Inicio

J. A. Pagola

Homilías

Lecturas del día

El día del Señor

Diapositivas Eucaristía

 

 

Albia

 

EL CAMBIO CLIMÁTICO NOS AMENAZA

KLIMA ALDAKETEAREN

MEHATXUA DOGU GAINEAN


Para hacernos idea del tema, hemos recogido en esta hoja verde de Albia algunas informaciones y opiniones de varios expertos que estudian el problema del Cambio Climático y sus consecuencias, aparecidas en varios periódicos y revistas. Estos investigadores piden prudencia y creen precipitado despachar el asunto con mensajes apocalípticos ya que existen capacidades para poder suavizar los efectos del calentamiento global. Asumen estos expertos que si bien los elementos del escenario son reales, el decorado final está todavía por construir. Aseguran que hay que ser cautos. Cada vez se sabe mejor hacia dónde vamos, pero debemos avanzar mucho aún en el conocimiento de las consecuencias esperadas.

¿Tendrá algunas consecuencias el cambio climático aquí en el País Vasco?

En un escenario futuro, pintado a brocha gorda, se acierta a entrever una geografía vasca diferente a la actual. Ni mejor, ni peor. Solo distinta. Será menos verde debido al incremento de la temperatura media y a la pérdida de días de lluvia, y tendrá menos playas porque el nivel del mar seguirá subiendo. Un horizonte cuya última pincelada no se sabe cuándo será pintarrajeada pero que deja constancia de las consecuencias locales del irresistible cambio climático que, de no ser mitigado, podría transformar al País Vasco en algo parecido a la costa Mediterránea del siglo XXII.

Piensan estos entendidos que la línea de costa vasca resistirá "sin duda" al aumento del nivel del mar previsto. Otra cuestión es que cambie su orografía. Los riesgos y daños asociados a eventos climáticos extremos como los registrados durante este comienzo de año serán cada vez mayores a consecuencia de la alteración de la dirección y la intensidad de las marejadas. Pero eso no significa que todos los inviernos vayamos a tener el número tan inusual de borrascas profundas que hemos tenido este año, ni que todos los veranos vayan a ser más calurosos.

Otra cosa es que los modelos tradicionales de pesca, de agricultura y de ganadería deberán ser sustituidos por prácticas más acordes a los nuevos tiempos resultantes de sequías y enfermedades parasitarias. Esto no ocurrirá de la noche a la mañana y evidentemente en un país como este, tenemos muchas capacidades para ir adaptándonos a estos cambios. Hay que tomárselo muy en serio pero no creen que sea bueno generar alarmismo. Podemos ir afrontando los cambios, pero hay que conocerlos bien y luego actuar en consecuencia.
 

Vaya panorama que se nos presenta...

Si queremos proteger nuestro estilo de vida, nuestra actividad económica y nuestra cultura debemos cuidar del medio ambiente. Y eso significa, por un lado, reducir emisiones de gases efecto invernadero mediante el ahorro y la eficiencia energética, promover las energías renovables, la movilidad sostenible, la gestión adecuada de nuestros residuos y el consumo racional, entre otros, para reducir los impactos a largo plazo; y por el otro, adaptarnos a los cambios que ya están ocurriendo como consecuencia de emisiones en el pasado, conociendo mejor los impactos esperados, reduciendo la vulnerabilidad de nuestras infraestructuras, promoviendo cambios de hábitos, introduciendo nuevas prácticas agrícolas y pesqueras, etc... Sin olvidar que hay que frenar la deforestación.


O sea, que el futuro de la Humanidad sigue pintando mal...

Si no somos extremadamente eficaces a la hora de lograr reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero a escala mundial en próximos años, los aumentos de temperatura a los que nos deberemos enfrentar y sus impactos serán realmente serios en casi la totalidad del planeta. Existe una gran preocupación respecto al hecho de si nos estamos aproximando a un punto de no retorno.


¿Y lo estamos haciendo?

Inciden en una idea muy importante: vamos demasiado despacio en el desarrollo de políticas climáticas globales. Aún hay tiempo, pero muy poco. Es necesario que en la cumbre de las Naciones Unidas de París en 2015 se alcancen acuerdos ambiciosos en al menos tres aspectos: asumir la reducción de emisiones de gases, evitar la deforestación y adoptar los compromisos financieros para apoyar a los países en vías de desarrollo.


¿Y cómo se sitúa el País Vasco en esta carrera contra el reloj?

Está bien, bastante bien posicionado. Tenemos una sociedad concienciada, unos agentes económicos relativamente comprometidos y unos gestores públicos implicados y muy capaces de hacerlo bien. El reto está en mantener los esfuerzos que hemos venido haciendo hasta ahora y seguir avanzando en la integración de la variable de cambio climático en otras políticas sectoriales como la industrial, la energética o la de transporte. El mundo tiene que hacer un esfuerzo importante para llegar a un acuerdo en esa próxima cumbre de París en 2015 y el País Vasco debe, dentro de sus posibilidades, contribuir al esfuerzo y estar preparado para los cambios que estamos sufriendo.


... que estamos sufriendo ¿ya?

Y lo será también en el futuro. Los impactos son, entre otros, el aumento del nivel del mar, el cambio en el régimen de precipitaciones, el cambio en la dirección y en la intensidad de las marejadas, el aumento de los períodos de escasez de agua en la cuenca Ebro, las pérdidas de biodiversidad, etcétera. Algunos impactos que están ocurriendo han sido constatados fehacientemente, y otros se estima que ocurrirán a medio y largo plazo. Afortunadamente, los impactos que estamos sufriendo son aún gestionables y el nivel de desarrollo del País permite ser optimistas respecto a la capacidad para adaptarnos a los cambios; siempre y cuando se apueste por políticas climáticas ambiciosas.

El ser humano es el responsable principal de estos desastres, pero también está en su mano la solución.

 

¿Se puede hacer algo?

Sí, porque no nos queda más remedio y porque hay gente muy capaz trabajando duro para lograrlo. Tendremos que seguir esforzándonos por cuidar de nuestro planeta. En este sentido es muy conveniente "cumplir los diez mandamientos verdes", que se ofrecen en este Albia. Ahí tenemos una herramienta a nuestro alcance si nos comprometemos.


Y añadimos una reflexión nuestra

Nos duele que los grandes del mundo no se den cuenta de que el fondo del problema no está ni tan siquiera en las fábricas que contaminan o en las centrales nucleares que tienen pocas medidas de seguridad.

Hemos visto basureros en los montes y restos de cristales y latas en las playas; desperdicios, botellas y bolsas de plástico en nuestras plazas después de un fin de semana. Todo esto no lo habían arrojado las grandes compañías industriales, sino gentes que habían acudido allí porque les gustaba la naturaleza, o jóvenes que querían pasar un fin de semana a su modo. Todos estos individuos son de la misma naturaleza que los poderosos que no dudan en contaminar para hacerse más ricos, sólo que la acción de esta gente irresponsable es más pequeña porque no puede hacerla mayor.

Recalcamos: el fondo del problema está en el hombre, en cada persona, sea pequeña o grande, importante o insignificante. El problema ecológico es, como todos los problemas serios, un problema moral. Cuando una factoría vierte al mar o a los ríos sus residuos es porque hay personas sin conciencia que dan la orden; cuando un Gobierno no duda en talar bosques enteras es por el mismo motivo. Y si no se intenta el cambio interior del ser humano, no valdrán de mucho los planes y los programas, porque éstos sólo podrán ser aplicados mediante la amenaza de las multas, y los hombres desde hace siglos vienen jugando a burlar las leyes que ellos mismos se dictan.

No olvidemos: si cambiamos el corazón de cada persona educándole en la moderación, en la sobriedad, en la sensatez, en la mesura, en el respeto y en la solidaridad con quienes vendrán después de nosotros, entonces sí que serán eficaces los planes que proponen los científicos y expertos para salvar la tierra.


 

Inicio

J. A. Pagola

Homilías

Lecturas del día

El día del Señor

PowerPoint Eucaristía