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La voz del Evangelio

 

 

 

EL EVANGELIO ES BUENA NOTICIA PARA LA HUMANIDAD

“Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria”
 

 


 

21-9-2019
Domingo 16 Ordinario C

 

Lucas 10, 38-42

EN aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo:
«Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».
Respondiendo, le dijo el Señor:
«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».




Marta, Marta, gauza askorengatik zabiltza kezkaz eta larri; baina bat bakarra da beharrezko.
 



MAGISTERIO INTERIOR
José Antonio Pagola



Mientras la jerarquía católica insiste fuertemente en la necesidad del «magisterio eclesiástico» para instruir y dirigir a los fieles, sectores importantes de cristianos orientan hoy su vida sin tener en cuenta las directrices jerárquicas. ¿Hacia dónde puede conducir este fenómeno? La cuestión inquieta cada vez más a los teólogos.

Algunos de éstos creen necesario recuperar la conciencia del «magisterio interior» tan olvidado durante siglos entre los cristianos. Se viene a decir esto: de poco sirve insistir en el «magisterio jerárquico» si los creyentes -todos, jerarquía y fieles- no escuchan la voz de Cristo «maestro interior», que sigue instruyendo a través de su Espíritu a quienes, de verdad, quieren seguirlo.

La idea de Cristo, «maestro interior», arranca de las mismas palabras de Jesús: «No llaméis a nadie maestro porque uno es vuestro maestro: Cristo» (Mt 23, 10). Pero ha sido, sobre todo, san Agustín quien lo ha introducido en la teología reivindicando con fuerza su importancia: «Tenemos un solo maestro. Y, bajo él, somos todos condiscípulos. No nos constituimos en maestros por el hecho de hablaros desde un pálpito. El verdadero Maestro habla desde dentro.»

La teología contemporánea vuelve a insistir en esta verdad demasiado olvidada por todos, jerarquía y fieles: las palabras que se hablan en la Iglesia sólo han de servir de guía e invitación para que cada creyente escuche dentro de sí la voz de Cristo. Esto es lo decisivo. Sólo cuando uno «aprende» del mismo Cristo, se produce «algo nuevo» en su vida de creyente.

Esto trae consigo diversas exigencias. Antes que nada, para quienes hablan con autoridad dentro de la Iglesia. No son los propietarios de la fe ni de la moral cristiana. Su misión no es enjuiciar y condenar a las personas. Menos aún, «echar fardos pesados e insoportables» a los demás. No son maestros de nadie. Son discípulos que han de vivir «aprendiendo» de Cristo. Sólo entonces podrán ayudar a otros a «dejarse enseñar» por él. Así interpela san Agustín a los predicadores: «¿Por qué gustas tanto de hablar y tan poco de escuchar?... El que enseña de verdad está dentro; en cambio, cuando tú tratas de enseñar, te sales de ti mismo y andas por fuera. Escucha primero al que habla por dentro, y, desde dentro, habla después a los de fuera.»

Por otra parte, todos hemos de recordar que lo importante, al oír la palabra del magisterio, es sentirnos invitados a volvernos hacia dentro y escuchar la voz del único Maestro. Nos lo recuerda también san Agustín: «No andes por fuera. No te desparrames. Adéntrate en tu intimidad. La verdad reside en el interior de la persona.» Es aleccionadora la escena en que Jesús alaba la actitud de María que, «sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra». Las palabras de Jesús son claras: «Sólo una cosa es necesaria. María ha escogido la parte mejor.»


 

 

 

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