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Las cuatro Parábolas más importantes

 

José A. Pagola

 

 

1. "EL PADRE BUENO"

Estas Parábolas invitan a lo más importante: a intuir la increíble misericordia de Dios. Son Parábolas muy conocidas. Y, al mismo tiempo, muy mal conocidas. Así que yo os pediría, y me pido a mí mismo, que ¡cuidado...! Que no creamos que vamos a oír lo de  siempre, porque cuando a la Parábola se la pone en su contexto, y se la deja ahí, en la mitad, empieza a hablar.

La primera Parábola, sin duda la más cautivadora porque es la que más impresionó a los padres y madres que oían a Jesús, fue esa Parábola que tradicionalmente se ha llamado la "Del Hijo Pródigo", que es el hijo derrochador. La verdad es que no es el personaje más importante, no. Más importante es la figura del padre. Tanto que hoy esta Parábola viene a ser llamada "la Parábola del amor del Padre", o mejor la Parábola "DEL PADRE BUENO".

La tragedia de un padre bueno que no puede hacer familia. No voy a leer toda la Parábola, porque la conocéis. Pero sí algo para entrar en materia. Un padre tenía dos hijos. Y el menor de ellos le dijo al Padre: Padre, déme la parte de la hacienda que me corresponde. Y el padre, sin más, respetando la insensatez de este hijo, le partió la hacienda".

Sabéis que el hijo se marchó, hace una vida desquiciada; en la realidad se da cuenta de dónde está, perdido, no es que se arrepienta, simplemente reflexiona: yo esta, mejor..., no es propiamente arrepentimiento. Y se pone en marcha. Estando todavía lejos su padre le vio. Y conmovido, éste es un término importante, le temblaron las entrañas, a este padre le pasó algo, perdió el control, corrió... Se echó a su cuello, le besó efusivamente una y otra vez, no para de besarle. El hijo empieza a hablar sí padre he pecado contra el cielo..., quiere confesarse. Pero el padre le interrumpe, no quiere que el hijo se humille más.

El padre dijo a los siervos traed de prisa el mejor vestido, el anillo, etc. Por fin, podrán hacer fiesta. Pero el hijo mayor no estaba presente, estaba en el campo trabajando, no sabía hacer otra cosa. Y al volver oye la música... La fiesta se organiza en la plaza publica, todo un banquete para todo el pueblo, se mata el novillo... Llega el hermano mayor, no entiende nada, pregunta..., no quiere entrar. Una tragedia... El padre siempre repite lo mismo: este hijo estaba perdido y ha sido hallado. Vamos a entrar en las Parábolas muy despacio. Jesús está caminando por Galilea, por esos pueblos pequeños. Jesús conocía muy bien estos pueblos. campos.

Jesús conocía muy bien los problemas, los conflictos que se vivían en las familias de los campesinos, cuántas discusiones entre padres e hijos. Los hijos querían independizarse de aquellos padres tan patriarcales, la rivalidad entre los hermanos por derechos de herencia... Eran problemas que ponían en peligro la cohesión y la estabilidad natural de las familias. Se sufría muchísimo, porque la familia era todo. Sin la familia, sin familia a dónde se podía ir. La familia era el hogar, era también la escuela, todo se aprendía en casa, hasta la religión...La familia era el lugar de trabajo, era el lugar de supervivencia, era la fuente de identidad: Jesús el hijo del  carpintero. Todos y cada uno pertenece a un grupo. El grupo, la familia es la seguridad. Lo peor que se podía hacer en esas aldeas es poner en peligro la familia.

En cuanto Jesús comenzó a hablar, los padres engancharon sin ningún esfuerzo. Pero, hay que decir algo más. La familia no subsistía aislada del resto del pueblo, de la aldea. Normalmente los pueblos estaban formados por familias emparentadas.... En la aldea todo se hacía en común; se preparaban con mucho cuidado los matrimonios; se ayudaban unos a otros a recoger las cosechas, a reparar los caminos. Muchas veces construían casas para las nuevas parejas... Se juntaban para proteger a las viudas, a los huérfanos. Era muy importante no sólo la lealtad a la propia familia, sino también al propio pueblo. Cuando una familia pasaba mal, los problemas de esa familia repercutían en las otras familias, de todos...

Cuando Jesús empezó a hablar de los problemas de un padre con sus dos hijos, un padre que tenía problemas para mantener unida a la familia, seguro que todos aquellos campesinos prestaron mucha atención. Jesús ya sabía de qué estaba hablando. Aquellos hombre y mujeres conocían conflictos parecidos, pero lo que pedía este hijo era imperdonable. Lo que decía Jesús en la Parábola sorprendente: el hijo pide parte de su herencia, el padre esta todavía vivo, ni está enfermo, y en cambio este hijo le da a su padre como muerto. Pide ya la herencia; por tanto pone en peligro la familia, echa por tierra el honor de la familia! ¡Cómo iba repartir la herencia, cómo iba a dividir el terreno poniendo en peligro el futuro de toda la familia. Lo que pedía este hijo era una locura, era una vergüenza para la familia y para todo el pueblo. Si una familia del pueblo venía abajo repercutía en todos.

El padre no dice nada, respeta la barbaridad que le plantea su hijo, y les reparte la herencia. Os podéis imaginar que todos aquellos campesinos quedaron escandalizados. ¿Qué clase de padre era ése? ¿Qué clase de padre es éste que no era capaz de imponer su autoridad sobre los hijos? ¿Cómo, dónde se había visto un padre así, un padre sin honor? ¿Cómo iba acceder a la locura de ese hijo perdiendo su dignidad de padre, patriarca de toda la familia, poniendo en peligro, pues, a toda la familia. Pero el padre le respeta, y reparte la herencia.

Sabéis que el hijo se desentendió del padre, abandonó la familia, el texto recuerda que fue a un país lejano. Por lo tanto, fuera de Israel, entre paganos, entre gente impura. Empezó una vida desquiciada, se destruyó, no pudo defenderse del hambre. Se quedó sólo, en un país extraño... Esto es tremendo. Se quedó sólo, sin familia, sin protección alguna. Terminó como esclavo de un pagano, cuidando cerdos, animales impuros. La desgracia de este hombre no podía ser mayor. Ahí le veis a este hijo, esclavo, sin libertad, sin dignidad, haciendo una vida infrahumana en medio de animales impuros, y deseando comer por lo menos las algarrobas que comían los cerdos. En esta situación desesperada el pobre reacciona. Recuerda la casa del padre. Aquel era su hogar. Piensa que no puede seguir lejos de la familia, y toma una decisión, quiere vivir bien: "Me levantaré e iré a mi padre".

Reconocería su error, él se daba cuenta de que había perdido todos los derechos, ya no tenía ningún derecho en casa. Pero, a lo mejor, el padre lo aceptaría como jornalero, una especie de esclavo.

Y ahora viene lo increíble: la acogida del padre. La gente, aquellos padres, que eran verdaderos patriarcas, de familias numerosas..., todo patriarcales...

Estando todavía lejos, vio al hijo, el hijo venía destruido, humillado. El padre se conmovió, realmente le temblaron las entrañas. Y perdió el control. Tremenda esta descripción, pierde el control. Olvida su propia dignidad, echa a correr a su encuentro. Le abrazó con ternura, no dejó que se echara a sus pies por no humillarlo más. Le abrazó efusivamente sin miedo a que estuviera en estado de impureza. Estos eran ya gestos de una madre, no eran gestos de un patriarca.

Pero hay que decir más. Todo lo hacía en público. Con él entra en el pueblo; aquellos besos, aquellos abrazos entrañables delante de todo el pueblo, no sólo eran la acogida, el perdón del padre, eran al mismo tiempo la bendición y protección ante los vecinos.

El padre interrumpió su confesión para ahorrarle más humillaciones, y comenzó a restaurar la dignidad del hijo. Se le vestiría con el mejor vestido de la casa, se le pondría un anillo, era recibido como hijo... Pero no le basta al padre; había que rehacer el honor del hijo y de la familia dentro de pueblo, dentro de la aldea. Entonces al padre no se le ocurre otra cosa: organizaremos un gran banquete. Mataremos el novillo más grueso para que haya carne para todos. Y, además habrá música y habrá baile en la plaza. Todo lo justifica diciendo porque este hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida. Se había perdido y ha sido hallado. Por fin, podía vivir otra vez en familia de manera digna, de una manera dichosa La gente estaba sorprendida. Un padre no actuaba así cuando llegaba un hijo en esas condiciones.

Desgraciadamente faltaba el hijo mayor, estaba trabajando como siempre en el campo. Llega al atardecer. Una vez más ha cumplido fielmente con su trabajo. Oyó de lejos la música y las danzas, no había contratada ninguna fiesta...Se pregunta cómo puede haber música, baile en el pueblo. No entendía nada. Pero, cuando le dicen que ha venido el hijo, no le produce ninguna alegría. Y se queda fuera, sin entrar en la fiesta,

Fijaos la habilidad de Jesús: nunca había marchado de casa aquel hombre, pero ahora se encontraba fuera. El único extraño ante la familia y los vecinos que están celebrando la acogida; ahora es él, que nunca había salido de casa que está fuera, se siente extraño. No se había perdido en país extraño, y estaba perdido en su resentimiento.

El padre es padre de todos. Sale a invitarlo a entrar. Cuando el padre lo invita, aquél hijo mayor explota; entonces nos descubre algo tremendo, la tragedia que lleva dentro. Ha pasado la vida entera cumpliendo las órdenes del padre y no se ha sentido hijo, se ha sentido esclavo. No ha sabido disfrutar como hijo. Incluso hubiera hecho una merienda con los amigos... No está con el padre, no está con la familia. El tiene su mundo. Es un pobre hombre que no ha hecho más que cumplir órdenes, pero no ha sabido disfrutar de la familia. Se puede decir que precisamente ese trabajo sacrificado cumpliendo todas las órdenes, es eso precisamente lo que le ha endurecido el corazón. Y ahora no sabe qué hacer. Lo único que sabe hacer es humillar al padre y destruir al hermano. Este hombre no entiende el amor del padre hacia aquel miserable. El lo tiene claro: ni acoge ni perdona. ¿Qué le falta? Le falta la compasión. No entiende la compasión del padre por este hijo. Sólo siente resentimiento. Sabéis que el padre le habla a él también con una ternura especial. El padre lo ve todo de manera muy diferente. Aquel hijo que llega no es un depravado, es un hijo muerto, pero que ha vuelto a la vida. El hijo mayor que tiene delante y que no quiere entrar a la fiesta, no es esclavo, es un hijo que podía haber disfrutado de todo en casa.

¿Cuál es la obsesión del padre? Ver a sus hijos sentados a la misma mesa, compartiendo amistosamente un banquete festivo. Y, seguramente, como era su costumbre, con esto terminó Jesús esta Parábola.

¿Qué pudieron sentir los que oyeron por primera vez esta, Parábola? Por ejemplo, ¿qué experimentaron los que llevaban años lejos de Dios, al margen de la Ley, sin asomarse por la Sinagoga, sin preocuparse de las peregrinaciones...? Y ¿qué sintieron los que eran piadosos fieles, cumplían sus deberes.., pero, al mismo tiempo, condenaban a todos los demás, a prostitutas, y tanta otra gente que andaba con Jesús? ¿Qué sintieron? Todos le juzgaron rápidamente, y se dijeron que aquel padre era un insensato, Sin autoridad para imponerse a hijos.

Ahora que le ven actuar con esa compasión increíble; al ver a un padre maternal, que sale, que perdona, protege al hijo mayor... Cómo sale humildemente en busca del hijo mayor ... Y que busca sólo una cosa, ver a la familia unida. Ahora aquellos padres y madres que escuchan a Jesús, se quedaron conmovidos. ¿Qué está sugiriendo Jesús? ¿Será esto el tesoro que El ha descubierto en Dios? ¿Jesús ha descubierto en Dios la compasión? ¿Será esto lo que Jesús ha descubierto en Dios: la compasión? ¿Será esto lo que le ha llenado de luz y le ha dado una alegría tremenda? ¿Será Dios así? La gente se tenía que preguntar ¿será Dios como ese. padre, que no se guarda para sí mismo la herencia, que no anda obsesionado por la moralidad de sus hijos? Le dice que no le diga más... No le preocupa el pasado del hijo. ¿Será Dios como alguien que quiere orientar toda la vida de los hombres hacia una gran fiesta final? ¿Será esta la mejor metáfora de Dios? De seguro que es la mejor. Esta metáfora: un padre acogiendo con los brazos abiertos a los hijos que andan perdidos, y pidiendo a los hijos más fieles que les acojan como les acoge El.

Esta parábola era una revolución, una verdadera revolución. Al final, ¿qué es lo que quiere Dios por encima de los justos y pecadores? ¿Qué quiere? Una fiesta final. Jesús habla de un banquete abundante, habla de músicas, habla de danzas, habla de hombres perdidos que abandonan su vida indigna, habla de hermanos que tienen que saber acogerse... Será esto lo que Jesús empieza ya a explicar?

¿Será, esto lo que hay que dejar crecer en el mundo? ¿Y esto qué es? Recuperar la dignidad, saber comprenderse. Saber perdonarse, sentarse a la misma mesa, buscar una vida digna y dichosa para todos. Jesús no sabía cómo decirlo con claridad. Dejó el bautismo de Juan, etc. El mismo comenzó a hacer banquetes con toda clase de personas: pecadores, prostitutas... Y a todos les decía lo mismo: los perdidos ya están..., están en el banquete. Jesús les está diciendo: yo ya estoy celebrando, ¿por qué no os unís todos a la fiesta, los que vivís lejos y los que tratáis de serle fieles?

Aquella Parábola se comentaba en las familias. Se tuvo que comentar, porque aquel hombre utilizaba un lenguaje que nadie utilizaba en las Sinagogas, y menos todavía en el Templo; y, menos aún, en los círculos de los escribas. La gente sencilla entendía que Jesús decía algo difícil de creer, pero algo muy importante.


 

 

2. "LOS TRABAJADORES DE LA VIÑA"

 

Jesús volvió a insistir con otra Parábola, que ha sido interpretada muy mal. La voy a leer. Es una Parábola provocativa. La del dueño de la viña que quería trabajo y pan para todos. Jesús veía entre la gente que le seguía que muchos eran jornaleros, hombres que habían perdido sus tierras, y andaban de pueblo en pueblo buscando algo de trabajo.

Estos son los primeros que se juntaron con Jesús, los que no tenían tierras...Probablemente muy poca gente dejó la tierra y la familia para ir detrás de Jesús. Le siguieron los que no tenían ni familia ni tierras.

Jesús contó esta Parábola: "Con el Reino de Dios sucede como con un propietario que salió a la primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros con un denario, los envió a la viña. Salió luego hacia la hora tercia, y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo "id también vosotros a mi viña". No les dice nada del denario. A vosotros os daré lo que sea justo. Y ellos se fueron. Volvió a salir a la hora sexta, y en la nona y, todavía salió a eso de la hora undécima, y al encontrar otros que estaban allí, les dijo:¿ por qué estáis todo el día parados? Responden: porque nadie nos ha contratado. Id también vosotros a la viña.

Al atardecer dice el dueño de la viña a su administrador: llama a los obreros y págales el jornal empezando por los últimos hasta los primeros. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros, pensaron que cobrarían más, y ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo murmuraron contra el propietario diciendo: estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros que hemos aguantado el peso del día, y el calor. El les contestó: "Amigo, no te hago ninguna injusticia" ¿No te ajustaste conmigo con un denario? Pues, toma lo tuyo, y vete. Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero. O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno"

Este es un dueño de la viña bueno. Esta parábola es escandalosa. Esta parábola no se puede predicar hoy.

Aquí tenéis un señor de la viña que pertenece a la élite dominante, no vivían en los pueblos, vivían en las grandes ciudades. Tenían un administrador que llevaba las cuentas. Sólo se acercaban en tiempo de la cosecha o la vendimia. Son los grandes terratenientes. Los jornaleros pertenecen a las clases más bajas. Normalmente era gente que había perdido sus tierras. Vivían al día, sin ninguna seguridad, como vivía Jesús, sin ninguna seguridad. A veces mendigando, otras veces robando, siempre buscando alguien que les contratara, aunque sólo fuera por un día.

Vamos a ver el relato de Jesús, La jornada solía comenzar al amanecer, seis de la mañana, y terminaba al atardecer, a las seis de la tarde, al caer el sol. La sorpresa es que el propietario va él mismo a la plaza a la primera hora de la mañana. Nunca un terrateniente iba a hablar directamente con sus jornaleros. Tenía su administrador.

Va él personalmente. Se acerca a un grupo, y se ajusta con ellos con el salario de un denario. No es gran cosa un denario. Pero, es lo suficiente.

Nosotros no nos damos cuenta, pero aquellos campesinos que conocían muy bien todo este mundo, no podían entender este ir y venir de un grande señor, eso no ocurría nunca. No era normal ir tantas veces a la plaza... Los contratos se hacen a la mañana según los trabajos. ¿Qué tipo de patrón era este hombre? Y ¿por qué actuaba así? A nadie se le ocurre contratar cuando sólo falta una hora... ¿Es que tenía tanta uva? No se habla de la vendimia. El contrato no dice nada acerca de la cosecha. Lo que sugiere mas bien es que este hombre no quería ver a nadie sin trabajo.

Llegó la hora de pagar a los obreros. Se les pagaba el mismo día, antes de caer el sol. ¿Por qué? Porque si no morían de hambre. La leyes de Israel decían: `No explotarás al jornalero e indigente. Les darás cada día su jornal antes de ponerse el sol. Es pobre, y de ese salario depende su vida."

El dueño organizó el pago empezando por los últimos. Entre los jornaleros se despierta una gran expectación. Resulta que los últimos, aunque sólo han trabajado una hora, reciben un denario. ¿Cuánto recibirán los demás? Como veis la decepción fue terrible! Todos reciben un denario. Comienzan a protestar. Es injusto...¿Por qué van a recibir un denario si el trabajo ha sido tan desigual? Desde luego la gente que le escuchaba a Jesús, los jornaleros... estaban de acuerdo con esta protesta.

Los primeros no se oponían a que los últimos recibieran un denario. Lo que piensan es que se está devaluando su trabajo. Que sea generoso con los últimos, pero que sea también generoso con ellos. ¿No pide eso la justicia? ¡La justicia! La respuesta ya sabéis: Amigo, ¿tienes que ver con. ojos malos que y o sea bueno? No te hago ninguna injusticia. Yo quiero dar a todos lo que necesitan para vivir: trabajo, pan..."

Este dueño no ha hecho otra cosa que contratar, llamar a todos a la viña, darles trabajo. Ni se le ocurre pensar en los méritos de cada uno, ni cuánto trabaja uno, ni cuánto trabaja otro. Lo único que quiere es que esta noche en todas estas familias se pueda cenar. La justicia y la misericordia, aquí se encuentran.

Claro, ahora la sorpresa! ¿Qué está sugiriendo Jesús? Vamos a pensar un poco... ¿Qué está sugiriendo Jesús? ¿Es que para Dios no cuentan los méritos de cada persona? ¿Es que Dios funciona de otra manera, con cálculos y criterios diferentes a los que nosotros manejamos? Nosotros que queremos hacer justicia e igualdad... Esta manera de entender a Dios, la bondad de Dios, ¿no está rompiendo todos los esquemas religiosos de todas las religiones? ¿No está Jesús dando un vuelco total a todo?

Por encima de todas las teologías que podamos leer, ¿será verdad, que Dios, más que atender y fijarse en nuestros méritos, está mirando cómo responder a nuestras  necesidades? ¿Será Dios así? Alguien que, en vez de estar mirando a los méritos de cada uno, lo que está mirando es la necesidad de cada uno. Si Dios es así, sería una suerte, pues todos podríamos confiar en El, aunque nuestros méritos fueran muy pobres.

Pero ¿no es peligroso esto? ¿No es peligroso abrirse a ese mundo insondable de la compasión de Dios, que no tiene cálculos, que se nos escapa, que no podemos medir... ¿No es al fin al cabo más tranquilizadora una religión, no es más tranquilizador, sobre todo para los fieles, no salirse del Templo? Porque en la religión del Templo todo está bien, bien prescrito: los méritos los pecados, todo..

¿Qué está planteando Jesús? ¿Que nos olvidemos de la Ley, de la Religión, y pongamos en primer término la misericordia de Dios?

Y, ¿ahora qué puede pasar? ¿Qué religión puede salir de ahí? La del Templo no. Y ¿qué otra?

Seguro que Jesús, se dio cuenta del desconcierto que le iba entrando a la gente. El Dios del Templo no era así. ¿Jesús, de qué Dios estaba hablando? Jesús quería introducir una semilla, introducir algo diferente...

Entonces Jesús, que todas las Parábolas las sacaba de la vida, del campo, inventó una parábola, la única, en el contexto del Templo.

 

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