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J. A. Pagola

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LA RESURRECION DE CRISTO

 

Trascripción literal de una charla dada por José Antonio Pagola.

 

  Voy a empezar por decir que, no es posible, no es posible abordar ni siquiera de manera presumida, todos los aspectos y las cuestiones que encierra ese titulo, el hecho de la resurrección de Jesús.

 El hecho de la fe de los cristianos que, en ese momento la historia de la humanidad, haya un grupo de personas, hombres y mujeres, que creen que la vida de Jesús, no terminó de cualquier manera, sino que fue resucitado por Dios, no es posible. Menos posible todavía el detenernos a analizar los matices de las diversas posiciones de los exegetas y de los teólogos, sobre cuestiones que a lo mejor ni se sospecha lo debatidas que son, en este momento.

Entonces, ¿cuál es mi intención?, pues muy práctica, yo voy a tratar de exponer, de forma breve, y de forma muy resumida, lo que a mi juicio, al menos inicialmente ha de ser tenido en cuenta para entender de manera correcta, la fe de los cristianos que se atreven a decir que Jesús es una figura única puesto que no sólo su vida sino también su muerte, encierra algo realmente original.

 Luego si queréis, en el diálogo, podremos incidir sobre cuestiones o detenernos en cuestiones que por razones que sean, pueden interesar más.

 Voy a seguir un esquema muy sencillo para situar bien las cosas, voy a tratar de hacer ver la importancia que tiene el hecho de la resurrección, y lo voy a hacer de esta manera, recordando cuatro datos del Jesús real, del Jesús histórico.

 Todos los investigadores están hoy de acuerdo en que el núcleo esencial del programa de Jesús fue el anuncio del Reino de Dios. Jesús vivió convencido de que con él, comenzaba algo nuevo en la historia de la humanidad, llegaba lo que él decía con su lenguaje, el Reino de Dios. Pero no vino nada especial, se le mató. Da la impresión de que la cruz, la ejecución de Jesús, lo que sigue demostrando es que allí el que sigue reinando es Pilatos, allí sigue reinando Roma, el Sanedrín, dónde está el Reino de Dios. La cruz deja como en evidencia el fracaso de Jesús. Jesús quizá fue un profeta bueno, pero equivocado. De tal manera de que en la cruz no se le mata sólo a Jesús, se le mata también a su proyecto, su proyecto, su alternativa.

 

Segundo dato.

 Dentro de su mensaje, Jesús, ciertamente proclamaba el perdón de Dios. Dios es amigo de pecadores y por eso él vive así, ofreciendo gratuitamente el perdón. Para Jesús el perdón de Dios no necesita el sacrificio de expiación del templo, tampoco para Juan, pero Jesús dio un paso más sobre Juan el Bautista y pensó que no hacia falta, ni siquiera el bautismo del Jordán. El estaba convencido de que el perdón de Dios es gratuito y por eso comía con pecadores y se acercaba a la gente excluida e impura, no con exigencias de moralista sino como un amigo. Dato realmente sorprendente, ¿de dónde tenía Jesús esa seguridad de que Dios es así?. Sin embargo a este Jesús se le mata, se le ejecuta y como decían las Escrituras: “todo hombre que cuelga de la cruz es un hombre maldito”. Entonces, ¿quién ha sido Jesús?. Ofrecía perdón a todos y no hay perdón para él, no hay misericordia para él. ¿Dónde está el Dios de los últimos, el Dios de los perdidos, si Dios no interviene para salvar a Jesús?.

 

Tercer dato.

Jesús había anunciado que lo que él llamaba el Reino de Dios. Lo único decisivo es la compasión, el amor al necesitado, y se había atrevido a poner por encima de toda la ley, esto: “lo que hay que buscar siempre es el Reino de Dios y su justicia, que reine la justicia de ese Dios, todo lo demás es añadidura, incluso la Torá, el templo, el sábado”. Sí, eso decía Jesús pero la crucifixión, la ejecución de Jesús, parece mostrar que allí, lo que sigue siendo fuerte, es la Ley. Y sabéis que en una de las redacciones de las pasiones, un evangelista pone en boca de los judíos, esta frase: “nosotros tenemos una Ley y según esa Ley, tiene que morir”.

Entonces,  ¿dónde está todo el mensaje de Jesús, esa Ley de Jesús,  “el amor” que en la mente de Jesús está por encima de la Ley, si la Ley al final es más fuerte que todo lo que Jesús ha predicado?. Todo va quedando cuestionado.

Y por último, por no alargarme, sobre todo, lo más grave, parece que Jesús ciertamente confió absolutamente en Dios, incluso parece que se le llamó Abba. Para él esta era la Buena Noticia, la llegada de un Dios Padre. Jesús había confiado totalmente en él, pero en la cruz Jesús grita, o al menos se le hace gritar, con las palabras de un salmo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Entonces, ¿dónde está ese Dios de Jesús?. O no existe Dios o no es el Padre de Jesús. Es decir, la ejecución de Jesús, lo dejó todo en cuestión, todo quedó colgando.

Al final, en la cruz no sólo se le mata a Jesús, es que se mata todo el sentido, el significado, el proyecto de su vida, y queda ahí un interrogante gravísimo, ¿quién ha sido este hombre, un profeta bueno pero equivocado, ha sido un soñador?. ¿Hay en él algo original, algo definitivo? ¿Quién lo puede decir?. Si los discípulos abandonaron a Jesús, no fue sólo por cobardía, sino por coherencia, porque vieron que incluso parecía que Dios no se identificaba con aquel hombre. Si todo hubiera quedado ahí, probablemente no habría escuela de teología, no estaríamos aquí, de Jesús se hubiera hablado, ciertamente, porque su vida es sorprendente, pero no hubiera surgido un movimiento cristiano. El único  que podría decir si en Jesús se encerraba algo definitivo o no, tal vez era Dios, pero una vez de que le han matado a Jesús, ¿qué se puede esperar ya?.

Hacia el año 55, sin embargo, tenemos un testimonio de Pablo de Tarso, un hombre que habla de su propia experiencia y que, escribiendo a esa comunidad del puerto de Corinto, les dice así: Si Cristo no resucitó, vana es vuestra fe, es vacía, dice el término griego, vuestra fe es vacía, no tiene fundamento, y vana es también nuestra predicación. Y continua, y si solamente, para esta vida, tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, un líder, alguien que nos enseña a vivir, somos, para esta vida,  los más desgraciados de todos los hombres. Pero él reacciona, pero no, Cristo resucitó de entre los muertos.

¿Qué preguntas nos podemos hacer y tratar de exponer en una hora, en tres cuartos de hora?.

 

Primera cuestión: Bueno, hemos empezado a hablar de la resurrección pero estamos utilizando una palabra cuyo contenido preciso, nadie conocemos. En principio, resurrección será algo que está más allá de la muerte, después de la muerte, y resulta que nosotros, ni siquiera conocemos qué es lo que sucede en la muerte, la podemos observar externamente, ser testigos, ver que la persona ha muerto, ver que ya ha dado  el encefalograma plano, pero, ¿qué ha pasado en esa persona?, ¿qué es lo que ha sucedido en la muerte?. Sólo nos lo podría decir el muerto, pero no suelen hablar, de tal manera que hasta el misterio de la muerte, el límite de la vida, nos desborda, no lo conocemos,

¿Cómo nos atrevemos a hablar de resurrección?, ¿qué sabemos nosotros de resurrección?. Entonces la primera pregunta es muy sencilla, los primeros que empezaron a hablar de Cristo resucitado, ¿qué querían decir? ¿cómo entendieron la resurrección de Jesús?. Tampoco ellos saben lo que es la resurrección de Jesús, no lo saben, utilizan un lenguaje metafórico, sobre todo emplean dos términos, dicen que Dios ha levantado, a Jesús de la muerte, o que lo ha despertado; su lenguaje es puramente metafórico, pero, ¿de qué están hablando?.

Voy a hacer un recorrido, es claro que estos hombres y mujeres, cuando hablan de la resurrección de Jesús, no están pensando en un retorno de Jesús a su vida anterior, es decir, que en ningún momento piensan que la resurrección de Jesús es la vuelta a esta vida, al mundo terrestre, para volver de nuevo a morir un día, ya de manera irreversible. Por lo tanto cuando hablan de resurrección no están hablando, sin más, de la resucitación o de la vivificación de un cadáver, no confunden nunca, la resurrección de Jesús, con esos otros episodios que nosotros les llamamos la resurrección de Lázaro, la resurrección de la hija de Jairo, del hijo de la viuda de Naín, no, no confunden en absoluto, Jesús no regresa a esta vida, entra en la Vida de Dios; y esto hoy los exegetas lo afinan muy bien y ven como, por ejemplo describe, San Juan, el evangelista, una cosa es hablar de lo que llamamos la resurrección de Lázaro, hoy técnicamente le llaman re-vivificación, y es que, recordareis como, con mucha ironía, el cuarto evangelista nos dice que cuando Jesús gritó: “Sal fuera”, salió el muerto, no el resucitado. Salió el muerto. ¿Sabéis cómo salió Lázaro?, atado de pies y manos, con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Volvió a esta vida, dónde nada se ve claro, dónde todo es esclavitud, dónde todo es tiniebla.

En cambio cuando habla de la resurrección de Jesús, dice que el sudario y las vendas, quedan allí. Jesús no ha salido del sepulcro con sus vendas, ha pasado a otra vida y siempre hablarán así. Por eso no solamente hablan de resurrección, los primeros predicadores dicen que, Jesús ha sido exaltado a la Vida de Dios, está a la derecha del Padre, etc. Quizá Pablo es el más preciso, cuando nos dice que, Jesús, resucitado de entre los muertos ya no muere más, su vida es ahora un vivir para Dios, es otra cosa; así que nunca confunden las cosas y piensan que Jesús ha venido a esta vida, por mucho que en los relatos aparecen, los cuales nos puedan despistar o hacer pensar otra cosa.

 

Segundo.

Tampoco confunden nunca la resurrección con una especie de supervivencia de algo, del alma inmortal de Jesús. Sabéis que en muchas culturas hay esta idea, muere la persona pero, su alma que es inmortal, sobrevive; para ellos, Jesús no es un alma inmortal, no es un fantasma, no es un espíritu desencarnado, ellos hablan de alguien vivo, lleno de vida, liberado de la muerte, con todo lo que constituye la personalidad. Para ellos Jesús no es un trozo que queda ahí, todavía permanente, no, no, Jesús ha alcanzado ya la plenitud de la vida, están hablando de eso, aunque no saben ni como es.

 

Tercero.

No confunden, tampoco nunca, la resurrección con algo, que a lo mejor nosotros, imaginamos así al tener una visión dualista, muy griega, de la persona como un compuesto de alma y de cuerpo, siempre nos parece que el ser humano, incluso ahora, cuando ha entrado en crisis el dualismo griego, sin embargo en la persona hay, hay una cosa física que es tangible, somática, el cuerpo, la corporalidad, y luego hay otro elemento, pues no sé, algo que está en la persona pero que ya no están en el cadáver, pues será el alma, el espíritu, el aliento. Esta es nuestra visión dualista, y entonces desde ahí, con toda tranquilidad, los catecismos que yo estudié, entendían la muerte como la separación del alma y del cuerpo, ¿qué pasa cuando uno se muere?, que el alma se le escapa, y ¿qué pasa en la resurrección de Jesús?,  que se vuelven a unir el alma y el cuerpo; recuerdo que en el catecismo decía: para nunca más morir, todavía me acuerdo.

Nada de esto en los primeros cristianos, no pueden pensar esto porque su visión es totalmente distinta, ellos no distinguen entre estos dos elementos, el alma y el cuerpo, ellos tienen una visión unitaria de la persona, y cuando una persona se muere, se muere totalmente, todo lo que es él, se muere y se va al mundo de la muerte, dónde ya no hay vida. Entonces la resurrección de ninguna manera es una especie de operación biológica, de la unión del alma y del cuerpo, es un acto creador de Dios que lo introduce en su propia Vida, aunque ellos no entiendan lo que es eso.

 

Cuarto.

Tampoco confunden nunca la resurrección con una especie de permanencia de Jesús, por lo menos en el recuerdo. Sabéis que se ha dicho lo que se despertó en ese momento, fue la fe de los discípulos. Se hizo famosa la frase de Bultmann: Jesús ha resucitado en la fe de los discípulos, lo que ha resucitado es la imaginación. Los discípulos que vuelven a creer que tiene que estar vivo, se resisten a creer que haya muerto. Nosotros podemos pensar lo que queramos, pero todos los textos, sin ninguna duda, están hablando de la resurrección como algo que le ha sucedido al muerto Jesús, no es algo que ha sucedido en el interior de los discípulos, en su conciencia, en su subjetividad, en su imaginación, en su fe, no, el que ha resucitado es Jesús. Otra cosa es que creamos o no, pero cuando hablan de la resurrección, están hablando de algo que ha acontecido en el muerto Jesús de Nazaret. Otra cosa es que después se haya despertado la fe de los discípulos.

¿Entonces, se puede decir, positivamente, cómo imaginaban la resurrección?. Pues de manera sencilla voy a decir esto: lo primero que se observa en las primeras comunidades, es que no les gusta decir que Jesús ha resucitado, no entienden, un muerto no se puede resucitar a sí mismo, entonces esta expresión aparece muy tardíamente. No es lo primero, lo que dicen es que Jesús ha sido resucitado por Dios. Entienden la resurrección, como una intervención de Dios Creador. Por decirlo de una manera sencilla, alejándome de la terminología propia de ellos, se puede decir esto: ellos imaginan que en la muerte, Jesús se ha encontrado con Dios, en el interior mismo de la muerte. Dios le estaba esperando, para liberarlo de la destrucción, para vivificarlo y para introducirlo en su propia vida.

De tal manera que, hay expresiones que se ve que entienden la resurrección como un hecho creador, pero atención, yo enseguida voy a introducir una observación que complica bastante las cosas, puede complicar y confundir, lo voy a decir de manera sencilla, pero no os podéis imaginar los debates que hay detrás. Los exegetas, los teólogos hoy, afinan bien las cosas y dicen, no os asustéis, dicen esto: “la resurrección no es un hecho histórico, pero es un hecho real”. Es decir, la resurrección, precisamente porque es el paso a una vida que desborda nuestra historia, lo que nosotros podemos comprobar y verificar, la resurrección no es un hecho más, como tantos otros que suceden aquí, a tal hora ocurre esto, etc. y los podemos comprobar, verificar, estudiar, analizar, por su misma definición. El pasar de esta vida a la Vida de Dios, se nos escapa, por lo tanto tenemos que encontrar otra terminología, no es propiamente un hecho histórico como tantos otros, pero para los creyentes es un hecho real, algo que se ha dado, algo que ha acontecido, incluso, Moltman, uno de los grandes teólogos de la resurrección, dirá: para los creyentes, no es sólo un hecho real, sino que es el hecho más real, el que sostiene toda la historia, el que da sentido para nosotros, el que da sentido a todo.

Y los alemanes que tienen todo ese lenguaje tan rico, bueno pues van a decir, los teólogos alemanes, que la resurrección no es un hecho real de salvación, aunque no es un hecho empírico como pueden ser otros. Pero esto era también para los discípulos, por eso, no hay ningún texto que diga que se ha visto la resurrección de Jesús. Esa imagen del Greco y de otros, de Jesús saliendo del sepulcro, etc., sabéis que no aparece en los evangelios, nadie dice que Jesús salió del sepulcro, lo dice un texto, mejor dicho, el evangelio de Tomás, un evangelio apócrifo tardío, legendario, pero nadie se atreve a decir que han visto la resurrección, porque la resurrección no es un hecho que se ve, ya veremos.

Entonces para ver un poquito y como hablaban de algo que se les escapa, pues podemos estudiar el más importante, el que habla de su propia experiencia. Es Pablo de Tarso, el único que habla de lo que a él le paso. Al tratar de describir la resurrección, dice cosas como estas: Jesús ha sido resucitado por la fuerza de Dios. Para un judío, la fuerza de Dios, la “dinamis”, dice él, de Dios. Ha sido él, el que con su fuerza, le ha rescatado de la muerte y por eso dice: “a Jesús le tenemos que llamar, Señor”. ¿Por qué?, porque los judíos de cultura griega, traducían la palabra Yahvé, por esta palabra, “Señor”. Jesús está lleno de la fuerza de Dios, hasta tal punto que le podemos dar el mismo nombre que los hebreos de habla griega, daban a Yahvé, está como divinizado porque está lleno de toda la fuerza de Dios.

Utiliza otro lenguaje, Jesús ha sido resucitado por la gloria de Dios, un término muy importante, la gloria, que no quiere decir alabanza, exaltación, no, gloria quiere decir, “la fuerza creadora de Dios o la fuerza salvadora de Dios; dónde Dios demuestra lo grande que es. Cuando Dios se pone a actuar muestra su gloria, su grandeza y por eso, San Pablo tranquilamente dice que Jesús resucitado tiene un cuerpo glorioso. ¡Qué bonito, ¿verdad?!. Un cuerpo glorioso, que no significa un cuerpo refulgente, no, no, significa que Jesús resucitado tiene una personalidad grande, llena de la misma vida y fuerza de Dios.

Utiliza otro lenguaje, que Jesús ha sido resucitado por el aliento, por el Espíritu de Dios, por el aliento Creador. Entonces lo mismo, dice: Jesús resucitado tiene un cuerpo espiritual. Para nosotros es una contradicción, pero es que él no está pensando en un cuerpo inmaterial, etéreo, no, Jesús está, tiene una personalidad llena de la fuerza de Dios.

Nos basta para darnos cuenta en qué terminología y en qué paradigma se sitúan ellos.

Bueno, pero nos podemos hacer una segunda pregunta, muy importante, ¿y cómo se les ocurrió decir esto?. Es decir, ¿qué es lo que pasó?, ¿qué es lo que pudo suceder para que unos discípulos y discípulas?. Llegaran a convencerse de que Jesús, precisamente Jesús, no el Bautista, no otros, del Bautista se dijo algo, pero, ¿qué pudo ocurrir para que de Jesús se llegara a la convicción de que había sido resucitado por Dios?. ¿qué paso?, ¿dónde se apoyaron?, ¿qué experiencia vivieron para llegar a esa convicción, que hoy se puede constatar que tuvieron?. ¿Se puede después de XX siglos rastrear algo?

Primero voy a poner un pequeño esquema, elemental, para ver cómo ha podido funcionar la mente de estos primeros creyentes. El esquema es muy sencillo, muy complejo, pero yo lo voy a presentar sencillo.

 

Primer dato.

Estos hombres y mujeres, las mujeres más de cerca, los hombres de más lejos, han podido comprobar que Jesús ha muerto, de esto no ha dudado nadie; Jesús fue ejecutado, de esto no ha dudado nadie. Primer dato, Jesús ha muerto, lo han matado.

 

Segundo dato.

Sin embargo, al poco tiempo, estos hombres han vivido “algo”, han vivido algo que ellos no pueden expresar más que diciendo que, ellos tienen la impresión de que se les presenta vivo, a pesar de que saben que ha muerto. Y no lo pueden evitar, piensan que está vivo, segundo dato.

 

Tercer dato.

Tienen que discurrir, se hacen una pregunta, elemental, si Jesús fue ejecutado y fue muerto y ahora a nosotros se nos presenta vivo, ¿qué ha pasado?. En ese intervalo, ¿qué ha podido suceder?, esta es la pregunta.

 

Y cuarto dato.

¿Cuál es la respuesta?, ellos acuden a los elementos que tienen a mano, y estos hombres son, hombres y mujeres que creían que al final hay resurrección; en el último día, hay resurrección. No de todos, sino de los justos. Y entonces empiezan a sospechar, si Jesús está muerto, pero ahora se nos presenta vivo, es que él se ha adelantado, él es el primer justo de entre los muertos, el primero que ha resucitado, él ya ha llegado al futuro, ya ha llegado al último día. Y fijaros qué expresiones dicen, una vez de entender el esquema se puede entender, siempre dicen esto: Jesús ha sido resucitado de entre los muertos, de entre todos los muertos que están como esperando el último día, hay uno que ya ha sido resucitado, de entre los muertos. No dicen, Jesús ha resucitado al muerto Jesús, sino, ha sido resucitado de entre los muertos.

Pablo dice otra cosa tremenda: Jesús es el Primogénito de todos los que han muerto, es el primero de los que han llegado a la resurrección. Este es el esquema. Y ¿qué es ese algo?, porque yo rápidamente he dicho, vivieron “algo”, ¿qué es ese algo?. Voy a hacer una cosa un poco telegráfica para que nos demos cuenta, qué es lo que podemos observar.

 

Primero.

Como os he dicho y no me voy a detener más, estos hombres son honestos, ellos no han visto la resurrección y por eso, ninguno se presenta como testigo de la resurrección, aunque solemos utilizar ese lenguaje, no, ellos hablan del ya resucitado, ellos se han encontrado con el resucitado y no describen ni analizan la resurrección.

 

 Segundo.

Inmediatamente analizando y estudiando los recursos y procedimientos que emplean, se ve con toda claridad que estos, es una experiencia difícil de comunicar, no saben cómo decirla, a ellos mismos les ha desconcertado y no saben. Entonces utilizan un lenguaje que es contradictorio y dicen cosas como estas, que Jesús es el de antes pero no es el mismo; está con ellos pero no le pueden retener; es alguien real y concreto, pero ya no pueden convivir con él como en Galilea. Es un lenguaje que es único, son géneros literarios sorprendentes, ellos mismos se dan cuenta de que lo están diciendo mal, pero es que no lo saben decir mejor, es que no saben expresar mejor lo que ellos han vivido, algo absolutamente inesperado.

 

   Tercero.

Es una experiencia compartida, no la ha vivido sólo una persona, no sabemos el orden, quién es exactamente, cómo, dónde, cuándo, pero desde luego, todos los análisis llevan hacia una experiencia compartida por varios. Osea, no se ha impuesto una tesis, que hace quince, veinte años, un tal Wilians M., puso en marcha que pensaba y bueno, hubo gente que le siguió, pensaba que el único que había tenido la experiencia, que había vivido algo, era Pedro y Pedro era el que contagió a los demás. Hoy todavía lo sostienen algunos pero el consenso sigue estando por una experiencia compartida.

Se puede analizar más, se observa también que es una experiencia que sobre todo se ha vivido en el contexto de la comida, de una comida. Siempre Jesús come con ellos, ante ellos, con los discípulos de Emaús hace una cena, en Tiberiades se ve que le están esperando; luego dice en los Hechos de los Apóstoles “los que comimos y bebimos con él”. ¿Qué hay detrás de eso?, no me puedo detener.

 

Cuarto.

Hay una palabra técnica, que se ha estudiado muchísimo y es que, la palabra técnica, diría yo, para hablar de la experiencia, es una palabra que significa que Jesús se dejó ver, suelen traducir a veces, “se apareció”, yo lo de aparecer no lo suelo decir porque parece que se aparecen las brujas, los fantasmas, las apariciones del resucitado, como también se aparece la Virgen y…, yo hablo de “encuentros”. Bueno, este verbo, ¿qué significa?, se ha estudiado como no os podéis imaginar.

Fundamentalmente, dos cosas, significa que Él se dejó ver. Es decir, que la iniciativa, de lo que ellos viven, no está en ellos, no se han puesto en trance, no han preparado, no han hecho algo para ver si se nos presenta, es una cosa imprevista que se les impone, que les desconcierta y poco a poco les saca del desconcierto, la iniciativa es de Jesús

Y quieren decir otra cosa, aparte de todas las resonancias bíblicas que hay detrás de esa formula, y es que, todos sabemos, cuando se nos muere una persona, se nos escapa, se nos oculta, ya no sabemos dónde está, estabas hablando con esta persona hace cinco minutos, ya ha muerto, ya no podrás comunicarte, se te ha perdido. Pues si se deja ver, es que Jesús ha salido del misterio de la muerte y puede de nuevo comunicarse con ellos y esto es lo que les sorprende, hasta tal punto que es la fórmula que machaconamente dirá Pablo: “También a mí se me dejó ver”, también se dejó ver a este, al otro, es la manera de decir de ellos.

Nosotros, hombres y mujeres de este siglo nos interesa, tenemos una conciencia psicológica, etc., ¿no podríamos decir algo más?. Vamos a ver, ¿qué eran visiones externas, internas, le veían con los ojos, con la imaginación, con la conciencia, con la fantasía? Desde luego, si hoy Jesús resucita, iría gente corriendo con video, etc. pero, ¿saldría en el video, no saldría?. Estuvieron todavía hace dos años repartiéndose estampas, de una religiosa negra, que dicen le había sacado una foto a Jesús resucitado y se vendía, claro, todo eso se vende bien.

¿Qué dicen ellos?. Evidentemente no hablan de esto, todas estas preguntas son absurdas, estamos hablando de una experiencia que es la de Alguien que está vivo y que se comunica con esta vida. Pero, ¿cómo hablan ellos?, Pablo, por ejemplo dice, “fue un regalo”. Es un regalo, es algo que le coge a toda la persona. Y cuando él quiere hablar de su propia experiencia, y es al que hay que hacerle caso, porque es el único que está hablando de lo que él vivió, pues dice cosas como estás: “En aquel momento yo fui alcanzado por Cristo Jesús; fui como atrapado, me cogió”.

En otro momento dice, “entonces descubrí la fuerza de su resurrección”. Fue un momento, estaba persiguiendo a los cristianos, pero entonces descubrí “la fuerza de la resurrección”.    Entonces no nos van a dar ninguna explicación de tipo psicológico, pero hay que estar atentos, nosotros podemos leer muy mal los relatos que aparecen en los evangelios; en los últimos capítulos estamos hoy leyendo unas catequesis que han sido redactadas a los cincuenta, sesenta años de los hechos, dónde quieren describir, gente que no ha vivido esa experiencia personalmente, están tratando de describir de manera narrativa, algo de lo que se recuerda en las comunidades que fue esa experiencia. Entonces hay que andar con cuidado, de ninguna manera hay que leerla como un video de lo que pasó.

Pongo estos ejemplos, si dicen que Jesús saluda, Marcos pone un tipo de saludo; Lucas, el suyo; Mateo pone sus palabras. Pero si dicen que Jesús saluda, quieren decir que fue un “encuentro”.

Si dicen que Jesús les da la paz: “La paz con vosotros”, quieren decir que fue una experiencia que los pacificó.

Si dicen que Jesús les enseñaba las Escrituras, a los de Emaús, es que fue una experiencia que les fue dando, iluminando, dando mucha luz sobre cómo entender las cosas.

Si dicen que Él les constituye testigos, es que fue una experiencia que les animó ya a impulsar el movimiento cristiano, etc. Pero como veis, pocas cosas se pueden sacar, algunos rasgos, pero poca cosa.

La experiencia matriz, la más importante fue la experiencia del perdón, porque el sentimiento fundamental que aparece, es discutida esta tesis; la experiencia fundamental fue la de hundimiento, le habían traicionado, le habían dejado solo y vivieron el sentimiento de culpabilidad, no sólo Pedro, todos, y sin embargo, de pronto se sintieron acogidos por Jesús, “La paz, la paz”. Es el tema que más aparece en los encuentros, “La paz con vosotros”, “el perdón”, etc. Y lejos de reñirles, no, lo que les da es la paz, ellos descubren de nuevo que Jesús es el de siempre, que no les ha abandonado, incluso aunque ellos le han abandonado.

Otras cosas que se pueden decir, pues también, que fue el “descubrimiento”. Pablo dice, “En ese momento para mí fue el descubrimiento de Jesucristo, entonces Dios quiso revelarme quién era Jesús.

Desde luego sabéis que a partir de esa experiencia, los discípulos van a tener la impresión de que, sólo ahora le han entendido, incluso van a hacer toda una operación de ir hacia atrás y de leer los dichos y los hechos de Jesús, pero ahora dándoles una lectura mucho más honda y van a descubrir qué misterio se encierra en Jesús.

También se puede decir que fue una experiencia transformadora, los cambió. A estos hombres se les ve en Galilea, constantemente en la duda, “torpes de corazón”, Jesús pierde a veces la paciencia con ellos; “duros de cabeza”. Y estos hombres tan vacilantes, tan…, resistiéndose siempre al mensaje de Jesús, a los pocos días se puede constatar, que están defendiendo la causa de Jesús delante del Sanedrín y que no se van a callar. Estos hombres que fueron tan cobardes, que ninguno quedó junto a él, en cuanto llegó la policía del templo, huyeron todos; a los pocos días, pocos meses probablemente, se están jugando la vida. Si les preguntamos, ¿qué les ha pasado?, ellos van a decir, “es que está vivo”, “es que está vivo”, “es que en Jesús hay algo único”.

El caso de Pablo es el más eminente, de ser un perseguidor, un fariseo fanático a convertirse en el mayor defensor de Cristo. También vivieron toda su experiencia como una llamada a la misión, es algo curioso, todos los relatos que hay terminan, invariablemente, diciendo que, los Once o María Magdalena o los de Emaús, fueron a comunicar a otros. Los de Emaús, marcharon a Jerusalén a decir lo que les había pasado en el camino. Maria Magdalena, que anda como una loca buscando a Jesús, Jesús le dice: “Suéltame y vete a dónde los hermanos”. Y María cambia el proyecto y aprende a abrazar a Jesús, pero en los hermanos y les dijo, lo que ella había vivido.

Este tipo de cosas son las que se pueden sacar de la experiencia, pero no más, y todo el que empiece a decirnos que fue la imaginación, fue lo otro y dar explicaciones de tipo psicológico, pues muy bien, puede decir lo que quiera, pero lo dirá no fundándose en los textos que nos podrían apoyar.

 

Tercera pregunta.

Ellos vivieron algo que les llevó a la convicción de la resurrección, y esto fue importante. Yo ahora, brevemente quiero decir, muy brevemente, cómo la experiencia que vivieron estos hombres, es lo que originó, lo que desencadenó, propiamente, la gestación del cristianismo. El cristianismo, no como un movimiento sencillo de seguirle a Jesús por Galilea, sino el cristianismo, que luego se ha desarrollado en estos siglos, únicamente es explicable a partir de esta experiencia. ¿Cómo funcionaron las cosas?, voy a decir cuatro cosas, sin más.

Primero: por decirlo de manera sencilla. Jesús habló del Reino de Dios, pero, parece que sigue reinando Roma.

Jesús habló del perdón, pero parece que a él le llegó la maldición de Dios.

Jesús habló de la ley del Amor, por encima de la Torá, pero se le mató legalmente.

Jesús habló de la confianza en el Dios-Abba, y nadie le contestó; ¿en qué quedó todo?. Pues el primer efecto de la resurrección fue este: Jesús, tenía razón. Lo digo de manera sencilla. Es decir, una vez de que se convencieron de que Jesús había sido resucitado por Dios, dijeron: “Dios está de acuerdo con él”. Dios ha desautorizado a todos los que lo han matado. Nosotros también quedamos en duda, y sin embargo, Dios, el único que podía legitimar y certificar, la vida, el mensaje, los hechos de Jesús, era Dios y lo ha hecho. Esto fue definitivo, el unirle a Dios con Jesús, Dios está de parte de Jesús.

Se ha analizado muy bien la predicación primera, que está muy reelaborada por Lucas en los Hechos de los Apóstoles, pero, ¿cuál fue el esquema primero?, ¿cómo empezaron a hablar?, pues el esquema fue este: “Vosotros lo matasteis pero, (este pero es muy importante, aparece siempre), “pero Dios lo ha resucitado”. De tal manera que ven la resurrección, no como un gran milagro, una fuerza sobre la muerte, no, no, lo que ellos ven más que nada es esto, “que frente a todos los que habían desautorizado a Jesús, ha actuado Dios”. “Dios ha tenido la ultima palabra, y, ha actuado dando la razón a Jesús, y, desautorizando a todos los que lo han rechazado”.

Entonces empiezan a entender que en la vida y en el mensaje de este hombre, hay algo que merece la pena escuchar. Hay algo único, hay algo incomparable, de Jesús ya no se puede hablar como de cualquier otro, y entonces van a hacer, vamos a llamar así, entre comillas, “el cristianismo”. No van a hacer una nueva filosofía, no van a hacer el seguimiento de un rabino, no van a hacer, por supuesto, un partido político, no van a hacer una nueva religión, ellos siguen con los salmos, siguen yendo al templo, celebran las fiestas…, no nace propiamente una nueva religión, lo que nace es, una fe en Alguien que nos puede salvar, porque se dan cuenta de que Jesús es una vida que lleva, incluso a superar, el mayor problema que tenemos los hombres, que es la muerte. Y una vez convencidos de esto, van a sentir la necesidad de contagiar, Jesús es el camino, Jesús es la verdad, Jesús es la vida.

Puede haber muchas religiones, no discuten, no entran en conflictos con las religiones, nunca han entrado los cristianos, más tarde, sí; no, no la religiones están ahí, las israelitas, las otras, pero aquí hay una Vida, una manera de vivir ante Dios, de vivir ante el dolor humano, de defender a los débiles, de proclamar el amor. Aquí hay una Vida, que es la única que tiene salida. Fijaros que, le llaman, a mí es de los títulos que más me impresionan; Pedro, en los Hechos de los Apóstoles, a Jesús le llama, habría que traducir así: “el líder que nos lleva a la Vida”. Aquí hay Alguien que ofrece Vida. Entonces, primero: “legitimación de Jesús”.

 

Segundo. Claro, poco a poco, se hacen una pregunta: Entonces, ¿quién ha sido Jesús?. Se ven obligados a formular qué misterio se encierra en él. Y, si queréis, la pregunta completa es esta: ¿quién ha sido este hombre?, cuya vida, ya era enigmática. Precisamente a partir de ahí es cuando van a decir dos cosas fundamentales: primero, (antes que la divinidad de Jesús). “Jesús es el Mesías”, no tiene sentido, seguir esperando ahora un mesías, no, no, Jesús es el Cristo. Pero si en Jesús ha empezado ya la Vida, si ya propiamente, el “último día”, él es el primero que ha llegado a la Vida, entonces, no tiene sentido. De ahí que, a los años, no inmediatamente, sino que incluso es la sinagoga, después de los años 70, cuando ha quedado destruida Jerusalén, la que va a expulsar a los cristianos del judaísmo, porque van a decir, no, hay que seguir esperando al mesías. Ellos dicen, no podemos, pero, ¿quién va a poder venir más grande que Jesús?. Y es cuando, las cosas podían haber ido históricamente por otros caminos, pero se desgaja el cristianismo que nace como una herejía de la religión judía. Y aún dicen más, “es el Señor”. Al principio este titulo quizás no tienen la fuerza que tiene después, Jesús es el Señor de la vida y de la muerte. Pero claro, “Señor” era el titulo que se le daba a Yahvé, entonces en los profetas, cuando se habla del “día del Señor”, es el día en que vendrá Yahvé al final de los tiempos. Pero cuando los cristianos hablan del “Día del Señor”, es el día de Jesús. Incluso al domingo le llaman el día del Señor. Y la Palabra del Señor, en el Antiguo Testamento, es la Palabra de Yahvé, pero la Palabra del Señor, tal como dicen los primeros cristianos, es la Palabra de Jesús. Y poco a poco, ese Jesús resucitado y lleno de la Vida de Dios, va a adquiriendo unas condiciones, que yo no voy a decir, divinas en un primer momento, porque el llegar a confesar que el misterio de Dios se encierra en Jesús como en ningún otro ser humano, es un proceso largo. En Mateo, por ejemplo, lo que las comunidades de Mateo dicen, allí por el año 80, “que Jesús es el único que puede y merece llevar el nombre de Emmanuel, Dios con nosotros”, no dicen más.

San Pablo, no va decir que Jesús es Dios, va a decir: “en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo”. San Juan, en el prologo, va a decir que en Dios hay Palabra, es decir, en Dios hay una dimensión de comunicación, ¿y quién es Jesús?, naturalmente, esa Palabra de Dios hecha carne. Es decir, Jesús es un hombre desde el qué, y en el qué, Dios está hablándonos, comunicándose. Claro, son unas expresiones que hoy nosotros las leemos ya después de que ha ocurrido el concilio de Calcedonia y otros, pero, hay ahí todo un proceso que ciertamente, va a llevar a confesar, es decir, al final la fe cristiana va a ir atribuyendo títulos, nombres, expresiones, formulas, para de alguna manera expresar que en Jesús ha acontecido algo único. El misterio de Dios, al final, lo podemos encontrar en muchas partes, pero los cristianos van a decir, como en Jesús, en ninguna parte.

Y por último quiero decir otra cosa muy importante, que nosotros a veces no la advertimos y es el valor salvador de la muerte de Jesús. Una de las primeras preguntas a las que tuvieron que responder estos hombres y mujeres, fue esta, “pero si Dios le ha resucitado a Jesús, ¿por qué ha permitido su muerte?. No sé si os dais cuenta, si le ha salvado a Jesús, ¿qué hacía en la hora de su ejecución?, ¿dónde estaba en el momento de su asesinato?. Tienen que hacer una lectura, entonces empiezan a comprender que el asesinato de Jesús, no ha sido una injusticia más, que no ha sido un accidente casual, de alguna manera ahí se ha cumplido algo, y ese problema que tienen de por qué Dios lo ha abandonado, si después Dios ha aparecido tan identificado con el resucitado. Entonces van a empezar a decir algo que, todavía hoy lo formulamos muy mal. Van a decir, no, no, en la cruz Dios no estaba abandonando a su hijo, y mucho menos pidiendo su sangre o pidiendo que cumpliera algo, no sé, con su honor, no, no, en la cruz, Dios estaba identificado con Jesús y al entregar a Jesús, Dios estaba entregando a su propio hijo, y Dios estaba haciendo el mayor gesto. Va a ser la lectura cristiana del misterio de la cruz. Dios estaba haciendo el máximo gesto de solidaridad con los últimos, con los perdidos, y en el fondo, con todo el ser humano, y Pablo dirá eso: “en Cristo estaba Dios, no en plan de imputarnos delitos, en plan de juez, sino estaba como lo había anunciado Jesús, estaba Dios reconciliando al mundo con sí.

Quiero terminar, si me dejáis, tres minutos, poniendo un tono a todo esto, y es el horizonte nuevo, diferente, que se le abre a la comunidad o al hombre o la mujer que, aunque sea de manera sencilla, sin saber ni cómo formularlo, sin entender mucho de estas cosas, sin embargo cree que la vida tiene salida, y la tiene sobre todo, por Jesucristo.

Pues un horizonte nuevo, ¿no?. Voy a decir unas cuantas cosas. Para nosotros, si somos creyentes en Cristo resucitado, lo primero que descubrimos es que la vida no es algo tan enigmático, no es algo tan oscuro, algo, no sé, sin meta ni salida. Esa esperanza que siempre está en la historia, siempre estamos buscando algo mejor, nunca nos convence esto, tenemos la intuición, todas las culturas y todas las religiones y todos los ateismos, tenemos la sensación de que estamos hechos para algo diferente, la vida tendría que ser algo mejor, más buena, más larga, ¿cuánto?, eterna, eterna, y tendría que ser libre. Pues la vida, la vida es un misterio pero no es un paréntesis, un breve paréntesis, entre dos vacíos inmensos. Fijaros, esta vida de sesenta, ochenta, ahora dicen que vamos a vivir, los hombres siempre menos, pero no sé, me parece que nos toca a los hombres, aquí hay médicos, setenta y tantos y a las mujeres ochenta y tantos. Os imagináis que ridículos somos, quitándonos las arrugas viendo esto, poniéndonos mejor, haciendo footing, no hay nada que hacer, la vida tiene un límite, y sigue.

Pues bien, para un cristiano la vida no son oleadas de hombres que nacen, y luchan y sufren y aman y mueren y les jubilan, y otra oleada de vida, eso no es la vida. La vida es algo más, podemos entrever el final. En el capitulo 15 de la Apocalipsis, hay un texto extraordinario, no lo puedo leer ahora: están todos llorando, todos llorando en torno al trono de Dios, porque no hay nadie que pueda abrir un rollo que hay allí que está sellado, ya sabéis como eran los libros antiguos, ¿no?, eran un rollo, había que abrirlo para leer, y dice, nadie podía abrir aquel libro. Es decir, no se podía ver el final, el capitulo final que es el más importante, y todos se echaban a llorar, hasta que dice que viene el Cordero, que es el resucitado y pudo abrir, el rollo y se pudo ver el final. Bueno pues, el final, “la Vida es más que esta vida”.

 

Segundo. Si esto es verdad, pues hay que decir que el sufrimiento, los abusos, la injusticia, no tienen la última palabra, ni el cáncer, ni la metralleta, ni ningún dirigente político, no tienen la última palabra. Ni el hambre, ni las pateras, no tienen la última palabra, no es para tranquilizarnos, como diré, pero sí para creer un poco lo que dice también el libro de la Apocalipsis, “Yo he abierto una puerta que nadie puede cerrar”. Hay una puerta abierta, la realidad es más rica de lo que nos quiera hacer creer la ciencia. Las cosas no son como nos creemos los hombres de estos dos últimos siglos, los hijos de las luces. La realidad es mucho más misteriosa, y en Jesús hay una luz que, es un reto, es un desafío que unos lo aceptan y otros, no.

 

Tercero. Pero esta esperanza no es para darnos tranquilidad, sino precisamente es para aprender a hacer justicias, buscar el Reino de Dios, aquí ya, cuanto antes, pero con esperanza, no con escepticismo, con cinismo, o con pesimismo. Claro los cristianos decían: “es que si uno cree en la resurrección, ya no le puedes parar con nada”. Para mí, en este momento, el ejemplo más claro son los suicidas, estos suicidas que llevan las bombas. Cuando uno pierde el temor a la muerte, no se le puede detener con nada, con nada, mientras haya bombas puede estar tranquilo Sharón, porque ahí hay hombres que han perdido el miedo a la muerte.

Y los primeros cristianos vivieron esta experiencia, la muerte no es la última palabra, se puede ser libre. ¿Dónde ha quedado todo esto?, pues ha quedado en que, confesamos la resurrección de Cristo, pero no es una experiencia vivida por nosotros. ¿Sabéis cuál es la virtud más importante de estos primeros hombres?, la que aparece en primer plano, una virtud que le llaman la “Parresia”, que hay que traducir por coraje, valor, entereza, esto es lo que les caracterizaba a los primeros creyentes, ¿por qué?, porque no le tenían miedo a la muerte.

Y una última observación. No todo resucitará, menos mal, además, ¿no?. Quiero decir, San Pablo dice, que Jesús fue resucitado por el Espíritu de Dios y nosotros resucitaremos en la medida en que vivamos del Espíritu de Jesús. Es decir, de todos nuestros esfuerzos, líos, luchas, manifestaciones, tamborradas, charlas, todo lo que queráis, de todo lo que constituye la vida, no todo va a resucitar, además que es que no merece la pena, imaginaros que si resucitara otra vez nuestros egoísmos, nuestra ambigüedad, nuestra mentira, nuestros abusos…, no, no, sólo resucitará lo que ha sido animado por el Espíritu de Jesús. Es decir, todos los trabajos, sudores que hayamos sabido hacer o padecer con el Espíritu de Jesús, eso tiene salida, a una vida vivida y crucificada como la de Jesús, le espera resurrección.

Entonces, yo resumiría la fe de los primeros creyentes, como esta gran esperanza, la idea de fondo es esta: todos aquellos que luchen por ser cada día más humanos y más humanas, un día lo serán, por encima de todo. Y todos aquellos que trabajen por construir un mundo más humano y más justo, un día lo disfrutarán. Y todos los que, de alguna manera, hayan creído en Jesús Resucitado y hayan vivido, aún sin saberlo, de lo fundamental de la actitud de Jesús, tratando de ser buenos y de vivir y de hacer una vida más digna y dichosa para todos, aunque no lo hayan sabido, si se ha vivido así y se ha padecido por eso, un día sabrán lo que es Vivir. Y me detengo aquí porque hay que dar paso al dialogo.


 

Diálogo.

 

Pregunta: Dentro de la dificultad del lenguaje bíblico, por lo menos para los que no nos dedicamos a estas materias, hay algo que se está permanentemente o con cierta frecuencia, del evangelio que es lo del “tres”: Destruir este templo y a los tres días lo reconstruiré”. Resucitó a los tres días, es algo que no casa con lo que has dicho, y que lo estamos repitiendo en el Credo. ¿Qué significado tiene ese lenguaje en la Biblia?. Sabemos lo del “siete”, lo del “cuarenta”, pero lo del “tres” no lo sé yo, por lo menos.

Respuesta: Efectivamente, hay una terminología que es, no de Jesús, pero es de la comunidad cristiana, que aparecen las predicciones, en el evangelio de Juan cuando se habla del templo, y es esta afirmación, “que Jesús resucitó a los tres días o al tercer día”, hay diversos matices.

Luego sabéis que eso literalmente no se cumplió, eso ya sabéis. Luego hay otra tradición que dice: “Jesús resucitó el primer día de la semana”. Pero a Jesús se le mata al mediodía del viernes, y el domingo por la mañana, ya se dice que está vivo, lo cual, no es al tercer día. Y es que, la expresión “al tercer día”, “resucitar al tercer día”, no tiene un sentido cronológico, de calendario, sino que, se ha estudiado muy a fondo los “Tárgum”. Explico lo que es, en las sinagogas judías se leía la Biblia en hebreo y después se leían comentarios, a los distintos profetas, etc., en arameo y, estudiando esos “Tárgum”, se ha descubierto que “resucitar al tercer día”, no significa tres días de calendario, sino que el “tercer día” le llaman, al “último día”, al día de la resurrección. Y sobre todo hay un “Tárgum” que estaba también ya en el libro de Óseas pero no se había tomado tanta conciencia del tema, hasta que al estudiar esto, se ha descubierto que, efectivamente, en Óseas, capitulo 6- 1, fijaos que texto de Óseas que, no está hablando de la resurrección de Jesús, dice: “Venid, volvamos a Yahvé que él ha desgarrado y él nos curará; él ha herido y él nos vendará. Dentro de dos días nos dará la vida y al “tercer día nos resucitará, nos levantará”, al “tercer día”.

¿Qué este “tercer día? Dice: al “tercer día nos resucitará” y en su presencia viviremos”. El texto de Óseas tiene su contexto y su explicación, pero los “Tárgum”, las explicaciones que daban en las sinagogas en tiempo de Jesús, para comentar textos como éste, del “tercer día”, le llaman “tercer día” al “Último día”, al “Día de la resurrección”. Tiene su lógica el número “tres”, que decías, es una dinámica, a la de una, a la de dos y a la de tres. La dinámica de tres, sabéis que es muy importante, en todas las culturas pero también en la hebrea, a la de tres es lo definitivo, hay que echarse a la piscina, no hay que empezar, tres y medio, a la de tres. Y le llaman así, el tercer día, es el día definitivo, el día de la resurrección. De tal manera que en principio, cuando se dice que Jesús resucitará al “tercer día”, en realidad no se está hablando de la resurrección real, tal como luego se experimentó, sino que Jesús resucitará, el “último día”. Osea, esa es, brevísimamente, la explicación de ese lenguaje.

El último día que se le pueda llamar “día”, cuando empezará algo que ya no será “esto”. No te puedo decir más porque no lo he visto.

 “Los nuevos cielos y la nueva tierra”, es decir, siempre ha habido, en la fe de Israel y en la fe judeo-cristiana, en que esto no es lo definitivo. Hay corrientes apocalípticas, escatológicas, lo que queráis, pero al final, queda como núcleo, esto: “Esta no es la última palabra”. Jesús también decía esto: “Aquí Dios no está reinando, seguir pidiendo, “venga tu Reino”. Si no podemos nosotros ir al Reino, sino que el Reino se haga. ¿Dónde y cuándo, cómo?, ni idea, pero algo que no es esto.

¿Qué cuándo va a llegar ese día?. ¿quieres que te diga con hora incluida? Jesús se negó, Jesús jamás entró por ahí, ¿y cuándo será?, le preguntaron, no sabe nadie, Jesús era un realista de miedo.  Y si os dicen, ¡oye, ya ha empezado la cosa, ya viene…!, no hagáis caso, sed más sanos que todo eso y seguir acogiendo a Dios, como los niños, todo lo que se os regale, cogedlo.

 

Pregunta.

En la escena de la Transfiguración, Jesús dice que su Reino no es un Reino de muertos sino de vivos y aparece con Moisés y con Elías, ¿están resucitados, o cómo están en esa escena?

Respuesta.

En la escena de la Transfiguración que está recogida en los tres sinópticos, Mateos, Marcos y Lucas, Jesús no dice nada, ni palabra, o sea que esa frase que has citado, pertenece a otro contexto. En la Transfiguración sólo aparece Jesús transfigurado, con el rostro cambiado y dos personajes, Elías y Moisés. No tiene nada que ver, sí, hay teorías y tu pregunta tiene su cosa, como si fuera una anticipación de la resurrección, en realidad no tiene nada que ver.

Voy a explicar, es tan importante, uno de los aspectos de la Transfiguración, lo voy a aprovechar, voy a meter aquí dinamita.

En la Transfiguración aparece Jesús con el rostro iluminado y aparece Elías y aparece Moisés. Moisés, el representante de la Ley; Elías, el representante de los profetas. Pedro está tan contento que dice, ¡qué bien se está aquí!, eso está muy bien, pero luego dice una tontería impresionante, “Hagamos aquí tres tiendas”, todo generoso se olvida de sí mismo, también de los otros dos discípulos. “Hagamos aquí tres tiendas, una para ti, (para Jesús), otra para Moisés y otra para Elías. No ha entendido nada. El único que está brillando es Jesús, pero, él tiene tiendas para todos. Jesús su parte, Elías su parte y Moisés su parte. Es decir, iguala a la Ley y a los profetas con Jesús.

Nosotros somos cristianos, no somos moisisianos, ¿igual le damos un valor absoluto a Moisés?. Sólo al que tiene el rostro iluminado. Y no somos tampoco de Elías. Que será muy importante el profetismo, el carisma, el ardor, sí, pero se llevan a Jesús. Moisés y Elías están conversando con Jesús. Ya lo dijo luego Pablo, “la Ley es pedagogo que nos lleva a Cristo”. Y estando así las cosas, claro todo un lío porque había sombras y luces y tal, quedan todos envueltos y se oye una voz que dice: “cuidado Pedro y todos los que me oigáis: “Este es mi Hijo Amado, escuchadle a él”. No es Moisés mi Hijo Amado, y no es Elías mi Hijo Amado, es Jesús, escuchadle a él.

Y entre otros mensajes que tiene esa escena, teología, muy importante, es esta: “de que los cristianos le damos a Jesús un carácter absoluto, que está por encima de la Ley, de los profetas”. Lo importante no son las leyes, las normas, las tradiciones, las religiones, las costumbres, sino Cristo. Lo importante no son las inspiraciones, los profetas, los carismas: “Cristo”. (He aprovechado el texto, no tiene que ver nada con la resurrección)

 

Pregunta.

Yo me pregunto ahora, si lo que he oído, no será mucho más congruente, enmarcarlo dentro de una cristología que sea ascendente no descendente, es decir, si Cristo era Dios, antes, la resurrección, me parece que pierde significado. Es decir, Cristo no podía ir a otro sitio diferente al que fue, porque era Dios. Entonces no hacía falta ni la intervención del Padre ni nada, volvía a lo que era. Por eso me parece mucho más congruente una cristología ascendente, en que él hace al hombre, Jesús, le resucita, toma la fuerza de Dios, para hacerle Hijo de Dios.

 

Respuesta.

Sí, sin duda, porque una cristología descendente, parte del hecho de que Jesús es Dios, pero, ¿de dónde lo sabemos?. Sabéis que uno de los debates, de los giros que se han dado en estos últimos años, es este. La cristología clásica era, lo que se llama una cristología de arriba abajo; una cristología, como se decía aquí, descendente. Se parte de Jesús, Hijo de Dios, Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Logos, para estudiar cómo se encarna, y, toda la cristología de Santo Tomás de Aquino, etc., pues va ahí, cómo se puede dar la Encarnación, cómo el Hijo de Dios puede hacerse hombre, lo qué eso significa, una persona con dos naturalezas, humana, divina, etc.

Claro, ¿qué riesgo tiene esa cristología?, pues, subrayemos la condición divina de Jesús, pero que no se nos olvide que es humano, y que no tomemos en cuenta la condición humana de Jesús, y esto es, herejía. Herejía que domina, probablemente a todos los cristianos y que no preocupa, en Roma, cargándose al hijo.

Hoy, la mayoría de los cristianos, no se darán cuenta, pero creen en la divinidad de Jesús, y no toman en serio la humanidad de Jesús, y eso es herejía.

La reacción, ¿cuál ha sido, pues una cristología ascendente, de abajo arriba. Lo primero que sabemos de Jesús es que es un hombre, y vamos a ver cómo es este hombre, su condición humana, y vamos a ver cómo ha sido su vida, su mensaje y su destino. Y vamos a estudiar la experiencia pascual, y vamos a ver cómo los primeros cristianos, a partir de la vida de Jesús y de lo que vivieron después de su muerte, han ido encontrando, unas fórmulas cada vez más audaces, que todas son aproximativas, para llegar a definir el carácter, todavía Pablo no habla como el Concilio de Calcedonia, ¡qué va hablar!, entonces esta cristología, ¿qué riesgo tiene?, pues tiene el riesgo de que se subraye bien la condición humana de Jesús, pero que se olvide su condición divina, y esto es “arrianismo”, esta herejía es la que ha preocupado siempre, como es natural. Lo importante es ir encontrando las fórmulas que se encierra en Jesús y que se nos escapa a todos, a los teólogos, a los jerarcas, y a todos, que no sabemos balbucir o decir; podemos decir, bueno, este lenguaje parece que es menos preciso y aquel parece que es más, pero ese es el problema.

Esta es la experiencia que vivieron ellos. Estos hombres vivieron algo que llegaron a convencerse de que Jesús esta vivo. ¿Qué experiencias tenemos nosotros, hoy, para poder llegar a una convicción parecida?. Esta es la pregunta bien interesante, otra charla tendría que dar, pero, algunas cosas ya voy a decir.

Una. Leer el evangelio y sentir que no son palabras como las de cualquier otro libro. Los discípulos de Emaús vivieron esto: “¿No sentíamos nosotros que, al hablar con él ardía nuestro corazón?”. Si tú, en algún momento, leyendo el evangelio, hablando de Jesús, te enardeces, sientes, de alguna manera que aquello te da vida, te sostiene y que aquello no es como un articulo del periódico o de cualquier otro libro, sino que ves que esas palabras son espíritu y son vida, no esperes más milagros, ahí tienes una pequeña experiencia. Lo de Emaús probablemente no pasó de ahí. El relato de Emaús, ¿qué quiere decir?, dónde dos o más hombres, aunque estén tristes siguen hablando de Jesús, discutiendo de Jesús, ahí Jesús les acompaña, aunque no lo vean. De vez en cuando sentirán que su corazón arde.

Otra experiencia: La Eucaristía. La Cena. ¿Qué pasa en Emaús?. Tres amigos que se sientan a cenar y se les abren los ojos porque descubren que Jesús les está alimentando. Si alguna vez, en alguna Eucaristía, os sentís fortalecidos, os sentís consolados, os sentís con más fuerza, sentís, que de alguna manera, Cristo os alimenta y os sostiene, y os da aguante, no esperéis ningún milagro más, hay tenéis una pequeña experiencia.

Si un día en un funeral, dando vueltas a estas cosas, ¿se ha muerto este hombre y ahora qué?. Si un día en un funeral, rezáis el Padre nuestro, y lo rezáis a tope, y oís cómo está resonando aquello, pensad un poco, ¿qué es esto, una ilusión?. Doscientas o cuatrocientas personas rezando esto sin que nos escuche nadie, ¿o aquí hay algo?. Si al rezar el Padre nuestro, vivís algo, tenéis una pequeña experiencia. Y estas son las experiencias.

Yo puedo poner otras. La muerte de mi madre. Alguna vez en una entrevista me preguntaron, ¿tú crees en la resurrección?. Le dije, mira, yo no sé si a mí me costaría creer que yo voy a resucitar, pero que mi madre no va a resucitar, no me lo puedo creer.

No vale el argumento, pero ahora lo voy a explicar. Conocí la vida de mi madre, la vida sufrida, terrible, y pensar que la vida de mi madre ha podido ser un pequeño paréntesis, aquella mujer, aquella sonrisa, aquella manera de vivir, olvidada de todo, como tantas madres que se les pasa la vida sin saber que la tenían que disfrutar, por los demás, por los vecinos, por los hijos y se muere, y bien joven, además. Pues mira, tu madre ha sido esto, un pequeño paréntesis, pues me cuesta creer que sea sólo eso. Me costaría, no sé si creer en mi resurrección; pero yo no puedo creer que mi madre, verle morir, como la vi yo de cerca y ver con qué sonrisa y con qué paz murió, no es un argumento, no es una prueba, pero para mí, es una experiencia. Yo en el funeral de mi madre canté el prefacio como no lo he cantado en mi vida, creí que me iba a echar a llorar, ahora me echaría, pero entonces, no, y suelo decir, para mí, es una pequeña experiencia. Cada uno sabrá qué experiencias tiene, pero la vida, Jesús nos diría, es que estas cosas son como la levadura que está oculta, es que esto es como un tesoro que hay que cavar, que unos lo encuentran y otros no. Es que esto es una pequeña semilla de mostaza y los que están buscando grandes cosas, no miran a las semillas pequeñas. Jesús nos diría cosas de esas y bueno, pero en la vida no faltan signos. En la vida hay pequeños signos que le pueden colocar a uno, ante la verdad de lo esencial, estoy convencido, pequeños signos. Normalmente el que vive distraído, cogido por todo, ese es el que no ve nada. Pero no es porque no haya signos, sino porque está ciego.

 

Pregunta. Según has dicho que dijo algún autor, que sólo pudo tener alguna experiencia, Pedro y que todos los demás fue por contagio. La verdad es que a mí la fe por contagio se me queda pequeña., porque Jesús se dejó ver. Jesús le alcanzó a Pablo. Entonces, digo yo, la fe, es decir, dónde Dios es aceptado, ¿no lleva consigo la experiencia?

 

Respuesta. Hace unos años un sociólogo norteamericano, hacía esta distinción, hay los que viven la religión de segunda mano y los que viven de primera mano. Explico, la inmensa mayoría de los creyentes, piensa que la fe es creer cosas, creer que Jesús es Dios, creer que Jesús resucitó, creer que Jesús murió, creer cosas, ideas, eso es la fe. Decir a eso que sí, cuando te pregunten, Jesús, ¿es Dios?, y digas corriendo a eso, que sí, que sí. Pero tú no sabes, no has experimentado nada. Entonces normalmente, esta gente no es que crea en Dios, sino que cree lo que le dicen de Dios, lo que dice la Biblia, lo que dice el Papa, lo que dice el Obispo, lo que dice el Párroco. Son personas que, no es que crean en Dios, creen a los que hablan de Dios, esos deben de saber, así que yo le creo a fulanito. Es religión de segunda mano, no es fe.

La religión verdadera es de primera mano, y la persona cree en lo que va experimentando y no necesita que de fuera le pongan las pruebas, las pruebas las tiene dentro. Será grande o pequeña, pero tiene su pequeña experiencia, de eso vive. Y esa es la fe que hay que cultivar, la fe experiencial. Siempre se cita al bueno de K. Ranner, que en una entrevista, él dijo eso. “el cristiano del futuro será un místico, es decir, alguien que hace la experiencia o no será cristiano”. ¿Por qué?, porque ya no habrá en el entorno un contexto socio-cultural, que sostendrá su fe, y es así. Tanto se citó la frase que él, cuando iba a morir, dijo, “bueno, debe de ser mi testamento espiritual”.

Es que es verdad, hay personas que aguantan la fe, soportan la fe, no sé lo que hacen, no lo dejan por si acaso, pero no es que tengan ninguna experiencia, sino que, unos han perdido el miedo y lo han dejado, y otros que no han perdido el miedo, no es que lo hayan dejado, es que, si no hubiera Dios y estuviéramos seguros, vaya respiro. Pero siguen creyendo, por si acaso, porque aunque ahora dicen que no hay infierno, vete tú a saber. Siempre es creer lo que dicen otros, y en cambió, pues es verdad, es la propia experiencia la que nos tiene que hacer crecer y purificar la fe. Una experiencia sostenida en la Palabra de Dios.

 

 

 

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