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EL DOMINGO

 

 

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Un cuento con moraleja¿Eres una perdona generosa?
El perrito cojoUn plato de lentejas
Si me voy antes que tú ISi  me voy antes que tú II
Las arrugasLa voluntaria de Lourdes
¿Te has dado cuenta que...?Vida de... ¡Sacerdote!
Avivar la esperanzaLa gente que le gusta a Dios
Señor, dame entrañas de misericordiaCada día...
El amor te acepta tal como eres 

 

 

 

 

 

UN CUENTO CON MORALEJA (Leer la nota de abajo)

Ahora que ha comenzado el curso para todos
 

La clase de la señorita Nieves funciona bien. Es la única clase de la pequeña escuela de Montegris.

La forman diez alumnos, ni más, ni menos. Seis niños:

Sergio, Fernando, Carlos, José, Juan y Alex. Y cuatro niñas: María, Julia, Silvia y Olga.

Además, dos palomas, un pez rojo, dos hámsters y la gata negra, Lula, que siempre quiere beber agua de la pecera.

Ya hace tres cursos que todo este mundillo se mueve alrededor de la señorita Nieves.

Últimamente Olga estaba siempre cansada y un día dejó de ir a la escuela. Pasados dos meses seguía sin ir.

La madre de Olga fue a ver a la maestra y a los niños. Les dijo que la niña estaba muy enferma, grave, y que la estaban atendiendo en un gran hospital de la capital.

No pueden ir a verla pero sí escribirle.

Pasan los días y se reciben noticias: Olga no está mejor pero tampoco empeora.

Las tres niñas, los seis niños y la maestra están tristes.

Hay que dejar pasar los días y alimentar la esperanza.

Pasan semanas y meses. Parece que Olga está peor pero su pupitre continua vacío.

Por fin, un buen día por la mañana, el cartero ha traído una carta para la maestra. En ella, la madre de Olga explica que la niña mejora, que pronto volverán al pueblo y que el médico está de acuerdo en que Olga vuelva a la escuela pero...

A Olga se le ha caído todo el pelo, su lindo cabello rizado de tonos cobrizos, como si el sol se encendiera en él. Por ello, Olga no quiere volver a la escuela.

Los seis niños y las tres niñas se han quedado muy preocupados. Al pequeño Carlos se le escapan las lagrimas.. Pero la maestra decide:

— Vamos a escribir a Olga. Vamos a decirle que la queremos, que la necesitamos, que debe volver pronto.

Escriben el borrador de la carta y Julia la pone en limpio porque es la que tiene mejor letra.

Querida Olga: Estás curada y te esperamos. Nadie va a reírse de ti porque no tengas pelo. Además, seguro que te volverá a crecer y será mucho más bonito que antes.

Estamos preparando una sorpresa cada uno para cuando vengas. Vuelve Olga que ya estás bien, no tardes.

Te mandamos muchos besos.

Todos firman la carta, la señorita Nieves también; ponen la carta en un sobre y la mandan por correo.

Todos esperan.

Un lunes por la mañana Olga vuelve a la escuela, con cierto temor, algo pálida y un gracioso gorro de lana cubriéndole la cabeza. Es el momento de las sorpresas. Cada uno ofrece a Olga el obsequio que ha preparado. Sergio un barquito de madera. María un collar de bolas de colorines. Fernando una pequeña tortuga. Julia un dibujo enmarcado que representa a Olga. José su pala de ping-pong preferida. Alex un móvil de mariposas de papel. Silvia un ramillete de flores silvestres. Juan una pelota decorada con estrellas de papel plateado.. ¿y Carlos?

Carlos no está. Nadie le ha visto. Empiezan a llamarlo:

— Carlos, ¡Carlos!

De repente se abre la puerta del armario de los utensilios de limpieza y aparece Carlos, sonriente, con la cabeza rapada como una bola.

— ¿Por qué te has pelado, Carlos?

— Es mi sorpresa. He ido con mi madre al barbero y he pedido que me pelara para parecerme a Olga.
A partir de hoy, haremos una carrera. A ver a quién de los dos le crece el pelo más rápidamente.

En aquel momento Olga se puso a reír, se quitó el gorro de lana de la cabeza y fue a sentarse en su pupitre.




UNAS CUANTAS PREGUNTAS PARA PASAR EL RATO

ENTENDER EL CUENTO Y DARLE UN SENTIDO



*¿Qué produce sufrimiento a la madre de Olga?

* ¿Qué preocupa a la maestra?

* ¿Y a los niños?

¿Por qué Olga no quiere volver a la escuela?

* ¿Qué le hace sufrir?

* ¿Por qué le escriben una carta?

*¿Por qué preparan cada uno un obsequio?

*¿En qué se diferencia el obsequio de Carlos del de los otros?


NOTA. MORALEJA: "Enseñanza provechosa que se deduce de un cuento".

En este caso, sácala tú y aplícatela a tu situación.
 


 

 

¿Eres una persona generosa?
 


1.- En tu grupo de amigos hay uno que es un poco friki, los demás pasan bastante de él y está un poco colgado.

A) Precisamente por eso le haces caso y te interesas por sus cosas.

B) Te da pena, pero no tienes por qué aguantarlo.

C) Es un inadaptado porque le da la gana.

D) Para ti es tu amigo, lo escuchas, e intentas que no se quede aparte.



2.- Una amiga está mal porque ha roto con su novio. ¿Qué harías para animarla?

A) Seguro que necesita hablar, la llamas por teléfono para animarla y le propones quedar.

B) Le envías unas flores con una tarjeta amable.

C) Te encantaría verla pero estás tan ocupado/a que se te pasa.

D) Aunque tenías planes, los cancelas y te dedicas a ella, en estos momentos te necesita.


3.- Estás sentado/a en el autobús, vuelves a casa agotado/a después de un día corriendo de un lado para otro. Se para y se sube una chica con un bebé en brazos.

A) Miras a tu alrededor para ver si hay algún sitio libre, suspiras y le cedes tu asiento.

B) Uff, pobre, si no estuvieras destrozado/a le cederías el sitio.

C) Miras para otro lado, ojos que no ven...

D) Ni te lo piensas, te levantas inmediatamente y le cedes tu sitio con una sonrisa.
 



4.- Te llama un amigo desesperado, se le ha roto el coche tiene que sacar a su perro a pasear, ponerle agua y comida y no puede llegar. Está muy preocupado porque lo quiere mucho.

A) Le preguntas que si no hay nadie más que le pueda echar una mano, y si eres su única opción te vas para allá.

B) ¡Con lo que aprecias al perrito! Pero no puede ser, no puedes ir, es del todo imposible.

C) ¡Sí hombre!, vas a ir tú a sacar al chucho.

D) No le preguntas nada más, te coges dos autobuses y te ocupas de todo.



RESULTADOS:

MAYORÍA DE A: A lo mejor no estabas muy seguro/a sobre el resultado, pero sí, eres una persona muy generosa, porque la generosidad es dar aunque te cueste esfuerzo.

MAYORÍA DE B: La generosidad no es lo tuyo, eres justo lo contrario porque dar lo que sobra no es generosidad.

MAYORÍA C: Sabes perfectamente que eres egoísta, incluso vas un poco más lejos. Los demás te importan un bledo. ¿Sabes que ser generoso te puede aportar mucho?

MAYORÍA DE C: Eres una persona generosa, alegre, desinteresada, un ser de esos que quedan pocos y que hacen mejor la vida de los demás. ¡Menuda pasada!
 

 

EL PERRITO COJO

 

En el escaparate de un pequeño comercio había el siguiente anuncio: "Se venden cachorros de perro".

Un adolescente entró y preguntó el precio:

"¿Quieres verlos?", le preguntó el tendero.

El muchacho asintió con la cabeza. El tendero silbó y del fondo del local apareció su perra seguida de cuatro cachorros.

Detrás, rezagado, entró un quinto, cojeando. El dueño dijo:

"El veterinario me dijo que había nacido con un defecto en la cadera y que no seria capaz de correr ni de saltar como los otros perros. Descártalo".

"Señor, quiero comprar el perrito cojo", dijo el niño, a la par que se subía el pantalón de la pierna derecha y mostraba un aparato ortopédico que protegía una pierna maltrecha.

El niño añadió:

- "¿Ve, señor?. Yo tampoco puedo correr ni saltar como los demás

El tendero maravillado y enternecido.., le regaló el perrito cojo.


Moraleja:

"En la vida no importa quién eres...

sino que alguien TE APRECIE... TE ACEPTE... Y TE QUIERA... TAL COMO ERES.

Un verdadero amigo es aquel que llega cuando el resto del mundo se ha ido,

No necesitamos personas perfectas, sino que, con nuestras limitaciones; estemos dispuestos a entender..."

 

 

Un plato de lentejas

En un autoservicio una respetable anciana de 75 años pidió un plato de lentejas y se sentó en una mesa.

¡Ay! -dijo-. Se me ha olvidado el pan.

Se levantó, fue a coger el pan al mostrador y volvió a sentarse en la mesa donde encontró a un hombre de color sentado ante su plato y a punto de comerse las lentejas.

¡Bueno -pensó la viejecita- esto es demasiado! Pero parece que es un pobre. No le diré nada. No quiero que se burle de mí.

Se sentó enfrente del hombre y sin decir una palabra metió su cuchara en el plato. Cuando se acabaron las lentejas, se levantó el hombre, cogió una buena fuente de espaguetis y lo colocó enfrente de la viejecita con dos tenedores y siguieron comiendo así por riguroso turno.

Cuando acabaron, se pusieron en pie.

¡Hasta la vista! dijo amablemente la viejecita.

!Hasta la vista! contestó el hombre con los ojos brillantes.

Parecía una persona contenta por haber ayudado a una viejecita.

Y se marchó, mientras la viejecita se quedaba mirándolo.

Al volver los ojos hacia atrás, la viejecita vio en la mesa de al lado un plato de lentejas que alguien había olvidado... ¡SU PLATO DE LENTEJAS!

La tierra empezará a ser el Reino...

Si nosotros salimos a la vida partiendo nuestro pan con el hambriento, rompiendo piedra a piedra las discordias, poniendo el bien en todos los senderos.

Si nosotros salimos a la vida, viviendo en nuestra carne tu Evangelio, diciendo que es urgente despertarse, que sólo los sinceros ven tu Reino...

Entonces, Señor, la tierra empezará a ser tu Reino.

 

SI ME VOY ANTES QUE TÚ I




Si me voy antes que tú, no llores por mi ausencia; alégrate por todo lo que hemos amado juntos.

No me busques entre los muertos, en donde nunca estuvimos, encuéntrame, en todas aquellas cosas, que no habrían existido si tú y yo no las hubiéramos conocido.

Yo estaré a tu lado, sin duda alguna, en todo, lo que hayamos hecho juntos, en nuestra familia, en nuestros amigos, pero también en el sudor compartido, en el esfuerzo de cada día, en las lágrimas que a veces compartíamos juntos en silencio.

Y estaré también en todos aquellos, que pasaron a nuestro lado, que irremediablemente, recibieron algo de nosotros y llevan incorporado (sin ellos ni nosotros notarlo) algo de mí y algo de ti.

También nuestros fracasos, nuestras indolencias, y nuestros pecados, serán testigos permanentes, de que estuvimos vivos, y no fuimos ángeles, sino humanos.

No te ates a los recuerdos, ni a los objetos, porque donde quiera que mires, que hayamos estado, con quienquiera que hables, que nos conociese, allí habrá algo mío; aquello sería distinto, pero indudablemente distinto, si no hubiésemos aceptado vivir juntos nuestro amor, nuestra amistad, nuestras ilusiones, en la vida que he compartido contigo. El mundo estará ya siempre salpicado de nosotros.

 

SI ME VOY ANTES QUE TÚ II
 


No llores mi falta, porque sólo te faltará mi palabra nueva y mi calor de ese momento.

Llora si quieres porque el cuerpo se llena de lágrimas, ante todo aquello que es más grande que él; que no es capaz de comprender, pero que entiende como algo grandioso, porque cuando la lengua no es capaz de expresar una emoción, ya sólo pueden hablar los ojos.

Y vive, vive creando, cada día más que antes. Porque yo no sé cómo, pero estoy seguro, de que desde mi otra presencia, desde la otra orilla, yo también estaré creando junto a ti, y será precisamente en este acto de traer algo, que no estaba, donde nos hemos vuelto a encontrar.

Sin entenderlo muy bien, pero así es. Como los granos de trigo que no entienden que sus compañeros muertos en el campo han dado vida a muchos nuevos compañeros.

Así con esa esperanza, deberás continuar dejando tus huellas, para que cuando tu muerte, nos vuelva a dar la misma voz, cuando nuestro próximo abrazo nos incorpore ya sin rupturas a la Única Creación, a Cristo Jesús, muchos puedan decir de nosotros: Si no nos hubiesen querido, el mundo estaría más atrás.

Yo te pido desde la fe en Jesús de Nazaret, que entre todos intentemos dejar este mundo, a nuestra partida, en mejores condiciones a como lo encontramos a nuestra llegada. Y esto será posible si todos seguimos poniendo, allí donde estamos, aunque nos cueste, un poco más de servicio, de ayuda, de amor y de esperanza.
 
 

 

Las arrugas



Era un día soleado de otoño la primera vez que Bárbara se fijó en que el abuelo tenía muchísimas arrugas, no sólo en la cara, sino en todas partes.

- Abuelo, deberías darte la crema de mamá para las arrugas.

El abuelo sonrió y un montón de arrugas aparecieron en su cara.

¿Lo ves? Tienes demasiadas arrugas

Ya lo sé, Bárbara. Es que soy un poco viejo... Pero no quiero perder ni una sola de mis arrugas. Debajo de cada una guardo el recuerdo de algo que aprendí.

A Bárbara se le abrieron los ojos como si hubiera descubierto un tesoro, y así los mantuvo mientras el abuelo le enseñaba la arruga en la que guardaba el día que aprendió que era mejor perdonar que guardar rencor, o aquella otra que decía que escuchar era mejor que hablar, esa otra enorme que mostraba que es más importante dar que recibir o una muy escondida que decía que no había nada mejor que pasar el tiempo con los niños...

Desde aquel día a Bárbara su abuelo le parecía cada día más guapo, y con cada arruga que aparecía en su rostro, la niña iba corriendo para ver qué nueva lección había aprendido. Hasta que en una de aquellas charlas, fue su abuelo quien descubrió una pequeña arruga en el cuello de la niña:

- ¿Y tú? ¿Qué lección guardas ahí?

Bárbara se quedó pensando un momento. Luego sonrió y dijo:

Que no importa lo viejito que llegues a ser, abuelo, porque... ¡te quiero!
 


 
 

La voluntaria de Lourdes



Aquella chica sin manos, feliz de la vida ayudando a los demás. Podría pedir ser cuidada, estar atendida... y, sin embargo, servía.

Lourdes es una isla de silencio y oración en pleno continente europeo. Los peregrinos van y vienen en callada piedad, día y noche, todo el año. Muchos de los peregrinos son enfermos en silla de ruedas o en camilla, acompañados por chicos y chicas que hacen de enfermeros voluntarios.

A veces es tanta la gente voluntaria en Lourdes que para ayudar hay que hacer cola, y no escoges necesariamente el tipo de ayuda sino que se te es dado: un buen ejercicio de ayuda desinteresada.

Aquella semana de verano a nuestra pequeña cuadrilla le tocó lavar platos durante algunas comidas y cenas solamente, pues los demás turnos estaban ya cubiertos. Nos tocó en los edificios nuevos del hospital. Nos pusimos un delantal de plástico y, ¡a lavar platos! Modernas máquinas industriales multiplicaban nuestra buena voluntad. Era un comedor de enfermos minusválidos.

Voluntarias de otro grupo, con su uniforme de enfermera, se encargaban de repartir la comida y de asistir a aquellos enfermos que por sí mismos no podían tomar el alimento.

Nosotros veíamos aquello sólo de lejos. Las enfermeras iban y venían con platos sucios que te entregaban en las manos.

En un momento en que las máquinas hacían afanosamente su trabajo, mirando aquel comedor de ancianos y enfermos, vi a una chica joven que no tenía manos.

No era una de las enfermas. Era una de las azarosas enfermeras que iban y venían por todo el comedor sirviendo a los enfermos...

Vi cómo se acercaba a los enfermos y les ayudaba. Vi cómo cogía entre sus brazos una cuchara que metía en la sopa, y, con mucha precisión, la llevaba a la boca de una anciana que sí tenía manos pero que quizá ya no las controlaba o las tenía inmóviles. Una cucharada y otra cucharada... Yo, no podía creerlo. A esas alturas, de lo de lavar platos ya ni me acordaba...

Aquella enfermera seguía sirviendo a todo mundo. De pronto, con un plato vacío de sopa que sujetaba entre sus brazos, se acercó a nuestra zona de vajilla. Con manos temblorosas y un nudo en la garganta recibí el plato sucio que ella me entregó mientras sonreía. Era una chica francesa. Yo le devolví la sonrisa como pude... Ella se dio la media vuelta y se fue a seguir sirviendo a sus enfermos...

Aquella chica sin manos, feliz de la vida ayudando a los demás. Podría pedir ser cuidada, estar atendida... y, sin embargo, servía.

De esto fui testigo un día que se me ocurrió visitar Lourdes. ¿Qué cosas tan increíbles no sucederán ahí día tras día, año tras año?

María, desde tus santuarios, sigue tocando muchos corazones que descubran la más auténtica de las felicidades en la entrega a Dios y al prójimo.


¡Vence el mal con el bien! El servicio es gratuito 

 

¿Te has dado cuenta que...?


^ Cuando otro actúa de esa manera, decimos que tiene mal genio; pero cuando tú lo haces, son los nervios.

^ Cuando el otro se apega a sus métodos, es obstinado; pero cuando tú lo haces, es firmeza.

^ Cuando al otro no le gusta tu amigo, tiene prejuicios; pero cuando a ti no te gusta su amigo, sencillamente muestras ser un buen juez de la naturaleza humana.

^ Cuando el otro hace las cosas con calma, es una tortuga; pero cuando tú lo haces despacio es porque te gusta pensar las cosas.

^ Cuando el otro gasta mucho, es un despilfarro; pero cuando tú lo haces, eres generoso.

^ Cuando el otro encuentra defectos en las cosas, es maniático; pero cuando tú lo haces, es porque sabes discernir.

^ Cuando el otro tiene modales suaves, es débil; cuando tú lo haces, eres cortés.

^ Cuando el otro rompe algo, es torpe; cuando tú lo haces, eres enérgico.

^ ¿Por qué te fijas en las astillas que tiene tu hermano en el ojo y no te fijas en la viga que tienes en el tuyo?

^ Veamos las virtudes de los demás, y dejemos de juzgar, que conforme a nuestro juicio seremos juzgados.

 

Trata a una persona como es,

y seguirá siendo como es.

Trátala como podría ser,

y se convertirá en lo que debe ser. 

 

VIDA DE... ¡SACERDOTE!


Para repensárselo el día 8 de diciembre, día del Seminario.


Si el cura tiene un rostro joven es un ingenuo.

Si es pensativo es un eterno insatisfecho.

Si es agradable y atractivo: "¿por qué no se casó?".

Si es feo: "¡es que nadie lo ha querido!"

Si entra en los bares y las discotecas es un bebedor.

Si está en casa y no se mueve, es un extraño asceta.

Si pasa todo el día en la ciudad es un hombre de mundo.

Si viste con sotana, un conservador.

Si habla con los ricos es un capitalista.

Si está con los pobres, un comunista.

Si es gordo, vive sólo para sentarse a la mesa.

Si es delgado, un avaro.

Si habla del Concilio es un cura moderno.

Si habla del Catecismo ¡es un "tridentino"!

Si el cura predica largo es un aburrimiento.

Si durante la homilía alza el tono de voz, un gritón.

Si habla normal no se le entiende nada.

Si tiene un coche de última generación es demasiado mundano.

Si no tiene, ¡buf!, es que no está al día.

Si visita a sus feligreses, mete demasiado la nariz en sus cosas.

Si no se mueve de su casa, no se ocupa nunca de su gente.

Si hace una llamada a la colaboración económica, sólo piensa en dinero.

Si no organiza fiestas, la parroquia está más que muerta.

Si entretiene a los que se están confesando con preguntas, ¡es escándalo!.

Si en el confesionario va al grano, no les escucha lo suficiente.

Si comienza puntualmente la misa, su reloj adelanta.

Si la comienza con retraso, hace perder el tiempo a todo el mundo.

Si restaura la iglesia, es un malgastador.

Si es joven, no tiene experiencia.

Si es viejo, ya es hora de que vaya a una residencia.

Y si se va, o marcha de misiones, o le llega el final de la vida:

¿Quién lo va a sustituir...?

¿Valoro suficientemente la labor del sacerdote?

El próximo día 8 rezaremos para que tengamos buenos sacerdotes

Esperamos a un Jesús que nos trae propuestas de cambio en el Evangelio que nos anuncia. 

 

Avivar la esperanza
 


La imagen está tomada de la cultura doméstica. Avivar la esperanza es como avivar el fuego del hogar. Con las brasas que quedan de la jornada anterior se vuelve a encender la chimenea para dar calor y vida a la casa. "
Avivar la esperanza es como aprovechar las ascuas que quedan encendidas para pasarle la esperanza al día siguiente, a la generación siguiente; para no cerrarle las puertas al futuro".

No es tarea fácil. La esperanza se puede avivar y se puede matar. La esperanza no se impone a la fuerza ni por decreto. La despiertan quienes creen en la bondad del ser humano creado por Dios para una vida justa y dichosa. Por eso, avivar la esperanza exige, antes de nada, abrir los ojos para descubrir lo que hay de prometedor en las personas y en los pueblos.

De hecho, la mayoría de las personas están más próximas a la bondad, a la honestidad y a la convivencia pacífica que a los extremos contrarios impulsados por unos pocos. El hecho de que esta mayoría no sea noticia no le resta importancia. No se trata de ignorar el mal que una y otra vez se repite en la historia, sino de captar la fuerza del bien y el atractivo que tiene para el ser humano una convivencia justa y pacífica.

No parece inútil recordar estas cosas en un momento en que se desea impulsar un proceso de reconciliación pacificadora. La sociedad se construye sobre la mutua confianza, y si la violencia es un factor tan corrosivo lo es precisamente porque destruye ese cimiento de la vida social. Así ha sucedido entre nosotros. La mutua confianza ha quedado profundamente deteriorada y hasta rota entre grupos sociales o políticos.

Un proceso de reconciliación exige crear un clima social diferente. Hemos de decidir cómo queremos que sean en adelante nuestras relaciones. ¿Buscamos juntos lo mejor para todos o nos seguimos excluyendo y rechazando unos a otros?. ¿Afrontamos los conflictos por la vía del diálogo y del consenso o seguimos el camino de la fuerza y de la imposición?

La respuesta a estas preguntas puede ayudarnos a aclarar la actitud que debemos tomar ante la llamada concreta que se nos hace en Adviento:
"vivir avivando la esperanza y preparando gestos de paz y de justicia al Señor".
 
 

 

La gente que a Dios le gusta


Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace en menos tiempo de lo esperado.

Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar.

Me gusta la gente estricta con su gente y consigo misma, pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.

Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo, entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables.

Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó.

Me gusta la gente que al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente; a éstos los llamo mis amigos.

Me gusta la gente fiel y persistente, que no fallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Me gusta la gente que trabaja por resultados.

Con gente como esa, me comprometo a lo que sea, ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido.

La gente que a Dios le gusta

 


Debemos aprender a estar suficientemente callados para escuchar el sonido de lo auténtico que anida en cada ser humano, de modo que podamos apreciarlo en los demás.

 

 

SEÑOR, DAME EN ESTE TIEMPO ENTRAÑAS DE MISERICORDIA (1)


(1) Misericordia: sentimiento que inclina el corazón a compadecerse de las miserias, desgracias y necesidades ajenas



Si yo tuviera entrañas de misericordia...

saldría de mi casa para encontrarme con los necesitados;

de mi apatía, para ayudar a los que sufren;

de mi ignorancia, para conocer a los ignorados;

de mis caprichos, para socorrer a los hambrientos;

de mi actitud crítica, para comprender a los que fallan;

de mi suficiencia, para estar con quienes no se valen;

de mis prisas, para dar un poco de mi tiempo a los abandonados;

de mi mundo de seguridades, para acompañar a los que viven perseguidos;

de mi pereza, para socorrer a quienes están cansados de gritar;

de mi burguesía, para compartir con los pobres.


Si yo tuviera entrañas de misericordia...

aprovecharía mi experiencia para ayudar a los equivocados;

mi ternura, para acoger a emigrantes y niños;

mi salud, para acompañar a enfermos y ancianos;

mi ciencia, para orientar a los perdidos;

mi responsabilidad, para cuidar a los abandonados;

mi rectitud, para buscar a los pródigos;

mi paz interior, para reconciliar a los enemigos;

mi amor, para acoger a los desengañados;

mi oración, para hacerme más hijo y hermano;

mi vida, para darla a quien la necesita.

¡Señor, dame entrañas de misericordia!

 

CADA DÍA...



Para que la familia crezca se necesita mucho cuidado, mucha atención, mucho respeto, mucha paciencia.

Por eso la familia es laboratorio y escuela de personalización, es iglesia y sacramento de santificación.

La familia, como todas las cosas muy valiosas, se puede estropear, se puede corromper. Y así puede degenerar en costumbre y rutina, en incomprensión y abuso, en violencia y terrorismo, en ruptura y muerte. Por eso además de la oración y la gracia se necesita el cultivo de cada día.

La familia no es una casa terminada, hay que construirla cada día; no es un tesoro que se guarda, es una semilla que se cuida.

 

Algunos principios:

Propiciar el diálogo sincero, para un mejor conocimiento y comprensión.

Renovar los gestos del amor, aunque sean sencillos, para evitar la rutina, que mata calladamente.

Crecer en la confianza, que es hija del amor verdadero, sin anidar sombra alguna de engaños o de celos.

Sentirse responsable del otro, ofreciendo la ayuda necesaria, pero respetando siempre su misterio.

Pedir el perdón necesario, por lo que hemos hecho mal o por lo que hemos dejado de hacer; no acostarse nunca con resentimiento.

Un paso más cada día en el camino del amor, mejor servicio, mejorar la relación, mejorar el trato, mejorar la conversación.

Vigilar para vivir la gratuidad, evitando cualquier tipo de posesión, exigencia o recompensa, en las palabras, en los cuidados, en los silencios, en los gestos. Hay muchas maneras de herir al otro. El amor no hace sufrir si no es para mejorar.

No ser blandos y complacientes a la hora de educar. No hay fruto sin esfuerzo y sin poda. Sepamos exigir lo que el otro está llamado a ser.

Contar con la presencia de Cristo y la ayuda de Dios. La fe es nuestra victoria y la oración nuestra fuerza mayor.




FELIZ AÑO NUEVO . URTE BERRI ON 

 

el amor TE ACEPTA tal como eres.


AFIRMA tu bondad y tus dones.

SE PREOCUPA por ti, quiere saber que estás bien.

TE IMPULSA a que te desarrolles plenamente.

EMPATIZA: sabe lo que se siente siendo tú.

TE ANIMA a que creas en ti mismo.

ES AMABLE en tu trato contigo.

GUARDA LOS SECRETOS: tus confidencias están a salvo.

ES BONDADOSO: siempre te apoya y está a tu lado.

SE RÍE MUCHO, siempre contigo, nunca de ti.

BUSCA TU BONDAD y la encuentra.

HACE QUE TE SIENTAS satisfecho de ser tú mismo.

NO TIENE EN CUENTA tus absurdas vanidades y debilidades humanas.

ORA por tus necesidades y por tu crecimiento.

VE en ti aspectos positivos que los demás no han visto.

COMPARTE contigo su ser mostrándose tal como es.

HABLA A TU FAVOR cuando necesitas que te defiendan.

TIENE TACTO incluso cuando se enfrenta contigo.

ASUME LA RESPONSABILIDAD de su propio comportamiento.

TE DICE LA VERDAD siempre y con honestidad.

PIENSA en ti y en tus necesidades.

ES DURO O TIERNO, según lo que necesites.

COMPRENDE tus altibajos, te permite tener «malos días».

 

el amor NO ABUSA de ti ni se desinteresa de ti.

NO TE PIDE que te alteres tu ritmo.

NO TE CULPA ni te guarda rencor.

NO TE CHANTAJEA con rabietas, llantos ni gritos.

NO DISCUTE como si en ello le fuera la vida.

NO TE DA consejos que no hayas pedido.

NO TE JUZGA ni te dice «en qué consiste tu problema».

NO TE TOLERA como si te hiciera un favor.

NO TE HACE JUSTIFICARTE una y otra vez.

NO NECESITA tener siempre razón ni todas las respuestas.

NO SE ENFURRUÑA ni se niega a hablar contigo.

NO TE CASTIGA en venganza por haberte equivocado.

NO RECUERDA todas las cosas que has hechos mal.

NO BUSCA atraer la atención sobre si mismo.

NO HACE ALARDES para que sepas quién es quién.

NO SOCAVA tu confianza en ti mismo.

NO TE USA para sus propios fines y luego te rechaza.

NO VUELCA sus emociones en ti como si fueras el cubo de la basura.

NO PRESCINDE DE TI por el hecho de que no hayas satisfecho todas sus expectativas.


 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

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