<%@ Language=JavaScript %> Josetxu Canibe. Homilia, de cada domingo

 

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DOMINGO, EL DIA DEL SEÑOR

 

 

COMENTARIOS SOBRE EL EVANGELIO DEL DOMINGO

JOSETXU CANIBE

 

 

 

7 domingo Ciclo A Ascensión del Señor 28 mayo 2017

FIESTA SOLEMNE Y POPULAR



Hace años la fiesta que celebramos hoy: La Ascensión de Jesús a los cielos era una jornada solemne, popular, simpática, primaveral. Día en el que los fieles estrenaban, sacaban a relucir las mejores prendas motivando, según gustos y según amistades, comentarios laudatorios o mezquinos. Un poeta anónimo describe deliciosamente aquél ambiente:

“mañanita de primor

cuando damas y galanes,

van a oír misa mayor, - (…).

Allá va la mi señora- de entre todas la mejor-(…)

en la su cara tan blanca- un poquito de arrebol.- (…).

Así entraba por la iglesia- relumbrando como el sol- “.

Esto sucedía hace 80, 100, 300 años. Hoy seguimos celebrando el misterio de la Ascensión con menos aparato, de un modo mucho más sencillo, sin apenas diferencia de un domingo normal. Ha cambiado la forma, pero no el fondo. En primer lugar este acontecimiento forma un todo con la resurrección. Es la misma realidad vista desde distinto ángulo: La resurrección termina su proceso, llega a su plenitud con la subida a los cielos. Misterios que marcan el triunfo de aquél, del mismo que fue juzgado, calumniado, torturado, crucificado. Ascender es un verbo que nos gusta. Lo hemos comprobado en el rostro de los aficionados que han descendido y en el de los que han ascendido en la liga de football. Ascender lo podemos traducir por mejorar, por crecer en virtud. Sirve de ejemplo el encuentro que tuvo el pasado 30 de abril el Papa Francisco con - El-Tayyeb, principal responsable del Islam suní. Ambos demostraron que creen en un Dios de paz, tolerante. Dicha reunión ha sido valorada como un momento en el que la historia cambia y la humanidad avanza.

Jesús se va pero se queda. Al mismo tiempo que se despide se queda entre nosotros: “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” No está acertado Fray Luis de León cuando dice:

“Y dejas, Pastor santo,

tu grey en éste

valle hondo, oscuro,

con soledad y llanto”.

Jesús se queda de diversos modos. En los débiles y marginados, en los sacramentos, en…

Nos encarga una tarea, nos compromete a que continuemos su proyecto. “Id y haced discípulos míos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”. No para otros objetivos, sino para hacer discípulos de Jesús, el fin principal. Una tarea importante, pues si logramos aumentar el número de los seguidores de Jesús, estamos realizando una buena obra. No cabe duda que el mundo mejoraría si creciese el número de creyentes cristianos. Se supone que se comportan coherentemente.

Esta tarea la tenemos que llevar a cabo nosotros tras la Ascensión de Jesús a los cielos, pues nos cede la primera fila. Él se coloca detrás apoyándonos dándonos fuerza y seguridad. Aquí encajan los versos que dejó escritos un soldado en la segunda guerra mundial a los pies de un crucifijo con los brazos rotos, mutilados:

“Cristo no tiene manos,

sólo nuestras manos

para hacer hoy su trabajo…”

La tarea que nos encarga no es organizar grandes ceremonias, si no hacer discípulos. Labor difícil y lenta.

Quién más quién menos nos preguntamos por lo que nos espera después de la muerte. Pero quizá no hemos acertado en las expresiones, en las metáforas. Quizá hemos frivolizado la creencia en el cielo. La mejor definición nos la ofrece San Pablo: ”Lo que el ojo nunca vio, ni el oído oyó, ni hombre alguno ha imaginado lo que Dios nos tiene preparado”.
 

 

6 domingo de Pascua Ciclo A 21 mayo 2017



PALABRAS DE DESPEDIDA


A veces el amor aconseja, exige la ausencia, alejarse de los suyos. Un ejemplo claro es el de muchos emigrantes que se marchan a otros países precisamente porque aman a los suyos. Pues lo normal es que la persona, que ama, desea el encuentro, la cercanía, la proximidad. Más aún, inventan motivos para estar juntos.

En el corto evangelio de hoy Jesús insiste tanto en la presencia, en el estar con sus amigos que casi, casi parece obsesionado. Conviene recordar que el texto evangélico forma parte del discurso, de las palabras de despedida pronunciadas después de la Última Cena. Les dice: “No os dejaré huérfanos. Volveré; que esté siempre con vosotros y vosotros conmigo”. Para hacer realidad esto instituyó, entre otras formulas, los sacramentos: el más claro es el de la Eucaristía y están los misterios de la Resurrección y de la Ascensión a los cielos. No cabe duda que en la Eucaristía se da una presencia intensa del creyente con Jesús y el cielo es precisamente estar con Él. Sin embargo, tengo la sensación de que sufrimos una cierta orfandad, especialmente cuando nos sentimos inseguros. No en vano vivimos en una sociedad a la que se le aplican adjetivos como agresiva, desigual, liquida (nada fiable).

Manifiesta Jesús “estar siempre con vosotros”. Habla del amor permanente. No vale, por tanto, el amor fugaz, el amor intermitente, de usar y tirar, ahora si, luego no. Avisa también que el amor no es solo palabras: “si me amáis, guardaréis mis mandamientos”. Sale al paso “del amor rosa”, del solo “mirarse el uno al otro”. Una pregunta oportuna ¿El amor es un valor escaso o abundante? ¿Cómo relacionar esto con la afirmación del apóstol Juan: “Quién no ama no conoce a Dios?”

En la segunda lectura San Pedro aconseja a sus cristianos: “Estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere”.

Para dar razón de nuestra esperanza, como nos sugiere el apóstol Pedro, hay que tenerla. De lo contrario es una tarea imposible. El Papa Francisco decía recientemente, como acostumbra, cosas sencillas e interesantes. “La esperanza es un “don” de Jesús, la esperanza es Jesús mismo. Esperanza no es la de quien consigue ver” el vaso medio lleno”: eso es sencillamente optimismo y el optimismo es una virtud humana que depende de muchas cosas. La esperanza es una virtud de segunda clase. La virtud humilde si se la compara con la fe y la caridad.

Según el catecismo, la esperanza consiste en confiar con certeza en las promesas de salvación que Dios nos ha hecho. Está fundada en la seguridad que tenemos de que Dios nos ama. Claro está que para quién confía plenamente en Dios, no hay futuro incierto. Uno de los ejemplos más gráficos de lo que es la esperanza lo encontramos en Job, que a pesar de todas las desventuras siguió creyendo en Dios. Todo lo anterior supone que no somos analfabetos espirituales. Sin esperanza la vida es áspera por eso aunque sea una virtud de segunda clase le viene bien a nuestro mundo.

Que demos amablemente razón de nuestra esperanza, porque la vivimos y que acojamos con buen animo el consejo de un místico del siglo XIV: “Si estás en éxtasis y tu hermano necesita un vaso de agua, deja tu éxtasis y ve a llevarle el vaso de agua”.


 

 

5 domingo de Pascua ciclo A (14 / 5 /17)



UNA LLUVIA DE VALENTÍA



Jesús nos ha dado varias autodefiniciones para explicarnos quien es Él:
“Yo soy el pan de vida”; “yo soy la luz del mundo”; “la puerta de las ovejas”; “el buen pastor”; “la resurrección y la vida”; “la vid verdadera”,… Son algunas de las imágenes o comparaciones de las cuales se sirvió Jesús para darse a conocer. Metáforas, símiles que no sé si entrañan la suficiente fuerza como para darnos una idea briosa de Jesús. Para éste domingo nos reserva la imagen más radical “Yo soy el camino la verdad y la vida”, si bien la rutina de la vida nos ha robado la capacidad de impactar.

El diálogo que recoge el evangelio de hoy se desarrolla durante la larga sobremesa que siguió a la Última cena. Jesús se despide de los suyos, de sus amigos, los apóstoles. Se respira un ambiente cargado de tristeza, de inseguridad, de emoción. Hasta entonces Él les había defendido, orientado, se habían sentido protegidos. Los minutos o quizás las horas dedicadas a la sobremesa supusieron un canto a la amistad, a la fidelidad, incluso a la ternura y a la responsabilidad. Del ramillete de sentimientos, que anidaban en los comensales, me detengo en dos afirmaciones: “No perdáis la calma y creed en Dios y creed también en mi. En la casa de mi Padre hay muchas estancias, si no, os lo habría dicho y me voy a prepararos sitio. Después, volveré y os llevaré conmigo, para que donde yo estoy estéis también vosotros”. Aparece aquí el amor por sus amigos y colaboradores. “No os dejaré huérfanos”. Posiblemente muchos añadiríamos algunos otros motivos menos espirituales para mantener la seguridad, por ejemplo riqueza material…

En un momento de la conversación con Felipe, uno de los apóstoles, Jesús siente que no le conoce. ”Hace tanto que estoy con vosotros ¿y no me conoces, Felipe?” Nosotros, los cristianos del siglo XXI no somos copiadores de Jesús entre otras razones porque las circunstancias nuestras y las de Jesús son distintas. Somos seguidores. Es decir, asumimos las palabras, el mensaje de Jesús, los valores de Jesús, el estilo de Jesús. Esto sería lo aceptable, lo deseable. Pero es fácil que en nuestro vivir se filtre la filosofía burguesa; y Mounier describió al burgués como un tipo de hombre totalmente vacío de toda locura, de todo misterio, del sentido del ser, del sentido del amor, del sufrimiento y de la alegría.

T. Radcliffe, religioso dominico, uno de los maestros espirituales más influyentes de nuestro tiempo, en uno de los capítulos de su libro titulado “¿Qué sentido tiene ser cristiano?” aborda el sentimiento del miedo. A éste religioso dominico, profesor, que cuidó a enfermos del Sida, le debo las ideas que aparecen en las líneas siguientes: No podemos ser testigos convincentes del evangelio a no ser que estemos poseídos por una valentía inexplicable. Los primeros siglos de la era cristiana fueron momentos de angustia e incertidumbre general. Se ha llegado a sugerir que el Imperio Romano se convirtió gracias al coraje que mostraron los mártires.

El coraje es una virtud que ejerce un gran atractivo, a diferencia de otras virtudes cristianas como la templanza. Nosotros a comienzos del siglo XXI vivimos tiempos de angustia. Si bien en muchos aspectos de la vida disfrutamos de una mayor seguridad que en cualquier otra época. Al menos en Occidente estamos muy protegidos contra las enfermedades, la violencia, la pobreza. Sin embargo tenemos miedo. ¿Cómo aprenderemos a ser valientes? ¿Y de qué clases de remedios estamos realmente necesitados? No precisamente de quienes llevan explosivos adosados al cuerpo dispuestos a explosionar matando a personas inocentes. “No perdáis la calma”. Nuestra sociedad necesita una fuerte dosis de valentía. La Iglesia no se la ofrece con la suficiente rotundidad aunque contemos con creyentes como Monseñor Romero y otros.

¿Cómo seguir y practicar el consejo de Jesús: “No tengáis miedo”?. “¿No perdáis la calma?

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                              

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