra forma.


El "Padre nuestro", antes que una lista de necesidades, señala una escala de valores. Es decir, el "Padre nuestro" es una guía de lo que ante todo le tiene que interesar al cristiano: que se respete el santo nombre del Padre, que venga ya su Reino a este mundo, que no falte para nadie el pan "para la subsistencia", que nos perdone de la misma manera que nosotros perdonamos, y que no permita que "tropecemos" en la vida. Esta escala de valores da qué pensar. Y, por supuesto, este mundo sería distinto si esta escala de valores se metiera en nuestras entrañas de tal forma, que no soportáramos que haya criaturas que se mueren de hambre o en la soledad más espantosa. En definitiva: orar es desear. El que reza es porque desea algo. De ahí que el "Padre nuestro" es una ordenación de nuestros deseos. Es cristiano el que desea lo que esta oración nos dice qué debemos pedir.


Punto de reflexión Plegaria

Llamar Padre a Dios es reconocer nuestra identidad, de dónde venimos y cuál debe ser nuestra relación con los demás. Tenemos momentos de debilidad como los tuvieron Pedro y Bernabé. A veces nos cuesta manifestar nuestra condición de cristianos. Nos cuesta reconocer nuestra filiación y perdemos la confianza en la oración. Solo sintiéndonos plenamente Hijos podemos tener seguridad de ser escuchados.

- Padre Nuestro, santificado sea tu Nombre.

 

 

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