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NUEVO CURSO 2017 – 2018
 

Aprender a Orar, Orando
 

 

 



Objetivos para el Curso 2017-18



Comenzamos un nuevo Curso y para el presente, 2017-2018, quisiera establecer un objetivo bien concreto: aprender a orar en la vida nuestra de cada día.

Nosotros no somos personas “especialistas en oración”, como puede serlo un teólogo especialista en Espiritualidad, ni dedicamos diariamente un “tiempo específico” para hacer oración, como lo hacen los Monjes que, en su distribución del día, tienen un horario señalado para las oraciones, ni tan siquiera somos curas o monjas a los que se les pide un tiempo diario de oración.

Lo que si somos es cristianos, creyentes en un Dios al que amamos y sabemos que Él nos ama. Desde el fondo de nuestro corazón nos gustaría, desearíamos, tener un trato amable, cordial con Él, “un trato amistoso con quien sabemos que nos ama”, decía Santa Teresa. Poder dirigirnos a Él, hablarle, sentirle, que sea Alguien importante en nuestra vida y a la vez Alguien que nos oriente, ayude a vivir dando un sentido profundo y alegre a nuestra vida. Todo esto es “Orar”, por eso digo que nos gustaría aprender a orar en la vida nuestra de cada día.

Por ello, vamos a ir buscando y experimentando maneras sencillas de dirigirnos a Dios a través de los acontecimientos de cada día, a través de “lo cotidiano”, para aprender también a escucharle y oír lo que él tiene que decirnos sobre esos acontecimientos que jalonan y constituyen algo tan importante para mí como es mi vida.

¿Cómo entendemos “lo cotidiano”?

Todo aquello que acontece en la “vida diaria” (hechos, personas, experiencias, situaciones; propias y ajenas…).

• Lo ordinario… (lo no-sobresaliente ni especialmente llamativo)

• Lo profano… (lo no-explícitamente religioso o cristiano)



¿Qué tiene que ver “lo cotidiano” con la Oración?

En principio, todo. La vida entera es lugar de encuentro con Dios y de “historia de salvación”.

La Oración no es un ejercicio puramente intimista (mis estados de ánimo… la repercusión subjetiva de cuanto me rodea…)

La Oración no es un ejercicio utópico ni intemporal (fuera del espacio/tiempo) y desencarnado (no nos podemos relacionar con Dios fuera de nuestra condición humana).

Si la Oración es básicamente relación personal y amorosa con Dios…

• Puedo buscar su presencia en toda la realidad, como su Creador y Señor

• Puedo escuchar su voz: todas las criaturas, todas las voces me traen su eco

• Puedo contemplar su rostro en todas sus obras, especialmente en los seres humanos, creados “a su imagen y semejanza” y que son su “icono” más perfecto.
 

 

 

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