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HOMILÍAS FUNERAL

1ª homilía: Lecturas: 1 Cor 15, 20-23; Lc 24, 13-16.28-35

2º homilía:  Lecturas: Rom. 6, 3-9; Juan 14, 1-6

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Lecturas: 1 Cor. 15,20-23; Lucas 24, 13-16.28-35

Cuando nos reunimos para orar y ofrecer la Eucaristía por un ser querido que ha muerto no resulta fácil hablar. Por una parte, corremos el riesgo de repetirnos ante una situación que varias veces a la semana nos convoca…, la muerte; y por otra parte, uno piensa que sería más oportuno dejarnos envolver por el silencio, evocar tantos recuerdos como de pronto se agolpan en la memoria  y orar…

 Pero también es un momento muy oportuno para confesar nuestra fe en la resurrección . Confesarla con esperanza y hasta con gozo interior . Confesarla sin  otro fin que el de agradecer a Dios el don de la fe que, a través de nuestros padres y de la comunidad cristiana , El nos trasmitió.  Esa fe que a Ana María le ha ayudado tanto a vivir, a luchar con esfuerzo y tesón contra el mal que le venía aquejando estos años y a aceptar con serenidad una muerte que le ha llegado antes de lo razonablemente previsible.

Sin duda que el consuelo de la presencia continuada y afectuosa de vosotros, su esposo e hijos, que la habéis acompañado con cariño siempre y, muy en especial, en la crisis de estos dos últimos años le habrá hecho mucho más llevadero este tramo final de su vida terrena , sobre todo cuando el mismo día de Reyes de este año disfrutaba con el gozo de conocer a su primer nieto.

MORIR

Siempre he pensado  que el pensamiento de la muerte no debe convertirse en una especie de idea obsesionante. Es muy importante vivir y disfrutar del don de la existencia...

Vivir con ilusión y gozar de las muchas cosas bellas  que Dios ha creado para nosotros es una forma de creer en El, es un modo de agradecer al Creador el don de la vida.  La experiencia de la amistad, del amor, de la familia, de la relación humana, de la solidaridad, de la entrega generosa…, la vivencia de los más nobles valores humanos y éticos,  el empeño por hacer una convivencia mejor entre todos y para todos…son vistos desde la fe cristiana, como reflejos del rostro mismo de Dios…, como expresiones, en frágil versión humana, de la infinita plenitud de Dios que, de múltiples formas,  ha dejado impresa su huella en nosotros al llamarnos a la vida y al hacernos a su propia imagen.

Ahora bien, para todos llega un momento en que toda esta secuencia se interrumpe con la muerte.  Y la muerte siempre es dura sobre todo cuando, como en este caso, acaece en una mujer todavía joven y llena de ganas de vivir.  La muerte siempre nos arranca … siempre nos separa de lo que más queremos…. Es como si algo muy profundo se quebrase dentro de nosotros,  como si el dolor moral que nos produce la marcha del ser querido nos dejase un poco más solos.

RESUCITAR

  Ahora bien, junto a estos sentimientos es posible también confesar  una vez más nuestra fe en la resurrección. Nuestra fe en que ...., aunque ha dejado esta vida  terrena, vive para siempre en Dios, porque Dios no nos creó para morir sino para vivir… Y vive  de un modo nuevo al haber sido transformada y resucitada por Cristo y con Cristo. En ella se han hecho ya realidad aquellas palabras de Jesús  el que crea en mí aunque haya muerto vivirá”…

  Al traspasar el umbral de la muerte habrá descubierto a Cristo tal como es de verdad… Como los discípulos de Emaús, ......... también habrá reconocido al Señor en ese momento inefable del encuentro definitivo con El , en “el partir el pan “  de la plena y eterna comunión  con El.  Hasta el sábado lo conocía por la fe, y los sacramentos de la fe la confortaron en tantas ocasiones… Ahora lo habrá descubierto tal como es, sin velos ni obscuridades

  Mientras tanto, los que quedáis y fuisteis tan cercanos a ella os quedáis con su recuerdo. Como escribía bellamente Bonhoefer, aquel gran cristiano de confesión luterana que  padeció y murió en los campos de exterminio nazis

 no hay nada que pueda sustituir la ausencia de una persona querida; ni siquiera hemos de intentarlo. Hemos de soportar sencillamente la separación y  resistir. Al principio eso parece muy duro, pero, al mismo tiempo, es un gran consuelo. Porque al quedar el vacío sin llenar nos sirve de nexo de unión.

No es cierto que Dios es quien llena este vacío. Dios no lo llena sino que, precisamente, lo mantiene vacío, con lo cual nos ayuda a conservar- aunque con dolor- nuestra unión con el que se ha ido. Por otra parte, cuanto más hermosos y ricos son los recuerdos, más  fuerte resulta la separación y más permanente se hace su memoria”.

Lecturas: Rom. 6, 3-9; Juan 14, 1-6

 

Introducción

  La muerte de un ser querido siempre impacta en lo más profundo de nuestro ser y remueve las fibras más sensibles de nuestra memoria. Toda una larga historia de relación humana y de convivencia con el desaparecido cobra plena actualidad, y reviven en el recuerdo detalles, gestos, frases y actitudes que, aunque remueven la herida de su desaparición, suavizan al mismo tiempo el vacío de su ausencia.

  Sin duda, queridos familiares de ...., esposa e hijos, que esto mismo os está pasando a vosotros.  Lo recordareis siempre como hombre trabajador y serio, y siempre y especialmente en estos últimos años totalmente entregado al cuidado de su esposa, con ternura y abnegación ejemplar…

  Hoy celebramos cristianamente su muerte y también su larga vida de x años que, a partir de ahora, queda depositada en manos de un Dios que es nuestro Padre.

 Celebrar la muerte

  Es posible que más de uno se pregunte con perplejidad si es humano “celebrar la muerte”. ¿Es que la muerte tiene algo que celebrar?

La muerte en sí misma no. En todo caso la muerte tiene mucho para ser llorada, para ser lamentada. La muerte siempre significa el fin del tiempo y de esa propia historia personal que queda enmarcada en él.

Sin embargo y siendo todo esto verdad, lo es también que la muerte de un cristiano tiene un significado peculiar. Un cristiano, por el bautismo, queda ya incorporado a la muerte y a la “suerte” de Cristo y, por tanto, a su resurrección. “Nuestra existencia está unida a Cristo, es decir a una muerte como la suya y a una resurrección como la suya” (1ª lectura).

La vida de un cristiano, por la gracia bautismal, es una llamada permanente a morir y a renunciar a todo aquello que tiende a empujarnos al mal, y a ir liberándonos de las servidumbres que origina en nosotros aquello que san Pablo llamaba el “hombre viejo”… Y, al mismo tiempo, la vida de un cristiano es ir recuperando cada día un trozo más de esa libertad interior que es el anticipo de la vida resucitada…, de modo que, a medida que vamos viviendo más años, vayamos también alumbrando espacios nuevos de convivencia en los que la concordia y el buen entendimiento sean más fuertes que las tensiones,  el respeto al otro más significativo que la exclusión, la alegría y la esperanza más vivas que la desconfianza, y el deseo de vivir más intenso que las actitudes destructivas. Esta dinámica de atenuar en nosotros los síntomas de negatividad y de muerte,  y de acrecentar los signos de positividad   y de vida es la más viva expresión de lo que es la auténtica vida cristiana: morir a nuestras tendencias negativas e ir resucitando a los gérmenes de eternidad que el bautismo sembró en nosotros.

  Esto es lo que nuestro hermano ...., tal vez sin darse del toco cuenta,  ha ido haciendo a lo largo de sus x años de vida . ¿No os parece que una existencia así merece ser celebrada en el momento en que, terminado su tiempo, se introduce en el misterio eterno de Dios?

¿Que nuestro hermano habrá tenido también sus deficiencias? Evidentemente, toda existencia humana está, al mismo tiempo, marcada por la debilidad, pero  Dios “conoce de qué barro estamos hechos” como dice san Pablo.

Por eso, al celebrar hoy  la existencia  de nuestro hermano culminada  con la muerte, en realidad celebramos a Cristo que habrá ido acogiendo, a lo largo de su vida, todos y cada uno de  sus esfuerzos por liberarse del Mal y los habrá ido uniendo a su propia cruz, y, al mismo tiempo, habrá ido incorporando a su resurrección todos los destellos de nueva existencia que alumbró ejercitó ...... mientras vivió en este mundo.

Por todo esto celebramos su muerte cristiana. Por todo esto creemos que si ha muerto con Cristo también vivirá con El. 

 

 

                   

   

 

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