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DIOS BUSCA A LOS PERDIDOS

José Antonio Pagola

 

 



Hay momentos en la vida en que es fácil sentirse «perdido». ¿No lo has experimentado tú alguna vez? Tarde o temprano, por razones que a veces a ti mismo se te escapan, puedes sentirte mal contigo mismo. El desencanto y la decepción se apoderan de ti. Te ves sin ilusión. Perdido y sólo.

A veces, puedes sentir también secretamente tu «pecado». No lo quieres llamar así. No tienes la sensación de haber cometido errores importantes en tu vida. No has dado grandes escándalos. Sencillamente, llevas años viviendo de cualquier manera. Tú único objetivo es vivir bien.

Ahora, tal vez, no te sientes bien. No sabes qué hacer. No tienes fuerzas para cambiar. Te parece que tu vida no merece la pena. Sólo te queda «ir tirando». Evitar líos y problemas. Disfrutar todo lo que puedas.

Hay algo que no deberías olvidar. Por muy perdido que te encuentres, por muy fracasado que te sientas, por muy culpable que te veas, siempre está Dios contigo. Nunca es tarde. Tu vida tiene salida. Cuando nos encontramos perdidos, una cosa es segura: Dios nos está buscando.

Fue una de las grandes ideas de Jesús: Dios busca precisamente a los «perdidos», como un pastor que se olvida de todo y corre tras la oveja que se le ha perdido hasta que la encuentra. Dios se acerca precisamente a los que no encuentran salida a su vida.

El mismo Jesús actuaba así y lo decía de manera clara. Cuándo en Jericó se escandalizan porque, olvidándose de todos ha ido precisamente a casa de un hombre «pecador» que está echando a perder su vida entre robos, abusos y trabajos sucios, Jesús explica así su comportamiento: «yo he venido a buscar y salvar lo que estaba perdido».

Te puede parecer paradójico e increíble, pero es así. Precisamente, cuando nos vemos más pobres y perdidos es cuando más cerca puede estar nuestra salvación, pues Dios nos está buscando. Cuando no tengas a nadie que te pueda ayudar, cuando no veas ninguna salida, cuando sientas que no puedes caminar, confía en Dios. Él está más cerca de ti que nunca. Él te entiende y te apoya. Él está buscando tu bien.

Puede ocurrir que estas palabras no te digan nada. Sé muy bien cómo cuesta a veces encontrarse con Dios. Quisieras creer de verdad algo así, pero no sientes nada de eso, desearías poder rezarle, pero no te sale nada de dentro. Lo más importante no es lo que tú sientes o dejas de sentir ahora mismo, sino como es realmente Dios. Para él, nadie está definitivamente perdido. Si se despertara en ti una pequeña confianza, podría comenzar algo nuevo en tu vida. Podrías cambiar por dentro.

A pesar de tu superficialidad, a pesar de esa sensación de vacío y mediocridad, dentro de ti hay un rincón secreto donde todavía puedes escuchar una llamada a confiar. Cuentas con la cercanía y el apoyo de Dios. No te pide nada. Sólo abrirte confiadamente a él.

Seguramente, piensas que llevas muchos años huyendo de Dios, evitando todo lo que te recuerda a él. Probablemente, no es eso lo que te ocurre. Tú no estás huyendo de Dios. Estás huyendo de ti mismo y de tu propio vacío. No quieres encontrarte con tu propia verdad. No te gusta tu vida.

En el fondo, tú mismo sabes que sólo cambiando encontrarás la paz, el descanso y la alegría que ahora mismo te faltan. Atrévete a responder a esta pregunta: ¿qué tiene que cambiar en mí para sentirme de nuevo vivo por dentro?

Qué diferente lo verías todo si arrancaras de ti ese «miedo» que bloquea tu fe y te aleja tanto de Dios. Qué cambio sentirías dentro de ti si te fueras convenciendo de que él es tu mejor amigo. Olvídate de tus esquemas y prejuicios religiosos. Olvídate de todo lo que te han podido decir. Escucha sólo a Jesús. Fíate de él. Acércate a Dios con humildad. Haz la experiencia. Deja a tu corazón abrirse. Sentirás paz. Si sientes a Dios cerca, aunque sólo sea por unos momentos, tu vida empezará a cambiar.

 

 

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