Inicio

J. A. Pagola

Homilías

Lecturas del día

El Día del Señor

Diapositivas Eucaristía

Contactos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SUGERENCIAS PARA LA HOMILIA

 


Envío


El evangelio que vemos hoy en San Marcos nos enseña que la comunidad de discípulos que Jesús ha ido formando no es un grupo inútil ni se trata de algo ornamental para él, sino que tiene una misión. Realmente, los que él ha llamado no se harán cargo completamente de su tarea hasta que falte Jesús físicamente, pero hoy vemos ya que los doce pueden ir anticipando la idea de les va a tocar hacer lo mismo que Jesús hace, que tendrán que evangelizar, que tendrán que anunciar el reino y realizarlo en acciones concretas. Seguir a Jesús va a implicar trabajar en lo mismo que él trabaja. La comunidad de Jesús será también la que continúe en la historia con su misión, con su presencia. Aunque, por el momento, se trata solo de un ensayo; sí, pero es un ensayo real, pues lo que harán más tarde lo comienzan a llevar a cabo ya en este envío temporal.

El texto comienza diciéndonos que Jesús llamó a los doce. Jesús es la autoridad que reúne a quienes él quiere y les da instrucciones para lo que él quiere. La expresión “los fue enviando” manifiesta una orden por parte de Jesús, pero en una acción prolongada. ¿Por qué de dos en dos? Porque su misión es dar un testimonio, un testimonio sobre la persona de Jesús y su mensaje. En la Palestina de la época, el testimonio en un tribunal tenía que ser coincidente en dos o más testigos; un solo testimonio no tenía capacidad para implicar a alguien en un delito o para librarlo de él. Al haber dos discípulos, la veracidad de su predicación quedaba así legitimada. A continuación, les da autoridad para expulsar demonios. Jesús ya lo ha hecho antes; y si puede hacerlo es porque su dedo es el dedo de Dios. La autoridad de Dios está por encima del poder del mal. Pues bien, ahora Jesús la extiende sobre los doce. La propia autoridad de Dios les asiste para poder expulsar el mal. A esta declaración le siguen las instrucciones concretas para el viaje; pueden llevar bastón y sandalias, lo necesario para caminar sin establecerse definitivamente en ningún lugar. El equipaje se transporta desde el lugar de origen hasta el lugar de destino; sin embargo, Jesús no quiere que el evangelizador se establezca en un lugar, por eso prohíbe explícitamente el equipaje. La ausencia de dinero, de pan, de alforja y de túnica de repuesto dejarán al discípulo enviado disponible para ir después a otra parte para seguir haciendo lo que Jesús hace. Por otra parte, esto le ayudará a sentir que su seguridad no está en lo material, sino en Dios, que le envía y acompaña con su autoridad, pero también con su presencia. Dios es providente y la vida no depende de las cosas materiales que le acompañan a uno, sino que depende solamente de la voluntad de Dios. Continúa Jesús con su instrucción acerca del hospedaje; los enviados deben quedarse en la casa donde son aceptados mientras estén en esa población. Aceptar la hospitalidad es un deber tanto como ofrecerla; quienes reciben a los que anuncian el reino son bendecidos por la presencia de Dios que hay en ellos. En el caso de sufrir rechazo en algún lugar, Jesús no quiere que sus enviados permanezcan en allí, sino que se marchen. Quien no quiere aceptar a Jesús no debe ser obligado a ello por la fuerza. Además, lo que unos no quieran escuchar, aceptar o recibir, lo pueden aceptar y recibir con alegría en cualquier otro de los sitios que tendrán que recorrer. El gesto de sacudirse el polvo de los pies lo hacían los judíos cuando regresaban a su tierra si venían de otros países; significa la ruptura de la comunión con la población donde han sido rechazados y no han sido escuchados.

El relato de San Marcos concluye dándonos cuenta de la eficacia de la acción de los que han sido enviados. En efecto, todo se ha cumplido igual que se cumple con la presencia de Jesús: predicaron la conversión, echaron muchos demonios y curaban enfermos al ungirlos con aceite.

En definitiva, el texto de Marcos que vemos en la liturgia de hoy nos habla de la continuidad de la misión de Jesús en el grupo de los doce, aquellos a los que él mismo ha elegido. La comunidad de Jesús actúa con la misma autoridad que actúa Jesús: la que proviene del Padre. La actividad es predicar y curar enfermos; también enfrentarse al mal y vencerlo. Los discípulos ya han sido testigos del rechazo que Jesús y su mensaje han recibido en Nazaret, pero la extensión del mensaje es imparable. Jesús se ha ido de allí a continuar con su labor en otras partes. Igualmente, los discípulos pueden ser rechazados, pero su itinerancia hará eficaz la extensión de la predicación y la curación si continúan mirando adelante. La presencia de Jesús en el mundo está asegurada a través de sus discípulos, a través de los doce, que serán enviados definitivamente por el Espíritu Santo cuando Jesús muera y resucite.

JUAN SEGURA







Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos

el polvo de los pies, para probar su culpa (Mc 6, 11)


 


Preguntas y cuestiones

¿Cuántas veces nos sacudimos el polvo de nuestros pies antes de saber si somos o no bien recibidos? ¿Cómo nos afectan los prejuicios en nuestras relaciones con los demás?

Hay ocasiones en que pretendemos cambiar a los demás sin haber cambiado nosotros, al menos debemos plantearnos si realmente estamos en el camino que Dios nos marca.

Es frecuente que tratemos de probar la culpa de los demás sin haber escrutado si nuestra acción es de Dios o no. La muestra de que nuestras acciones son de Dios vienen de nuestras obras, obras que tienen que ser para los demás y no para vanagloria.
                  

 
 

 

 

Inicio

J. A. Pagola

Homilías

Lecturas del día

El Día del Señor

PPS Eucaristía