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LO DE CADA DIA  -  EGUNEROKOA



Terminadas las vacaciones, unos y otros vamos volviendo a nuestro trabajo y ocupaciones habituales... Y es fácil que más de uno sienta estos días esa insatisfacción profunda que nace en el ser humano al experimentar de forma más o menos consciente la enorme distancia entre la sed de felicidad eterna que hay en nosotros y la monotonía de nuestro vivir diario.

No es fácil vivir con hondura lo diario. Es un arte que se ha de aprender cada día. El conocido poeta austríaco R.M. Rilke nos advierte sabiamente con estas palabras: "Si tu vida de cada día te parece pobre, no la acuses; acúsate más bien a ti mismo de no ser lo bastante fuerte para descubrir su riqueza."

Tal vez, lo primero es aprender a mirar la vida como un don que se nos hace cada mañana. Es un regalo admirable poder hacer los gestos más elementales de la vida: Ver, escuchar, reír, caminar, comer, dormir; sólo cuando enfermamos, empezamos a apreciar el don maravillosos de la existencia. Por otra parte, la vida de cada día está llena de pequeñas sorpresas y experiencias gozosas. Quien sabe acogerla de manera humilde y agradecida, llega a conocer el placer de sentirse vivo.

Es necesario, además, un proyecto de vida que dé sentido y orientación positiva a todos nuestros trabajos y ocupaciones. Cada una de las jornadas, tornada aisladamente, es insignificante; el sentido de la existencia sólo se desvela cuando se puede apreciar el espíritu que anima al individuo a lo largo de los días. Es ahí donde va apareciendo la alegría real de la persona, su fe, su felicidad, su capacidad de amar.

Desde esta perspectiva cobra un significado especial la actividad diaria. Nuestra verdadera grandeza no se manifiesta en los ideales sublimes que proclamarnos o en las grandes palabras con que llenamos nuestra boca, sino en el servicio sencillo y generoso a los demás. Nos lo recuerdan las palabras de Jesús: "Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos".

Cuando el trabajo no degenera en activismo para convertirse en huida de nosotros mismos o búsqueda de falsa seguridad, sino que es desgaste generoso animado interiormente por el amor, la vida diaria no es monotonía y aburrimiento, sino alabanza al Creador. Hace ya bastantes años, en un conocido estudio sobre la teología de la vida diaria, K. Rahner escribía así: "La realidad sencilla de cada día, vivida con sinceridad, esconde dentro de sí él milagro eterno y el misterio callado que llamamos Dios".

No se trata de idealizar lo diario. Todos conocemos por experiencia lo que es el cansancio, la decepción, el peso de algunas jornadas o la mediocridad de nuestra conducta. Pero no hemos de olvidar que es esta vida de cada día la que nos prepara y conduce a la vida eterna.

 

 

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