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Acercándonos a Jesús
 

Iñaki Aya

 

LA BODA EN CANÁ

San Juan 2, 1-12



En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: "No les queda vino."

Jesús le contestó: "Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora."

Su madre dijo a los sirvientes: "Haced lo que él diga."

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.

Jesús les dijo: "Llenad las tinajas de agua."

Y las llenaron hasta arriba.

Entonces les mandó: "Sacad ahora y llevádselo al mayordomo."

Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: "Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora." Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.



Situando el Texto

En el Prólogo de su Evangelio, Juan nos da la clave de lectura para poder entender todo lo que nos narra en él.

Jesús es la Palabra de Dios hecha carne, no es un profeta enviado por Dios para hablar y actuar en su nombre, Él es el único que lo puede revelar. «A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, él lo ha contado» (1,18). Jesús es el rostro humano de Dios. Conociendo de cerca a Jesús vamos conociendo a Dios.

Todo lo que dice, todo lo que hace Jesús, hay que leerlo en esta clave, son signos que revelan quien es Él y quien es el Padre. El evangelista Juan no habla nunca de "milagros" o "prodigios" hechos por Jesús, él los llama "signos" porque son gestos que apuntan hacia algo más profundo de lo que pueden ver nuestros ojos.

Lo sucedido en Caná de Galilea es el comienzo de todos los signos. “En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos y manifestó su gloria”. Con este relato Juan empieza lo que se ha llamado "el Libro de los Signos". Juan recoge solamente siete "signos", siete milagros de Jesús, y éste es el primero.

Son los siguientes:

- Las bodas de Caná (2, 1-12)

- El hijo del funcionario real (4, 46-54)

- El paralítico de Betesdá (5, 1-15)

- La multiplicación de los panes (6, 1-15)

- Camina sobre el mar (5, 16-21)

- El ciego de nacimiento (9, 1-41)

- La resurrección de Lázaro (11, 1-57)

De ellos, las bodas de Caná, el paralítico de Betsedá, el ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro no están en los sinópticos. Encontramos aquí, una vez más, una muestra de cómo cada evangelista ha recogido diversas fuentes y las ha seleccionado y organizado según su intención.

Acercándonos al Texto

Las Bodas de Caná es un relato propio del Evangelista San Juan con el cual presenta el comienzo de la vida pública de Jesús. Comienza diciendo: “Al tercer día se celebraba una boda en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. También Jesús y sus discípulos estaban invitados a la boda”. Y termina con: “en Caná de Galilea hizo Jesús este primer signo, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él”.

Jesús se encuentra en un pueblecito donde se va a celebrar una boda con su correspondiente banquete nupcial. El Texto evangélico no está escrito en forma de crónica de una boda, existe en él toda una acumulación de términos teológicos, de símbolos muy importantes que están en la mente del evangelista: hora, signo, gloria, creer, símbolos que nos indican todo un trasfondo en este texto. Veamos el significado de estos signos y los personajes que intervienen.

¿Signos de qué?

Es una presentación de Jesús, signos de quién es Jesús, de la Nueva época que él inaugura, de la Nueva Alianza que sustituye a la Antigua Alianza. Este es el significado del relato.


LOS SIGNOS

Está claro que la contemplación del suceso de manera meramente histórica no es suficiente. Juan está presentando quién es Jesús. A veces reducimos el sentido de estos "signos" de una manera casi mágica, como si los milagros de Jesús fueran una demostración de fuerza para que quede claro que es más que humano. No es así: los signos son revelación de Dios: este signo muestra, a través de Jesús, que Dios es la abundancia, la novedad, la plenitud, muy por encima de lo que la razón puede saber de Él. Esto lo hemos visto en Jesús

La Boda

Jesús no viene a predicar una doctrina, aunque su predicación la contenga, sino el misterio de la Alianza que Dios hace con nosotros. Por eso elige unas bodas. Nada hay en las relaciones humanas tan estupendo como una boda, la celebración del amor, esa cualidad específicamente humana que significa estar una persona loca por otra, incluso contra toda razón, prudencia o justicia. Una boda es la fiesta que todos armamos para celebrar esa locura. Es el triunfo del amor sobre la vida cotidiana, sobre lo razonable, sobre lo justo. Y La Biblia ha elegido esta locura para hablar de Dios, de cómo es Dios con nosotros.

Es el signo que utiliza el AT y el NT para hablar de la unión, de la Alianza de Dios con su pueblo. La Alianza Mesiánica fue anunciada por los profetas bajo el simbolismo de unas bodas (Oseas 2,16-25; Jeremías 2,1ss; 3,1-6; Ezequiel 16; Isaías 54,4-8) Por eso el anillo de boda se llama Alianza: “Como el joven se casa con su novia, como el marido encuentra la alegría en su esposa, así Dios se casará y encontrará su alegría contigo”. Esto dice Isaías 62,1-5.

El Banquete nupcial

Es la imagen que Jesús utilizó varias veces en el NT, y que también se usa en el AT, para hacernos imaginar cómo será el Reino de los Cielos: el banquete, el vino, la alegría, el baile, la fiesta... Los novios quieren hacer partícipes de su amor a familiares y amigos a través del banquete. (Mateo 8,11ss; 22,1ss el Banquete Nupcial).

El Vino

El vino en un banquete no sólo era el signo del amor entre el esposo y la esposa, sino símbolo de la bendición de Dios. Este nuevo vino, excepcional y abundantísimo, es símbolo del festín mesiánico (Is. 25,6), del amor, del compartir, de la presencia del Reino; por eso el reino de los cielos se compara en el Nuevo testamento con un banquete nupcial en el que el vino abundará en las copas. ¿Son la alegría, la paz y la coherencia interna y externa signos que se perciben en mi vida?

Pero ¿si en un banquete falta el vino, qué tipo de banquete es ese?, ¿qué van a decir los invitados?

Seiscientos litros de estupendo vino. El tema conecta con la multiplicación de los panes, con la harina y el aceite que nunca se acababan en los milagros de Elías y Eliseo, con el Banquete que la Sabiduría preparaba a los hombres... Y empieza a avanzar una catequesis de la Eucaristía, en que no es el maná ni la ley lo que nos alimenta, sino la Palabra y el Amor de Dios hechos presentes en Jesucristo.

El vino nuevo y los odres viejos es un tema presente en los Sinópticos. Cambiar el agua vieja por el vino nuevo, entrar en el Banquete del Reino, apreciar la riqueza y la novedad del "Dios con nosotros Salvador que nos invita a la vida de Hijos, a la plenitud humana que produce la presencia de Dios..." En la narración de Caná se hace presente todo esto a partir del suceso histórico. El banquete de bodas, el agua de los antiguos ritos superada por la abundancia y la calidad del vino nuevo, la manifestación de Dios-amor en Jesús, los discípulos que creen en Él...

Las Tinajas

Son “seis”, un número imperfecto. Son de piedra. Cada una con capacidad de cien litros (¡) para las purificaciones judías. Pero su estado era tristísimo: estaban “vacías”. Todo ello nos remite a un orden religioso y a unas prescripciones rituales que habían quedado desfasadas, vacías. ¿Se reduce mi vida cristiana a rezos, ritos etc. o a un encuentro con Alguien?

LOS PERSONAJES

Jesús:

-Él es el centro de la narración y el único designado por su propio nombre.

-Él es el vino nuevo que da sabor a la vida, el invitado que goza con la amistad y devuelve la alegría a unos esposos. Un día gritará en el Templo: “Quien tenga sed acuda a mí a beber: quien cree en mí. De sus entrañas manarán ríos de agua viva” (Jn. 7, 37-40).

- Jesús es el Vino = Sangre derramada en la Cruz para darnos Vida. “Mujer, aún no ha llegado mi Hora”. La hora de su glorificación, del Paso de este mundo al Padre.

- Jesús es la persona que necesitamos para que la vida tenga sentido. El agua de unas tinajas caducas es convertida en el vino de la era mesiánica. Sin Jesús carecemos de “chispa”.

- Sin duda que no es así como la sociedad de hoy ve a Jesús, de Dios. ¿Qué imagen tengo de Jesucristo? ¿Tengo la sensación de que Jesús es un aguafiestas?

- Las palabras de Jesús a María “¿Qué quieres de mí, mujer?”, es un semitismo que se puede traducir por: “Mujer, ¿qué nos va ti y a mí? Este asunto no nos atañe”. “Mujer”, no indica falta de afecto, sino un título asignado. De nuevo repetirá esta palabra en la cruz al dirigirse a María. (Título dado a Eva Génesis 3, 15-20)

María:

- María no es una figura de relleno en el relato. Aunque el protagonismo sea el de Jesús, ella es la segunda figura que simboliza los nuevos tiempos, la nueva Eva. María es el modelo de fe y obediencia a la Palabra de Dios. Invita a los discípulos a adoptar una actitud de disponibilidad total a Jesucristo, reflejo de la postura del verdadero pueblo de Dios ante la alianza. Sus palabras son eco del pueblo fiel: “haremos cuanto dice el Señor” Éxodo 19,8.

- Su presencia va a poner en movimiento la escena. Antes que nadie cae en la cuenta de que el vino escasea, siempre atenta a las necesidades de todos los que la rodean.

- María, demuestra en este relato que tenía los dos pies muy puestos en el suelo. Y como invitada de excepción, no podía permanecer indiferente; se pone en movimiento inmediatamente; se implica, se arriesga... ¿Qué me dice a mí esta actitud de María?

- “No tienen vino”: Una sugerencia

1) es una petición

2) que indica un conocimiento excepcional de su hijo,

3) con una confianza tan grande en el hijo que, a pesar de su insinuada desaprobación, ella se dirige a los criados y les dice: “Haced lo que él os diga”.

¿Cómo es mi oración? ¿Cómo son mis súplicas? ¿Qué conocimiento y confianza tengo tanto de Jesús como de María?

- María aparece aquí por primera vez y no volverá a aparecer hasta el final, al pie de la cruz, cuando haya llegado “la hora de Jesús” -la Cruz- y su manifestación indiscutible de Hijo de Dios.

En ambas escenas, María se nos presenta totalmente asociada a su hijo: en Caná señalándonoslo como el camino de la vida: “haced lo que él os diga”; en la cruz confirmando con su presencia que sólo Él es “el único salvador del mundo”.

El maestresala y los criados:

- Su papel se reduce a seguir las palabras de María y a confirmar la veracidad del milagro. Son los testigos de excepción.

- Los sirvientes se ponen a disposición de Jesús y ejecutan su encargo. Incluyendo, pues, a sus discípulos, los sirvientes designan a todos aquellos que se prestan a colaborar con la obra del Mesías.

Los discípulos de Jesús

- Presentes, invitados a la boda, siempre con Jesús.

Han visto la “gloria” de Jesús, primeros receptores de este signo mesiánico.

- Dan un paso más en su fe: "Creyeron…"


CONCLUYENDO

La situación inicial es pues esta: un banquete sin vino y unas tinajas vacías que significan la vaciedad, la caducidad de la antigua alianza.

Pero Jesús está allí para que todo cambie. Jesús hace que llenen las tinajas de agua y transforma el agua en vino. Y entonces toda la situación cambia.

El agua del rito antiguo se transforma en el vino de los nuevos tiempos mesiánicos. Un banquete sin gracia, en ese banquete que simboliza el Reino de los Cielos. Además, el vino nuevo es mejor que el que había antes y también esa sobreabundancia, cada tinaja contenía 100 litros, indica que en lo nuevo no hay escasez. Todo lo antiguo, todo lo viejo, es superado por lo nuevo.

Pues bien, en nuestra vida hay también muchas situaciones que se parecen a esas tinajas del rito antiguo y a ese banquete sin vino: rutina, sequedad, falta de alegría... y en el fondo, vaciedad.

Pero Jesús está aquí, lo mismo que estaba allí entonces. Transformaba las cosas, incluso dio la vida a los muertos. Hoy sigue transformando, vivificando, puede llenar de sentido lo que hacemos. Sólo hace falta que nosotros le aceptemos como compañero. Aceptemos la presencia de Jesús en nuestras vidas, no huyamos, no nos escondamos de él.

Y María también, atenta a las necesidades, intercediendo por nosotros. Que también le hagamos sitio en nuestra vida.

En nuestro diálogo de cada día, en nuestra vida de cada día, él está presente y nuestra relación se profundizará, se hará cada vez más estrecha si aceptamos su presencia.

 

 

 

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