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DOMINGO, EL DIA DEL SEÑOR

 

 

COMENTARIOS SOBRE EL EVANGELIO DEL DOMINGO

JOSETXU CANIBE

 

 

 

 

3º domingo de Pascua Ciclo C (5 de Mayo 2019)

SIGUEME



En el año 1985 una mujer holandesa, con motivo de la visita del Papa a Holanda, despegó una pancarta con el siguiente texto:
“Apártate un poco a un lado, queremos ver a Jesús”. Una frase cortante, dura aplicable no solo al Papa, sino a cualquier cristiano, si bien con mayor propiedad puede referirse al Papa, sucesor del Príncipe de los apóstoles. De las tres lecturas bíblicas la primera narra la historia de una pesca espléndida: Sucedió que el apóstol Pedro comentó con sus compañeros salir a pescar y siete de ellos aplaudieron la iniciativa. Mientras Jesús no intervino, fue un fracaso la experiencia, pues no pescaron nada. Más tarde, después de actuar Jesús, el éxito fue rotundo. Si no actúa, ni apoya, ni echa una mano, no se consigue lo que se pretende.

Probablemente en nuestra vida personal y social recordamos “pescas milagrosas” que se deben atribuir a la ayuda invisible de Cristo y de su Espíritu. Gracias y éxitos, alegrías y decepciones; cuando estaba Jesús los discípulos lograban una pesca milagrosa; cuando no estaba no conseguían nada. Aviso que dio a los suyos en la Última Cena, el cuál vale también para nosotros: “Sin mí no podéis hacer nada”.

Sígueme. La segunda escena se desarrolla así: Habían terminado de comer el pan y el pescado (el desayuno Pascual).

Jesús le pregunta al apóstol Pedro:

-Simón, hijo de Juan, ¿Me amas más que estos?.

Él le contestó:

-Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dice:

- Apacienta mis corderos.

Por segunda vez le pregunta:

- Simón hijo de Juan ¿Me amas?.

Él le contesta - Si Señor tú sabes que te quiero.

Él le dice:

- Pastorea mis ovejas

Por tercera vez le pregunta:

-Simón, hijo de Juan, ¿Me quieres?.

Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez.

-¿Me quieres?.

Y le contestó.

-Señor, Tú conoces todo, tú sabes que te quiero.

Jesús le dice:

-Apacienta mis ovejas.

A Pedro, a su sucesor, al futuro Papa Jesús no le pregunta cuántas lenguas habla, ni cuántos doctorados ha obtenido, ni cuántos Consejos de Administración preside. Me hubiera gustado presenciar ésta entrevista directa, sin cortes de luz ni publicidad. Estamos acostumbrados a juzgar y a valorar a los obispos por ciertas cualidades que dan aparentemente prestigio. Nos olvidamos de que lo esencial es que nos lleve, que nos acerque a la persona y al mensaje de Jesús. Es lo que pedía la mujer holandesa en una manifestación: Señor obispo apártese un poco que quiero ver a Jesús.

Sígueme. Es la llamada, la invitación de Jesús a todos sus apóstoles, aunque en esta ocasión se centra en Pedro. La condición que le pone Jesús es “Me quieres”, “Me amas”. Quizá nos puede parecer un tanto cursi un dialogo en tales términos. Tal vez reclamemos un vocabulario más firme y más masculino. No obstante, para un sector notable de la sociedad el amor al prójimo es una pieza, es un elemento central del cristianismo. Para muchos es el ingrediente, el componente, el distintivo del cristiano. Algunos creen que fue Jesús el que introdujo el amor en el mundo, otros más bien creen que fue Jesús el que inventó el amor. Nos basta con saber que lo practicó en grado sumo. Aquí por tanto no hablamos del amor que se reduce a un besuqueo sino a ese amor que se define como buscar antes el tú que el yo.
 

 

Segundo domingo de Pascua ciclo C (28 abril 2019)

SI NO METO LA MANO EN EL COSTADO…



No sé a quién, ni cómo, pero quiero compartir mis sentimientos de impotencia y de pena por los atentados cometidos en Shri Lanka la semana pasada. Creo que se puede afirmar que el cristianismo es la religión más perseguida del mundo. Creo que se puede sostener después de conocer el brutal ataque en la capital de Shri Lanka, donde han muerto más de 300 personas y más de 500 han resultado heridas, como consecuencia de unos atentados producidos en cadena. No hallo explicación.

Pues, para empezar, es un mensaje- el cristiano- que predica con insistencia el perdón. Ninguna religión es tan exigente en este capítulo como el cristianismo. Una de los sacerdotes que trabaja (o trabajaba) en una de la parroquias reventada en Shri Lanka ha manifestado ante la amenaza de extenderse el estallido de la violencia: “nuestro Dios no exige venganza si no amor y perdón”. Hace falta tener valor para expresarse así, en un ambiente agresivo como el que se respira ahora en Colombo.

Jesús “pasó por el mundo haciendo el bien” y sin embargo fue condenado a muerte y crucificado. Hoy, los textos evangélicos nos presentan dos comunidades cristianas que se diferencian en su comportamiento y en sus reacciones. En una de ellas, los enfermos son curados, crece el número de creyentes. Enumera varias exigencias para creer: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos si no meto la mano en su costado, no lo creo”. Pienso que, cuando llegó el momento de cumplir su palabra, no se atrevió a dar el paso. Por el contrario caería derrotado, avergonzado.

Un dato de interés. Jesús se apareció a sus amigos, los apóstoles, el domingo a la mañana. También a los cristianos de hoy se nos aconseja que participemos de la Eucaristía, de la misa. Nosotros también necesitamos juntarnos con Jesús, que se sitúe en medio de nosotros y nos transmita paz, valentía, optimismo, ánimo, nos empuje a vencer el miedo. Sencillamente, cargar las baterías para seguir caminando con brío.

Tomás descubrió a Jesús a través de las cicatrices, a través de las heridas. Parece ser que este es el camino más auténtico: descubrir a Jesús a través de las cicatrices.

 

 

Pascua de Resurrección Ciclo C (21 de abril 2019)

SUFRIMIENTO Y GLORIA



El relato de la Pasión va unido al relato de la Resurrección. Sufrimiento y gloria, fracaso y plenitud se unen. En la fe cristiana se funde lo más doloroso con lo más gozoso.

Para nosotros el domingo de Pascua de Resurrección – es decir hoy- es el día más importante del año. La Resurrección es la oferta más deseable, el destino más completo al que se puede aspirar: Resucitar. Pues el Resucitado nos dice que la muerte, el fracaso, la destrucción no es el final.

Hoy es el día de la esperanza de aquí que resuene vibrante el Alelluia. Ninguna meta, destino final tan elevado se nos puede ofrecer. “Resucitar” significa más que “revivir”, es trascender esta existencia. “El que revive vuelve a ser mortal. El que resucita alcanza una plenitud tal de vida que ya no muere más”. La pena es que este hecho es “perceptible” solo por medio de la fe y, por tanto, es inevitable la duda, la inseguridad y, a veces la obscuridad.

Junto al gran acontecimiento de la Resurrección otros menores detalles reclaman nuestra atención y nuestra simpatía. Por ejemplo que fueron las mujeres las primeros testigos de la Resurrección de Jesús. Antes que los mismos apóstoles. Un dato curioso. Según las encuestas, los cristianos creemos menos en la resurrección que en el cielo. Uno se pregunta: Entonces ¿Para qué sirve el cielo si no se va a ocupar?. El evangelio de hoy relata cómo María Magdalena “vio la losa quitada del sepulcro”. Esta observación nos recuerda “las losas” que impiden desarrollar, realizar todas las aspiraciones, ilusiones sanas que abrigamos.

Acabamos de contemplar horrorizados los destrozos colosales que el fuego ha provocado en la Catedral de Paris. La respuesta de sociedad internacional ha sido ejemplar: se reconstruirá, se rehabilitará el edificio. Este suceso puede servirnos de ejemplo. Sería hermoso que la ciudadanía reaccionase con la misma generosidad y con la misma disponibilidad ante otras situaciones dolorosas, como lo están haciendo algunos ya.

También nosotros tenemos que reconstruir, rehabilitar el edificio de nuestra persona y recuperar su anterior belleza, dignidad y armonía. San Pablo nos invita a: “si habéis resucitado con Cristo buscad los bienes de allá arriba ( …), aspirar a los bienes de arriba, no a los de la tierra”.

Pascua significa paso: paso que evoca al que dio el pueblo israelita al atravesar el Mar Rojo y liberarse del Faraón de Egipto, paso al que dio Jesús en la resurrección al pasar de la muerte a la vida; paso al que dimos nosotros al recibir las aguas bautismales; paso al que nos toca dar ahora al convertirnos en nuevas criaturas.

¡Felices Pascuas¡ Zorionak! Feliz paso del hombre viejo al hombre nuevo, feliz paso a la sinceridad, a la justicia y a la bondad.