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DOMINGO, EL DIA DEL SEÑOR

 

 

COMENTARIOS SOBRE EL EVANGELIO DEL DOMINGO

JOSETXU CANIBE

 

 

 

1º Domingo de Cuaresma Ciclo B (18 febrero 2018)



NO NOS DEJES CAER EN LA TEMPTACIÓN


Posiblemente la tentación más famosa de la historia es la protagonizada por Adám y Eva en el Paraíso Terrenal. Como la mayoría de las tentaciones, no fue grosera, desagradable. La promesa era sorprendentemente atractiva: “¡Seréis como dioses!”. ¿Qué más se puede pedir?

Otra tentación conocida, que nos sirve de modelo, es la sentida por Jesús en el Huerto de los Olivos: “Padre, si es posible pase de mí este cáliz”.

También es conocida la encarnada en el pueblo judío, cuando sintió hambre en el desierto del Sinaí, de camino a la Tierra Prometida. Añoraba las cebollas y las ollas de carne de cuando estaba en Egipto. Quería volver atrás, renunciar a la meta: llegar a la Tierra Prometida.

Hoy el evangelio en un lenguaje sobrio, breve nos informa que el Espíritu empujó a Jesús al desierto, donde se quedó durante cuarenta días, dejándose tentar por Satanás. Según el diccionario, tentación se entiende como una tendencia, que nos impulsa a apartarnos, a separarnos del camino recto.

La persona humana no suele ser un campo pacífico, manso sino que en él se localiza una lucha, a veces dramática entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas. El ser humano está dividido en su interior. El pecado se da cuando una tentación es aceptada, consentida. La tentación es la antesala, el prólogo de caer en el pecado o de crecer en la virtud. Dependerá de las decisiones que se tomen. Lo explica gráficamente el siguiente dialogo entre el niño y el jefe de la tribu india.

Partimos de que en el interior de la persona se dilucida una batalla entre dos lobos: el vicio y la virtud. “¿Cuál de los dos lobos ganará?”. Pregunta el niño. “El que tú alimentas cada día”, responde el viejo cacique.

Para el teólogo Jon Sobrino, nuestro mundo se caracteriza por tres pecados: “el insulto a los pobres”, hay situaciones y comportamientos – nosotros llamamos obscenos- que entrañan un insulto a los pobres; “la ignorancia culpable o voluntaria”, “la tomadura de pelo” en cuánto que los defensores de la globalización nos quieren hacer creer que la Humanidad ha entrado en una etapa nueva, excelente. Es lo que ahora llamamos “pos-verdades”.

Ocurre que a la tentación, empezando por el nombre, se la toma como algo trasnochado, como algo cursi, propio de mentalidades un tanto infantiles. Pero no. Tentación no es una palabra moribunda: en Internet aparecen con casi ocho millones de llamadas. Ni es de inteligentes tomarla a broma.

El periodista-columnista, Francisco Umbral, escribió que Europa tiene que dominar sus tentaciones: el dinero y el sexo. Estas son tentaciones, pero no las únicas. En cuanto al dinero y al sexo basta abrir los ojos: sus consecuencias son claras. Ahí están también las hijas de la soberbia y de la avaricia. Razón tenía el escritor, Eugenio D-Ors “Lo que da valor a una vida son las tentaciones a las que no ha querido ceder”. En cambio, les espera un final oscuro a quienes compartan el comportamiento de Oscar Wilde, quien manifestaba: “puedo resistir cualquier cosa, excepto la tentación”. Pues para todos es una advertencia el que los ríos se tuercen por seguir el camino más fácil.

Siempre que Jesús iba a comenzar una tarea, importante acudía a la oración, al diálogo con Dios, su Padre. En ésta ocasión iba a emprender la tarea más importante de su existencia, la vida pública. El propósito del diablo era apartarle de su objetivo. Ésta es la finalidad de la tentación: distraernos, apartarnos de nuestro sendero, nuestro camino, es decir, de nuestra vocación. La tentación forma parte de la condición humana.

En la oración más perfecta, compuesta por el mismo Jesús, en la del Padre Nuestro, decimos: “no nos dejes caer en la tentación”. No pedimos que no tengamos tentaciones, sino, “no nos dejes caer”. El miércoles pasado, en el rito de la imposición de la ceniza se decía: “conviértete y cree en el evangelio”. Este es el lema para todo creyente cristiano para los cuarenta días que dura la cuaresma. “conviértete”. Verbo que implica algo más que rezar cinco ave- marías, encierra avanzar en la transformación hacia el hombre nuevo. Así tendrá sentido el “Felices Pascuas” (feliz paso ) con el que nos saludaremos el Domingo de Resurrección .
 

 

6º domingo T. O. ciclo B (11/02/2018)

LE TOCÓ


Hace ya algún tiempo. No mucho. Visité en Angola una leprosería, ubicada en un pequeño pueblo. No eran casos extremos. Habían perdido los dedos, parte de las manos, de los pies, de la cara. En ningún momento de la visita me sentí cómodo. Al despedirme no fui capaz de darles la mano. Aquella piel me producía rechazo.

El Levítico, libro del Antiguo Testamento, recoge las normas según las cuales debe actuar para no contagiar a nadie. Describe esta enfermedad de tal manera que produce escalofríos. “Andará harapiento y despeinado, con la barba tapada. Gritará “impuro”, “impuro” para que nadie se le acerque. Vivirá solo, alejado de la familia y de los núcleos poblados. El leproso podía exclamar con el salmista: “Has alejado de mí a mis conocidos. Me has hecho repugnante ante ellos. Encerrado no puedo salir y los ojos se me nublan de pesar”. Era un apestado. En resumen, un panorama desolador les esperaba a estos enfermos. Una enfermedad repulsiva, contagiosa, que apartaba de la vida social. Todavía hay más. Esta enfermedad se la relacionó con el pecado. Era una consecuencia del mismo. Además de enfermo era un pecador. La enfermedad la atribuían a un castigo de Dios por los pecados cometidos. Tanto es así que “lepra” en su raíz significa “golpeado por Dios”. Expresión que suena muy fuerte.

Que vivimos en un mundo con serios problemas lo admite cualquier persona. Preocupan el cambio climatológico, la xenofobia, el racismo, los fundamentalismos identitarios. La gran mayoría de los ciudadanos de nuestra sociedad no confían en los partidos políticos, en las instituciones representativas o en los Gobiernos. Se desconfía de los medios de comunicación en su conjunto, de las instituciones financieras y religiosas. El que el mundo esté en crisis no impide que en la sociedad mundial se detecten una tendencia optimista, que confía en el futuro, que cree que este mundo puede ser mejor y otra pesimista. Cada tendencia esgrime sus argumentos y datos. La pesimista, además de lo citado más arriba, añade la desigualdad, que provoca injusticia, ocultando la verdad. En cuanto a la optimista, apunto que el indicador de la esperanza de vida en cien años ha pasado de 30 a 71 años.

Jesús curó la lepra que sufría el hombre del evangelio, siguiendo el siguiente proceso: sintió lástima, se acercó, le escuchó, le tocó, le curó, le incorporó a la comunidad. Nosotros no tenemos el poder de Jesús, pero podemos hacer pequeños “milagros”. Éstos siempre empiezan con la compasión. Hoy existen otro tipo de “lepras”, pero que también marginan, excluyen, aíslan. Sobre esto nos contarían mucho algunos emigrantes, ancianos, enfermos, simplemente pobres. En sentido opuesto, posiblemente hemos tenido la oportunidad de visitar algún barrio residencial donde hay que pasar por distintos controles severos para entrar.

Manos Unidas. Hoy celebramos la Jornada principal de la ONG bajo el lema “Comparte lo que importa - Garrantzia duena partekatu”: Organismo creado en el año 1960 por las mujeres de Acción Católica. Se trata de una rama de la Iglesia Católica y totalmente fiable. Podemos valorarla como una institución fuerte, pues sus ingresos son importantes, su tarea notable y sus socios /as activas y entregadas. Es una organización que ofrece todas las garantías, eficaz y exigente. Colabora en casi 1.000 proyectos, situados en 60 países. En el último año ha aumentado el número de personas afectadas por el hambre, hija de la injusticia. En números alcanza la cifra de 815 millones de hambrientos. El año 2016 recogió casi 48 millones de euros.

Oración. Un modelo de oración. San Marcos lo dibuja con una brevedad sorprendente: Sintiendo lástima se acercó al enfermo. Suplicándole a Jesús de rodillas: “Si quieres puedes limpiarme”. Extendió la mano, le tocó y la lepra se le quitó inmediatamente. No se alarga indefinidamente, no rebusca frases bonitas, no recurre a ningún texto, ni masculla ave marías , manifiesta lo que lleva dentro de su corazón con toda sencillez. “Si tú quieres puedes limpiarme”.
 

 

5º Domingo Ciclo B T. O. (5 febrero 2018)

ÉSTE ERA SU PROGRAMA



Un día en la vida de Jesús, sería un buen título para el evangelio de hoy. En efecto, en sus 15 líneas se nos informa de las distintas actividades que desarrollaba Jesús a lo largo de una jornada:

-Se levanta muy temprano.

-Va a casa de los hermanos Simón (Pedro) y Andrés.

-Cura a la suegra de Pedro que se hallaba enferma.

-Comida de trabajo (había que concretar cosas sobre cómo organizar la atención a los enfermos etc ).

-En el atardecer, curar a muchos enfermos.

Al día siguiente: se levantó de madrugada dirigiéndose a un descampado. Allí se entrega a la oración, comenzando una nueva jornada. La gente de la zona desea que se quede. Están satisfechos. Pero Jesús tenía otros planes: “Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí, pues para eso he venido”.

En estos últimos tiempos ha hecho fortuna la frase del Papa Francisco: “Queremos una Iglesia en salida”, es decir en movimiento. Sin olvidar que una cosa es dar vueltas y otra dejar huella. Se trata de una actividad dirigida con sentido común, con fines positivos. No desnortada. No sé si me equivoco, pero Jesús, además despliega un programa en favor de los demás, pensando en los otros. Me parece que de esta programación hemos subrayado, acentuado, destacado, insistido demasiado en el aspecto serio, austero, áspero. Tengo la impresión, la sensación de que nuestra fe no se halla cómoda en ambientes festivos, de diversión. No me refiero al desmadre. Recuerdo, por ejemplo a jóvenes seminaristas próximos a ser ordenados sacerdotes o a jóvenes próximos a entrar en una Orden Religiosa, que estando conversando con sus amigos-as, se retiran cuando empieza a sonar la música bailable. Parece que entre las tendencias humanas y las orientaciones evangélicas no hay coincidencia, no convergen. Creo que no hemos logrado incorporar lo lúdico en el vivir cristiano. Sin embargo la fe cristiana posee una cadena larga de principios que invitan a la alegría: la fraternidad, el sentirse hermanos; la reconciliación, el perdón pueden ser una fuente de satisfacción, de gozo, sobre todo el misterio de la resurrección. A pesar de todo algunos piensan que salimos de nuestros actos religiosos con rostro de aburridos. ¿Tendrán o no tendrán razón? Nuestro Maestro predica y cura, perdona y libera, humaniza y consuela. Jesús se manifiesta no sólo compasivo, sino también como portador de salud. Cuando los discípulos del Bautista le preguntaron a Jesús quien era, éste les respondió: “Id a informar a Juan de lo que habéis visto y oído; los ciegos recobran la vista, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres reciben la Buena Noticia”.

Curiosamente la primera exhortación del actual Papa Francisco se titula “ Evangelii Gaudium”, (“La alegría del Evangelio”). Escarbando en Internet hallo titulares como éstos: La alegría en el Evangelio de Lucas; La alegría en el Evangelio; La alegría de vivir el Evangelio; de predicar el Evangelio. Probablemente la alegría constituye el mejor antídoto contra las enfermedades de la sociedad actual: El egoísmo, el enconchamiento, el pesimismo. La alegría impulsa al encuentro con el otro.

Que nuestra plegaria sea: Dales tu aliento en su lucha, alivia su angustia y su cansancio, sana sus heridas, aviva su confianza, haz que se sientan queridos y queridas.