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DOMINGO, EL DIA DEL SEÑOR

 

 

COMENTARIOS SOBRE EL EVANGELIO DEL DOMINGO

JOSE MARÍA CASTILLO

 

1 de Cuaresma

2 Cuaresma

3Cuarema

 

 

III DOMINGO DE CUARESMA

 

Luca 13, 1-9

EN aquel tiempo se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.
Jesús respondió:
«Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».
Y les dijo esta parábola:
«Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador:
“Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?”.
Pero el viñador respondió:
“Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”».
 

Palabra del Señor

 


Las dos desgracias, que se cuentan en este relato, no son necesariamente dos hechos históricos. Todo el relato compone una parábola, que nos enseña cómo debemos interpretar y buscar una explicación a las desgracias que ocurren en la vida. La tendencia natural y frecuente se concentra en buscar quién es el culpable y, por eso mismo, el responsable de que haya sucedido tal o cual desgracia. Por eso, cuando nos van mal las cosas en la vida, mucha gente se pregunta: ¿Qué habré hecho yo mal para que me pase esto? O quizá, algunos comentan: ¿Qué hemos hecho para que nos pase esto?


Jesús responde que el problema no está en buscar el "culpable". Las desgracias y los males, que nos suceden en la vida, no son castigo de Dios contra nadie. Dios no es, ni se comporta, como un policía que anda buscando culpables, para castigarlos, haciéndoles sufrir o procurando que les ocurran desastres, cosas o situaciones indeseables.


La solución de los males, que se nos vienen encima, no está en "aplacar" a Dios, presuntamente ofendido o irritado. No. Nada de eso. La solución está en la "conversión". Esta palabra traduce el término griego metanoia, que indica "cambio de mentalidad". Jesús nos dice: "tenéis que cambiar en vuestra manera de pensar". O sea, no culpéis a Dios, sino pensad en la responsabilidad que todos tenéis en que este mundo se vea tan desquiciado. Todos somos responsables de que las cosas vayan tan mal. Y entre todos, con más bondad, honradez y honestidad, es como tenemos que arreglar las cosas. Y hacer más soportable esta vida.

 

 

 

 

II DOMINGO DE CUARESMA

 

Lucas 9, 28b-36

EN aquel tiempo, tomó Jesús a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar. Y, mientras oraba,
el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor.
De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.
Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús:
«Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
No sabía lo que decía.
Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. Se llenaron de temor al entrar en la nube.
Y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo».
Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.
 

Palabra del Señor

 


La transfiguración de Jesús es:

1) El anuncio de la muerte que le esperaba a Jesús.

2) La promesa de su glorificación.

3) La afirmación de la presencia de Dios (mediante el símbolo de la nube) en estos acontecimientos.

4) La expresión clara y firme de Dios, que nos habla en Jesús; y solamente en Jesús. Estas cuatro afirmaciones son los pilares de la cristología. De forma que las reflexiones del Magisterio de la Iglesia, de los Santos Padres, de los más eminentes teólogos, todos ellos, no pueden prescindir de estos cuatro pilares sobre los que se sostiene el eje de la teología cristiana.


El punto 2, la glorificación de Jesús, es por supuesto, el triunfo y la glorificación definitiva de Jesús, el Hijo de Dios, en el acontecimiento central de la resurrección. Pero la clave de todo lo que Jesús nos dijo y nos dejó, como proyecto de vida, fue su propia forma y estilo de vida. De ahí que la voz, que vino de la nube (Dios), fue afirmar: ya y en adelante, ni Moisés (la Ley), ni Elías (los Profetas). Solo os queda el ejemplo y proyecto de vida que estáis viendo en "mi Hijo", es decir, en Jesús.


Dios no le encuentra otra solución, al ser humano y al futuro de la humanidad, que el proyecto que nos presenta en Jesús. Un proyecto que no asimilamos ni lo hacemos nuestro. Porque, pensando que todo el Evangelio es verdad, el hecho es que, para muchos de nosotros, no es vida. No es nuestra forma de vida. Y así, vivimos en la constante contradicción: por una parte va nuestra "fe", mientras que el "seguimiento" de Jesús no centra nuestras vidas, en el mismo proyecto de humanización que nos trazó la vida de Jesús.

 

 

 

I DOMINGO DE CUARESMA

 

Lucas 4, 1-13

EN aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo.
En todos aquellos días estuvo sin comer y, al final, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan».
Jesús le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre”».
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos de! mundo y le dijo:
«Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo».
Respondiendo Jesús, le dijo:
«Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden”, y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra”».
Respondiendo Jesús, le dijo:
«Está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión.


Palabra del Señor

 


Lo primero, que hay que tener presente aquí, es que el relato de las tentaciones no tiene valor histórico. Es lo que, en el judaísmo es una narración que contiene una enseñanza que sirve de norma para la vida. En este caso, no se trata simplemente de que el demonio puede ponernos tentaciones para hacer el mal. Tal como aparece la actividad del demonio, en este relato, no le pide a Jesús que le haga mal a nadie. Todo lo contrario: que haya pan, que Jesús tuviera poder y gloria en el mundo, y que cayera, entre las de ángeles, como llovido del cielo. ¿Puede haber cosa mejor que todo eso? ¿En qué está ahí la tentación?


Es curioso que los buenos comentarios generales a los evangelios de Mateo y Lucas, que son los que contienen este episodio, no explican el sentido profundo de este relato capital, en el proyecto de vida que proponen los citados evangelios. Y es que, si no me equivoco, a medida que van pasando los años y los siglos, los cristianos podemos tener más elementos de juicio, para entender y explicar el alcance asombroso de este extraño relato. Con la perspectiva del tiempo y de los siglos, nos enteramos del alcance del Evangelio. ¿Dónde y en qué está la clave de todo lo que aquí se nos dice?


Es frecuente echar mano de F. Dostoyevski (Hermanos Karamazov, V, 50). Lo que se nos viene a decir es esto: la mayor perversión del Evangelio, que se puede hacer en este mundo, consiste en presentar la obra y el mensaje de Jesús en estas tres cosas: "milagros", "misterios" y "autoridad". Es lo que ha hecho la Iglesia, sirviéndose del Evangelio o explicándolo desde esas tres palabras y su contenido. Así, el Evangelio ha quedado marginado y prácticamente anulado. Y así, nos hemos puesto en manos de obispos, curas y frailes. Protestamos, a veces, contra ellos, pero nos va bien entregándoles nuestra libertad. De esta manera, nos va bien con la religión y nos hemos liberado de la carga que supone el Evangelio. Con lo que: ni la religión arregla este mundo, ni el Evangelio nos hace más humanos y más felices. Esperamos y queremos que venga un Papa, que lo arregle todo. Pero esto no se arregla cambiando el Papa, sino cambiándonos nosotros. Lo que pasa es que esto último es lo que no queremos, por más que pensemos otras cosas, que no sirven para nada.

 

 

 

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