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J. A. Pagola

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CURSO DE ORACIÓN

 

Aprender a Orar, Orando

 

 


LA PARÁBOLA




La Parábola. Es una narración sobre hechos y circunstancias que, en principio, son conocidas por todos los oyentes, hechos que ocurren en todas partes y son de la vida cotidiana. Narraciones cortas y concentradas.

El valor didáctico es que sirve como comparación, como ejemplo que aclara algo que se quiere exponer. “Les enseñaba muchas cosas en Parábolas…”.

Las parábolas son fácilmente reconocibles por su inicio:

El Reino de Dios es como…

¿A qué compararé…?

Un hombre bajaba… Un hacendado tenía… Dos hombres subieron… Había un hombre…


Parabel. Pero hay otro grupo de parábolas que se refieren a narraciones chocantes, empiezan como un suceso normal, pero su conclusión llama la atención, es anormal, nada común, sino todo lo contrario. Vamos a llamarlas Parabel

Los invitados al banquete

El hijo pródigo

El siervo despiadado

El administrador infiel

Los malos viñadores



Jesús hablaba en parábolas

Jesús hablaba a la gente habitualmente en parábolas hasta tal punto que, Marcos 4,34 y Mateo 13,34, llegan a decir que solamente les hablaba en parábolas. No es fácil precisar cuántas parábolas hay en los evangelios (unas 40) porque depende de si contamos o no como parábolas breves expresiones que son de tipo parabólico pero tan cortas que no llegan a ser una narración.

De todo esto sacamos una conclusión clara: si prescindimos de las parábolas, prácticamente nos quedamos sin saber lo que decía Jesús. Y esto es muy importante, porque de Jesús nos interesan tres cosas: quién es, qué hace y qué dice. Si nos quedamos sin saber qué dice, gran parte de la Buena Noticia desaparece. Por lo tanto, estudiar las parábolas es lo mismo que enterarse del mensaje de Jesús, y prescindir de ellas es lo mismo que no conocer ese mensaje.
 


Por qué hablaba en parábolas

Ya hemos visto que Mateo 13,34 y Marcos 4,34 llegan a decir que Jesús hablaba a la gente solamente en parábolas. Estos dos textos paralelos tienen gran importancia, porque explican por qué lo hacía:

Marcos 4,33-34 Con muchas parábolas semejantes les exponía el mensaje, adaptado a su capacidad. Sin parábolas no les exponía nada, pero en privado, a sus discípulos, les explicaba todo.

Mateo 13,34-35 Todo esto se lo explicó Jesús a la multitud con parábolas; y sin parábolas no les explicó nada.

Esto nos introduce en el tema, muy discutido, de por qué hablaba Jesús en Parábolas. Para Marcos y Mateo, Jesús busca la claridad: habla en parábolas porque quiere que todos le entiendan, lo que no impide que, cuando al atardecer se van a casa a comer, alrededor de la mesa les explique más detenidamente todo a sus discípulos.

Pero hay un momento de los Sinópticos en que se da otra explicación, lo que ha desconcertado muchas veces a los comentaristas.

Marcos 4,9b-12 El sembrador

Y añadió: quien tenga oídos para oír, que escuche. Cuando se quedó a solas, los acompañantes con los doce le preguntaron acerca de las parábolas. Él les decía:

–A vosotros se os comunica el secreto del reinado de Dios: a los de fuera se les propone en parábolas, de modo que por más que miren, no vean, por más que oigan no entiendan; no sea que se conviertan y sean perdonados.


Quien tenga oídos que escuche.

Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:

–¿Por qué les hablas contando parábolas?

Él les respondió:

–Porque a vosotros se os concede conocer los secretos del reinado de Dios, a ellos no se les concede. Al que tiene, le darán y le sobrará; al que no tiene, le quitarán aun lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran y no ven, escuchan y no oyen ni comprenden.
 


Lucas 8,8b-10 El sembrador

Los discípulos le preguntaron el sentido de la parábola y él les respondió:

–A vosotros se os concede conocer los secretos del reinado de Dios: a los demás se les habla en parábolas para que viendo no vean y oyendo no entiendan.

A primera vista, estos textos parecen decir que Jesús hablaba en parábolas para que no le entendiesen, como un Maestro de Sabiduría que esconde el significado de sus enseñanzas para que sólo los sabios le comprendan. Pero esto, evidentemente, no es así. Es característico de Jesús, precisamente, todo lo contrario. Jesús no se dirige a los sabios sino a la gente normal. Jesús disfruta con la gente, y la gente con Él. Y sus parábolas no son enigmas, sino historias tomadas de la vida corriente, que fascinaban a la gente precisamente porque las entendían.

De aquí podemos sacar una buena lección para leer los evangelios (y la Biblia en general). Sacar conclusiones basándonos en un solo texto es peligroso. Un texto debe entenderse a la luz de todo su contexto, que es, en el caso de los evangelios, los mismos evangelios en conjunto. Si un texto parece disonar del conjunto, tendremos que explicar esa disonancia.

En determinados momentos, Jesús parece decir lo contrario de lo que piensa, pero es para que, por contraste, quede claro lo que realmente piensa, algo así como “te lo digo a ti, Pedro, para que lo escuche Juan”

La constante afluencia de multitudes a escuchar a Jesús, el largo tiempo que pasaban escuchándole, la insistencia de los evangelistas en frases como «les enseñaba», «se puso a enseñarles», deja muy clara la conclusión: Jesús hablaba para que le entendiesen con facilidad. Por lo tanto, parece claro que debemos dar preferencia a la explicación de Marcos 4 y Mateo 13: Jesús hablaba a gente muy sencilla con imágenes muy sencillas; su intención era que todo el mundo le comprendiera. Éste es el dato fundamental.

Desde ese dato tendremos que explicar esos textos que parecen disonar un poco.

Es significativo el texto de Lucas 10,21 (Mateo 11,25): «En aquel momento, Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo y dijo:

–¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra!, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las has revelado a los pequeños. Sí Padre, ésa ha sido tu elección». Texto que podemos tomar muy bien como indicativo del deseo de Jesús de que la gente sencilla le entendiera, y como comprobación de que, en efecto, le entendía.

La explicación, por otra parte, no es difícil. Los evangelistas han comprobado que entre los oyentes de Jesús hay quienes no ven lo que todos ven, no entienden lo que todos entienden. La gente entiende a Jesús, los escribas y fariseos no. La gente se siente fascinada por Él: los escribas y fariseos se escandalizan. Y es que su corazón se ha cerrado; Jesús es para ellos «piedra de escándalo». Ésta es la situación que reflejan las frases «viendo no ven, oyendo no oyen».

Cuando nuestros textos dicen «para que viendo no vean...» no hacen más que utilizar el viejo modo de los escritores de Israel, que atribuyen a Dios mismo el endurecimiento del corazón, como cuando Faraón se empeñaba en no dejar que los israelitas salieran de Egipto, y el Éxodo lo expresa diciendo que «Dios endureció el corazón de Faraón».


Interpretación desde los resultados.

Podemos comprender el sentido de esos textos viendo los resultados de la predicación de las parábolas.

Hay quienes le escuchan, le ven actuar, le aceptan, le siguen. Hay corazones abiertos que, al verle curar, al oír las parábolas, aceptan la Palabra, se sienten llamados a la conversión, le siguen.

Hay otros que no se enteran. Fariseos y letrados le ven, le escuchan, y se escandalizan. Jesús morirá por lo que hizo y dijo, aunque la acusación «oficial» fuera de tipo político. Lo que hizo y dijo motivó que sus adversarios lo quitaran de en medio. Vieron y oyeron, pero se cerró su corazón.

Es muy significativo el final del episodio del ciego de nacimiento (Juan 9,39-41):

«Jesús dijo: –He venido a este mundo a entablar un proceso, para que los ciegos vean y los que ven se queden ciegos.

Algunos fariseos que se encontraban con Él le preguntaron: –Y nosotros, ¿estamos ciegos?

Les respondió Jesús: –Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís que veis, vuestro pecado permanece». Aquí está, pues, la clave para una interpretación correcta del sentido «oculto» de las parábolas. Jesús las dice para anunciar el Reino, para que sea accesible a todo el mundo. Y su desencanto es doloroso cuando percibe que hay muchos oídos que se cierran, muchos ojos que no quieren ver.

Esta consideración nos afecta también a nosotros. También nosotros decimos que vemos, también nosotros escuchamos con placer las parábolas y admiramos a su creador. Pero si las parábolas no son para nosotros llamamiento a seguir a Jesús, revelación del Reino, oímos y no escuchamos, tenemos ojos, pero no vemos.



2.- LA VIDA ES MÁS QUE LO QUE SE VE

Sabéis que Jesús encontró una acogida inicial buena, luego se ve que hay seguidores suyos que se van retirando desencantados. A nadie le resultaba muy fácil creer lo que decía Jesús cuando anunciaba el Reino de Dios, ¿por qué? Porque no veían nada especialmente grande en Jesús. Sin embargo, El hablaba de que estaba llegando el Reino de Dios. Todos esperaban algo más espectacular que anunciara el Reino de Dios. ¿Dónde estaban esos signos terribles, extraordinarios que connotaban los escritores apocalípticos? ¿Dónde se podía ver a Dios obrando con esas fuerzas poderosas llegando a salvar al pueblo? Pero, ¿cómo se le podía ocurrir a Jesús decir que el Reino de Dios estaba cerca?

Después de veinte siglos nos preguntamos ¿dónde está el Reino de Dios?... ¿Vamos a seguir contando cuentos, o lo tomamos en serio?

Jesús dedicó mucho tiempo a enseñar a la gente a captar la presencia de Dios en lo que veía. Empezó a decir con su lenguaje lo que yo lo digo así: La vida es mucho más que lo que se ve. Mientras vamos viviendo de manera distraída la vida de cada día, hay algo que está sucediendo secretamente, misteriosamente... Jesús les muestra los campos de Galilea, y les dice: mientras nosotros vamos caminando sin ver nada, algo especial está ocurriendo bajo esta tierra: una semilla que vive, crece..., algo está ocurriendo. En su momento ya aparecerá la fuerza salvadora. ¿Será verdad? ¿Será la vida como la veía Jesús? ¿Estará Dios de verdad actuando ya calladamente, pacientemente, aguantando a todos nosotros? ¿Será ese el secreto de la vida?

Vamos a ver. Jesús les contó muchas Parábolas. La que más les desconcertó fue una pequeña, la Parábola de la semilla de mostaza: "Con el Reino de Dios sucede como con el grano de mostaza. Es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando cae en una tierra trabajada, produce un arbusto grande, se convierte en cobijo para los pájaros". Jesús podía haber hablado de una higuera, de una palmera, de una viña. Pero de manera intencionada elige la semilla de mostaza. Era proverbial la pequeñez del grano de mostaza. ¿Qué pasa con ese grano, que no es más grande que la cabeza de un alfiler? Pasa que con el tiempo produce un arbusto de tres o cuatro metros...


 

 

 

 

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