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DE LOS NOMBRES DE JESUS

Le pusieron por nombre Jesús. (Lc. 2, 21)

Jesus izena ezarri zioten.

José Antonio Pagola.

 

Sobre este asunto, quiero pedirte una aclaración.

A veces hablamos de «Jesús».

Otras veces, lo llamamos «Cristo».

En la Iglesia se habla también de «Jesucristo».

¿No es todo esto un poco complicado?

¿Cómo se llamaba realmente?

 

Se llamaba Yeshúa. De ahí viene el nombre de Jesús. Seguramente a Jesús le gustaba, pues significa «Yahvé salva». Era un nombre muy corriente en tiempos de Jesús. Por eso, para identificar mejor a la persona, se solía añadir algo más. En concreto, a Jesús en su pequeña aldea de Nazaret lo llamaban «Yeshúa bar Yosef», Jesús hijo de José. Luego cuando su fama se extendió por toda Galilea y más lejos, la gente hablaba de «Yeshúa ha notsri», Jesús, el de Nazaret.

 

Y entonces, ¿por qué lo llamamos también Cristo?

«Cristo» es una palabra diferente. A ningún niño se le ponía este nombre el día de su circuncisión. En la sociedad judía del siglo primero, el pueblo esperaba la llegada de un «Mesías» o Ungido de Dios (Mashiah), que liberaría a Israel de todos sus enemigos, e instauraría unos tiempos nuevos de bienestar y de paz. Al parecer, Jesús se resistió a que le llamaran «Mesías», pues lo que muchos esperaban era un liberador político y revolucionario. Nunca se vio él como un jefe militar enviado por Dios para liberar a su pueblo destruyendo a los romanos.

Pero, después de su crucifixión, cuando experimentaron que Dios lo había resucitado, entendieron que Jesús era el verdadero Mesías, el Enviado por Dios para ofrecer al mundo la salvación definitiva. Ya no había que esperar a ningún otro. Por eso, lo empezaron a llamar «Mesías». Pero, como en los pueblos y ciudades del Imperio se hablaba en griego, tradujeron su nombre y lo empezaron a llamar Cristo que significa Mesías, Liberador, Salvador...

 

Y, ¿por eso nos llamamos nosotros «cristianos»?

Exactamente. Al principio, los que se adherían a Jesús se llamaban, al parecer, discípulos, seguidores, hermanos... Fue en una ciudad de Siria, llamada Antioquía, donde se empezaron a llamar por vez primera, «cristianos». Es un nombre hermoso y comprometido pues nos recuerda que, si seguimos a Jesús, nos hemos de sentir liberadores y nos hemos de preocupar de hacer entre todos un mundo más liberado, más digno y más humano, tal como lo quiere Dios.

 

¿Da lo mismo llamarle a Jesús de una manera o de otra?

No. Los judíos, los musulmanes, los budistas o los agnósticos hablan de «Jesús» porque éste es el nombre que le puso José al circuncidarlo. Sólo los cristianos lo llamamos además «Cristo» porque creemos que ese Jesús es el Enviado de Dios, el Mesías, el Salvador. También le llamamos «Jesucristo» pues, muy pronto los cristianos de la primera y segunda generación fundieron los dos nombres en uno: Jesucristo ó Jesús el Cristo.

 

Y, ¿cuál es la mejor manera de llamarlo?

En las celebraciones litúrgicas, cuando nos dirigimos al Padre, terminamos nuestra oración «por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo...». Es la fórmula más completa. Lo llamamos «Jesús» porque ése fue su nombre en la tierra. Decimos que es «nuestro», no mío sino de todos. Es el «Señor» resucitado por Dios, Señor de toda la comunidad cristiana y del mundo entero, al que esperamos al final de los tiempos. Es el «Cristo», el Mesías Liberador. Y es el «Hijo», que nos lleva a todos hacia el Padre.

 

Nunca había pensado en todo esto. Y yo, ¿cómo lo podría llamar?

Cuando a una persona se le quiere mucho, no suele bastar un solo nombre.

Hay cristianos que, de ordinario le llaman «Jesús»; es el nombre que más les dice; muchos han muerto pronunciando ese nombre bendito.

Otros, al mirar al Crucificado, les sale espontáneamente invocarlo como «Cristo».

Otros creyentes lo llaman «Amigo» pues lo sienten así.

Algunos lo llaman «Maestro», pues desean aprender de él a vivir de otra manera.

Muchos lo llaman «Señor» porque quieren seguirle fielmente.

Otros lo viven como «Hermano».

 

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