Inicio

J. A. Pagola

Homilías

Lecturas del día

El Día del Señor

Diapositivas Eucaristía

Contactos

 

 

 

 

CONTRAPORTADA

EL DOMINGO

 

 

AnterioresEl Domingo
"ABBA""Sed" felices con lo fundamental
Abecedario del AdvientoEllos te observan todo el día
El "todavía" del año nuevo Hacen falta padres con corazón de madre
  
  
  
  
  
  
  

 

 

 

 

HACEN FALTA PADRES CON CORAZÓN DE MADRE



Hoy hacen falta padres. Hacen falta padres, personas que capaces de llevar a otras de la mano, que acepten la responsabilidad de señalar lo que está bien y lo que está mal a quienes llevan de la mano.

Hacen falta padres, personas que acepten la posibilidad de acompañar a otros todo el tiempo que necesiten ser acompañados.

Hacen falta personas que acepten la paradoja de educar a quienes les necesitan para dejar de ser necesarios, personas que tengan manos pequeñas hasta que crezcan lo suficiente como a contener sus propias manos pequeñas.

Hacen falta personas que lleven en brazos, que abran caminos, que marquen direcciones y que acepten las direcciones los otros encuentren por sí mismos.

Hacen falta personas que esperen siempre, que acojan siempre, que alivien de los miedos, que acojan las alegrías, que celebren siempre el regreso, que estén en vela hasta que se cierre la puerta.

Hacen falta personas que acepten amar lo que todavía no conocen, lo que no saben cómo va a ser, lo que nunca llegará a pertenecerles por completo y que acepten hacerlo de por vida.

Hacen falta padres, personas capaces de ser brújula y espejo, arco para la flecha y lumbre para la intemperie.

Hoy hacen falta personas, en definitiva, cuya felicidad sea la Vida Plena de los otros.

 

 

Hacer felices a muchos otros: no hay nada mejor ni más bello.
 

 

 

El "todavía" del año nuevo




El año que pasó: un "Ya no"

Ya no podré sonreír a los que cruzaron mi camino, pidiendo una sonrisa.

Ya no podré mirar a los que no quise ver.

Ya no podré poner ilusión en los desesperanzados.

Ya no podré poner paz, donde quizá yo misma sembré la discordia.

Ya no podré consolar a los que con mi actitud entristecí.

Ya no socorreré a los que tendieron sus manos y yo ignoré.

Ya no podré restablecer lo que con mi crítica destruí.




El nuevo año: un "Todavía"




Todavía tendré ocasión de querer a los que no me gustan.

Todavía pondré ilusión en realizar el trabajo de cada día.

Todavía experimentaré la gratuidad de Dios.

Todavía aprenderé a ser humilde recordando a la familia de Nazaret.

Todavía podré reaccionar ante la injusticia, y hacer mío el dicho evangélico:

"La verdad os hará libres".

Todavía sembraré la paz en mi entorno, sabiendo que esta paz nace en mi corazón.

Todavía, Señor, seguirás en la marginación y el sufrimiento, para que yo pueda verte.

 

 

"NO TE PREOCUPES PORQUE TUS HIJOS NO TE ESCUCHAN...

ELLOS TE OBSERVAN TODO EL DÍA"
 



Cuando pensabas que no te veía, te vi pegar mi primer dibujo en el frigorífico, e inmediatamente quise pintar otro.

Cuando pensabas que no veía, te vi arreglar y disponer de todo en nuestra casa para que fuese agradable vivir, pendiente de detalles, y entendí que las pequeñas cosas son las cosas especiales de la vida que facilitan la convivencia.

Cuando pensabas que no te veía, te escuché pedirle a Dios y supe que existía un Dios a quien le podría yo también hablar y en quien confiar.

Cuando pensabas que no te veía, te vi preocuparte por tus amigos sanos y enfermos y aprendí que todos debemos ayudarnos y cuidarnos unos a otros.

Cuando pensabas que no te veía, te vi dar tu tiempo y dinero para ayudar .a personas que no tienen nada y aprendí que aquellos que tienen algo deben compartirlo con quienes no tienen.

Cuando pensabas que no te veía, vi que yo te importaba y quise ser todo lo que puedo llegar a ser.

Cuando pensabas que no te veía, aprendí casi todas las lecciones de la vida que necesito saber para ser una persona buena y justa cuando crezca.

Cuando pensabas que no te veía, te vi y quise decir: ¡Gracias por todas las cosas que vi, cuando pensabas que no te veía!

 


feliz afio nuevo urte berri on
 

 

 

Abecedario para el Adviento
 

Alégrate, el Señor te va a visitar, viene a tu vida y lo mejor de todo: viene a quedarse para siempre contigo.

Busca dentro de ti un lugar «como Dios manda» porque va a ser Él, precisamente Dios, quien va a acampar en tu vida.

Confía «a pies juntillas.» Te aseguro que no fallará a la Gran Cita.

Despierta y observa el hermoso espectáculo que trae Dios consigo: Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito...

Espera, pero no con resignación y desesperanza, sino con la ilusión de que algo «muy gordo» va a suceder.

Facilita el acceso al Señor, no sigas poniéndole direcciones prohibidas, calles en obras o controles de aduana.

Grita con todas tus fuerzas: Ven, ven Señor Jesús. Conviértelo en tu grito de guerra, en tu saludo de presentación.

Habla, pregona, anuncia de palabra, pero sobre todo con obras, la venida del Señor.

Imita las virtudes de María, el icono perfecto del Adviento. Déjate contagiar de su optimismo y de su fe.

Junta las manos con las de tus hermanos y juntos dar la bienvenida al Salvador de los hombres.

Libérate de las espadas del odio, de la mentira y del egoísmo, y forja arados de amor, de verdad, de solidaridad.

Mira más a menudo por la mirilla de tu corazón; Dios está a la puerta esperando a que le abras.

Nivela el terreno para poder ver las huellas de Dios, las huellas de tus hermanos, y poder ir a su encuentro.

Organiza la fiesta, en especial revisa tu lista de invitados con «el del cumple.»

Prepara la cuna al niño Jesús. Mira a ver si te queda algún hueco en tu corazón. Y si no ya sabes, habrá que deshacerse de tanto cachivache que sólo hace ocupar sitio e impedir que entre lo realmente importante.

Reza con tu vida, pues nada sabe de oración el que no ama y nada sabe de amor el que no ora. Sueña, pero sueña despierto. Elimina la modorra del aburrimiento y las cabezadas de la rutina.

Trabaja ya, desde ahora, en adecentar el Reino que Dios nos ha prometido. Venga a nosotros tu Reino.

Usa las gafas de la humildad, pues todo lo bueno, lo grande, lo hermoso de esta vida (y estamos ante una de ellas) sólo puede ser contemplado desde la sencillez.

Vigila. Y no te preocupes si tus ojos se cierran, lo importante es que mantengas bien abierto el corazón.

Y cuando el Señor llegue, entonces sí, entonces:

Zambúllete de cabeza y sobre todo de corazón en las profundidades de un Dios que se hace uno de los tuyos...

 

 

 

SED FELICES CON LO FUNDAMENTAL
 



Se cuenta que en el siglo pasado, un Turista americano fue a la ciudad de El Cairo, Egipto, con la finalidad de visitar a un famoso Sabio. El Turista se sorprendió al ver que el Sabio vivía en un cuartito muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco.

—¿Dónde están sus muebles? —preguntó el Turista.

Y el Sabio, rápidamente, también preguntó:

—¿Y dónde están los suyos...?

—¿Los míos? —se sorprendió el Turista—. ¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso!

—Yo también... —concluyó el Sabio.

«La vida en la tierra es solamente temporal... Sin embargo, algunos viven como si fueran a quedarse aquí eternamente y se olvidan de ser felices». Y ten en cuenta: Al final de tu vida...


1. Dios no te preguntará qué modelo de coche usabas; te preguntará a cuánta gente ayudaste.

2. Dios no te preguntará los metros cuadrados de tu casa; te preguntará a cuánta gente recibiste en ella.

3. Dios no te preguntará la marca de la ropa en tu armario; te preguntará a cuántos ayudaste a vestirse.

4. Dios no te preguntará cuán alto era tu sueldo; te preguntará si vendiste tu conciencia para obtenerlo...

5. Dios no te preguntará cuál era tu título; te preguntará si hiciste tu trabajo bien y con honestidad.

6. Dios no te preguntará cuántos amigos tenías; te preguntará cuánta gente te consideraba su amigo.

7. Dios no te preguntará en qué vecindario vivías; te preguntará cómo tratabas a tus vecinos.

8. A Dios no le importará el color de tu piel; le interesará la bondad de tu alma...

9. Dios no te preguntará porqué tardaste tanto en buscar la Redención; te llevará con amor a tu casa en el Cielo.

Recuerda: «El valor de las cosas y los momentos no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que se viven. Por eso existen momentos maravillosos, inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables».
 

 

 

"Abbá" ¿es éste el Dios que esperamos?




Una cosa es ser Dios y otra ser Abbá.


Dices
"Dios" y se te llena la casa de teólogos, filósofos, obispos
y hasta la Inquisición con sus calculadoras de herejes.

"Dios" es una palabra demasiado contaminada para expresar a Dios.

Diciendo, en cambio,
"Abbá" no sabes muy bien lo que dices
(¿acaso lo sabe un niño cuando balbucea "papá"?)
pero, hablando de Dios, es justo que sea así:
si supiésemos exactamente qué es Dios
(como algunos creen que lo saben)
qué Dios tan pequeño sería.

Sólo sabes que "Abbá" es algo muy bueno,
con una bondad que le viene de su bondad.

Llamar a Dios "Abbá" es reconocer
que todo lo que decimos sobre Dios es sólo aproximación,
excepto cuando lo pensamos
a partir de lo que de más divino tiene una persona:
la bondad, la misericordia, la ternura.

Dios impulsa a disentir;
"Abbá" a comprender y a perdonar.
Nos enfrentamos unos a otros en nombre de Dios;
nunca podrían hacerlo en nombre de Abbá.

Dios produce ateos;
Abbá, hijos invitados a crecer
(aunque, para crecer, haya que irse alguna vez de casa).

Con Dios la gente tiende a sentirse esclava,
en cambio, el espíritu de hijos que está dentro de nosotros
grita: "Abbá" (papá).



Quizá por eso Jesús no nos enseñó a decir Dios,

sino ABBA.

 


 

 

 

 

 

 

 

Inicio

J. A. Pagola

Homilías

Lecturas del día

El Día del Señor

PPS Eucaristía