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Lecturas del día

Celebración de la EucaristíaJ. A. PagolaJosé Luís Sicre
Isaías 25, 6-10aSer alguienA. PronzatoG. Gutierrez
Filipenses 4, 12-14.19-20Dios nos envía una invitación personalC. FloristánJosé Cervantes
Mateo 22, 1-14InvitadosJ. GarridoJean-Pierre Bagot
Reflexión personal y en grupoAbad de la Trapa de ScourmontX. GoitiaPatxi Loidi

 

 

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

15 de Octubre de 2017

Misa pr. Gl. Cr. Pf dominical

 

 

 

REFLEXIONES SOBRE LAS LECTURAS

 

                           
 

REFLEXION: Isaías 25, 6-10a

En la fiesta o en un acontecimiento destacado, no falta la alegría y la comida especial.

 Alrededor de la mesa, en torno al banquete, se reúne la familia, los amigos, los invitados.

La vida del pueblo de Dios en el s. VIII a. de Cristo está llena de turbulencias políticas, sociales y religiosas.

La vida de las gentes del pueblo, en algunos de esos momentos, se torna difícil y empobrecida.

Por otra parte, los reyes celebran grandes fiestas y banquetes, en consonancia con su poder.

En esta situación el profeta Isaías levanta su voz para proclamar que el Señor convoca a celebrar la gran fiesta de la salvación alrededor de la mesa de un gran banquete.

Ninguna otra imagen podía significar mejor la fiesta de la salvación. Dios, soberano sobre todas las cosas, prepara un gran banquete y se lo ofrece a un pueblo hambriento.

Dios reunirá a todos: en una fiesta en donde reina la alegría y cesa el llanto; el luto deja paso al canto; y el hambre se torna en hartura. Así se celebra el definitivo triunfo de la vida porque Dios ha intervenido trayendo la salvación y destruyendo todos los signos de llanto y duelo.

Hoy como ayer, en medio de un mundo cargado de ofrecimientos "salvadores", la lectura del profeta Isaías es una llamada (con su lenguaje peculiar e imágenes de aquella época) a la esperanza en Dios de quien "esperábamos que nos salvara y que podemos celebrar gozosos con su salvación".

El largo camino de la Humanidad no termina en el absurdo sino que está abierto al misterio del gran amor de Dios, que se ofrece como esperanza a todos los hombres.

 

Nota:  Is 25,6-10a

 

  • 25,6-10a: Un espléndido festín, con buenos manjares y selectos vinos era entonces, y sigue siendo hoy, símbolo de alegría y de vida. Se celebra alegremente el triunfo definitivo de la vida porque Dios ha intervenido, trayendo la salvación y destruyendo todos los signos de llanto y duelo (muerte). Obsérvese cómo se compaginan la universalidad (a todos los pueblos) y el centralismo (en este monte).

 

 

 

REFLEXION:  Filipenses 4, 12-14.19-20

San Pablo ha experimentado el afecto que sienten por él los cristianos de la comunidad de Filipos.

. Agradece a los cristianos de aquella iglesia la ayuda que le han prestado mientras ha estado en prisión, con la seguridad de que Dios les recompensará ampliamente su buena voluntad y colaboración.

Pero al mismo tiempo destaca la fuerza de Dios que le hace vivir su vocación de Apóstol en cualquier circunstancia en que se encuentre: por encima de la pobreza y de la abundancia, de la hartura y del hambre, cuando le sobra y cuando le falta.

San Pablo, con su actitud personal nos ofrece una "regla de oro" para nuestro proceder:

* ni pobreza ni riqueza han de ser objeto de desmesurados esfuerzos o extraordinarias preocupaciones,

* ni pobreza ni riqueza nos deben intranquilizar ni hacernos perder la paz,

* gozosa alegría en cualquiera de las situaciones en las que nos encontremos: ni estrechez por estrechez, ni hartura por hartura,

* y agradecimiento por la solidaridad expresada con los que están en necesidad.

Lo importante es vivir en armonía y amistad con Dios y en solidaridad con los hermanos: ya sea en pobreza o en abundancia.

 

Nota: Flp 4,12-14.19-20

 

• 4,10-20: Esta sección, paradógicamente colocada al final del escrito actual, podría constituir la primera misiva enviada por Pablo a Filipos muy poco tiempo después de haber sido encarcelado en Éfeso (véase Introducción). Son unas líneas de entrañable agradecimiento por la ayuda recibida. Sin embargo, más allá del simple agradecimiento, Pablo desarrolla una catequesis de valor permanente y universal sobre el sentido de la colaboración material entre evangelizador y evangelizados. (Véase nota a 2 Cor 11,1-15). Pablo utiliza en esta misiva el lenguaje de las transacciones comerciales para referirse a la generosa ayuda recibida de los filipenses. Pero lo importante es observar con qué maestría y finura se eleva el apóstol desde las realidades económicas, a las que atribuye su importancia, al plano del espíritu. El donativo de los filipenses a Pablo constituye un verdadero acto de culto a Dios.
 


 

REFLEXION: San Mateo 22, 1-14

 

Si en la 1ª lectura el profeta Isaías nos ofrecía la imagen de un banquete como símbolo de la salvación realizada por Dios, ahora es Jesús, el Señor, quien nos lo recuerda también.

Dios invita y hace un banquete como signo de fiesta y de amistad. Pero los invitados en primer lugar (pueblo elegido) no acepta la invitación.

Unos se marchan a sus negocios; otros a la casa del pueblo; otros a sus diversiones; y otros, incluso insultan y maltratan a los portadores de la invitación.

Esto resulta doloroso para el Señor. Pero acepta la decisión de cada uno.

Solamente asegura que el banquete no se suspenderá y "quien rechaza su invitación, no se sentará a su mesa como amigo".

Por otra parte, si los primeros invitados no quieren participar en el banquete, abrirá las puertas de su casa y de su fiesta a otras gentes que estén dispuestas a aceptar su invitación y su llamada.

La aceptación a la llamada de Dios ha de ser con todas sus consecuencias.

Dios nos invita a sentarnos a su mesa y a compartir su amistad, pero exige poner de nuestra parte lo que corresponda para "no desentonar" en la fiesta.

Hemos de vestir el traje de fiesta para sentarnos a la mesa del Señor. El acontecimiento se lo merece.

El Evangelista, al relatar que uno de los comensales fue echado a la calle, quiere corregir la impresión de que en el Reino se valora de la misma manera a los buenos y a los malos.

El hombre "sin el vestido del ánimo de conversión, sin el deseo de aceptar lo que significa sentarse a la mesa del Señor, sin poner de su parte lo mínimo que se exige para la fiesta, no es digno de estar en el banquete que se ofrece de modo tan gratuito".

Se comenta que en muchos banquetes de bodas se suele "colar" algún desconocido que no ha sido invitado por nadie. Esa persona sólo quiere beneficiarse del banquete. No le importa ni la nueva vida de los novios, ni el compromiso de amistad que une a los comensales. Por eso, cuando el intruso es localizado, se le expulsa de la sala.

Jesús quiere destacar que el pueblo de Israel es quien ha sido invitado al banquete de salvación. Al rechazar la invitación, las puertas del banquete se abren para todos los pueblos. Sin embargo, la entrada en él requiere una "actitud de aceptación y conversión", simbolizado en el vestido de bodas.

La Iglesia de hoy podemos verla representada por la sala llena de invitados, buenos y malos. Se necesita un largo período para confirmar la conducta de cada uno. No basta estar en el banquete, pertenencia externa al Reino, si no lleva consigo la aceptación de unas exigencias morales (vestido nupcial). Es la caridad fraterna la que debe expresar externamente y en profundidad que pertenecemos a la Iglesia y aceptamos la fiesta de la salvación.

Hoy, al igual que el señor de la parábola, hay que invitar a la fiesta de una vida nueva como don de Dios. Y para disfrutar del gozo de sentarse a la mesa del banquete que Jesús ofrece en la comunidad cristiana (la Iglesia) hay que ir "revistiéndose" de la misma vida de Cristo: es Cristo quien vive en mí.

Así no experimentaremos en nosotros "el rechinar de dientes", ni aquí ni allá.

 

Comentario: Mt 22,1-14

 

22,1-14 Parábola de los invitados a la boda. Mateo ha unido aquí dos parábolas: la de los invitados al banquete (Mt 22,1-10; Lc 14,15-24), y la del comensal sin vestido apropiado (Mt 22,11-14; sin paralelo en Lc), y ha hecho del conjunto una explicación de la entrada de los paganos en la Iglesia, y una exhortación a su comunidad para que confirme con obras su vocación cristiana.

Para comprender el sentido de la parábola en labios de Jesús tenemos que reconstruir el escenario social al que hace referencia. Notemos en primer lugar que se trata de un banquete. Las comidas tenían (y tienen aún hoy) una importante función social, pues eran ceremonias a través de las cuales se confirmaba el estatus de las personas y su lugar dentro de la escala social. Los banquetes eran también un medio para estrechar lazos, para afirmar alianzas y relaciones. El estatus de una persona podía muy bien medirse por la gente que frecuentaba su mesa. En ocasiones muy especiales, como la boda de un hijo, la selección de los invitados era minuciosa; sobre todo se cuidaba la invitación a personajes importantes, porque su presencia contribuía a realzar el estatus y el honor de la familia.

Leída en este contexto, lo más sorprendente de la parábola es que los invitados se nieguen a participar en el banquete de bodas, aduciendo excusas poco verosímiles (en Mt incluso matan a los emisarios del rey). Rechazar una invitación como ésta era algo casi impensable, y suponía una ofensa grave a quien invitaba. A la ofensa que le hacen, el rey de la parábola responde invitando a todos los que se encuentren por los caminos, gente que nunca se habría sentado a la mesa de un personaje importante, y menos de un rey.

Esta lectura de la parábola es coherente con un dato importante de la vida de Jesús: sus comidas con los pecadores y recaudadores de impuestos, que le acarrearon duras críticas. Es muy probable que Jesús, a través de esta parábola, intentara responder a la acusación de haber invitado al banquete del reino a todo tipo de personas. La parábola habla también del rechazo de su mensaje por parte de los líderes del pueblo y de la acogida que le dispensaron los marginados: pecadores, prostitutas, etc. Los primeros cristianos profundizaron en el sentido de la parábola desde su situación, y vieron también en ella la explicación de una nueva circunstancia que estaban viviendo: la buena noticia era mejor acogida por los paganos que por los judíos.

En la versión de Mateo el tema de fondo sigue siendo el rechazo de la invitación de Jesús a acoger el reino y las consecuencias de este rechazo. Para subrayarlo, el evangelista ha introducido algunos detalles y modificaciones importantes (véase la versión de Lucas): la muerte violenta de algunos de los emisarios (Mt 22,6) y el castigo con que el rey responde a esta actitud (Mt 22,7-8; véase Mt 21,41). Para Mateo la parábola no es ya una explicación del estilo de vida de Jesús, sino que expresa la respuesta de Dios al rechazo de su pueblo.

Mateo ha añadido a la parábola de los invitados a la boda otra breve parábola (Mt 22,11-14), que tuvo un origen independiente. En esta segunda parábola aparece también el tema del juicio, pero esta vez no se trata del juicio del pueblo de Israel, sino de aquellos que creen tener asegurada la salvación. El evangelista quiere advertirles que no es suficiente con haber aceptado la invitación. Para entrar en el banquete del reino es necesario un estilo de vida que ponga en práctica las enseñanzas de Jesús. El rey no exige algo imposible a los que han sido invitados en las encrucijadas de los caminos. Como era costumbre, el anfitrión habría preparado vestidos apropiados para aquellos que llegaran al banquete sin ellos. El comensal al que se dirige el rey con palabras tan severas, ha rechazado el vestido que le ofrecían, y ha ofendido al rey al entrar en su banquete vestido impropiamente. El mensaje de Mateo a su comunidad es por tanto éste: Dios ha llamado a todos a participar en el banquete del reino, pero sólo serán admitidos aquellos que hayan respondido a la invitación cambiando su estilo de vida.

 

 

 

Reflexión personal y en grupo

Dios nos invita a todos a asistir al banquete de la fiesta de su Reino. ¿Estoy dispuesto a aceptar esa invitación, a acogerla sin prejuicios ni condiciones, y a colaborar para que todos participen en ese banquete que nos prepara Dios nuestro Padre? 

 - La parábola de los invitados al banquete puede ser interpretada como significadora de nuestra propia vida invitada por Dios al banquete de la vida… Parafrasear entre todos en el grupo ese símbolo. ¿Consideramos que hemos sido invitados? ¿Invitados a un banquete? ¿Se puede comparar la vida con un banquete? ¿En qué aspectos sí y en qué aspectos no?
 

- Muchas veces se ha utilizado la religión para “meternos miedo” y atormentarnos con las amenazas de castigo. ¿En qué Dios creemos, en el Dios de los castigos o en el que busca nuestro gozo y nuestra alegría, nuestra vida por encima y más allá de la muerte? ¿Creemos que Dios nos amenaza con el «llanto y el rechinar de dientes»?

 

 

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