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Semana 32 Tiempo Ordinario

 

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Día: 13-11-2017
 

San Leandro, obispo (L)
 
 

Lunes XXXII semana del tiempo ordinario

 

Lectura 1

 

Comienzo del libro de la Sabiduría 1,1-7

Amad la justicia, los que regís la tierra, pensad correctamente del Señor y buscadlo con corazón entero.
Lo encuentran los que no exigen pruebas, y se revela a los que no desconfían.
Los razonamientos retorcidos alejan de Dios, y su poder, sometido a prueba, pone en evidencia a los necios.
La sabiduría no entra en alma de mala ley ni habita en cuerpo deudor del pecado.
El espíritu educador y santo rehuye la estratagema, levanta el campo ante los razonamientos sin sentido y se rinde ante el asalto de la maldad.
La sabiduría es un espíritu amigo de los hombres, que no deja impune al deslenguado; Dios penetra en su interior, vigila puntualmente su corazón y escucha lo que dice su lengua.
Porque el espíritu del Señor llena la tierra y, como da consistencia al universo, no ignora ningún sonido.
 

Palabra de Dios

 

Salmo

 

Sal 138, 1-3a. 3b-6. 7-8. 9-10

R. Guíame, Señor, por el camino recto.


Señor, tú me sondeas y me conoces:
me conoces cuando me siento y me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso.

Todas mis sendas te son familiares;
no ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.

Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa;
es sublime, y no lo abarco.

¿A dónde iré lejos de tu aliento,
a dónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro.

Si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.

 

Evangelio


Lectura del santo evangelio según san Lucas 17,1-6

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
- Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca!
Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar.
Tened cuidado.
Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: «lo siento», lo perdonarás.
Los apóstoles le pidieron al Señor:
- Auméntanos la fe.
El Señor contestó:
- Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería.

Palabra del Señor

 

 

Reflexión

 

San Leandro, obispo (L)

Obispo de Sevilla (584601), fue el gran apóstol de la unidad religiosa de la península ibérica que culminó en el tercer Concilio de Toledo (589): «Confía en tu Señor que es Cristo. Mantente firme en la fe. Ya conoces la dulzura de la caridad y el gozo de la unidad. Predica solo la unión de las naciones. Desea la unidad de los pueblos. Siembra la única semilla que es la de la paz y de la unidad» (Homilía en el Concilio).

 


El "escándalo", tal como se suele entender en nuestra cultura, tiene sobre todo un sentido social: todo lo que representa un tropiezo que hace caer, algo así como una trampa. Por eso, el problema del escándalo depende del sentido que tenga la caída. Según los evangelios, Jesús fue motivo de "escándalo" (Mt 11, 6; 13, 57; 26, 31. 33...). De ahí que pueden darse situaciones en las que sea bueno el escándalo: cuando a alguien le hace caer de sus ideas equivocadas, de sus falsas seguridades, de sus sentimientos de superioridad o de estados de ánimo parecidos.


Jesús rechaza frontalmente el escándalo que se les puede causar a los "pequeños", es decir, a los débiles, a los sencillos, a los que, mediante el escándalo, se les aleja de la rectitud, de la justicia y la honestidad. Es indignante el comportamiento de aquellas personas que, por el cargo que ocupan o por el ejemplo que deben dar, escandalizan a tantas buenas personas. Hablamos aquí de quienes empujan a otros formas de conducta aberrantes, que les hunden para siempre en la culpa, la humillación, el resentimiento, la desesperanza, la desconfianza y la decepción total.


Pero también es cierto que pueden darse circunstancias en las que el escándalo sea conveniente, incluso necesario. Escandalizar a los poderosos, para que se caigan de sus pedestales de falsa gloria, de engañosa dignidad, y así abandonen sus poltronas de instalación, eso puede ser excelente. Sin duda, eso es lo que hacía Jesús. Cuando Jesús cita a Is 26,19, en respuesta a los emisarios de Juan Bautista, afirmando que él se dedicaba a dar vida a los ciegos, a limpiar leprosos, a resucitar muertos, a dar la buena noticia a los pobres, el mismo Jesús termina diciendo: "Y dichoso el que no se escandalice de mí!" (Mt 11, 6). Es evidente que a quienes se escandalizan de que se les abran los ojos a los que van como ciegos por la vida, a esos les viene divinamente el escándalo. Lo necesitan. En este sentido, no deberíamos tener miedo a escandalizar a los puritanos, los prepotentes y los intolerantes.


Punto de reflexión y plegaria

Callar ante situaciones que nos resultan dolorosas puede ser humildad. También el modo más cómodo y soberbio de persistir en el propio egoísmo. Humildad es acudir al otro serenamente y hablar. Pedir disculpas puede ser un simple gesto o una sonrisa. En el fondo todos deseamos solucionar las situaciones tensas. Perdonar los errores es el único camino para vivir en paz.

- Señor, perdona nuestras ofensas.


 

 

 

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