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Lecturas del díaCelebración de la EucaristíaJ. A. PagolaHermann Rodriguez
I Samuel 3, 3b-10.19 El sentido de nuestra existenciaA. PronzatoVenid y lo veréis
1 Corintios 6, 13c-15a.17-20 LevantarseC. FloristánJosé Luís Sicre
Juan 1, 35-42 El Bautista anuncia a JesúsJ. GarridoJean Pierre Bagot
Reflexión personal y en grupoG. GutierrezX. GoitiaAbad de la Trapa de Scourmont

 

 

DOMINGO II ORDINARIO - B

14 de Enero de 2018

 

 

REFLEXIONES SOBRE LAS LECTURAS

 

 

Reflexión: I Samuel 3, 3b-10.19

Habla, Señor, que tu siervo Samuel te escucha.

Son tantas nuestras ocupaciones y preocupaciones que se nos hace difícil disponer de tiempo y de silencio para escuchar a Dios y para hablar con El.

Por eso, es el mismo Señor quien ofrece sus mensajes, a veces, en el silencio de la noche como nos dice la la lectura de hoy.

Dios no necesita abogados que le defiendan sino profetas y apóstoles que den testimonio de su presencia en el mundo y de su Buena Nueva de salvación.

Por eso llama y suscita a profetas y apóstoles.

La "llamada" de Dios no siempre es clara y terminante. Necesita ser acogida en el silencio y en la reflexión.

Se parece a una "invitación" que exige respuesta. Lo importante, en primer lugar, es:

* escuchar con atención,

* aceptar con generosidad,

* seguirle con prontitud y sin titubeos.

Los llamados "Libros de Samuel" se refieren a uno de los momentos más importantes de la historia del Antiguo Testamento.

Es el momento en que Israel se constituye como verdadero pueblo. Por primera vez las tribus israelitas se reúnen en torno a la ciudad de David (Sión) como única capital y ciudad santa; por primera vez forman una unidad política y religiosa, es decir, un pueblo.

Con el nacimiento de Israel como pueblo coincide, a su vez, el nacimiento de la monarquía, del profetismo y del sacerdocio, junto con la elección de Jerusalén como capital y como origen de la dinastía davídica.

Monarquía y profetismo son dos instituciones estrechamente relacionadas entre sí. Nacen juntas, presididas ambas por la figura de Samuel, y mueren prácticamente juntas con el destierro.

Nos encontramos por los siglos XI-X a. de Cristo.

La la lectura de hoy nos ofrece el ejemplo de una "llamada" de Dios y de una acogida, por parte del joven Samuel, sin reservas ni condiciones de ninguna clase.

La actitud de fidelidad a Dios del joven Samuel contrasta con la infidelidad de los hijos del sacerdote Helí.

Por eso Dios castigará a la casa de Helí y acompañará a Samuel hasta el punto de que "ninguna de sus palabras dejó de cumplirse". Samuel es el ejemplo típico para el creyente: dispuesto a escuchar con prontitud la Palabra de Dios y hacer caso a lo que dice el Señor. Hoy Dios sigue "llamando" de muchas maneras:

* por medio del Evangelio,

* a través de tanta gente que sufre: hambre, soledad, desamparo, enfermedad,

* y, también, de la buena gente que disfruta de salud, alegría y bienestar.

Debemos estar atentos para: 

* escuchar su llamada,

* para discernir su invitación entre tanto ruido del mundo, 

* y para ser generosos en la respuesta.

 

Reflexión: 1 Corintios 6, 13c-15a.17-20

Miembros de Cristo y templos del Espíritu

Jesús afirmó que "son dichosos, felices, los limpios de corazón". Hoy San Pablo, en la 2ª lectura que hacemos, nos dice que "somos templos del Espíritu Santo".

Naturalmente que no se trata de un "templo" en sentido material, sino en el sentido que estamos guiados y orientados por la fuerza del Espíritu de Dios. Empapados por el Espíritu Santo.

Por el bautismo el cristiano ha entrado a formar parte del cuerpo de Cristo y, como dice San Pablo, "el que se une al Señor es un espíritu con él".

Nuestro cuerpo ha sido rescatado porque el hombre, reducido a sus propios instintos, es un esclavo "de la carne". Y la muerte y resurrección de Jesús no sólo fue liberación en su propia carne sino también en el cuerpo de la iglesia. Por tanto, es un pertenecer a Cristo, que nos hace libres. De ahí la estimulante expresión de San Pablo: ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!

El cuerpo compendia la dignidad y las posibilidades del hombre, y por lo mismo no será destruido. Al contrario, será objeto de especial predilección por parte del Señor que lo resucitará glorioso e incorruptible.

Este pasaje de San Pablo nos ilumina también sobre una correcta valoración de la sexualidad y sobre la bondad radical del cuerpo humano.

La sexualidad es, en efecto, una importante y positiva dimensión de ese cuerpo que es para el Señor y en el que también se realiza el hombre como persona.

La sexualidad es "encuentro", "relación", "intercambio", "entrega" personal mutua y no simple acción egoísta e instrumentalizadora del otro.

Por eso, como dice San Pablo, el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, haciendo referencia al hombre como persona y dentro de la salvación total realizada por Cristo.

Es tan importante el cuerpo para manifestar y producir el encuentro espiritual entre las personas que Cristo mismo nos ha entregado el suyo -bajo los símbolos del pan y del vino- para que sea instrumento de nuestra comunión con El y con los hermanos.

 

Reflexión: San Juan 1, 35-42

Vieron dónde vivía y se quedaron con Jesús aquel día.

En varias ocasiones el Señor dice que "se deja encontrar por quien le busca"; incluso se hace el encontradizo con quien pretende huir de El.

Dice San Agustín: "nuestra alma estará inquieta hasta que repose en Dios" que es la fuente de toda felicidad.

Por eso buscamos a Dios y, cuando le encontramos, se calma nuestra inquietud.

Quien solamente busque y se afane en adquirir cosas o sensaciones con las que saciar sus apetencias, nunca encontrará sosiego. Quien trata de huir de la enfermedad, de la tristeza, del dolor... quedará defraudado.

Quien busque a Dios con sencillez y humildad quedará consolado, puesto que Dios no se esconde de quien le busca honradamente; y aunque le visite la enfermedad, la tristeza o el dolor, no perderá la paz porque estará fortalecido por la presencia del Señor.

Alrededor de Jesús había hombres con inquietudes de Dios. Y cuando se encontraron con el Señor se quedaron con él y fueron sus mejores apóstoles.

Jesús sorprendió a aquellos dos hombres que se acercaron a él, con una escueta pregunta: ¿qué buscáis?

La gente de hoy le contestaría de muy diversas maneras: 

* buscamos un lugar donde adquirir cosas, objetos,

* buscamos escapar de una enfermedad, de la soledad, de los conflictos o de la falta de trabajo,

* buscamos un poco de soledad, de sosiego, de paz, 

* buscamos algo que tranquilice nuestro corazón.

Aquellos dos discípulos de Juan se acercaron a Jesús porque oyeron decir que "Jesús era el Cordero de Dios que quitaba el pecado del mundo".

Por eso se fueron al encuentro de Jesús.

Y, ciertamente, Jesús no les ofrecía ninguna recompensa material, porque "el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza", pero "venid y veréis dónde vivo". Jesús les ofrece solamente la esperanza en Dios-Padre, y la fe en él.

Aunque Jesús "era hijo del carpintero" y "de Nazaret no podía esperarse nada bueno", aquellos discípulos de Juan se fueron con Jesús porque su Palabra les encontró vigilantes, receptivos y atentos; comenzaba a germinar en ellos la semilla de los "hombres nuevos".

La vocación cristiana es una llamada que Dios hace: unas veces directamente, como a Samuel, San Pablo y otros muchos; otras veces de manera indirecta, a través de amigos, padres, maestros, como la que nos ofrece el Evangelio de hoy; otras veces lo hace por medio de la "inquietud" que cada uno siente en su interior de encontrarse con quien colme los propios anhelos.

Pero en todos tiene que darse una actitud de "acogida" y de "disponibilidad" personal, para que el encuentro con Dios se haga una realidad permanente.

Y cuando uno se encuentra con Jesús, se hace apóstol sin dificultad, porque se cuenta la experiencia personal de fe con sencillez y fuerza: ¡hemos descubierto al Mesías!

 


 

 

Reflexión personal


«Venid y lo veréis», les dice Jesús a los discípulos que quieren conocerle, que no otra cosa significaba aquel «¿dónde vives?». Jesús es transparente: no les da su domicilio, ni les hace una descripción o aprovecha para darles una lección teórica. Simplemente les dice: «Vengan y lo verán». ¿Tengo aquella misma transparencia, aquella accesibilidad libre y sin complicaciones, aquella disponibilidad para con los demás?

- El relato de la vocación de Samuel es un «relato de vocación» típico en el Antiguo Testamento. Comentemos sus elementos. Hagamos después un comentario más crítico: ¿Llama Dios con voces? ¿Tienen que darse siquiera fenómenos paranormales? ¿Puedo decir que Dios me llama aun sin haber escuchado ninguna voz física ni psíquica? Hagamos la síntesis: ¿qué significa que Dios «llama»?


- El capítulo de la sexualidad es una de las «asignaturas pendientes» de la moral eclesiástica. Diariamente percibimos la distancia entre la concepción de sexualidad vigente en la sociedad y la que sigue predicando una moral cristiana que no se renueva. Hagamos un elenco de los factores que han llevado a este distanciamiento todavía no superado. Señalemos también los principios mayores fundamentales que hoy un cristiano debería tener claros.

 

 

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