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DOMINGO, EL DIA DEL SEÑOR

 

 

COMENTARIOS SOBRE EL EVANGELIO DEL DOMINGO

JOSE MARÍA CASTILLO

 

 

Cuarto Domingo de Pascua

 

Proclamación de la Buena Noticia de Jesús según san Juan 10, 27-30

EN aquel tiempo, dijo Jesús:
«Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.
Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre.
Yo y el Padre somos uno».


Palabra del Señor

 


Los pueblos y aldeas de Galilea estaban formados por gente campesina y de condición social muy humilde. Eran gentes que vivían del campo y del pastoreo de sus escasos ganados de ovejas y cabras. En aquella sociedad agraria, en la que nació y se educó Jesús, la imagen del pastor y el pastoreo de las ovejas era familiar. Jesús, siguiendo la tradición de los profetas (Ez 34), utiliza esta imagen para explicar la relación entre los líderes y los discípulos en la comunidad cristiana. La experiencia enseñaba, ya entonces, que este asunto era delicado y se prestaba a abusos muy graves. Ezequiel se había quejado: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! (Ez 34, 2 b). Por eso, Dios mismo les amenaza: Me voy a enfrentar con los pastores; les reclamaré mis ovejas (Ez 34, 10). Es el escándalo de los pastores que actúan como dueños del rebaño y lo dominan según sus propias ideas, sus intereses o sus preferencias.

 

En consecuencia, Jesús explica el modelo de relación entre el pastor, que es bueno de verdad, y la comunidad que apacienta. Esta relación se define por tres verbos: "escuchar", "conocer" y "seguir". Ante todo, los discípulos "escuchan" al pastor y, en el pastor, a Jesús. Pero sabiendo que "escuchar" equivale a interesarse por lo que dice y obedeciendo lo que escuchan (Jn 10, 3. 16. 27), lo que contrasta con la postura de quienes "rechazan" (Jn 8, 40-47) cuanto dice el pastor. En segundo lugar, el pastor "conoce" a las ovejas. Lo que indica una relación de mutua comprensión y aceptación. En tercer lugar, el "seguimiento", que define la forma de vida del discípulo, que se fía de Jesús, lo deja todo por él e identifica su vida con la del pastor, así como el pastor identifica la suya con la de aquellos a los que pastorea. Lo más importante de todo es el "seguimiento". Las ovejas se fían del pastor, van a donde él vaya. Se sienten seguras con su pastor.


Todo esto supone modificar de raíz la relación entre el gobernante y los que se dejan gobernar. Ya no se trata de una "relación de poder" a la que responde una "relación de sumisión". Esto ha sido el "principio de descomposición" de la Iglesia. Porque la ha deformado. En una institución así, no puede estar presente Jesús. Todo lo contrario: Jesús se hace presente donde se ofrece un modelo alternativo en la relación entre líderes y comunidad. Cuando todos ellos se funden en la unidad, entonces la Iglesia ofrece la posibilidad de un mundo que nos pueda seducir. El mundo que tanto necesitamos.
 

 

 

TERCER DOMINGO DE PASCUA

 

 

Proclamación de la Buena Noticia de Jesús según san Juan 21, 1-19


En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: "Me voy a pescar'. Ellos contestaron: "Vamos también nosotros contigo". Salieron y se embarcaron, y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: "Muchachos, ¿tenéis pescado?" Ellos contestaron: "No'. Él les dice: "Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis". La echaron y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: 'Es el Señor'. Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaba de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al salir a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: Traed de los peces que acabáis de coger". Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes; ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: "Vamos, almorzad'. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da; y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

Después de comer dice Jesús a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?" Él le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero'. Jesús le dice: "Apacienta mis corderos'. Por segunda vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le contesta: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero'. Él le dice: "Pastorea mis ovejas'. Por tercera vez le pregunta: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: "Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero'. Jesús le dice: 'Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e fbas adonde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras'. Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: "Sígueme".

Palabra del Señor

 


La Iglesia nos recuerda en este evangelio la última aparición del Resucitado a un pequeño grupo de discípulos junto al lago de Galilea. Pero con la conclusión final es el mandato que Jesús da a Pedro para que sea el pastor cuidadoso vigilante del rebaño que es la Iglesia. Queda patente, hasta el final del gran relato de los evangelios que, hasta el último episodio, la figura de Pedro emerge sobre las demás. Señal inequívoca de que la tradición cristiana siempre vio en este discípulo la figura de un líder para la comunidad de los seguidores de Jesús.


Queda así también patente la ejemplaridad de esta figura de Pedro y su papel modélico en la comunidad de los creyentes. La Iglesia siempre ha tenido conciencia de esto, con todos los matices que sea necesario poner a este hecho en su conjunto. Lo cual quiere decir que la vinculación de los creyentes a Jesús está y estará siempre asociada a la ejemplaridad y al papel de Pedro y sus sucesores en la Iglesia.
Esto es capital para vivir en la integridad de la fe en Jesús el Señor.


Pero hay en todo esto un dato capital. El cargo, que Jesús le impone a Pedro, es (y será) siempre un cargo vinculado a la triple respuesta que precede a la concesión de ese cargo. Es la respuesta del amor preferencial. El papado no está vinculado al poder, sino a la ejemplaridad del amor.


Pero lo más importante es que lo último y definitivo, que Jesús le dice a Pedro, es el término clave del Evangelio:
SÍGUEME. Es lo primero y lo último que Jesús le dijo a Pedro (Mc 1, 16-20 par; Jn 21, 19. Y, en Pedro, a la Iglesia toda. El centro del Evangelio no está en la Fe. Está en el seguimiento de Jesús.

 

 

 

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

 

Proclamación de la Buena Noticia de Jesús según san Juan 20, 1-9


EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.
 

Palabra del Señor

 


 

La Pasión y la Resurrección constituyen una unidad desde el principio, en el relato del último de los evangelios, el de Juan. El relato de la Pasión no fue transmitido nunca sin el de la Pascua, y viceversa. El recuerdo de Jesús une inseparablemente sufrimiento y gloria, fracaso y plenitud. En la fe cristiana, se unen y se funden lo más doloroso y lo más gozoso. El equilibrio de la vida es el equilibrio de estas dos realidades, pilares de nuestra existencia.


El domingo de Pascua de Resurrección es el día más importante del año para los cristianos. Porque en este día recordamos el acontecimiento determinante de nuestra existencia. La Resurrección es la oferta de sentido más decisiva en nuestras vidas. Porque el Resucitado nos dice que la muerte, el fracaso, la destrucción, nada de eso, por más evidente y negativo que lo palpemos, tiene la última palabra en la totalidad de cuanto existe o pueda existir. Por encima de todo, está la fuerza de la vida, la plenitud de la vida, la esperanza de una existencia que sacia todos nuestros anhelos, ilusiones y deseos de felicidad.


Como es lógico, nada de esto es evidente. Todo esto se sabe, se espera y se hace posible gracias a la fe. Porque creemos en el Señor de la vida, por eso creemos en que la muerte no es el final. Todo lo contrario, la muerte es el comienzo. Porque el momento de la muerte es el momento de la transformación de una forma de existencia, siempre limitada y cargada de penalidades, a otra forma de existencia, que sacia todo posible deseo y toda ilusión por más imaginaria que se nos antoje.


Supuesto lo dicho, podemos (y debemos) afirmar que el Domingo de Pascua de Resurrección es la fiesta central, fundamental y determinante de todo el año, para los cristianos. Porque es el día de la esperanza. El día que nos abre, de par en par, las puertas del futuro. Vemos con pesimismo este mundo, el giro que van tomando las cosas, el futuro que nos espera. Pues bien, lo más grande este día es que nos viene a decir: NUESTRO FUTURO ES LA PLENITUD DE LA FELICIDAD.

 

 

 

 

 

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