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Índice del curso

 

CURSO DE ORACIÓN

 

Aprender a Orar, Orando

 

 


La Oración de Petición

 



Todos nos dirigimos muchas veces a Dios para pedirle cosas, cuando tenemos problemas, cuando nos sentimos angustiados, cuando tenemos una necesidad o cuando no vemos con claridad lo que hemos de hacer, ¿qué cosa más natural que dirigirnos hacia el Todopoderoso para que nos ayude? El mismo Jesús insiste: "pedid y recibiréis, buscad y hallaréis".

Y sin embargo también nos surgen dudas o interrogantes sobre la Oración de Petición.

¿Tiene sentido pedir algo a Dios?

Objeciones que se suelen hacer a la Oración de Petición.

Es posible que nos surjan a veces dudas, interrogantes sobre la Oración:

*Ciertamente no tiene sentido expresar a Dios nuestras necesidades para que se entere, como si no lo supiera y tuviéramos que ponerle al corriente. ¿No dice el mismo Jesús “vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo? (Mt 6,8)

*Tampoco tiene sentido pedir algo a Dios para cambiar su disposición hacia nosotros y ponerle a nuestro favor o a favor de aquel por quien pido. Dios nos ama, ya está a nuestro favor, no puede cambiar a mejor, no puede dar más, no puede darse más... ¿Acaso hay que insistir ante Dios hasta cansarle, hasta agotarle con nuestros ruegos para que nos conceda lo que pedimos porque está harto de oírnos?

*Si decimos a Dios "ten piedad", le estamos dando a entender que en este momento no está teniendo piedad o que puede no tener piedad en algún otro momento. Si le decimos "ayúdame", le estamos dando a entender que no nos está ayudando o que puede no hacerlo. Pero Dios no puede no tener piedad pues Él es todo Piedad, Dios no puede no ayudar, pues es Ayuda y Compañía.

*¿Y al que no reza porque no es cristiano o no cree, Dios le deja en sus necesidades sin ayudarle? ¿No es un Padre que quiere lo mejor para sus hijos?

*Todavía más: ¿realmente sirve de algo pedir? Tantas veces hemos pedido cosas auténticamente necesarias y no lo hemos conseguido.

Efectivamente, es muy discutible que "pedir" a Dios tenga sentido. Nuestra fe en Dios nos dice que está dándonos en todo momento todo lo que es y todo lo que tiene. ¿Para qué pedir entonces?

La Oración de Petición en el Antiguo Testamento.

El Antiguo Testamento está repleto oraciones de petición. “El auxilio me viene del Señor que hizo el cielo y la tierra”, esta frase del Salmo 120 expresa la experiencia del antiguo pueblo de Israel que, en sus necesidades, imploraba la protección de Dios. Israel es un pueblo que ora constantemente pidiendo a Yahvéh su favor.

Moisés se dirige en diversas ocasiones a Dios solicitando que no castigue los pecados de su Pueblo y pone como razón ¿qué van a decir los enemigos de Israel?, se van a reír de nosotros y van a decir ¿así les trata su Dios?

El mismo Dios dice a Salomón: pídeme lo que quieras. Salomón le pide sabiduría para conducir a su pueblo y Dios le hace el Rey más sabio de Israel.



La Oración de Petición en el Nuevo Testamento

Como todo judío, Jesús oraba a menudo en forma de petición. Mateo 6, 5ss contiene enseñanzas expresas de Jesús sobre la oración y habla de Confianza, Insistencia y Eficacia.



Confianza Mt 6, 8 vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.


Insistencia Lc 11, 5-8 el amigo inoportuno.


Eficacia Lc 11, 9ss Pedid y se os dará, buscad y hallaréis.


Jn 14, 13.14 Todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré … si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré



La Oración de Petición en la tradición de la Iglesia

"Orar es levantar el corazón a Dios y pedirle mercedes", nos decía el catecismo que aprendimos de pequeños, y si vamos a reconocer la verdad, todos nosotros nos hemos dirigido a Dios para pedirle cosas cuando nos hemos visto en la necesidad.


La oración de petición está fuertemente arraigada en el cristianismo.
 



REFLEXIONANDO

Pienso yo que todas las objeciones expuestas contra la oración de petición no quieren decir de ningún modo que la inmensa muchedumbre de personas que, en todas las religiones y en todos los tiempos, han orado y siguen orando a Dios en forma de súplica, hayan orado y oren sin sentido. De ningún modo.

El sentido de la oración de petición no está tanto en la misma petición, sino que va más allá de la misma petición o a pesar de ella. ¿Qué expresamos cuando pedimos algo a Dios?

Se trata de establecer un diálogo con Dios sobre una necesidad que tengo, un miedo que me atenaza, una tristeza que me angustia, un problema al que no veo solución.

No se trata de acudir a un dios, como se le suele llamar "tapa-agujeros". Dios no es un Señor que está allá arriba manejando caprichosamente los hilos de la vida, diciendo: "ahora te concedo esto, ahora no te concedo lo otro, a ti si, a ti no".

No podemos acercarnos a Dios con una mentalidad mercantilista: "si tú me concedes lo que te voy a pedir, yo te hago este sacrificio, te doy tal limosna, ". En primer lugar, a Dios no se le compra y, en segundo lugar, Dios es Padre y no pide nada en compensación.
 



En la oración de Petición

• Expresamos a Dios con sencillez y confianza todas nuestras necesidades, nuestro ser radicalmente necesitado, como Jesús nos enseñó a hacer en el Padrenuestro, y como él mismo lo hizo tantas veces.

• Expresamos ante Dios nuestro límite y nuestra impotencia, nuestra pequeñez.

• Manifestamos a Dios nuestra confianza plena en que Él está en todo momento dándonos todo, dándosenos del todo, obrando en favor nuestro y para nuestro bien.

• Manifestamos a Dios nuestra fe en que todo bien nos viene de las manos de Dios.

Éste es el auténtico sentido de la oración de petición. En cualquier caso, aunque no pidamos nada a Dios, podemos darle gracias porque todo nos viene de Él. Podemos llorar ante Él. Podemos expresar nuestra fe en que todos los bienes nos vienen de Él.

Eso es lo que nos enseñan, en último término, la parábola del amigo importuno (Lc 11,5-8) y la parábola de la viuda y del juez (Lc 18,1-8): lo que recomiendan estas parábolas no es la perseverancia en la petición, sino la perseverancia en la confianza; no nos enseñan a seguir pidiendo sin descanso, sino a confiar sin cesar; no nos dicen que Dios se pondrá de nuestro lado a base de que se lo pidamos, sino que Dios está de nuestro lado siempre, queriendo darnos todo lo que de verdad necesitamos.

Estas parábolas encierran antes que nada un mensaje de confianza: el necesitado no está abandonado a su suerte, Dios no es sordo a sus gritos. Jesús no está haciendo altas teologías de la oración, ni afirma que conseguiremos lo que pidamos. Jesús está hablando de confianza, de cercanía y de amor. De alguna manera, es cierto que la oración es «algo inútil» y no nos sirve para lograr tantas cosas por las que nos esforzamos día tras día.

Cuando nos encontramos angustiados, doloridos o inseguros y acudimos a una persona de confianza que nos quiere y le contamos nuestros problemas, no estamos esperando que nos los solucione, esperamos que nos escuche, que nos acoja, que nos de seguridad y confianza.

Dios camina conmigo acompañándome, vive conmigo. Qué cosa más natural que yo le exponga mis problemas, hable con El de ellos, le pida que me ayude a solucionarlos. Y Jesús promete que seremos escuchados, acogidos y consolados. Esto no es inútil, esto no es ineficaz. Esta es la enseñanza de Jesús: si permanecéis estrechamente unidos a Dios en la oración, no debéis desesperar en ninguna dificultad, no seréis abandonados.

¿Cómo no va a entender Dios las lágrimas de una madre agobiada por el cuidado de sus hijos, que pide fuerza sin saber siquiera a quién dirige su petición? (Lucas 18, 1-8). ¿Cómo no va escuchar el corazón afligido de ese enfermo, alejado hace ya muchos años de la práctica religiosa, que mientras es conducido a la sala de operaciones empieza a pensar en Dios sólo porque el miedo y la angustia le hacen agarrarse a lo que sea, incluso a ese Dios abandonado hace tiempo? ¿Cómo no va a acoger la alegría de esos jóvenes padres, bastantes despreocupados de la religión, pero que agradecen sorprendidos el regalo de su primer hijo?

En el fondo, la verdadera oración de petición es: “que tu nombre sea santificado, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el Cielo”.



Os invito a hacer un rato de Oración

ORACIÓN DE PETICIÓN


Se trata de dirigirnos a Dios para hacerle una Petición.

Prepárate para Orar

Prepara tu cuerpo y tu mente.

Respira profunda y lentamente, serénate, libera tu cuerpo de toda tensión.

Este tiempo es para Dios.


Ponte en la Presencia de Dios.

Cae en la cuenta de que estás en la presencia de Dios. El Dios de todo lo que es y existe, está en cada latido de tu corazón, está contigo, aquí y ahora. Y te mira.


Petición

Escoge una petición que quieras hacerle al Señor. Sitúate ante el tema sobre el que quieres orar.

Pide al Señor la gracia que quieres alcanzar en este rato de oración. Precisa bien la petición: un recuerdo, un suceso, un problema.

A lo largo del día puedes repetir esta petición que te servirá para vivir el día en la presencia del Señor.


Oración

1º Traigo a la memoria la situación o el tema sobre el que hago la petición al Señor.

Qué pienso, qué siento, cómo lo vivo.

2º Lo presento a Dios

Qué me dice sobre ello

Qué tengo que decirle yo

Entablo un diálogo con Dios sobre esta situación.



3 Sentimientos que provoca en mí

Alegría, tristeza, pesar, arrepentimiento, alabanza.

Presento a Dios estos sentimientos.



4º Determinaciones a tomar.

Miro si este rato de oración me lleva a sacar alguna conclusión o tomar alguna determinación.

Tampoco es necesario que en cada meditación haya que tomar compromisos concretos o sacar frutos inmediatos.



5º Presento al Señor mis conclusiones.

Doy Gracias

Rezo un Padrenuestro

 

 

 

 

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