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Semana 32 Tiempo Ordinario

 

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Día: 15-11-2017
 

San Alberto Magno, obispo y doctor de la Iglesia (L)
 
 

Miércoles XXXII semana del tiempo ordinario

 

Lectura 1

 

Lectura del libro de la Sabiduría 6,2-12

Oíd, reyes, y entended.
Aprended, soberanos de los confines de la tierra.
Estad atentos los que gobernáis multitudes
y estáis orgullosos de la muchedumbre de vuestros pueblos.
Porque del Señor habéis recibido el poder,
del Altísimo la soberanía;
él examinará vuestras obras
y sondeará vuestras intenciones.
Si, como ministros que sois de su reino,
no habéis gobernado rectamente,
ni guardado la ley,
ni caminado siguiendo la voluntad de Dios,
terrible y repentino caerá sobre vosotros.
Porque un juicio implacable espera a los que mandan;
al pequeño, por piedad, se le perdona,
pero los poderosos serán poderosamente castigados.
Que el Señor de todos ante nadie retrocede,
no hay grandeza que se le imponga;
al pequeño como al grande él mismo los hizo
y de todos tiene igual cuidado,
pero un examen severo espera a los que están en el poder.
A vosotros, pues, soberanos, se dirigen mis palabras
para que aprendáis sabiduría y no caigáis;
porque los que guardaren santamente las cosas santas,
serán reconocidos santos,
y los que se dejaren instruir en ellas,
encontrarán defensa.
Desead, pues, mis palabras;
ansiadlas, que ellas os instruirán.

Palabra de Dios

 

Salmo

 

Sal 81, 3-4. 6-7

R. Levántate, oh Dios, y juzga la tierra.


Proteged al desvalido y al huérfano,
haced justicia al humilde y al necesitado,
defended al pobre y al indigente,
sacándolos de las manos del culpable.

Yo declaro: «Aunque seáis dioses
e hijos del Altísimo todos,
moriréis como cualquier hombre,
caeréis, príncipes, como uno de tantos».

 

Evangelio


Lectura del santo evangelio según san Lucas 17,11-19

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
- Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.
Al verlos, les dijo:
- Id a presentaros a los sacerdotes.
Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.
Éste era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo:
- ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?
Y le dijo:
- Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

Palabra del Señor

 

 

Reflexión

 

San Alberto Magno, obispo y doctor de la Iglesia (L)

Alberto (1200-1280), aunque fue durante arios provincial de los dominicos y obispo de Ratisbona, tenía como verdadera vocación el estudio, la investigación y la enseñanza. Pocos como él llegaron a una síntesis tan admirable entre la filosofía aristotélica y la teología cristiana. Así preparó el camino a Tomás de Aquino, discípulo suyo en Colonia.

 



La finalidad de este relato no se limita a resaltar el contraste entre gratitud e ingratitud. Ni siquiera la intención del Evangelio, al contar este episodio, se limita a destacar que un hereje samaritano alcanzó la salvación por medio de la fe cristiana. Por supuesto, todo eso está en el texto y el contexto de este episodio. Pero, si nos limitamos a los puntos indicados, no llegamos al fondo del asunto. El contenido de este texto es mucho más profundo y hasta desconcertante.


Por supuesto, en el texto está patente el tema de la "gratitud-ingratitud". Como está el hecho de que el samaritano quedó "salvado" por la fe que tuvo en Jesús. Pero lo que este relato destaca no es nada de eso. Lo que se resalta es que fue precisamente un samaritano el que reaccionó siendo "humanamente" agradecido. Mientras que los nueve judíos reaccionaron siendo "religiosamente" obedientes. Los judíos, en efecto, cumplieron con el ritual establecido en Lev 13, 39. Y, como cumplieron con su deber religioso, con eso vieron que habían hecho lo que tenían que hacer. El samaritano, por el contrario, como no era observante de los rituales judíos, ¿qué sintió al verse curado? No sintió la obligación de observar el ritual y con eso se vio como un hombre cumplidor. Puesto que no creía en el ritual, lo único que se le vino a la cabeza fue lo lógico: ir a dar las gracias a quien lo había curado.


A cualquiera le duele que no le agradezcan un favor. Pero lo fuerte aquí es que Jesús vio que la observancia religiosa tiene el peligro de deshumanizar, de hacernos olvidar cosas tan naturales y tan lógicas como la gratitud. Hay que decirlo de una vez: hay personas a quienes su buena relación con Dios les debilita su buena relación con los demás. Hay situaciones en que la gente "muy espiritual" da miedo. Porque su mucha espiritualidad, les debilita la debida humanidad.


Punto de reflexión y plegaria

Normalmente las personas agradecidas se han entrenado en cosas pequeñas: ceder el paso, sonreír al llegar al trabajo, dar las gracias cuando nos prestan algún servicio. «Gracias» es una palabra muy simple pero muy difícil de pronunciar para algunos. Esta dinámica de gratitud se vive también en la vida espiritual. Sentir a Dios siempre a nuestro lado es el mejor de los regalos.

- Señor, que sepa reconocerte a lo largo del día.

 

 

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