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NUEVO CURSO 2017 – 2018
 

Aprender a Orar, Orando
 

 

Orar con el Bautismo de Jesús
 



LOS RELATOS DEL BAUTISMO

Los cuatro Evangelistas narran el Bautismo del Señor si bien Juan no lo hace de manera directa, sino que hace una referencia a este momento.


Mateo 3, 11.13-17

Por entonces fue Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Juan se lo impedía diciendo:

–Soy yo quien necesito que me bautices tú, ¿y tú acudes a mí?

Jesús le respondió:

–Ahora cede, pues de ese modo conviene que realicemos la justicia plena. Ante esto accedió. Jesús se bautizó, salió del agua y al punto se abrió el cielo y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y se posaba sobre él; se oyó una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo querido, mi predilecto.


Marcos 1, 9-11

Y predicaba así:

–Detrás de mí viene uno con más autoridad que yo, y yo no tengo derecho a agacharme para soltarle la correa de las sandalias. Yo os bautizo con agua, él os bautizará con Espíritu Santo.

Por entonces vino Jesús de Nazaret de Galilea y se hizo bautizar por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua, vio el cielo abierto y al Espíritu bajando sobre él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto.


Lucas 03, 15-16. 21-22

Como el pueblo estaba a la expectativa y todos discurrían por dentro si no sería Juan el Mesías, Juan se dirigió a todos:

–Yo os bautizo con agua; pero está para llegar el que tiene más autoridad que yo, y yo no tengo derecho a desatarle la correa de las sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

Mientras todo el pueblo se bautizaba, también Jesús se bautizó; y mientras oraba, se abrió el cielo, bajó sobre él el Espíritu Santo en figura corpórea de paloma y se oyó una voz del cielo:

–Tú eres mi hijo amado, mi predilecto, yo mismo te he engendrado hoy.


Juan 1,30-34


De él dije yo: Detrás de mí viene un varón que existía antes que yo, porque está antes de mí. Aunque yo no lo conocía, vine a bautizar con agua para que se manifestase a Israel. Juan dio este testimonio:

–Contemplé al Espíritu, que bajaba del cielo como una paloma y se posaba sobre él. Yo no lo conocía; pero el que me envió a bautizar me había dicho: Aquel sobre el que veas bajar y posarse el Espíritu es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. Yo lo he visto y atestiguo que él es el Hijo de Dios.
 


BAUTISMO DE JESÚS


En las aguas del Jordán, Dios ungió a Jesús con el Espíritu Santo y con poder (Hch 10, 38), para que se manifestara como el Mesías (Jn 1, 31). Por eso los primeros cristianos dicen en las Catequesis de Jerusalén que: «cuando Jesús fue bautizado, comunicó a las aguas el fragante perfume de su divinidad y, al salir de ellas, el Espíritu Santo descendió sobre Él. Dios Padre lo ungió constituyéndolo Salvador del mundo. Cristo fue ungido con el aceite espiritual de júbilo, es decir, con el Espíritu Santo, que es el autor y la fuente de toda alegría espiritual». [San Cirilo Cf. Catequesis 21].


Composición de lugar

Imaginemos, como nos cuentan los evangelios, las masas del pueblo y de los pecadores que se agolpaban en el Jordán para recibir el bautismo de Juan para el perdón de los pecados. Perdido entre aquella masa, Jesús, un joven Galileo a quien nadie distingue en nada, guarda su turno. Veamos el semblante de este hombre absorto en oración. Nosotros sabemos quién es. Juan mismo es consciente, por eso rehúsa bautizarle. “Yo debo ser bautizado por ti.”

El Espíritu. Que se acerca siempre al corazón sencillo, al que se hace capaz de recibirlo: “Te has revelado a los sencillos” Mt. 11, 25-27. La sencillez de corazón nos abre al gozo de recibir en el corazón, humildemente, pero con toda verdad, la palabra del Padre: “Tú eres verdaderamente mi hijo querido... el que entiende mis caminos y permanece en el amor... Yo me complazco contigo.”

Nos colocamos junto a Jesús, con sencillez, con humildad, le acompañamos, nos acompaña, bajo la acción del Espíritu Santo.


Mi Bautismo

El bautismo cristiano, mi bautismo, está prefigurado en el de Jesús; su consecuencia inmediata es: somos hijos de Dios, y esto, constituye la carta de identidad del discípulo de Cristo, es decir, nuestras raíces cristianas a las que debemos volver continuamente.

Que nos expongamos a la acción del Padre, del Hijo y del Espíritu, para que nuestro bautismo sea vivido con la audacia de Jesús construyendo comunidades vivas, fraternas y misioneras, donde toda persona alcance la más alta dignidad, en la que se experimente hijo de Dios y hermano de la creación entera.



LOS EVANGELIOS HACEN NOTAR LA UNCIÓN DE JESÚS COMO MESÍAS.

Viene el Espíritu y se oye la voz:

“Tú eres mi Hijo querido, en quien me complazco”.



En el bautismo de Jesús se resaltan tres aspectos:

La ternura de Dios,

Se oyó una voz del cielo que decía: Este es mi Hijo querido, mi predilecto. Mateo 3,17

Se oyó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto. Marcos 1,11 y se oyó una voz del cielo:

–Tú eres mi hijo querido, mi predilecto. Lucas 3, 22

Deja que esta realidad se adentre en tu corazón.

Contempla y mira a Jesús... a Juan el Bautista... Escucha lo que dice cada uno... Mira también lo que hace cada uno... y aplica lo que vayas viendo y escuchando, a ti mismo.

Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto

¿Soy consciente que Dios Padre se dirige a mí con las mismas palabras con que se dirigió a Jesús? ¿Qué supone para mí esta realidad?

• Pedir al Señor que me haga sentir mi condición de hijo/a amado. Dios me ama y está conmigo es la gran verdad que puedo celebrar cada día.


La identidad de Jesús

El Padre le ratifica totalmente en su identidad y su misión

El bautismo de Jesús nos trae una noticia revolucionaria para todos los creyentes: el cielo se abre, Se abrió el cielo, nos dice el texto, y el Espíritu de Dios desciende, la vida no es algo cerrado, con Jesús se nos abre un horizonte infinito; Dios está con nosotros. Jesús es el Salvador que posibilita la comunicación entre Cielo y Tierra, y nuestra entrada definitiva.


Dios está con nosotros. Esta es la gran verdad que podemos celebrar cada día. Y lo hacemos siempre que dejamos nacer a Dios en nuestra vida; siempre que bautizamos nuestro vivir diario con el Espíritu que animó a Jesús buscando la voluntad de Dios...; siempre que compartimos lo que somos y tenemos con ese Jesús de carne que son los desheredados de la tierra; siempre que abrimos nuestro corazón a quien busca consuelo o identidad en su caminar.


El encargo mesiánico.

Jesús no volverá ya a su casa de Nazaret. Animado por el Espíritu, comenzará una vida nueva, totalmente entregado al anuncio del reino de Dios. Podemos decir que la hora del bautismo ha sido para Jesús el momento privilegiado en el que ha experimentado su vocación profética.


Todos tenemos una vocación

• La vocación no es asunto de un grupo de hombres y mujeres privilegiados lla-mados a vivir de manera especial una misión. Es la llamada de Dios a todo cristiano a identificarse con Jesús.

• Tarde o temprano todos nos preguntamos por qué vivimos, para qué vivimos, quién o qué dirige nuestra vida, hacia dónde se dirige...

• Tarde o temprano, todos nos tenemos que preguntar cuál es la razón última de nuestro vivir diario, y para qué comenzamos un nuevo día cada amanecer...

• Tarde o temprano, todos preguntamos por nuestra vocación. Todos tenemos vocación. Todos somos llamados por Dios.

En toda vocación siempre se nos pide una actitud de búsqueda, de disponibilidad y apertura. Solamente en la medida en que vamos respondiendo con fidelidad a nuestra misión descubrimos todo el horizonte que se encierra en la vida humana vivida desde Dios, descubrimos más y más el sentido de la vida.



Revivir y renovar mi bautismo.

Conscientemente renuevo mi compromiso de cristiano/a; asumo mi condición de hijo/a. Le entrego mi vida para que Él la conduzca...

Revisar mi vida personal de creyente



Oración de los fieles

Oremos ahora al Padre de la vida, por mediación de su Hijo, el Resucitado.

1.- Por la Iglesia extendida por todo el mundo, para que acoja en su seno a los nuevos hijos, y que anuncie sin miedo el bautismo de salvación, y esté dispuesta a defender la causa de los pobres. Roguemos al Señor.

2.- Por cuantos hemos sido bautizados y bautizadas, para que renovemos nuestro compromiso cristiano, y seamos en la vida siempre buscadores de la verdad y del bien común. Roguemos al Señor.

3.- Por los padres que piden el bautismo para sus hijos e hijas, para que descubran el compromiso que adquieren y sean buenos educadores en la fe. Roguemos al Señor.

4. Por la Paz en el mundo y en nuestro pueblo, para que los creyentes seamos capaces de ser sembradores y constructores de la paz que Tú nos ofreces. Roguemos al Señor.

5.- Por los que nos hemos reunido en este Grupo de Oración, por nuestras comunidades religiosas, por los padres de familia, para que vivamos con gozo la vocación bautismal, y sepamos dar razón de la fe recibida. Roguemos al Señor.

Oración

Dios todopoderoso y eterno,
que en el bautismo de Cristo quisiste revelar
que Él era tu Hijo amado enviándole tu Espíritu Santo;
concede a tus hijos de adopción,
renacidos del agua y del Espíritu Santo,
perseverar siempre en tu benevolencia.



Podemos terminar con el texto siguiente


ESTO DICE EL SEÑOR AL BAUTIZADO

Tú eres mi servidor (a), a quien sostengo; mi elegido (a), a quien prefiero.

Sobre ti pongo mi espíritu.
No grites, no fanfarronees, ni te apropies de la gracia.
Nunca quiebres lo que está débil, más bien fortalécelo.
Ni apagues la mecha de luz vacilante, al contrario, insúflala.

Yo, el Señor, te he llamado, te he tomado de la mano,
para que abras los ojos de los ciegos y liberes a los cautivos,
para que saques de la tiniebla de la muerte y animes la vida,
para que sanes a los heridos, consueles a los tristes y acompañes al afligido.

Yo, el Señor, te he formado y te he cuidado,
para que celebres alegrías y descubras esperanzas,
para que cultives amigas y amigos en la fe,
para que seas palabra certera en todo desacierto.

Yo, el Señor, te he convertido en alianza divina y luz de mi pueblo.




 

 

 

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