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Índice del curso

 

 

CURSO DE ORACIÓN

 

Aprender a Orar, Orando

 

 


 

Himnos
 



Los himnos son Salmos de alabanza, de glorificación de Dios, de alegría por sus obras en la naturaleza, en la historia, en el pueblo escogido, en el hombre. Lo que caracteriza a los himnos es la alabanza desinteresada. Son cánticos geocéntricos, expresión muy pura de la religiosidad, invitación a la contemplación y a la admiración.

La Comunidad se reúne para Alabar a Dios con Cantos al son de instrumentos musicales y gritos de aclamación. Se cantan de pié. No alaba a Dios por ningún hecho concreto, no es una acción de gracias por algo concreto, es admiración ante la grandeza y la belleza de Dios, por ser quien es. Es un Salmo multiuso.

Muy propios para el canto de entrada de la Eucaristía y para rezarlos al levantarse. Sirven para despertarnos y desentumecernos.



Estructura del Himno


A. Obertura

Se convoca a la Comunidad y se la invita a alabar a Dios.

Esta llamada a la Alabanza va siempre en imperativo: “Venid a alabar al Señor”

Puede repetirse a la mitad y al final del Salmo.


B. Cuerpo del Salmo

Un enunciado sobre Dios

sus propiedades divinas

sus obras en la naturaleza,

en la sociedad o en la historia


C. Invitación final

Todas las criaturas son invitadas a tomar parte en la alabanza



Himnos de Alabanza

Después de una invitación gozosa a cantar, alegrarse, celebrar a Dios, se motiva la alabanza, la grandeza de Dios, sus obras prodigiosas en la naturaleza o en la historia, su benevolencia especial con su pueblo.


Himnos de Alabanza:

8, 19, 33, 65, 95, 100, 103, 104, 105, 106, 111, 113, 114, 117, 135, 136, 145, 146, 147, 148, 149, 150.



Cánticos de Sión

El motivo de estos salmos es celebrar la ciudad de Jerusalén (llamada también Sión, centro del culto y de la fe del pueblo). Ensalza la Ciudad Santa, como el lugar privilegiado en donde Dios se da a conocer. Podemos reconocer en estos cánticos una dimensión histórica, o sea la Jerusalén que fue siempre el centro del culto hebreo y una dimensión escatológica, por la cual la ciudad toma un significado universal de "ciudad mesiánica", "La Iglesia", "Reino de Dios", al cual afluirán todos los pueblos.


Cánticos de Sión:

46, 48, 76, 84, 87, 122, 132



Salmos del Reino.

Estos salmos ensalzan a Dios como Rey, celebran su Señorío sobre el mundo y sobre el pueblo escogido. Hacer oración con estos salmos es algo más difícil; nuestra sensibilidad cristiana moderna prefiere sentir a Dios como Padre y Amigo, más que rey y Señor poderoso. Sin embargo, podemos a través de ellos expresar nuestra fe en la grandeza de Dios, Señor y rey de la historia humana, y a la vez Señor de la creación y del tiempo.


Salmos del Reino:

29, 47, 68, 93, 96, 97, 98, 99.


Himno de Alabanza

SALMO 103

Bendice, alma mía, al Señor,
desde el fondo de mi ser, a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
no olvides ninguno de sus beneficios.

Él, que perdona todas tus ofensas,
que te cura de toda enfermedad,
que rescata tu vida de la fosa,
que te corona de amor y de ternura,
que sacia de bienes tus años
y te hace ser más joven cada día.

El Señor es ternura y piedad,
lento a la cólera y lleno de amor.
No nos trata según nuestros pecados,
no nos responde según nuestras ofensas.

Como los cielos se elevan sobre la tierra
Así se levanta el poder de su amor;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros pecados.

El hombre dura como la hierba,
florece como las flores de los campos,
en cuanto sopla el viento, ya no existe
y nadie conocerá su lugar.

Pero el amor de Dios por los suyos
es desde siempre y para siempre.

¡Bendecid al señor, todos sus ángeles,
héroes poderosos, portadores de su voz,
atentos al son de su palabra!

¡Bendecid al Señor, todas sus obras,
en todos los lugares de su imperio!

¡Alma mía, bendice al Señor!
 

 

 

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