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J. A. Pagola

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CONTRAPORTADA

EL DOMINGO

 

 

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Los mayores nos son necesarios De jóvenes y menos jóvenes
Bondad y capacidad de amar A cada día le bastan sus disgustos
¿Cómo te trata la gente? Decálogo para vivir con quienes me rodean
Palabras de un maestro ancianoJesús vive: todo cambia
Más allá de la muerte 
  
  
  

 

 

 

 

LOS MAYORES NOS SON NECESARIOS


Hoy vamos a fijar la atención en los mayores, en los ancianos. Todos debemos pensar en ellos; no son una carga, sino un tesoro. La familia es el tesoro más grande, es el patrimonio de la humanidad más bello y el que mejor garantiza el crecimiento y desarrollo de la persona humana, ya desde del nacimiento y por supuesto desde su nacimiento hasta su muerte.

Estamos todos llamados a trabajar para que la familia asuma su ser y su misión. Y en ese misión,
no podemos olvidar a los ancianos. Los abuelos ocupaban un lugar especial, esto puede pertenecer al dinamismo del Evangelio.

Dios nos quiere decir algo que pertenece a la esencia de la familia:
niños y ancianos construyen el futuro de la humanidad. De ahí el cuidado de ambos y la necesidad de no separarlos, pues los unos se enriquecen con los otros: unos dan esperanza y futuro; otros dan experiencia y serenidad, contagian confianza dando aquello que después de los años consideran y han visto que es lo más fundamental. Cuando no se da importancia a unos y a otros al mismo tiempo, el futuro está comprometido.

No penséis que sois un peso inútil, todo lo contrario: sois testigos del pasado y sois inspiradores sabiduría para el presente y el futuro. Sin vosotros, a nuestra sociedad le falta algo fundamental. De ahí la importancia que tiene vuestra presencia y el que os vean y traten los niños y los jóvenes. ¡Qué importante sería el que todos escuchásemos!

Es verdad que, en nuestra sociedad, un desarrollo desordenado ha llevado a que tengáis que asumir formas que son inaceptables de marginación, que son fuentes de sufrimiento para vosotros, pero sobre todo para la sociedad que se empobrece sin vuestra presencia.
Sois una riqueza insustituible. Ojalá todos descubramos vuestras funciones en la sociedad civil y eclesial y, muy especialmente, en la familia. Dar cauce a vuestra tarea en estos momentos que vive la humanidad es de especial importancia, pues no sois sobrantes que arrinconar, sino protagonistas para construir.

Es de admirar a los hijos que así lo ven en sus padres cuando van siendo mayores y lo mismo en los nietos con sus abuelos. ¡De qué manera describía un hijo que su padre le había enseñado a no detenerse nunca en la vida, en su vejez e incluso en su enfermedad! ¡Con qué alegría me contaba un nieto que su abuelo, de 73 años, le había dicho que le acompañaba a hacer el Camino de Santiago para enseñarle a estar avanzando siempre!

«Vosotros veis que somos viandantes. Y os preguntáis: ¿Qué es caminar? Lo digo con un palabra:
avanzar, puede ser que no comprendáis bien y acabéis teniendo pereza para caminar. El día en el que digas: ya está bien, ese día estarás incluso muerto. Añade siempre algo, camina siempre, avanza siempre. No te quedes en el camino, no vayas para atrás, no te desvíes. «Quien no avanza, se queda detenido»

Los mayores tienen una fuerza especial. ¿Por qué su experiencia es tan importante para nosotros? ¿Por qué nunca debemos olvidar su gran sabiduría? Ellos son conocedores de la realidad, muy en concreto, de su familia, porque los quieren. Aman la vida. Aman a los suyos. Saben que es lo único que queda y les queda.
¡Qué sabiduría! Y cuanto más claro y más grande es ese amor, más experiencia de acogida.

Nuestros mayores mejor que nadie saben tocar, acariciar y curar las heridas de Jesús que encuentran en los que les rodean. Dejemos que estén a nuestro lado, no los retiremos. Urge tener especialistas en tocar, acariciar y curar las heridas profundas de la persona; los mayores son especialistas en esta tarea, pues ellos:

Son testigos del pasado, maestros de sabiduría para el presente, cimientos fuertes del futuro. Nos ayudan a clarificar la escala de valores humanos. Rompen barreras de las generaciones y crean puentes. Regalan cariño, comprensión, amor con sus ojos, palabras y caricias.

 

 

DE JÓVENES Y MENOS JÓVENES


1. El otro día un presuntuoso estudiante que se encontraba en el autobús se tomaba la molestia de explicarle a un señor mayor por qué le es imposible a la vieja generación comprender a la suya, y le decía (en voz muy alta para que lo escucháramos todos):

«Los jóvenes de hoy crecimos con televisión, Internet, viajes al espacio... Nuestras sondas espaciales han visitado Marte... Tenemos coches eléctricos y de hidrógeno, ordenadores que procesan datos casi a la velocidad de la luz.., y mucho más".

Luego de un breve silencio, en que el señor no dejó de mirarlo, el señor mayor respondió lo que sigue:

«Tienes razón, hijo mío, nosotros no tuvimos esas cosas cuando éramos jóvenes... ¡Por eso las inventamos! Ahora dime, arrogante presumido: "¿Qué estás haciendo tú para la próxima generación?"». Y se escuchó un aplauso atronador en todo el autobús.


2. Un joven universitario viajaba junto a un anciano, que iba rezando su rosario. El joven se atrevió a decirle:

"¿Por qué en vez de rezar el rosario no se dedica a aprender e instruirse un poco más? Yo le puedo enviar algún libro para que se instruya".

El anciano le dijo:

"Le agradecería que me enviara el libro a esta dirección".

Y le entregó su tarjeta, que decía: LUIS PASTEUR - INSTITUTO DE CIENCIAS DE PARÍS.


3. Un joven me comentaba una tarde sobre sus sentimientos, sus proyectos, sus reflexiones, sus críticas, sus valores... Y me decía:

"Soy consciente de que mis raíces vienen de lejos, de que no soy más que un enano a hombros de gigantes. Pero, ¿nos queda a los jóvenes algo que hacer?"

Y él mismo respondía:

"Nos queda no decir amén, no dejar que nos maten el amor, recuperar el habla y la utopía, ser jóvenes sin prisa y con memoria, situarnos en una historia que es la nuestra, no convertirnos en viejos prematuros.

Nos queda respirar, abrir los ojos, descubrir las raíces del horror, inventar paz, entendernos con la naturaleza y con la lluvia y los relámpagos, y con el sentimiento y con la muerte, esa loca de atar y desatar.

También nos queda discutir con Dios, tanto si existe como si no existe, tender manos que ayudan, abrir puertas entre el corazón propio y el ajeno; sobre todo nos queda hacer futuro a pesar de los granujas del presente"...

 

 

bondad y capacidad de amar



Cuando los niños, los adultos, vivan de amor,

ya no habrá guerra, ni violencia,

ni miseria y comenzarán los buenos tiempos,

esos tiempos que siempre esperamos;

pero nosotros habremos muerto, hermano.

Cuando los niños, adultos, vivan de amor

habitará en nuestra tierra la paz

y los terroristas serán trovadores

y las flores nacerán de las pistolas

y las malas hierbas se habrán secado por falta de sangre,

pero nosotros habremos muerto, hermano.


En la gran cadena de la vida,

por la que hemos tenido que pasar

y en la que hemos tenido que estar,

habremos llevado la peor parte:

nos hemos odiado en el corazón,

los ojos nos han clavado veneno,

su boca nos ha llenado de mentiras

y el miedo se apoderó de nosotros

y la muerte se hizo vengadora

y la calle nos quitó la paz,

y amargó el sabor de la vida.


Pero cuando los niños, adultos, vivan de amor,

ya no habrá violencia ni miseria

ni temor ni desencanto ni miedo ni amargura.

Y quizás algún día sueñen

con nosotros, que habremos muerto, hermano.

Con nosotros que en los malos tiempos

del odio y de la violencia, y luego de la miseria,

habremos buscado la paz y el amor,

la Justicia y la libertad,

que ellos disfrutarán, hermano.

Para que en la gran cadena de la vida

lleguen tiempos mejores,

siempre harán falta "perdedores";

ése es el precio de la sabiduría,

ése es el riesgo del perdón,

ése es el precio del amor.



ATREVETE A PRACTICARLO



el perdón supera la violencia

 

 

A CADA DIA LE BASTAN SUS DISGUSTOS...


Hace 54 años moría aquel Papa bueno que fue el Santo Juan XXIII. Un hombre sencillo que sabía sembrar bondad sin complicarse excesivamente la vida. Con esa "sana despreocupación" del labrador de la parábola que siembra sabiendo que la tierra dará su fruto. A él se le atribuye un pequeño "decálogo" lleno de sabias sugerencias.

Os lo ofrezco hoy en recuerdo agradecido a su persona. Son pequeñas semillas que pueden dar fruto


SOLO POR HOY...

1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día sin querer resolver el problema de mi existencia todo de una vez.

2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto; no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o corregir a nadie sino a mí mismo.

3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en éste también.

4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.

5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura, recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.

7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer, y si me sintiera ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere.

8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades:
la prisa y la indecisión.

9. Sólo por hoy creeré firmemente, aunque las circunstancias demuestren lo contrario, que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie más existiera en el mundo.

10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.

Puedo hacer bien durante doce horas lo que me descorazonaría si pensase tener que hacerlo durante toda mi vida.

 

 

¿COMO TE TRATA LA GENTE?


Después de haber atravesado un camino largo y difícil, el viajero llegó a la entrada del pueblo en el que pasaría los próximos años de su vida.

Inquieto sobre la forma de ser de la gente en ese lugar, le preguntó a un viejo hombre que descansaba recostado bajo la sombra de un frondoso árbol de cedro:

- ¿Cómo es la gente en este lugar? -le dijo al viejo, sin saludado- Es que vengo a vivir aquí y donde yo vivía las personas eran complicadas y agresivas. La arrogancia y la insensibilidad eran el pan de cada día.

El anciano, sin mirarlo, respondió:

- Aquí la gente es igual.

El viejo siguió reposando. El caminante prosiguió su camino.

Horas después otro viajero que también llegaba al pueblo se acercó al anciano y le dijo:

- Buenas tardes, señor, disculpe la molestia, yo vengo a vivir a este pueblo y me gustaría saber cómo es la gente, porque en donde yo vivía las personas eran atentas, generosas y sencillas.

El anciano levantó la cabeza, sonrió y le contestó: - Aquí la gente es igual.

Así que, en vez de preguntarte cómo te tratan los que te rodean, mejor pregúntate cómo les tratas tú a ellos.

A la larga la gente se termina comportando contigo como tú te comportes con ellos.

Observa si las actitudes de los demás contigo no son más que tu propio reflejo.

 

 

DECÁLOGO PARA VIVIR EN JUSTICIA Y PAZ

CON QUIENES NOS RODEAN



1.- Acéptate tal como eres.

2.- Considera que has recibido, con toda probabilidad, más de lo que necesitas. No envidies a nadie.

3.- Acepta a los demás tal como son, empezando por los más cercanos: tu familia, tus amigos, tus compañeros, tus vecinos.

4.- Aprende a decir y a sentir lo bueno que hacen lo demás y dilo en voz alta, sin resentimientos ni temores.

5.- No te compares nunca con los demás, pues eso conduce al orgullo o a la desesperación, que nunca te harán feliz.

6.- Vive en la verdad sin temor a decir "si" a lo que está bien y "no" a lo que está mal.

7.- Resuelve los problemas y los conflictos con el diálogo y nunca guardes rencor. El rencor te encierra en la tristeza.

8.- Empieza a dialogar con lo que nos une y, sólo después, ocúpate de lo que nos divide. Siempre son más las cosas que nos une que las que nos separan.

9.- Da el primer paso, sin esperar a que lo dé el otro, y hazlo antes de que se haga de noche. Que no se ponga el sol sin que haber hecho las paces, sin el abrazo de la reconciliación.

10.- Ten bien por seguro y por cierto que perdonar y amar es siempre, siempre, más importante que tener razón.

 
 

Palabras de un maestro anciano
 

"Cuando era joven, me dolía el corazón por la violencia e injusticia de este mundo. Quería con toda mi alma darle un sentido profundo a mi existencia. Quería que, al morir, mi vida hubiera servido para marcar una diferencia en este mundo, aunque tuviera que pagar un precio muy alto para hacerlo.

Por eso mi oración era:

"Señor, dame la fuerza y la sabiduría para que mi vida contribuya a mejorar la adversa situación de este mundo."

Después, siendo un adulto, me di cuenta que no había podido cambiar nada, que el mundo continuaba igual o peor. Estaba frustrado porque me sentía incapaz, entonces modifique mi oración de la siguiente manera:

"Señor, ya que no pude cambiar el mundo, dame la fuerza y la sabiduría para ayudar a cambiar a mi familia y a mis cercanos".

Ahora que soy un anciano, me doy cuenta de lo ingenuo y arrogante que fui al tratar de cambiar a los demás. En mi infancia me enseñaron que todos mis problemas eran culpa de otros, que mi felicidad y mi progreso no dependían de mi. ¡Que equivocados estaban!.

Como derroché mi vida fijándome en los errores de los que me rodean, culpando a los otros de mis problemas, en vez de pararme a reconocer y corregir mis propios errores, mi oración ahora es:

"Señor, dame la fuerza y la sabiduría para aprender a ver y a reconocer mis errores, para utilizar mi fuerza y mi poder personal, para ser cada día alguien que sabe crecer y elegir la acción constructiva en vez de la queja."

¡Que diferentes serían nuestras vidas, si la energía que hemos gastado en culpar a los demás de nuestros problemas, la hubiéramos empleado en resolverlos!.

Poco puedes hacer para cambiar a los demás y mucho para cambiar tú mismo.

¿Qué puedes reconocer hoy?

 

 

JESÚS VIVE: TODO LO CAMBIA



Que la luz alumbre tu camino.

Que las estrellas guíen tu búsqueda.

Que la dulce lluvia acaricie tu corazón.

Que la suave brisa despierte tu sonrisa.

Que el amor despierte la luz que hay en ti.

Que la vida te fortalezca con el don de la ternura.

Que los sueños te revelen la esperanza.

Que la libertad se derrame dentro de ti.

Que el miedo abandone tu mente.

Que la paz inunde tu espíritu.

Que la compasión crezca dentro de tu alma.

Que la fuerza te acompañe frente a la adversidad.

Que siempre tengas Luz para iluminar tu corazón y tu camino...

Que tengas la entereza para afrontar la adversidad y la fortaleza para vencerla...

Que tengas PAZ en tu interior, pues no habrá paz si no estamos en paz...

Que tengas amor, salud y compañeros de alma que te acompañen en cada escalón de la vida...

Que por más oscura sea la noche, tengas la ESPERANZA de un nuevo día...

Que sientas que mereces ser feliz...



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yo sé que resucitará
 

 
 

MÁS ALLÁ DE LA MUERTE


Con esta son ya una docena de veces que he mirado esta foto y he leído la conversación entre sus protagonistas. Como en la primera, siento un nudo en la garganta que me impide pronunciar palabra sin que se entrecorte la voz. Pero es de esas historias que te reconfortan con el ser humano. Y ese beso: él muy enfermo, con los efectos de la quimioterapia visibles, y la madre, con un gesto de amor infinito en una cara agónica y sufriente por ver que se le va lo que más quiere. Ruth ha querido compartir sus últimas palabras con Nolan, su pequeño de 4 años que el pasado 1 de febrero ponía rumbo -seguro- al cielo.

Los médicos. acababan de comunicar a Ruth que los tumores se extendían por los bronquios y el corazón. El cáncer ya no era tratable. Acto seguido, fue a hablar con su hijo a la habitación del hospital y, cabeza sobre cabeza, dialogaron:

Ruth: ¿Te duele al respirar, no es cierto?

Nolan: Buuuuueno..., sí.

R: ¿Tienes mucho dolor?

N: (Mirando hacia abajo) Sí.

R: Este asunto del cáncer apesta. No tienes que luchar más.

N: ¿No tengo que luchar más? [con felicidad]. ¡Pero lo haré por ti, mamá!

R: ¡No! ¿Es lo que estás haciendo? ¿Luchas por mamá?

N: Bueno..., sí.

R: Nolan Ray, ¿cuál es el trabajo de mamá?

N: ¡Mantenerme a salvo! [con gran sonrisa]

R: Cariño, ya no puedo hacer eso aquí. La única manera de mantenerte a salvo es en el cielo.

N: ¡Entonces, me iré al cielo y jugaré hasta que llegues! ¿Vendrás, no?

R: ¡Absolutamente! ¡No puedes deshacerte de mamá tan fácilmente!

N: Gracias mamá. ¡Iré a jugar con Hunter, Brylee y Henry!

Horas más tarde, Ruth fue un momento al aseo. Al volver su hijo se había colapsado y entrado en sueño profundo. Aún así,
con su último aliento, abrió los ojos y dijo: "Te amó, mamá". Cerró los ojos y falleció mientras su madre le susurraba al oído la canción You are my sunshine.

Ha tardado dos meses en armarse de valor para compartir en Facebook la historia y reclamar más ayuda e investigación contra el cáncer. Se ha hecho viral.

Por el infinito amor de una madre para con su hijo, por la lucha del pequeño más allá de sus fuerzas para contentar a su madre, por la naturalidad con la que Nolan aborda su muerte, y por la fe de un niño en el cielo, donde sabe le espera la felicidad.

Ya lo dijo Jesús: «Dejad que los niños se acerquen a mí». Nolan ya está con ÉL esperando a su madre mientras juega con sus amigos.
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

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