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CONTRAPORTADA

EL DOMINGO

 

 

 El Domingo
Valorarse y aceptarse a sí mismoMárcate un tiempo muerto en tu vida
¿Se me nota?Cosquillas en el corazón
Piensa bienPoema del alzheimer
Voy a luchar por vosotrosUna cosa es ser Dios y otra ser Abbá
Una comida diferente Mejorar la comunicación en familia
20 factores del éxito en el matrimonio Víctimas de la violencia doméstica
Acogida al emigrante El bueno nunca es tonto
SordosLos nuncas de nuestra vida
Mi abuela 

 

 

 

 

Mi abuela



El viernes estuve con mi abuela.

Cuando la abrazo, me mira, me aprieta la mano y me sonríe. Rebusca en sus recuerdos, y ni la mente ni la palabra le salen al encuentro para ponerme nombre.

Pero me mira, y me sonríe.

Su vida desde hace algún tiempo transcurre entre las cuatro paredes de las casas de sus hijos, algún paseo en parajes que no recuerda, y los rostros, cercanos pero sin nombre, de quienes desde siempre tanto la hemos querido.

Ya no recuerda las cosas, las caras, ni los lugares. Los nombres y las palabras que quieren salir se atropellan en una boca que apenas articula tres palabras seguidas. Apenas sale, olvida hasta los movimientos, pero no quiere quedarse sola, o en otras manos. Busca y rebusca lo conocido, su gente y su lugar, supongo que en el anhelo de enraizarse en esas poquitas cosas que muy, muy dentro le dan algo de seguridad.

El viernes estuve con ella y, como siempre desde hace algunos años, con un nudo en la garganta la beso, le digo cosas al oído, le cuento como andan las cosas, y le agarro la mano, que se asienta temblorosa sobre la mía. Y también como casi siempre, ella balbucea algo que apenas entiendo. No sé si sabe quién soy, me reconforta pensar que sí, que en su mirada hay algo de la complicidad de entonces.

Pero las dudas se evaporan, porque cuando la miro y le aprieto la mano, ella me mira y me sonríe.

Me cuesta aceptar que sigue siendo la misma, que detrás de su silencio y sus rituales, de ese "ivenga, venga...!" que murmura hacia ninguna parte, palpita mi abuela de siempre.

Me cuesta entender la forma en que han organizado su cuidado; verla viajar de casa en casa, perdiendo por el camino la orientación, la memoria y la vida. Pero a pesar de todo, veo y respiro todo el cariño y el empeño que sus hijos e hijas ponen en su cuidado. A pesar de la pérdida de autonomía, de que las fuerzas también se van mermando, cada uno a su manera, la abrazan con su cuidado desde el fondo de su alma.

Me cuesta no hablar de ella en su presencia, como si fuera sorda o no estuviera. Me cuesta decirles a otros que ella está presente y que desde su silencio nos oye de otra manera.

Me cuesta oír a mis hijos decir que les quita los juguetes, y explicarles qué es lo que en este tiempo a ella le pasa. Les canto las canciones que mi abuela les tarareaba, y que sólo los más pequeños albergarán en algún lugar de esa memoria que ya veo que de mayor baila, baila y baila.

Intento recuperar palabras y recuerdos, fotografiar todas sus miradas. Para atraparla entre mis papeles, para que viva más allá de mi memoria, para poder contarles a mis hijos cómo era su birramama.

El viernes estuve con ella. Rasqué la tarde y, con el cansancio de la semana y de la mano de tres de mis hijos, cené con mis padres, y también con ella. Sentada a su lado, obedecí instrucciones de mi ama y fui partiendo como a los pequeños el huevo y la patatas. Y casi al final la invité a acabar el yogur, porque su mano ya no se levantaba.

Doy gracias a Dios que se me hace carne en mi abuela. Que me ha regalado la gracia de su vida, de su cariño, de su caricia, de su sonrisa. Y sé que el viernes, y todos los días que me puedo regalar su muda compañía, Dios con ella acaricia mi vida, me hace un guiño... me mira y me sonríe.

 

 

LOS NUNCAS DE NUESTRA VIDA...
 


SI NUNCA rompes un racimo de uva en el lagar, nunca tendrás un vaso de vino sobre tu mesa.

Si nunca te arriesgas a perder, nunca te das la oportunidad de ganar.

Si nunca afrontas la pena de partir, nunca conocerás la alegría del regreso.

Si nunca sufres muriéndote en la siembra, nunca gozarás en la cosecha.

Si nunca te dueles bajo el peso de tu culpa, nunca saborearás el alivio del perdón.

Si nunca mueles los granos de tu trigo, nunca conocerás el sabor del pan.

Si nunca afrontas el miedo de dejar de ser como eres, nunca descubrirás la alegría de ser como puedes ser.

Si nunca estas dispuesto a dejar todo lo que tienes, nunca sentirás que lo tienes libremente.

Si nunca estás dispuesto a morir por una causa, nunca sabrás para qué vives.

Si nunca desafías tu pena, y dejas de reír para llorar, nunca conocerás la dicha del que deja de llorar para reír.

Si nunca te arriesgas a cruzar el río, nunca sabrás lo que te aguarda en la otra orilla...

Si nunca...

 

¿Podrías agregar algo más?

 

 

Sordos


Dos amigos caminaban juntos por las calles de una gran ciudad.

Uno de ellos era un joven alemán, acostumbrado al asfalto y a los ruidos de una gran urbe.

El otro era un yogui hindú amigo suyo, que estaba de visita.

Eran como el día y la noche. Uno llevaba zapatillas deportivas de última moda y una gorra de béisbol. El otro lucía ropas anaranjadas y caminaba descalzo, siguiendo como podía a su amigo.

Antes de cruzar un semáforo, el yogui cogió a su amigo del brazo y le dijo:

«Escucha atentamente. Está cantando un pájaro».

A lo que su amigo respondió:

«No digas tonterías. Aquí en la ciudad no hay pájaros».

Siguieron caminando y, al cabo de un rato, el yogui dejó caer una moneda. Al instante, el muchacho alemán se detuvo y le dijo:

«Espera, ha caído algo. Sí, mira allí».

Y antes de que la recogiera otra persona, se agachó para recuperar la moneda. Entonces, el yogui sonrió y se dirigió a su amigo con estas palabras:

«Tus oídos son muy sensibles al dinero. Basta el más mínimo tintineo sobre el asfalto para que detectes la moneda que ha caído. Pero son totalmente sordos a la naturaleza».

Así es, si sólo pensamos en el dinero y las cosas materiales, nos perderemos la belleza, la alegría y los colores de la vida.

"No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra... Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón". (Mt. 6. 19.21) ¿Cuál es tu tesoro?

 

 

 

EL BUENO NUNCA ES TONTO



La Bondad consiste en dar el "bien", en ofrecer lo bueno, lo que no daña al otro ni le perjudica. Pero también significa o implica dar bien, es decir, apropiada y justamente.

"Es tan bueno que parece tonto". Es ésta una expresión tan frecuente como popular pero que sólo adquiere sentido aplicado al ego, en tanto y en cuanto "quiere parecer tan bueno que es tonto".

Sólo nuestro falso yo, la imagen que queremos mostrar, el personaje que nos gusta representar de cara a la galería confunde la bondad con la insensatez o la estupidez.

De la persona buena puede sacarse mucho provecho, ya que es una fuente de benevolencia, dulzura y entrega pero nadie puede aprovecharse de ella, simplemente porque nunca lo permitiría. Si dejo que alguien se aproveche de mi yo me convierto en víctima y, en ese mismo instante, estoy conformando o manteniendo al otro como agresor.

Necio es quien cree ganar algo quitando o mermando a los otros como también lo es quien da para conseguir o quien sustenta su bienestar en la posesión de una cosa, de prestigio o de poder.

Si algo caracteriza al que es bueno es su estar despierto y su lucidez.
Por eso "sabe dar lo justo a quien lo necesita, cuando es conveniente y del modo más adecuado". Nunca da lo innecesario ni se ofrece para lo superfluo y jamás hace nada por el otro que éste pueda hacer por sí mismo.

El bueno colabora, el necio reemplaza.

El bueno responde, el tonto se adelanta.

El bueno hace con el otro, el necio hace por el otro.

El bueno acompaña, el tonto sustituye. Aquél ayuda, éste soluciona.

La persona buena no renuncia a nada para colmar el exceso de otros, pero puede renunciar a cualquier cosa para satisfacer la demanda justa de alguien realmente necesitado. La renuncia o donación del bueno es siempre un gesto de afirmación y por eso es vivido con satisfacción y gozo. No se siente menguar en nada porque siempre está colmado de su sí mismo.

Finalmente, también huye de la tentación de universalizar su bien porque reconoce que no necesariamente lo bueno para él es bueno para otros.

El bueno vive siempre su capacidad de donación y entrega hasta el extremo, pero no en exceso.
 

 

 

ACOGIDA AL EMIGRANTE

ALGO PODREMOS HACER EN ESTOS TIEMPOS

 

Un emigrante no es un aventurero atrevido que marcha de su país alegremente. Es, más bien, una persona que se ve empujada a marchar para buscar —donde sea y como pueda— los medios de subsistencia para él y para su familia, y así vivir con unos mínimos de dignidad.

Cada persona tiene un mundo, tierra, familia, cultura, costumbres, religión, entorno, que lo ha ayudado a ser. El inmigrante se encuentra de repente en otro mundo donde todas estas cosas son diferentes o, quizás aún peor, indiferentes a sus angustias, necesidades, anhelos y esperanzas.

Es claro que el problema tiene raíces de orden socio-político-económico, delante de las cuales podemos encontrarnos sobrepasados: el desequilibrio Norte-Sur. Pero las actitudes personales que tomamos ante el inmigrante sí que dependen de nosotros, de nuestra capacidad de ver y valorar a los otros corno un "alter ego", como una extensión de mi propio yo.


Algunas actitudes positivas ante el inmigrante

1.-Estar convencidos vitalmente de que todos somos hijos de la misma naturaleza creada por Dios y que los aspectos más vitales nos unen por más que queramos diferenciarnos: nacemos, sentimos, sufrimos, morimos...

2. Crear conocimiento. El desconocimiento suele ser engañoso; el acercamiento, en cambio rompe barreras psicológico-mentales y nos hace descubrir al otro en toda su peculiar riqueza.

3. Respetar las dimensiones de la persona que provienen de una cultura diferente de la nuestra y que se han alimentado de otros conceptos vitales. Y así descubrir el hecho de la diversidad.

4. No ser curiosos ni irónicos con sus costumbres y creencias porque pertenecen a la intimidad de cada persona; en todo caso, preguntar con todo respeto sobre aquello que desconocemos para poder valorarlo.

5. Buscar siempre los puntos comunes y aquello diferente que puede enriquecernos mutuamente cuando lo compartimos con respeto y aprecio.

6. Buscar un trato concreto, distendido, y ajeno a las relaciones laborales, con algunos de ellos

7. Reconocer los derechos de los inmigrantes antes de exigirles que cumplan sus obligaciones.

8. Tener cuidado de usar un lenguaje no discriminatorio que no menosprecie ninguna raza, color, creencia o cultura.

9. Saber descubrir y admirar las formas de vivir que aportan valores de los cuales está necesitada nuestra sociedad (como el sentido de la hospitalidad, de la fiesta, de la comunidad...).

1
0. Hacer consciente que su presencia nos ayuda a vivir con más profundidad nuestra fe cristiana.



He aquí algunas actitudes hacia el inmigrante

que nos ayudarán a ser más tolerantes,

justos y en definitiva más humanos.
 

 
 

20 FACTORES DEL ÉXITO EN EL AMOR MATRIMONIAL

según la experiencia de 100 matrimonios que viven felices


• Amor comprometido y de entrega que requiere esfuerzo diario:

1. Casarse para toda la vida: haber tenido claro que el matrimonio es para siempre

2. La entrega total al otro cónyuge en la vida diaria: contar desde el principio con que habrá dificultades y que se pueden superar poniendo los medios.

• Amor creciente, siempre vivo y renovado:

3. Ser consciente de que el amor no es un hecho cumplido en el momento de la boda: es algo que se construye cada día, es una conquista permanente. Hay que recomenzar siempre, reestrenar el amor cada mañana, evitar "acostumbrarse" a vivir con el otro cayendo en la rutina. El verdadero amor sabe inventar, sabe renovarse con creatividad

4. Utilizar recursos para mantener la relación en buen estado y prevenir posibles conflictos: hablar a tiempo, reconocer errores, saber disculparse, saber ceder ("dar el brazo a torcer"), llegar a acuerdos, ofrecer actos de desagravio, etc.

• Amor humilde, no autosuficiente, que se deja formar y ayudar, que sabe aprender:

5. Contar con las ayudas sobrenaturales propias del matrimonio cristiano, que facilitan cumplir los deberes conyugales y superar los momentos difíciles

6. El buen recuerdo de unos padres que se amaban de verdad como esposos

7. Un buen noviazgo: trato personal, diálogo, sinceridad, conocimiento y respeto mutuo; orientado a un posible matrimonio.

• Amor que supera el "yo" y el "tú" para llegar al "nosotros":

8. Ver siempre al otro cónyuge como lo primero o prioritario en la propia vida; darle atención preferente sobre otras personas e intereses

9. Ser feliz como efecto de hacer feliz al otro cónyuge; vivir para hacerle feliz

10. Compartir experiencias, problemas, estados de ánimo. Interesarse por las cosas del otro. Saber entrar en su mundo. Contar con el otro al tomar decisiones

11. Expresar abiertamente los sentimientos venciendo posibles falsos pudores y el miedo a confiarse totalmente en el otro cónyuge

12. Ser amigos además de cónyuges

13. Admirar al otro y mostrarle que se le admira

14. Aceptar y querer al otro como es, sin pretender cambiarle o adaptarle a la propia forma de ser

15. Convivir como personas que se quieren: sinceridad (no tener secretos con el otro), confianza, comprensión, respeto, buenos modales, delicadeza en el trato, saber callar, saber escuchar, no decir siempre la última palabra

16. Buscar un rato cada día para estar los dos solos y conversar. Disfrutar de la íntima compañía. Hablar de todo y pasarlo bien juntos. Crear situaciones agradables que sean materia para los buenos recuerdos

17. Cuidar cada día los pequeños detalles que hacen más grata la vida al otro.

• Amor positivo y flexible:

18. Resolver los conflictos en el día; no acostarse reñidos; dar el primer paso para hablar; saber reconocer errores, pedir perdón y perdonar

19, En los enfrentamientos apelar a los buenos recuerdos y recurrir al buen humor, que desdramatiza los problemas y ayuda a ver la realidad por su lado más favorable

20. Saber ajustar y afinar la relación amorosa ante los sucesivos cambios que, con el paso del tiempo, se van produciendo en la vida conyugal y familiar
 

 

 

Víctimas de la violencia doméstica

Probablemente,
Jesús sólo pronunció tres bienaventuranzas: las que declaran dichosos a los pobres, a los hambrientos y los afligidos. Las demás fueron añadidas más tarde extendiendo a otras áreas su mensaje. ¿Será excesivo atrevimiento hacer hoy algo semejante ante la violencia doméstica?

Dichosas vosotras que sufrís en silencio la amenaza constante de vuestros esposos, sin que nadie sospeche vuestra angustia, vuestro miedo, insomnios y depresión. Aunque os cueste creerlo, Dios no se olvida de vosotras.

Ay de nosotros los varones, que no tenemos inteligencia ni corazón para reconocer el sufrimiento que generamos en la mujer desde nuestras posiciones machistas y dominantes. Dios confundirá un día nuestra ceguera y prepotencia.


Dichosas vosotras que vivís aterrorizadas por los insultos, golpes y agresiones de vuestra pareja, sin saber cómo defenderos a vosotras mismas y a vuestros hijos de su acoso y violencia diaria. Dios está sufriendo con vosotras.

Ay de nosotros que seleccionamos las víctimas que merecen nuestra atención e interés, y olvidamos a las mujeres que sufren el «terrorismo doméstico», dejando sin protección a quienes más lo necesitan. Dios desprecia nuestra indiferencia e hipocresía.


Dichosas vosotras que os sentís ridiculizadas y humilladas por vuestra pareja ante vuestros propios hijos y ante amigos y conocidos, hasta ver destruida vuestra personalidad. Dios es el primer defensor de vuestra dignidad.

Ay de nosotros, los creyentes, que vivimos tranquilos pidiendo a Dios por el bienestar de nuestra familia, sin recordar en nuestra Eucaristía a las víctimas de esta tragedia doméstica. ¿Cómo va a escuchar Dios nuestra plegaria?


Dichosas vosotras que vivís en la impotencia, la inseguridad y el desprecio, sometidas al servilismo o perversamente culpabilizadas por vuestra pareja. Tenéis un lugar especial en el corazón de Dios.

Ay de nosotros, los eclesiásticos, que lo ignoramos casi todo de la violencia doméstica y no gritamos a los varones la necesidad urgente de conversión. ¿Quién reconocerá en nuestra predicación al Dios de Jesús?
 

 

 

VALORARSE Y ACEPTARSE A SI MISMO

 

Hoy, en el autobús, vi una bella muchacha
de dorada caballera.

Me ha dado envidia. Parecía tan feliz,
y he deseado ser tan hermosa como ella.

De pronto, se ha levantado para salir,
y la he visto cojear por el pasillo;
sólo tenía una pierna y llevaba una muleta,
pero me sonrió, al pasar.

¡Oh Dios, perdóname cuando me quejo;
que yo tengo dos pies... y el mundo es mío!

(ANÓNIMO)


1. Las personas que se aceptan a sí mismas son felices.

2. A las personas que se aceptan a sí mismas les resulta fácil relacionarse con los demás.

3. Las personas que se aceptan a sí mismas siempre están abiertas a ser amadas y elogiadas.

4. Las personas que se aceptan tienen el poder de ser realmente ellas mismas.

5. Las personas que se aceptan a sí mismas se aceptan tal como son en el momento presente.

6. Las personas que se aceptan son capaces de reírse de sí mismas con frecuencia y sin dificultad.

7. Las personas que se aceptan a sí mismas tienen la habilidad de reconocer y atender sus propias necesidades.

8. Las personas que se aceptan a sí mismas son independientes.

9. Las personas que se aceptan a sí mismas mantienen un buen contacto con la realidad.

10. Las personas que se aceptan a sí mismas son asertivas.

 

¡Márcate un tiempo muerto en tu vida!
 


Amigo, veinticuatro horas tiene un día y, me imagino, que tú como tantas personas entre las que me incluyo yo, necesitaríamos de alguna hora más... Jugamos el partido de la vida a tiempo corrido, sin pensar, y claro... ¡las buenas jugadas brillan por su ausencia!.

Te invito a que a partir de hoy hagas, al menos 10 tiempos muertos a lo largo del día. Cada tiempo muerto de un minuto... ¿te atreves?... Pues apunta:

1. Piensa en algo bonito que te haya ocurrido últimamente.

2. En tu trabajo, en tu..., acércate a alguien con el que no hayas hablado nunca o muy poco, y pregúntale simplemente qué tal está.

3. Manda un mensaje de ánimo, de alegría, de amistad... a alguien que guardaste en la agencia del móvil por compromiso o por interés y que tienes pensado borrar de la memoria.

4. Descubre "algo bueno" en esa persona para la que siempre tienes pensamientos negativos.

5. Abre la Biblia, por algún evangelio, escoge al azar dos o tres versículos, y piensa qué es lo que Dios quiere hoy de ti.

6. Sonríe... sí, aunque no tengas motivos, sonríe sin pensar en absoluto, ¡sonríe y punto!.

7. Quédate mirando a un niño, presta mucha atención a todo lo que hace: sus gestos, sus palabras, su mirada...

8. Repite varias veces y en voz baja lo pletórico que estás hoy, porque DIOS te quiere con toda su alma.

9. Echa una parrafada con Jesús, de lo que sea, del trabajo, de la novia, del mendigo de la esquina o del último grano que te ha salido esta mañana.

10. Simplemente cierra los ojos y haz silencio en tu vida.

Ya ves, amigo, que no hay que tener un bagaje cultural impresionante o una preparación intelectual descomunal para llevar a cabo estos tiempos muertos. Sólo hace falta un poco de tiempo...
¡Ánimo! Verás cómo las jugadas que hagas después de cada tiempo muerto ganan muchos enteros.

 

¿SE ME NOTA?



Se nota fácilmente quienes siguen a Jesús Resucitado. Tienen un encanto especial.

Son alegres y acogedores.

No se dan importancia ni buscan aplauso o recompensa de cualquier tipo.

Están siempre dispuestos a aceptar los trabajos más duros o más humildes.

Son sinceros y responsables.

No tienen miedo o saben vencer el miedo.

No se echan para atrás.

Son colaboradores, participativos, imaginativos.

Siempre personas de esperanza, positivas.

Y son especialmente amistosas y pacificadoras cálidas y cercanas, personas de toda confianza.


VIVEN O SE ESFUERZAN POR VIVIR LAS BIENAVENTURANZAS.

No aman la riqueza por encima de todo, son austeras, sin apegos, saben compartir incluso de lo que necesitan. Hacen opción por los pobres y se esfuerzan por ser pobres. No consienten la pobreza miserable para ningún hijo de Dios.

No cultivan el orgullo ni se creen superiores. No envidian ni se comparan. Son humildes, vacías de sí mismas. Es la pobreza interior, la más difícil. Por eso son personas sufridas, llenas de paciencia y mansedumbre. No se sienten ofendidas, porque no viven para sí.

No son indiferentes ante los demás, sino sensibles y compasivas. Saben llorar con los que lloran, perfectas consoladoras. Otros lloran por los golpes que reciben, porque la vida les trata mal. ¡Cuántas lágrimas amargas e inocentes! No se rebelan ni odian ni se desesperan, pero lloran.

No toleran la injusticia, aunque sea al más pequeño. Luchan por un mundo solidario, en que todos consigan su dignidad y sus derechos. Sueñan con un mundo nuevo, con la civilización del amor.

No son duras inquisidoras, sino comprensivas y compasivas. Tienen entrañas de misericordia. Saben perdonar, estar cercanas, volcarse sobre las miserias humanas. Se conmueven ante cualquier sufrimiento, como Dios.

No aman la impureza o la mentira. Tienen el corazón limpio. Son libres, no les esclavizan los vicios. Son auténticas, transparentes, verdaderas. Se lavan con agua de arrepentimiento, reconocen su fallo o su error.

No utilizan la violencia, sólo para sí mismas. Pero irradian la paz, y la crean, la defienden. Para todos, personas amigas del diálogo y promotoras de reconciliación y del perdón.

No se acobardan a la hora de defender al oprimido. Lo defienden siempre aún a riesgo de ser criticadas y perseguidas. Son profetas de la libertad y la justicia, y por eso, tantas veces son mártires.
 



¿ME REFLEJO EN ALGUNO DE ESTOS RASGOS?

 

 

COSQUILLAS EN EL CORAZÓN


Mientras socialmente publicitamos como camino a la felicidad el consumo, la acumulación de cosas y el disfrute de placeres, hay quienes escogen el recoleto sendero de la renuncia. Elena era una chica normal y corriente, estudiante de Farmacia, que salía a divertirse y le encantaba ir al cine. Hasta que conoció a las monjas que atendían la residencia universitaria en que se alojaba en Sevilla.

"Me llamaba mucho la atención lo alegres que estaban siempre y me preguntaba qué sed debían tener para dejarlo todo y entregar su vida a Dios". Así fue cómo aquella joven extremeña se convirtió en la monja Elena, que hoy, con 43 años, es responsable del monasterio de Concepcíonistas Franciscanas Santa María del Socorro.

"Yo sabía que la clausura me suponía renunciar a estar presente físicamente en acontecimientos de mi familia. También me hubiera gustado viajar por el mundo o ir al cine los domingos por la tarde. Pero yo no vivo desde la renuncia, sino desde la acogida a la opción que he elegido y que me llena de felicidad".

Cuesta entenderlo, pero la monja Elena asegura que la vida contemplativa colma todas sus aspiraciones. "Sí, me encuentro a gusto con lo que soy y con lo que el Señor me ofrece. Y no es sólo porque a veces me haga cosquillas el corazón, sino por muchas otras pequeñas cosas que recibo del contacto con otras personas. Estoy a gusto con lo que estoy haciendo. No vivo desde la frustración".

La monja Elena tiene una explicación más para quienes no encuentran sentido a renunciar a todos los placeres y oportunidades que ofrece el mundo exterior. "En todos los aspectos de la vida tenemos que estar abiertos al amor, y el amor implica siempre renuncia, pero da la felicidad. A cada cual desde su propia vocación".

 

PIENSA BIEN


-Piensa bien, pues los que te han hecho sufrir, tal vez no sean tan malos. Manifiesta, eso sí, tu dolor, con paz y tranquilidad.

-Piensa bien, pues los que no son de tus ideas políticas o religiosas, no tienen por qué ser tus enemigos. Aprende a distinguir el enemigo del adversario. Este piensa distinto de ti; aquel está en contra de tu persona. En todo caso, aprende a perdonar y él también cambiará.

-Piensa bien, pues los que no discurren como tú, tal vez no sean unos ignorantes. ¡Qué bien sí somos capaces de encajar e integrar las ideas de todos! Respeta las suyas y haz que respeten las tuyas, con eficacia pero sin agresividad.

-Piensa bien, pues los que no te caen simpáticos no tienen por qué ser malas personas. Tal vez no son muy buenas pero no conectas con ellas. Examínate qué parte tienes tú en su actitud.

-Piensa bien, pues los que son más viejos que tú, tal vez no sean unos atrasados. Han vivido mucho y quizás han sufrirlo mucho. Aprovéchate de su experiencia y de su interioridad. Quiérelos por encima de sus ideas con tal de que te dejen a ti actuar en paz.

-Piensa bien, pues los que son más jóvenes que yo tal vez no sean unos inexpertos. Ahora tienen más preparación. Escúchalos y sé paciente con ellos.

-Piensa bien, pues los que tienen más éxito que tú tal vez lo han merecido o han dedicado más esfuerzo. Acepta incluso que han tenido más suerte. Lo ganará tu corazón.

-Piensa bien, pues los que te contradicen tal vez tienen razón. Dales las gracias, porque ayudan a clarificar tus ideas, confirmar los puntos clave y purificar tus actitudes.

-Piensa bien, pues los que te han dicho una palabra amable tal vez lo han dicho desinteresadamente, sin pedir nada a cambio si no es un ambiente de cordialidad. Devuélvesela tú a ellos igual.

- Piensa bien, pues los que te han hecho un favor, tal vez lo han hecho de mil amares. Suele suceder. Y haz tú lo mismo con entrega y generosidad.

 

POEMA DE ALZHEIMER



No me pidas que recuerde algo,
lo que tú pretendes que yo recuerde.

No trates de hacerme comprender nada

No intentes explicármelo.
Déjame descansar.

Sólo te pido una cosa:

Hazme saber que estás conmigo.

Abraza mi cuello y acaricia mi mano.

Estréchame fuerte en tus brazos.

Estoy triste, enfermo y perdido.

Todo lo que sé es que te necesito.

No me abandones.

No pierdas la paciencia conmigo.

No jures, no grites, no llores.
Es que no puedo hacer nada
con lo que me ocurre.

No puedo sacar nada de mí.
Sólo sé darte mis manos.

Aun si trato de ser diferente, no lo logro.
Se me oscurece todo. Todo.

Recuerda que te necesito.

Que lo mejor de mí ya se perdió
en la profunda niebla de mi atardecer prematuro.

Tú no me abandones, quédate a mi lado.

Ámame, hasta el fin de mi vida.
 

 

 

Voy a luchar por vosotros, porque no hay nada que me de más calma que imaginaros a todos descansando con vuestros ojitos cerrados paseando por el país de los sueños. Con la ilusión de mañana volver a la escuela a llenar de carcajadas los patios del colegio.

Que las aulas se adornen con la inocencia de vuestras miradas.

Para mí no hay nada más especial que verte echarle el brazo por encima a ese compañero que lo necesita tras la comprensión de un suspiro.

Los niños no entendéis de violencia y nosotros tenemos que seguir enseñándoos que ese término no significa nada, está vacío, hueco de significado, que sólo existe el término sonrisa e ilusión, para poder seguir disfrutando de vuestras pestañas llenas de pasión en la cena antes de ir a dormir.

Yo estoy aquí con las mismas ganas de protegerte que tienes tú por jugar mañana con la brisa que despeina tu pelo, y los rayos de sol que nunca se cansaran de peinar las carreras de tu alegría.

No me llores pequeña que mañana el día comienza de nuevo, y yo volveré a estar aquí contigo, agarrando fuerte tu mano, demostrándote que el miedo desaparece si lo miramos los dos de frente, nada hay que temer, porque por grande que le pareció Goliat a David, al final resultó que lo único que había que tener grande para arrodillar a ese gigante era el corazón de buenas noches familiar.

Feliz viaje a las estrellas

 

 

Jesús decía: "iAbbd, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mi esta copa,

pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres (Mc.14, 36)

¡No recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes

bien recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar:

¡Abbd, Padre! (Rom. 8,15)


Una cosa es ser Dios y otra ser Abbá.


Dices "Dios" y se te llena la casa
de teólogos, filósofos, obispos
y hasta la Inquisición con sus calculadoras de herejes.

"Dios" es una palabra demasiado contaminada
para expresar a Dios.

Diciendo, en cambio, "Abbá"
no sabes muy bien lo que dices
(¿acaso lo sabe un niño cuando balbucea "papá"?)
pero, hablando de Dios, es justo que sea así:
si supiésemos exactamente qué es Dios
(como algunos creen que lo saben)
qué Dios tan pequeño sería.


Sólo sabes que "Abbá" es algo muy bueno,
con una bondad que le viene de su bondad.
Llamar a Dios "Abbá" es reconocer
que todo lo que decimos sobre Dios es sólo aproximación,
excepto cuando lo pensamos
a partir de lo que de más divino tiene el hombre:
la bondad, la misericordia, la ternura.


Dios impulsa a disentir,
"Abbá" a comprender y a perdonar.


Los hombres se enfrentan unos a otros en nombre de Dios;
nunca podrían hacerlo en nombre de Abbá.


Dios produce ateos;
Abbá, hijos invitados a crecer
(aunque, para crecer,
haya que irse alguna vez de casa).


Con Dios la gente tiende a sentirse esclava,
en cambio, el espíritu de hijos
que está dentro de nosotros
grita: "Abbá" (papá).


Quizá por eso Jesús no nos enseñó a decir Dios,
sino ABBA.
 

 

UNA COMIDA DIFERENTE



Pagó la última ronda de unas cervezas que le habían sentado divinamente después de una intensa semana de trabajo, se lo habían pasado bomba despotricando del viaje del Papa, de la hipocresía de la Iglesia, de todo lo que les pedía el anticlericalismo que los unía como la amistad que se profesaban y que les servía para estar colocados en la misma empresa pública de la Junta. Se fue a casa para comer algo antes de echarse una buena siesta, pero de camino se encontró con un olor que lo llevó directamente hasta el paraíso efímero de su infancia. Un olor a cocido, a caldo humeante, el aroma que lo recibía cuando llegaba a su casa después del colegio, con su madre atareada en la humilde cocina donde la olla hervía sin cesar.

Entró en un local que le pareció un restaurante modesto, pero con encanto; iba distraído, pensando en el Informe Técnico sobre Prevención de Riesgos Psicosociales de las Personas Expuestas a Situaciones de Disrupción Económica Familiar que le habían encargado en la empresa pública donde trabaja. En realidad, no era un restaurante; sino un autoservicio frecuentado por gente de toda condición. Había personas ataviadas a la antigua usanza, junto a individuos solitarios que vestían según las normas alternativas del arte povera. De pronto abrió los ojos y se quedó pasmado al comprobar que, quien le servía la comida en la bandeja, era una monja.

Aquello era un comedor social y se vio rodeado de eso que nunca se nombra en los informes ni en los dosieres que prepara: pobres. Quiso retirarse; pero la monja no lo dejó. Le sonrió y le dijo que no se preocupara, que la primera vez es la más complicada, que no debía avergonzarse de nada, que el cocido estaba buenísimo y que, de segundo, había filete empanado; que no se perdiera las vitaminas de la ensalada ni de la fruta, y que podía rematar la comida con un helado de los que había regalado una fábrica cuyo nombre obvió. Se vio sentado a una mesa donde un matrimonio mayor, y bien vestido, comía en silencio, sin levantar los ojos de la bandeja. Enfrente, un tipo con barba descuidada sonreía mientras devoraba el filete empanado y le contaba su vida; había perdido el trabajo, el banco se había quedado con su casa, después del divorcio no sabía a dónde ir; menos mal que las monjas le daban comida y ropa, y que dormía en el albergue bajo techo. "Al final, he tenido suerte en la vida, compañero; así que no te agobies, que de todo se sale..."

No podía creer lo que estaba sucediendo. Nadie le había pedido nada por darle de comer, ni le habían preguntado por sus creencias.
Se limitaban a darle de comer al hambriento, sin adjetivos. Al salir, no le dio las gracias a la monja que le había dado de comer. Pero no fue por mala educación, sino porque no podía articular palabra. Una inclinación de cabeza. Ella le contestó con una sonrisa leve. "Vuelve cuando lo necesites y, si no estoy, di que vienes de parte mía. Me llamo Esperanza"

 
 

SIETE FRASES PARA MEJORAR LA COMUNICACIÓN CON LA FAMILIA
 



1. "Te amo"

Ningún ser humano puede sentirse realmente feliz hasta escuchar que alguien le diga: "Te amo". Atrévete a decirlo a la otra persona, a tu cónyuge, a tus padres, a tus hermanos, a tus hijos, si es que nunca lo has hecho. Haz la prueba y verás el resultado.


2. "¡Qué bien lo has hecho!"

En la familia, cada miembro tiene alguna cualidad o habilidad que merece reconocimiento: Todos, en algún momento, sentimos la necesidad de que se nos reconozca algún logro o meta alcanzada,,, ¿Cuándo fue la última vez que dijiste esto a alguien?


3. "¡Gracias!"

Una necesidad básica del ser humano es la de ser apreciado. No hay mejor forma de decir a una persona que es importante lo que hace por nosotros, que decirle ¡gracias!. No lo hagas de forma mecánica, sino con pleno calor humano.


4. "Perdona, me he equivocado"

Decir esto no es fácil. Sin embargo, cuando cometas un error que ofenda o perjudique a otras personas, aprende a decir con madurez: "Perdóname".


5. "Ayúdame, te necesito"

Cuando no podemos o no queremos admitir o expresar nuestra fragilidad o la necesidad que tenemos de otros, estamos en un grave problema. No te reprimas. ¡Pide ayuda!, son muy importantes las palabras.


6. "Te escucho..., háblame de ti"

¿Cuántas veces le has dicho a algún miembro de tu familia: Háblame, te escucho ¿Qué te pasa?. Tal vez muchos problemas y malentendidos se resolverían si tan sólo escuchásemos lo que nos tratan de decir.


7. "¡¡Eres fenomenal!!"

Es importante hacerles saber a tus seres queridos cuánto significan ellos para ti. Que lo sepan y que lo saboreen.

Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor, hombres y mujeres que ha elegido como heredad. Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que le siguen y confían de corazón. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como esperamos de ti, Rey, Señor y Dios nuestro.

 

 

 

 

 

 


 

 

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