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APRENDER A CREER

José Antonio Pagola

 

 

Del evangelio de san Lucas, capítulo, 11, versículos del 9 al 13

Por esto os digo: Pedid, y os darán; buscad, y encontraréis; llamad, y Dios os abrirá la puerta.

Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, Dios le abrirá la puerta.

¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide pescado, en vez de pescado le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre que está en el cielo dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan? (del evangelio de San Lucas, capítulo 11, versículos del 9 al 13)


 

Comienzo a escribir estos, con mucha fe y no poca inquietud. No sé si lograré comunicarme con vosotros. Ni siquiera sé quiénes leeréis estas “páginas”.

 Yo quiero dirigirme a quienes os habéis alejado de la Iglesia sencillamente porque no os convence.

 Quiero hablar con los que habéis dejado de ir a misa, porque hace tiempo que no os dice nada.

 Sé que dentro de vosotros no se ha apagado la fe en Dios. Muchos de vosotros seguís admirando a Jesús aunque tal vez no lo conozcáis bien, ni penséis en él con mucha frecuencia.

Habéis hecho lo más fácil: dejar a un lado una religión que no os ayudaba a vivir mejor. Otros muchos han hecho lo mismo a lo largo de estos años. ¿Ha sido lo más acertado? No lo sé.

 Algunos de vosotros y vosotras deseáis volver a creer, pero de manera diferente. No queréis retornar al pasado. No guardáis buenos recuerdos de vuestra experiencia religiosa de niños. No queréis retomar las creencias y prácticas de otros tiempos: las confesiones de los pecados contra el sexto mandamiento, los sermones de cuaresma, aquella semana santa… Buscáis algo más auténtico y gozoso.

 A veces os preguntáis qué podéis hacer ahora, después de tantos años. La verdad, no es fácil. No os veis a estas alturas, hablando con un cura. Tampoco sabéis a dónde acudir o qué pasos dar. De estas cosas no se puede hablar con cualquiera. Dios no interesa. Al menos, eso parece. Si decís entre vuestros amigos que andáis buscando a Dios, se sorprenderán. Alguno tal vez se sonreirá.

 Lo cierto es que vosotros y vosotras buscáis luz, verdad y paz. Queréis «entender» mejor algunas cosas sobre el cristianismo, pero lo que sobre todo deseáis es comprobar si Dios os puede dar en estos momentos fuerza, alegría y esperanza para vivir. A veces intuís que vuestra vida cambiaría si pudierais sentiros a gusto con él.

 A veces querríais comunicaros con Dios de otra manera, pero no sabéis cómo. Ya no os sale rezar. También desearíais conocer mejor a Jesús, pero no sabéis por dónde empezar. ¿Qué hay que hacer para aprender a creer de una manera más viva?

 De todo esto quiero hablar con vosotros en esta “página”. 

 No quiero exponer doctrinas de teólogos sino sugerir caminos para creer en Dios. No es mi objetivo divulgar el catecismo sino acompañaros a conocer el evangelio. Quiero, sobre todo, hablar de Jesús, el mejor creyente que conocemos. El único que pone alegría y esperanza en nuestros corazones.

 Quiero ser honesto con vosotros. Hablaré de lo que creo. Sólo de lo que creo, de nada más.

 Dios sigue vivo y está actuando en nuestros corazones por diferentes caminos. Incluso a través de estas pobres líneas. Termino recordando unas palabras de Jesús. Para mí encierran una gran verdad. Así decía él:

 «Buscad y encontraréis... porque quien busca está encontrando».

  

 

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