Inicio

J. A. Pagola

Homilías

Lecturas del día

El Día del Señor

Diapositivas Eucaristía

Contactos

 

 

 

 

CONTRAPORTADA

EL DOMINGO

 

 

AnterioresEl Domingo
Valorarse y aceptarse a sí mismoMárcate un tiempo muerto en tu vida
¿Se me nota? 
  
  
  
  
  
  

 

 

 

 

VALORARSE Y ACEPTARSE A SI MISMO

 

Hoy, en el autobús, vi una bella muchacha
de dorada caballera.

Me ha dado envidia. Parecía tan feliz,
y he deseado ser tan hermosa como ella.

De pronto, se ha levantado para salir,
y la he visto cojear por el pasillo;
sólo tenía una pierna y llevaba una muleta,
pero me sonrió, al pasar.

¡Oh Dios, perdóname cuando me quejo;
que yo tengo dos pies... y el mundo es mío!

(ANÓNIMO)


1. Las personas que se aceptan a sí mismas son felices.

2. A las personas que se aceptan a sí mismas les resulta fácil relacionarse con los demás.

3. Las personas que se aceptan a sí mismas siempre están abiertas a ser amadas y elogiadas.

4. Las personas que se aceptan tienen el poder de ser realmente ellas mismas.

5. Las personas que se aceptan a sí mismas se aceptan tal como son en el momento presente.

6. Las personas que se aceptan son capaces de reírse de sí mismas con frecuencia y sin dificultad.

7. Las personas que se aceptan a sí mismas tienen la habilidad de reconocer y atender sus propias necesidades.

8. Las personas que se aceptan a sí mismas son independientes.

9. Las personas que se aceptan a sí mismas mantienen un buen contacto con la realidad.

10. Las personas que se aceptan a sí mismas son asertivas.

 

¡Márcate un tiempo muerto en tu vida!
 


Amigo, veinticuatro horas tiene un día y, me imagino, que tú como tantas personas entre las que me incluyo yo, necesitaríamos de alguna hora más... Jugamos el partido de la vida a tiempo corrido, sin pensar, y claro... ¡las buenas jugadas brillan por su ausencia!.

Te invito a que a partir de hoy hagas, al menos 10 tiempos muertos a lo largo del día. Cada tiempo muerto de un minuto... ¿te atreves?... Pues apunta:

1. Piensa en algo bonito que te haya ocurrido últimamente.

2. En tu trabajo, en tu..., acércate a alguien con el que no hayas hablado nunca o muy poco, y pregúntale simplemente qué tal está.

3. Manda un mensaje de ánimo, de alegría, de amistad... a alguien que guardaste en la agencia del móvil por compromiso o por interés y que tienes pensado borrar de la memoria.

4. Descubre "algo bueno" en esa persona para la que siempre tienes pensamientos negativos.

5. Abre la Biblia, por algún evangelio, escoge al azar dos o tres versículos, y piensa qué es lo que Dios quiere hoy de ti.

6. Sonríe... sí, aunque no tengas motivos, sonríe sin pensar en absoluto, ¡sonríe y punto!.

7. Quédate mirando a un niño, presta mucha atención a todo lo que hace: sus gestos, sus palabras, su mirada...

8. Repite varias veces y en voz baja lo pletórico que estás hoy, porque DIOS te quiere con toda su alma.

9. Echa una parrafada con Jesús, de lo que sea, del trabajo, de la novia, del mendigo de la esquina o del último grano que te ha salido esta mañana.

10. Simplemente cierra los ojos y haz silencio en tu vida.

Ya ves, amigo, que no hay que tener un bagaje cultural impresionante o una preparación intelectual descomunal para llevar a cabo estos tiempos muertos. Sólo hace falta un poco de tiempo...
¡Ánimo! Verás cómo las jugadas que hagas después de cada tiempo muerto ganan muchos enteros.

 

¿SE ME NOTA?



Se nota fácilmente quienes siguen a Jesús Resucitado. Tienen un encanto especial.

Son alegres y acogedores.

No se dan importancia ni buscan aplauso o recompensa de cualquier tipo.

Están siempre dispuestos a aceptar los trabajos más duros o más humildes.

Son sinceros y responsables.

No tienen miedo o saben vencer el miedo.

No se echan para atrás.

Son colaboradores, participativos, imaginativos.

Siempre personas de esperanza, positivas.

Y son especialmente amistosas y pacificadoras cálidas y cercanas, personas de toda confianza.


VIVEN O SE ESFUERZAN POR VIVIR LAS BIENAVENTURANZAS.

No aman la riqueza por encima de todo, son austeras, sin apegos, saben compartir incluso de lo que necesitan. Hacen opción por los pobres y se esfuerzan por ser pobres. No consienten la pobreza miserable para ningún hijo de Dios.

No cultivan el orgullo ni se creen superiores. No envidian ni se comparan. Son humildes, vacías de sí mismas. Es la pobreza interior, la más difícil. Por eso son personas sufridas, llenas de paciencia y mansedumbre. No se sienten ofendidas, porque no viven para sí.

No son indiferentes ante los demás, sino sensibles y compasivas. Saben llorar con los que lloran, perfectas consoladoras. Otros lloran por los golpes que reciben, porque la vida les trata mal. ¡Cuántas lágrimas amargas e inocentes! No se rebelan ni odian ni se desesperan, pero lloran.

No toleran la injusticia, aunque sea al más pequeño. Luchan por un mundo solidario, en que todos consigan su dignidad y sus derechos. Sueñan con un mundo nuevo, con la civilización del amor.

No son duras inquisidoras, sino comprensivas y compasivas. Tienen entrañas de misericordia. Saben perdonar, estar cercanas, volcarse sobre las miserias humanas. Se conmueven ante cualquier sufrimiento, como Dios.

No aman la impureza o la mentira. Tienen el corazón limpio. Son libres, no les esclavizan los vicios. Son auténticas, transparentes, verdaderas. Se lavan con agua de arrepentimiento, reconocen su fallo o su error.

No utilizan la violencia, sólo para sí mismas. Pero irradian la paz, y la crean, la defienden. Para todos, personas amigas del diálogo y promotoras de reconciliación y del perdón.

No se acobardan a la hora de defender al oprimido. Lo defienden siempre aún a riesgo de ser criticadas y perseguidas. Son profetas de la libertad y la justicia, y por eso, tantas veces son mártires.
 



¿ME REFLEJO EN ALGUNO DE ESTOS RASGOS?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Inicio

J. A. Pagola

Homilías

Lecturas del día

El Día del Señor

PPS Eucaristía