<%@ Language=JavaScript %> Josetxu Canibe. Homilia, de cada domingo

 

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DOMINGO, EL DIA DEL SEÑOR

 

 

COMENTARIOS SOBRE EL EVANGELIO DEL DOMINGO

JOSETXU CANIBE

 

 

 

Queridos amigos: Se termina el curso y comienza el descanso. Muchas gracias por haber estado ahí. En septiembre si las circunstancias lo permiten y lo aconsejan nos seguiremos comunicando. Un fuerte abrazo. Josetxu

 

Domingo 12 T. O. Ciclo A (25/6/2017)

 


EL MIEDO, MAL COMPAÑERO
 


Debido a los sucesos que ocurren casi diariamente se le plantea a la sociedad, sobre todo a la occidental, si prefiere la libertad o la seguridad. El ciudadano de la calle ante, por ejemplo, los recientes atentados, reclama seguridad a sus dirigentes. Éstos le prometen a base de pagar un precio: que algunos derechos humanos se recorten. Parece que esta partida, que esta apuesta la están ganando los partidarios de la seguridad. Es decir, puestos a escoger entre la libertad y la seguridad, el ciudadano medio, influido por el miedo, prefiere la seguridad.

Cuando el evangelista Mateo escribió su evangelio, las comunidades a las cuales dirigía el texto vivían perseguidas, angustiadas. ¿Cómo vivir en estas circunstancias tan difíciles?. Nada mejor que recordar en la vida de Jesús alguna situación similar. Porque Jesús vivió momentos de una gran acogida, pero también de enfrentamiento y de acoso. Por eso, cuando Jesús les advierte:
“No temáis”, como lo hace en el evangelio de hoy, sabía de qué hablaba. Sabía que en el ser humano es más fuerte el miedo que la valentía. Nada menos que tres veces repite “no temáis”, “no tengáis miedo” en el breve texto evangélico que se nos ofrece hoy.

Ciertamente que el miedo en algunas ocasiones es bueno, nos evita fallos, errores, caídas, tropiezos. Pero, en general, necesitamos insistir más en el “no temáis” que en el “temáis” Este, el miedo, suele ser mal consejero y hoy tenemos miedo a demasiadas cosas. A veces uno piensa si hay personas que tienen como objetivo, como tarea, conseguir que la gente tenga miedo.

Sospecho que muchos cristianos mantienen oculta vergonzosamente su condición de creyentes. Como les sucedió a los apóstoles en la noche del jueves al viernes santo y durante la jornada del viernes. Durante esas horas le negaron a Jesús casi todos sus seguidores.. Son muchos los miedos que acosan al ciudadano actual: miedo a perder el nivel de vida, el puesto de trabajo, miedo al futuro, a la soledad, a la vejez, hay miedos que afectan a grupos muy concretos, por ejemplo los cristianos ortodoxos en Egipto, miedo a que pierda nuestro deportista favorito, miedo a los cambios de esta sociedad débil, light, llamada curiosamente líquida por su falta de definición, miedo a los atentados, a la muerte, al fracaso, a la enfermedad, a perder un amigo o al amigo.

Cierto que en momentos determinados el miedo evita que caigamos en errores. Pero Jesús nos exhorta a la valentía, a la confianza, al buen ánimo, porque el miedo nos aleja de nuestro camino, nos induce a mentir. El miedo “se halla siempre dispuesto a ver las cosas más feas de lo que son”. Una dosis oportuna de miedo nos libra de actuar en la vida como bravucones, como fanfarrones. Incluso diría que nos humaniza un poco.

Si un día no muy lejano se habló mucho de la Nueva Evangelización y de la iniciativa El Atrio de los Gentiles, se habló. ¿Qué se ha hecho? ¿Se habla hoy?.
¿La sal se ha vuelto sosa y la luz se ha escondido debajo del celemín o se ha apagado?. No tengáis miedo nos dice Jesús.

 

 

 

El Cuerpo y la Sangre de Cristo, Ciclo A, 18/6/2017


DOBLE MIRADA


El triunfo, el éxito tiene muchos padres. El fracaso, en cambio, aparece como huérfano. Sucede que cuando algo sale bien, por doquier surgen personas que dicen que han tomado parte en ello. Pero cuando ha sido un fracaso, nadie se siente responsable Me viene a la mente esta reflexión por la muerte del joven Ignacio Echeverría, madrileño de 39 años, llamado
“héroe del monopatín”, que murió de una puñalada en la espalda, cuando intentaba socorrer a una mujer atacada por un terrorista en el atentado de Londres del pasado 3 de junio. Le han concedido a título póstumo la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil.

El impacto social ha sido extraordinario. Conocidos y no conocidos han destacado la entereza de la familia y la heroicidad del fallecido. Ambos se definen como cristianos. Una sociedad, que se encuentra tan escasa de gestos solidarios, tan escasa de esta clase de valentía, ha agradecido, en especial a los padres, el ejemplo recibido. Con esto no pretendo afirmar que ejercer el bien, la bondad es exclusivo de los cristianos. Pero sí estoy convencido de que quien sigue a Jesús de verdad se convierte en bienhechor.

Hoy celebramos la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, más conocida como la festividad del Corpus. Prácticamente esta fiesta no añade nada a la del Jueves Santo. Cambia el entorno. Pues no se puede eliminar un aire de tristeza provocado por la proximidad del Viernes Santo y la muerte de Jesús. En el día de hoy se nos invita a una doble mirada: al Otro (con mayúscula) y al otro u otros (con minúscula). A Jesús que se une a nosotros, que se nos ofrece como alimento. Se queda en el pan para ser nuestro compañero de viaje. Precisamente “compañero” se deriva de “com y pan”. El rito de llevar la comunión al enfermo, a su casa, se llama “viático”: alimento para el camino. Una bonita definición del sacramento eucarístico.

Sin embargo, este pan no está destinado a personas angelicales. Está ordenado a fortalecer al débil, a curar al enfermo, a cuidar de la oveja perdida. Por tanto, deben comulgar con mayor deseo quienes más necesidad tienen, más heridas y más tropiezos. Dicho brevemente, se queda en la Eucaristía más por los pecadores que por los justos, más por los enfermos que por los sanos.

En el evangelio de este domingo escuchamos: ”el que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”. Aquí se cumple lo que decía san Pablo: ”vivo yo, no vivo yo, Cristo vive en mí”. Dos personas que se aman de alguna forma cruzan sus sentimientos, su vida. Por ello, quien comulga sinceramente es lógico que su comportamiento tenga semejanzas con el de Jesús, que “pasó por el mundo haciendo el bien”. De Teresa de Calcuta es la frase: “Si yo me dedico a los más marginados y les atiendo, es porque acabo de comulgar”. Esto conecta con lo que sostenía más arriba: que de un cristiano de verdad hay que esperar que practique el bien.

Como dice la canción, que sea o hagamos verdad: “Todos comemos del mismo pan, todos buscamos a Dios.
 

 

Santísima Trinidad, ciclo A, (11/6/2017)


AUNQUE NO ME VEAS, TE CUIDO


Terminaba el segundo milenio de nuestra era y el famoso periódico The Economist publicó un número especial sobre los acontecimientos más relevantes acaecidos a lo largo de los mil años. Se analizaba a los personajes más destacados. Sorprendentemente en la sección o capítulo de los fallecidos durante los mil años sólo figuraba uno:
Dios. De esta forma el periódico expresaba que la creencia en Dios había bajado muchos puntos entre los años mil y dos mil. A más de uno se oye comentar qué importa creer en Dios o no creer. Creer en un Dios con unas características determinadas u otras. Pues sí. Importa. Y mucho. Como dato, pensemos en un Dios tolerante, compasivo, un Dios Padre, o en un Dios justiciero. No cabe duda que ciertos atentados reclaman algunas reflexiones, por ejemplo, al Islam.

Hoy celebramos la festividad de la Santísima Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo. Es decir, nosotros no creemos en un Dios-individuo, sino en un Dios-comunidad. Leía ayer que “Dios ya no está en el centro de las personas”. Frase que supone que antes “estaba en el centro”. Lo cual es mucho suponer, pues en cualquier época y a cualquier época de la historia se la ha definido con expresiones como “Crisis de Dios”, “Ausencia de Dios”, “Muerte de Dios”, “Eclipse de Dios” o similares.

¿Quién es Dios?. Una pregunta lógica en este domingo, a la que el evangelista Juan daba una doble respuesta: por una parte “a Dios no le ha visto nadie” y por otra parte ”Dios es amor”. Partiendo de la observación del poeta León Felipe: “nadie fue ayer, ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy”, me detengo en tres enfoques sobre Dios: el de un jesuita en El Salvador, entregado a la causa de los marginados. Ante un mundo descarnadamente injusto ¿qué nos queda?. ¿Será que Dios es inútil, increíble, un enemigo de nuestros sueños o un personaje de ficción? (…)

Hay momentos en que pasa por delante de nosotros, como una ráfaga de viento estremecedor, la posibilidad de estar delante de un silencio total e infinito (…) donde nuestros clamorosos gemidos e interrogantes se perdieran sin respuesta alguna, rebotando de espacio en espacio por un universo sin corazón, sin alma, sin entrañas. Es el rostro desolador de la increencia, de que todo quede sin más allá a la otra orilla del tiempo de la muerte. Entonces aparece tan lejano aquello de que “Dios es amigo de la vida” (SAb. 11, 26) y tan cercano “comamos y bebamos que mañana moriremos”. Es lo que los clásicos llamaban “la noche obscura del espíritu”.

Sentimiento diferente abrigaba quien atribuía a Dios las siguientes palabras: ”aunque no me veas, te cuido”. “Aunque no me sientas, te toco”. “Aunque no lo creas, te amo”. Y, aunque a veces lo dudes, siempre estoy a tu lado”. Lo resume acertadamente el evangelista Juan: “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”.

El teólogo J. A. Pagola advierte: que en el corazón de muchos cristianos “se está apagando la experiencia interior de Dios”. Vivimos casi siempre en la corteza de la vida. “Escuchamos palabras con los oídos y pronunciamos oraciones con los labios, pero nuestro corazón está ausente” En la iglesia se habla mucho de Dios. Pero ¿cuándo hablamos con Dios, sentimos a Dios?. “Es preciso bajar a Dios de la cabeza a lo más íntimo de nosotros. A Dios se refieren algunos groseramente lanzando blasfemias. Un ataque a la religión y a la educación.

Para saber en qué Dios creemos nos ayudan las palabras de Jesús “quien me ve a mí, ve a mi Padre”. Es decir, la mejor fotografía de Dios es Jesús y la mejor fotografía de Jesús es la del buen samaritano.

El periodista Juan Arias, que tituló uno de sus libros “El Dios en el que no creo”, señalaba: “no creo en un Dios que ame el dolor; en un Dios que se hace temer, en un Dios que no necesita del hombre, … Sobre Dios tenemos muchas preguntas y pocas respuestas. San Agustín, que fue un sabio y un santo exclamaba: “crees saber ¿qué es Dios?, ¿crees saber cómo es Dios?. No es nada de lo que te imaginas, nada de lo que abraza tu pensamiento”. Dios nos desborda: “si te imagino, me equivoco. Si te comprendo, me engaño”.

Todo lo dicho hasta ahora puedo parecer confuso. No lo sé. Jesús manifestó en cierta ocasión: “Te alabo, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla”.

De Santa Teresa de Ávila es la expresión “Entre los pucheros anda Dios”, dando a entender que para amar, sentir y querer a Dios no se necesita ser doctor en ciencias exactas.
 

                                                                                                                                                                                                                                                                                              

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