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15 del Ordinario, aunque quizás hoy sea extraordinario


Evangelio de hoy: Desapego, desapego, y a caminar. No hay mucho más. Qué simplicidad.

Me encanta Jesús. Sin líos. Sin sobrecargas. Sin lamentos. A veces me pregunto… me asombro, de cuánto y cómo se ha repintado, con mil y mil capas encima una de otra, el mensaje de Jesús. Desde el principio; reinterpretado, mal interpretado, tergiversado, incluido el propio Sanedrín que le juzgó, Judas que se asustó (quizás éste no lo entendió del todo mal, y por eso se asustó tanto que eligió traicionar y huir), y muchos de los que lo han usado a su sola, individual y privativa, imagen y semejanza. A su conveniencia. Conveniencia personal, política, económica, religiosa incluso. Cualquiera auto-conveniencia.

Cuando pienso en la gente que escuchaba a Jesús, en vivo y en directo, y el impacto que causaba en quien necesitaba encontrarse con Dios, volver a Él, estar con Él, sentirse ser humano y criatura querida y digna, ¡caramba!, lo entendían perfecto. El mensaje y su significado les llegaba claro, clarísimo. No había mucho que traducir. Ahora bien, los que se acercaban a Jesús para ponerle trampas, para sacar tajada, para ponerle a prueba… sus mentes sucias, oportunistas y codiciosas, ávidas de poder y control, apestaban a kilómetros. Menos mal que siempre salían “escaldaos” (que decía mi abuela).

Así que, una vez más, en el evangelio encontramos la clave. La llave. El mensaje no es fraudulento, ni su significado ambiguo ni ladino. No hay doblez. Cuando uno va (y también lo decía me abuela) con el corazón en la mano, con mente limpia, con necesidad de Dios…, no hay impostura, ni posibilidad de oneroso lucro. Hay lo que hay: Misericordia. Libertad. Responsabilidad. Confianza. Generosidad. Autenticidad.

En el relato de hoy, Jesús envía a sus Doce: sin y con. Sin dinero suelto (ni para llamar por teléfono), sin pan, sin alforja, sin túnica de recambio. Y con: con bastón, con sandalias, con compañero, con autoridad sobre espíritus inmundos (de estos otro día hacemos una lista… que no tienen desperdicio, no crean), con la libertad de quedarse o de irse según los reciban. Hablando en buen romance: desapego, a caminar… y poco más. Los manda a la vida. Los manda a vivir. A vivir la vida. Vivir la laif (que dicen mis alumnos, “life” en inglés). Pues eso. Los manda a llevar la vida en abundancia de Dios y a repartirla a quien la reciba, y al que no… pues… la imagen es suficientemente poderosa… en mi pueblo seguramente lo expresarían de otra forma…, pero vaya, ustedes mismos la leen en el evangelio y la entenderán perfecto. Como los apóstoles la entendieron.

Ojalá hoy nos contemos entre los que reciben esa vida de Dios, con los brazos abiertos y el corazón anhelante de un enamorado. Ojalá no estemos hoy en el grupo de los que no entiende el mensaje, de los que se van a tragar el polvo de las sandalias de los apóstoles. Buena semana de julio.

ANA IZQUIERDO

 

 

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