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Domingo 15 Tiempo Ordinario

Misa Pr. Gl. Cr. Pf  dominical

15 de Julio de 2018

 

 

COMENTARIOS SOBRE LAS LECTURAS

 

 

Reflexión: Amós 7, 12-15

 

El domingo pasado el Señor decía que "nadie es profeta en su tierra y entre los suyos".

También se nos dice en varias ocasiones que el profeta:

* es perseguido,

* se le prohíbe anunciar sus mensajes, o se los desprecian.

A pesar de todo, los profetas cumplen su misión que procede, no de sus cualidades o criterios, sino de la llamada que Dios les hace.

Esto sucede con el profeta Amós, según la la lectura de hoy. En los pueblos antiguos había unos personajes que vivían en los templos y en los palacios reales y recibían un sueldo para dedicarse a predecir el futuro. También en el pueblo de Israel había ese tipo de personajes.

Pero Dios, cuando quiere hablar a su pueblo, no se sirve de esos profesionales de la profecía sino que escoge libremente a quien él quiere.

Y eso hace, para nosotros, con Amós; que es un simple pastor de ovejas y cultivador de higos.

En tiempos de Amós, siglo VIII a. de Cristo, el pueblo de Israel atraviesa una etapa de prosperidad económica. Pero eso lleva consigo una decadencia ética, moral y religiosa.

El abuso de los poderosos y las injusticias sobre los pobres eran notorias. La idolatría también estaba presente, a pesar de que el culto a Dios en el templo seguía activo. Estaban en la situación de poner, como popularmente se dice, una vela a Dios y otra al diablo.

Esto no es grato al Señor y suscita al profeta para que denuncie el proceder injusto de su pueblo.

El mensaje de Amós, que anuncia la muerte del rey Jeroboán y el destierro del pueblo así como la aniquilación del culto del templo no es del agrado de los rectores de la sociedad.

Su presencia resulta, por tanto, incómoda y molesta y pretenden hacerle callar.

Pero Amós es el profeta de Dios, auténtico y veraz. Y su mensaje no se podrá silenciar, porque proviene del mismo Señor.

El profeta Amós condena, en nombre del Señor, la vida corrompida de las grandes ciudades, las injusticias sociales, la falsedad de los ritos litúrgicos sin resonancia para una vida de fraternidad.

Frente a quienes le quieren hacer callar, Amós afirmará con claridad que la actual situación de injusticia social del reino atraerá el castigo del Señor.

El poder del profeta, enviado de Dios, superará los obstáculos que le salen al paso en el cumplimiento de su misión.

Y su mensaje se cumplirá, a pesar de las dificultades.

 

Reflexión: Efesios 1, 3-14

El apóstol San Pablo es, como fue Amós para el pueblo de Israel, el profeta de la salvación de Dios por medio de Jesucristo.

Dios no quiere la destrucción de sus criaturas. Por eso tiene que "recapitular en Cristo todas las cosas".

La lectura que hacemos hoy del comienzo de su carta a los Efesios es un canto de alabanza a Dios.

El apóstol da gracias a Dios-Padre por habernos elegido por amor; al Hijo Jesucristo por habernos redimido y alcanzado la salvación por su muerte y resurrección; y al Espíritu Santo que es la mejor garantía para que la acción del Padre y del Hijo alcancen su objetivo final.

Demasiadas veces nos aferramos a las llamadas de "conversión" que nos hace el Señor, como si nuestra vida estuviera continuamente en camino de perdición.

Por eso, el canto de alabanza que hoy hace San Pablo, nos lleva a la esperanza y al optimismo ya que vemos que Dios nos ha puesto en camino de salvación; y, a pesar de nuestros errores y pecados, llegaremos a la meta porque el Señor, Jesús, nos ha merecido la redención.

Mensaje de gozo y esperanza en la 2ª lectura de hoy.

 

Reflexión: Marcos 6, 7-13

 

La comunicación de Dios con los hombres se realiza por multitud de caminos: en el diálogo personal; a través de acontecimientos naturales; por medio de ángeles; suscitando profetas y apóstoles.

En la lectura del Evangelio de hoy vemos a Jesús que elige a unos hombres y los envía a proclamar su Evangelio a todas las gentes. Es el modo normal del que se vale el Señor para dar a conocer la Buena Nueva de su salvación: la proclamación por la palabra de los apóstoles.

Actualmente Dios se vale de los mismos medios. Cambian solamente las circunstancias y los modos.

Si la la lectura nos habla del profeta Amós; la 2ª de San Pablo y el Evangelio de los Doce Apóstoles, hoy se puede hablar del Papa, de los Obispos, de los Sacerdotes, de los Religiosos/as, de los cristianos todos. Porque todos somos portadores de la gracia salvadora de Dios y todos hemos de ser profetas del mensaje de salvación de Cristo-Jesús.

En nuestra misión tenemos que proclamar la salvación realizada por Jesús y la necesaria conversión del corazón para recibirla en nosotros.

Es una misión cuyo éxito no está garantizado, como no lo estuvo el de Amós, ni el de San Pablo, ni el de Jesús.

Lo importante es realizar la misión que se nos encomienda, con los medios que estén a nuestro alcance y con la certeza de que es una misión confiada a nosotros por el Señor.

A veces se siente la tentación de "levantar grandes estrados" para proclamar la Palabra de Dios; de utilizar "medios eficaces" para que llegue a todos los rincones; de manejar "sistemas técnicos" para atraer la atención de las gentes.

Sin embargo Jesús dice: no llevéis ni pan ni alforja, solamente un bastón para el camino.

Una Iglesia más desguarnecida, más desprovista de privilegios y más empobrecida de poder político-social, es una Iglesia más libre y más capaz de ofrecer el Evangelio en su verdadera pureza.

A primera vista parece que el Evangelio de hoy solamente nos "narra" lo que Jesús mandó hacer a los Doce elegidos por él.

Pero no podemos olvidar que Dios nos eligió, nos perdonó, nos dio a conocer su mensaje salvador para llevar al mundo la Noticia de Jesús. Esperar en el templo a que vengan los no creyentes es olvidar el porqué de la Iglesia y es perder toda perspectiva evangelizadora.

El Evangelio recoge un modo concreto de evangelizar de la iglesia primitiva: ir de dos en dos, en pobreza, predicando la conversión. No es una técnica sofisticada, pero es evangélica y eclesial.

Algo tendrá Dios que inspirar a su Iglesia de hoy para que no se le pudra el Evangelio en el templo. No sería oportuna la táctica de cerrar las puertas por sistema, porque podría uno perderse el encuentro con profetas elementales y tan válidos como Amós. 

 

 

 

Reflexión personal

 

Jesús siempre llamó a la conversión, no entendiendo ésta cómo una cuestión meramente moral, sino como la transformación de nuestra manera de entender y vivir la vida; convertirse no es tanto cambiar algunas cosas que hacemos cuanto dejar de vivir la vida sin esperanza, sin confianza en la realidad de la presencia del Reino ya entre nosotros. ¿Cómo entiendo yo la conversión a la que me llama Jesús? ¿De qué tengo que convertirme?

- Amós no fue un profeta "profesional", no era un “funcionario”, sino que se sentía llevado interiormente por una pasión religiosa, vocacionalmente; por eso proclamaba su mensaje sin miedos y sin acepción de personas; eso le llevó a denunciar incluso a los propios sacerdotes del templo, a la religión institucionalizada que sólo busca agradar a los poderosos y se olvida del respeto al derecho y la justicia. ¿Pueden ser "buenas" las relaciones entre las instituciones -incluso religiosas- y los profetas? Llegar a unas conclusiones en el grupo y después poner ejemplos del mundo de hoy.


- A lo largo de su vida, Jesús se dedicó con insistencia y prioridad al anuncio de Reino; el Reino fue el tema prioritario, el fundamental en su vida, su Causa, su Utopía. Todas las demás cosas que hizo y dijo no fueron sino explicaciones acerca de ese Reino. La profecía en la Iglesia no proviene de voces misteriosas interiores que puedan escuchar sólo algunos espíritus exquisitos, sino de la confrontación del cristiano con la utopía del Reino. Porque la Iglesia debe reconocer al Reino también como su Causa y lo que le da sentido, es posible que sus miembros -individuales o en comunidad- puedan "criticar" a la Iglesia al confrontarla con el ideal al que ella misma debe servir. ¿Sería ése un fundamento claro de la profecía al interior de la Iglesia?

 

 

 

 

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