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JESÚS, POETA DE LA MISERICORDIA DE DIOS

 

José A. Pagola

 

 

A este encuentro, yo lo titularía "Jesús, poeta de la misericordia de Dios".

Y sabéis que Jesús nunca, nunca ha escrito directamente su experiencia del Reino de Dios con conceptos. Jesús no podía comunicar por medio de ideas lo que vivía en su interior. Sólo pudo expresarse acudiendo a este lenguaje tan propio de la poesía. Entonces, basta que uno se adentre en las fuentes cristianas para ver cómo Jesús, con una creatividad inagotable, porque así inagotable, va inventando imágenes, va concibiendo metáforas, sobre todo va narrando como con una maestría, con un encanto únicos, parábolas que cuando se pronunciaron por primera vez impresionaron.

He llegado a esta conclusión: no encuentro en estos momentos una manera mejor para los hombres y la mujeres de hoy, no encuentro un camino mejor para acercarnos a la experiencia honda, a la experiencia más genuina de Jesús. No encuentro otro camino que adentramos en el mundo fascinante de las parábolas. Veo que es el mejor camino para entrar, además bastante rápidamente, para entrar en el misterio del Reino de Dios que decía Jesús, siguiendo sus pasos.

Entonces mi objetivo es doble:

primer objetivo: dejarnos captar por la magia de las parábolas de Jesús; es una experiencia nueva. Normalmente no se da entre nosotros, en nuestras comunidades cristianas, ese poder descubrir el mundo fascinante de Jesús. Parábolas que están, totalmente gastadas. Que apenas nos dicen algo. Y que, sin embargo me gustaría tratar de adentramos y gustar; es cuestión de gustar el contenido central del mensaje de Jesús.

Segundo objetivo: a través de esas parábolas me gustaría que intuyéramos, no mucho, intuir, y nos sorprendiéramos porque es sorprendente... No nos damos cuenta ni "Qué" creemos. Tengo esa impresión, cada vez mayor. Dejarnos sorprender por el "no creo" en el mensaje de Jesús que resumo así: "Dios es compasivo" Es entraña. Dios es así. Esa compasión es para mí. Nosotros ni nos enteramos. Está actuando. Está moviendo el mundo. Está moviendo la vida. La compasión de Dios quiere introducirse en el mundo. Pero "sed compasivos como es compasivo vuestro Padre del cielo". La única manera de cambiar el mundo es introducir en la vida la compasión. Eso no va ocurrir si no hay seguidores de Jesús que saben creer.

Ahora desarrollaré dos puntos:

primero, quiero decir algo sobre las Parábolas. Titulo esta parte "la magia de las Parábolas". Inmediatamente otro punto,

el segundo: "la vida es más que lo que se ve". Creo que esta idea es totalmente central en Jesús. La formula así: "la vida es mucho más…

Más tarde abordaremos las cuatro Parábolas más impresionantes de Jesús. Las que Jesús más trabajó. Las que le salieron redondas... Solamente entonces empezaremos a asustarnos de cómo es Jesús...

Más tarde nos dedicaremos a escuchar el mensaje de Jesús, siempre a través de sus Parábolas: "Sed compasivos como es compasivo vuestro Padre del cielo".

 


 


1.- MAGIA DE LAS PARABOLAS

 


Es un dato del que no se puede dudar: Jesús se negó a utilizar el lenguaje de los Escribas de la Ley. No le servía. Por algo lo dejó. Jesús habla el lenguaje de los poetas. ¿Por qué? La poesía hace saltar las fronteras de los dogmas, y de los ricos... No se puede discutir con Jesús. Su lenguaje desborda y nos desbordará, y desbordará a los teólogos...

Jesús manifiesta todo lo que El vive en su corazón, y todo lo que va transmitir le brota de la vida. De la experiencia de la vida, no del templo, de la sinagoga: de la vida. Y lo va a transmitir con imágenes sacadas de la vida. Aquellas mujeres, aquellos campesinos, aquellos niños que le oían no van a necesitar leer un libro. Tienen que aprender a vivir intensamente, y en la vida. Con imágenes vivas nos va sugerir un Dios lleno de vida, y nos va a decir una cosa para siempre: la poesía es el único lenguaje válido para volver a recuperar el misterio de Jesús.

Sabéis que después de Jesús nadie inventó ya parábolas. Nadie. Ni los teólogos de la Iglesia. Nadie ha sido capaz.

El lenguaje poético de Jesús es inconfundible. Es un lenguaje en el que nada es forzado: sencillo, y no necesita recurrir a grandes conceptos abstractos. Va a comunicar lo que cree y vive. Vamos a ver cómo su palabra se transfigura, se transforma para hablar de Dios a la gente del campo. Lo que necesitaba Jesús es hacerles ver lo que tienen delante de los ojos. Pongo algún pequeño ejemplo: para Jesús hay una cosa clara: "Dios es bueno, Dios es bueno". ¿Por qué? Hace amanecer su sol sobre buenos y malos, hace llover sobre justos e injustos. Jesús no se puede reprimir, no puede ocultar lo que siente dentro de El cuando va por aquellos caminos de Galilea. Jesús se pasó la vida tratando de enseñar a la gente a mirar la vida de otra manera. Quería enseñarles a mirar la vida de manera diferente.

Les decía estas cosas, por ejemplo: si Dios se cuida de unas aves poco atractivas, como los cuervos, y adorna de manera tan cuidadosa a unas flores que no se necesitaban para adornar, nadie las planta en el jardín..., ¿cómo no va a cuidar de vosotros? Mirad, los cuervos: no siembran, no cosechan no tienen despensas ni graneros, y Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros...! Y mirad los lirios cómo crecen, no trabajan, no hilan, y yo os aseguro que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos... ¡Cuánto más se interesará por vosotros, hombres y mujeres de poca fe!

Otro día se fija en un gorrión; por mucho, uno de los pájaros más pequeños... Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados... No tengáis miedo. Vosotros valéis mucho más. Ese era Jesús, que captaba toda la ternura de Dios, cuidándose siempre de los más pequeños. De los pájaros más pequeños del campo, de los cabellos de las personas... No le hacía falta recurrir a grandes teologías.

Un día dirigiéndose a padres y madres que estaban allí escuchándole, les dice: cómo no va a ser mejor que vosotros; ¿hay acaso alguno entre vosotros que cuando el hijo le pide pan le dé una piedra, o si le pide un pez, le dé una culebra?... Si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, cuánto más vuestro Padre que está en el cielo os dará cosas buenas... ¿Quién puede dudar de la bondad de Dios, si nosotros mismos siendo malos estamos reflejando la bondad de Dios?

Sólo Jesús pronunció Parábolas para explicar eso que El llamaba el Reino de Dios. En veinte siglos de cristianismo nadie ha sido capaz de hablar así en parábolas, nadie ha conectado con la vida; nadie ha sabido mostrar el misterio divino así de claro... Ni los exégetas modernos han conseguido explicarlas. ¿Por qué? Las han traducido al propio lenguaje contemporáneo.

El mundo de las parábolas es un mundo increíble que se nos escapa. Jesús lo único que intentó con las Parábolas, es intentar buscar el Reino de Dios, porque todo lo demás por mucha importancia que le demos es añadidura...Por eso en la Parábola sucede algo. No es como otros lenguajes de Jesús. La Parábola crea una nueva situación... No todo seguirá como antes. Jesús nunca explicaba la Parábola. La Parábola tiene que penetrar con toda su fuerza en el que la escucha. Y si no escucha, la Parábola queda inacabada, Ahí se queda. Cuanto uno escucha la Parábola como mero espectador, no entiende nada. No capta nada.

¡Cuántas veces nos ocurre durante el Año litúrgico...! Pero el que entra, aunque sea poco, en el relato, se deja transformar por su fuerza...; y entra en el Reino de Dios.

Para entender bien la Parábola hay que volver al medio de la vida, iluminarla desde dentro. El arte es volver a proponer la Parábola de nuevo, examinarla por dentro... Tratar de despertar hoy, algo de lo que se pudo vivir en torno a Jesús cuando por primera vez contó estas parábolas.

 


 


2.- LA VIDA ES MÁS QUE LO QUE SE VE


Sabéis que Jesús encontró una acogida inicial buena, pero a nadie le resultaba muy fácil creer lo que decía Jesús cuando anunciaba el Reino de Dios, ¿por qué? Porque no veían nada especialmente grande en Jesús. Sin embargo, El hablaba de que estaba llegando el Reino de Dios. Todos esperaban algo más espectacular que anunciara el Reino de Dios. ¿Dónde estaban esos signos terribles, extraordinarios que connotaban los escritores apocalípticos? ¿Dónde se podía ver a Dios obrando con esas fuerzas poderosas llegando a salvar al pueblo? Pero, ¿cómo se le podía ocurrir a Jesús decir que el Reino de Dios estaba cerca?

Después de veinte siglos nos preguntamos ¿dónde está el Reino de Dios?... ¿Vamos a seguir contando cuentos, o lo tomamos en serio.?...

Jesús dedicó mucho tiempo a enseñar a la gente a captar la presencia de Dios en lo que veía. Empezó a decir con su lenguaje lo que yo lo digo así: La vida es mucho más que lo que se ve. Mientras vamos viviendo de manera distraída la vida de cada día, hay algo que está sucediendo secretamente, misteriosamente... Jesús les muestra los campos de Galilea, y les dice: mientras nosotros vamos caminando sin ver nada, algo especial está ocurriendo bajo esta tierra: una semilla que vive, crece..., algo está ocurriendo. En su momento ya aparecerá la fuerza salvadora. ¿Será verdad? ¿Será la vida como la veía Jesús? ¿Estará Dios de verdad actuando ya calladamente, pacientemente, aguantando a todos nosotros? ¿Será ese el secreto de la vida?

Vamos a ver. Jesús les contó muchas Parábolas. La que más les desconcertó fue una pequeña, la Parábola de la semilla de mostaza: "Con el Reino de Dios sucede como con el grano de mostaza. Es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando cae en una tierra trabajada, produce un arbusto grande, se convierte en cobijo para los pájaros". Jesús podía haber hablado de una higuera, de una palmera, de una viña. Pero de manera intencionada elige la semilla de mostaza. Era proverbial la pequeñez del grano de mostaza. ¿Qué pasa con ese grano, que no es más grande que la cabeza de un alfiler? Pasa que con el tiempo produce un arbusto de tres o cuatro metros... En abril venían bandadas de jilgueros a comer sus frutos.

Ahora viene Jesús y les dice que la mejor metáfora del Reino de Dios es la mostaza, ¿Cómo podía comparar Jesús el poder soberano de Dios con una cosa tan pequeña? Jesús les quería arrancar la fe de la Tradición, que hablaba de un Dios grande, todopoderoso. Había que olvidarse de las hazañas del Éxodo. Jesús nunca habló de las hazañas del A.T., etc. Según Jesús, Dios está en lo pequeño. ¿Tendrá razón Jesús? ¡Atentos! ¿Habrá que atreverse a abandonar la imagen de Dios de la Tradición? ¿Habrá que arriesgarse a creer a Jesús?

A muchos judíos les parecía que había que hacer algo, Dios necesitaba ser ayudado. Había que hacer algo para forzar los acontecimientos. Jesús vivió en los momentos en los que se esperaba un vuelco de la situación. En el pueblo pensaban algunos que Dios mismo intervendría.

Jesús se daba cuenta de la impaciencia de los que esperaban el Reino de Dios. Les propone esta pequeña parábola, que podríamos titular así: La semilla que siembra el labrador. Con el Reino de Dios pasa como cuando un hombre echa la semilla en su tierra. Mientras él se duerme o se levanta, de noche, de día, la semilla germina, sin que el labrador sepa cómo... Primero viene una hierba, luego la espiga, y, por fin, el trigo...; cuando el fruto está maduro el labrador mete la hoz. Cada año tenía lugar la cosecha. Nadie sabe muy bien cómo, algo ocurre misteriosamente...

Eso mismo sucede con Dios. Está actuando misteriosamente en el mundo y en la personas. Solamente que hay que esperar. Lo único que hace el labrador es depositar en tierra la semilla. Su tarea ha terminado. El crecimiento de la planta no depende del campesino. Puede ir a donde quiera. La semilla está trabajando. Luego vendrá la cosecha. Jesús les decía: así es el Reino de Dios. No coincide con nuestros esfuerzos. Con nuestros nerviosismos. Es un regalo inmensamente superior a todos nuestros afanes y nuestros trabajos. No hay que ponerse nerviosos. Hay algo que está sembrado, y que tenemos que seguir sembrando. Pero no hay que actuar bajo presión, quemando etapas...

Para Jesús, la primavera era estupenda. En esta época no hay frutos, pero la ramas de la higuera empiezan a ponerse tiernas; aunque todo parece que está muerto ya la vida comienza a despertar Y terminaba: aprended de la higuera… Para Jesús la primavera fue el gran misterio de la vida. Por eso mismo, su llegada era símbolo de la llegada de Dios como bendición y como vida.

Pero Jesús no sólo andaba por el campo, tenía las mujeres que le seguían. Les dijo la parábola de la levadura, que se gravó de manera especial en la mujeres Todas las semanas, la víspera del sábado se hacia el pan... Con el Reino de Dios pasa como con la levadura que tomó una mujer y escondió en tres medidas de harina... Quiere decirles que Dios es Alguien que pone en la vida algo que empieza a transformarla... Todo es un poco exagerado. Nadie preparaba tres medidas de harina, esto es, para unos 40 kilos de pan.

¿Cómo se puede comparar la levadura al Reino de Dios? La levadura era considerada materia impura... ¿No es una locura lo que está diciendo Jesús? ¿Es que Dios invierte todas las cosas? ¿Es que hay que descubrir el Reino de Dios en ese mundo en que se mueve prostitutas, impuros, pecadores? ¿Qué levadura es ésta que les estaba metiendo en la cabeza? Algunos se sentían atraídos. Pero la mayoría, no.

Entonces Jesús pronunció dos pequeñas parábolas, que son muy distintas de las demás porque no proceden de la experiencia diaria, proceden de la imaginación y del mundo de la fantasía.

La parábola del “Tesoro escondido": Con el Reino de Dios sucede como con un tesoro escondido en el campo que al encontrarlo un hombre vuelve a esconderlo. Con la alegría que le da, vende todo lo que tiene, y compra el campo.

Este hombre se encuentra con un tesoro escondido; podéis imaginar su sorpresa y su alegría. No lo piensa dos veces, es la ocasión de su vida, hay que aprovecharla... Esconde de nuevo todo el cofre, vende lo que tiene y compra el campo. A la gente le encantaba esta clase de relatos. Galilea era lugar de paso, de toda clase ejércitos, de gente rica... La mejor manera para escapar del saqueo era esconder la pequeña o grande fortuna en un lugar seguro, bajo tierra. Y, claro, luego sucedía que moría la gente...Los campesinos soñaban al cavar el poder encontrar un tesoro. ¿Será así el Reino de Dios?

Jesús cuenta otra parábola: Se parece el Reino de Dios a un mercader que anda buscando perlas finas, y al encontrar una de gran valor, va, vende todo lo que tiene, y la compra. Es un experto en perlas y rápidamente toma una decisión, vende todas las demás perlas para hacerse con esa perla.

La gente comienza a desconcertarse cada vez más. ¿Será verdad que el Reino de Dios es como un tesoro escondido, que se escapa a nuestros ojos? ¿Será Dios un tesoro?

Todos esperaban la venida del Reino de Dios. Jesús les dice: Eso que andáis pidiendo es como un tesoro; y además os digo que lo entraréis en cualquier momento. ¿Será esto ser cristiano? ¿Será esto entender a Jesús, estar abiertos a la sorpresa? ¿Será algo que nos puede romper los esquemas, y nos introduce en un mundo totalmente nuevo? ¿Será el Reino de Dios algo que presentimos, pero cuya bondad y belleza ni siquiera podemos sospechar?

Jesús trató de responder a todas estas preguntas y otras con las conmovedoras parábolas que salieron de sus labios.

Todas estas parábolas tratan de introducir en el mundo la compasión, la misericordia.

La llamada de Jesús es: Como no introduzcáis la compasión y la misericordia en el mundo, este mundo no cambiará.
 

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