Inicio Tiempo Ordinario Jose A. Pagola Homilías Lecturas y reflexión Familia cristiana Contactos parroquia

 

 

Simón invita a Jesús a su casa a comer

José A. Pagola

 



Entonces pronunció una pequeña parábola, que Lucas la ha situado en un contexto, en un banquete que Jesús acepta a invitación de un fariseo. Y en ese banquete festivo coloca esa pequeña parábola. No podemos asegurar históricamente (Lc cap.VII.), pero tampoco hay por qué negarlo porque es muy normal, muy coherente con el estilo de Jesús.

Hay un fariseo que se llama Simón que invita a Jesús a su casa a comer. Y Jesús va. Jesús come con todos...

Jesús come con los pecadores, con los santos, con el que haga falta.

Los comensales están recostados, la mesa es bajita, sentados por tierra, todos tumbados. El banquete es muy importante, todos son varones. Las mujeres no participan en los banquetes, las mujeres en la cocina...

El banquete tiene lugar delante de la casa, fuera de la casa. Normalmente en esos lugares a la casa se entra para dormir. El banquete es público. Los curiosos pueden acercarse y ver lo que comen los hombres importantes.

De pronto aparece una prostituta, pecadora, probablemente prostituta. Y Simón el fariseo se pone nervioso; se pone nervioso porque aquella mujer puede contaminar la pureza, puede desvirtuar o estropearlo todo. Además es peligrosa. Las jóvenes prostitutas de las aldeas, eran normalmente mujeres estériles, repudiadas o viudas que no han podido casarse..., y que tenían que vivir y trabajar para vivir. Iban a los banquetes, en la parte final, a ver si conquistaban a alguno.

Y aparece la prostituta, se dirige directamente a Jesús, querrá llevarle como cliente... Va directamente a Jesús. No dice nada. Se echa a sus pies y rompe a llorar, está conmovida.

Como veremos es una mujer que no sabe cómo expresar su alegría, su agradecimiento. Con lágrimas le está regando los pies a Jesús. Es una mujer que se olvida de todos los presentes, se suelta la cabellera, y con el cabello empieza a secarle los pies. ¿Qué está haciendo? Es un deshonor, en una mujer era un gesto muy mal visto, era un gesto provocativo soltarse la cabellera. Delante de los varones sólo lo hacían las prostitutas. Pero ella no repara en nada. Está acostumbrada a ser despreciada. No le importa nada. En público se pone a besar, una y otra vez, los pies de Jesús. Abre un pequeño frasco, que normalmente llevaban las prostitutas colgando del cuello, entre los pechos; y empieza a perfumar a Jesús. Simón ya no puede más. Simón ve claramente lo que quiere aquella prostituta. ¿Qué pasará?

Entonces Jesús, que ve las cosas de otra manera, cuenta esta pequeña parábola: Un acreedor tenía dos deudores. Uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta. Y como no tenían para pagarle, les perdonó a los dos la deuda. ¿Quién de ellos le agradecerá más?

Es un ejemplo muy sencillo. Muy claro. Hay un hombre que comprende los apuros de la gente que no le puede pagar las deudas. Es un hombre generoso. Perdona la deuda a los dos. A uno, una deuda muy grande. Son quinientos denarios, es decir, el sueldo de casi dos años de trabajo de jornalero. Una cantidad, desde luego, imposible de pagar por un campesino. Al segundo le perdona una cantidad mucho más pequeña, cincuenta denarios, el sueldo de siete semanas. Tanto como eso se puede. ¿Quién de los dos estará más agradecido? Simón, que tiene su lógica, dice: "Supongo que aquél a quien perdonó más". Todos los que han escuchado la parábola, dicen "eso es sensato".

Es decir, el perdón de Dios los hace felices, agradecidos a los pecadores, porque se sienten queridos, se sienten comprendidos y aceptados por Dios. Y saben que no es por sus méritos, no es por ellos que ellos son perdonados. Ellos saben que sólo se lo deben a la gran bondad del Padre. Esto les alegra, les llena de agradecimiento. Los perfectos, al revés. Los perfectos reaccionan ante el amor de Dios de manera diferente. No se sienten pecadores, tampoco se sienten perdonados. No necesitan de la misericordia de Dios.

Recordad el fariseo de ayer. El mensaje de Jesús les está dejando indiferentes. No necesitan tanto de la compasión de Dios, ¡si están cumpliendo con la verdadera Religión! ¿Para qué hablar tanto del amor de Dios?

Esta prostituta se acerca allí conmovida por el perdón de Dios, y no sabe cómo expresar su alegría y su agradecimiento. En cambio, el fariseo no necesita de nada, absolutamente de nada. Vive contento y feliz. Y Jesús quiere que el fariseo empiece a mirar la vida de otra manera. Hasta ahora ¿cómo está viendo las cosas el fariseo?

El fariseo ve en aquella mujer gestos muy sospechoso, ambiguos. Una mujer de su oficio es lo único que sabe hacer. La pecadora del pueblo es muy conocida. En público, ¡que vergüenza!, se suelta la cabellera, le besa, le acaricia y le está tratando dr seducir con sus perfumes, lo quiere marear.

Jesús, por el contrario, la mira de otra manera. Aquella mujer que parece tan impura y tan pecadora, es el signo más claro del perdón de Dios. Porque está agradeciendo a Dios algo que el fariseo no puede sentir. Mucho se le debe de haber perdonado -dice Jesús- porque es mucho el amor. Es mucha la gratitud que está mostrando.

¡Desconcertante! ¿En qué contexto dijo Jesús esto? No lo sabemos. Si Dios acoge y perdona de esta manera increíble, ¿nosotros cómo tenernos que actuar?

Jesús ya no podía ver la vida más que por la compasión, no podía ver las cosas de otra manera. Y quería introducir esa manera de mirar las cosas en todos. Ya no sabía actuar sino movido por la compasión. Ya no sabía Jesús actuar de otra manera. Pero quería sacudir las conciencias.

Entonces pronunció una parábola tremenda. Es la parábola del siervo sin entrañas: El Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al intentar ajustarlas le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Como no tenía, con qué pagar, ordenó el señor que fuera vendido él, su mujer, sus hijos y todo cuanto tenia, y que le pagase. Entonces el siervo se le echó a sus pies, y le rogaba:. Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. Movido a compasión, (¡atención!, movido a compasión, siempre la mismas palabras)... Movido a compasión el señor del siervo le dejó en libertad y le perdonó toda la deuda.

Al salir de allí, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien denarios. Le agarró y ahogándole le decía "págame lo que me debes". Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba, le decía lo mismo que él había dicho al rey: Ten paciencia conmigo, ya te lo pagaré. Pero él no le quiso escuchar, lo metió en la cárcel hasta que pagara.. Al ver sus compañeros lo que había sucedido, se entristecieron mucho y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Entonces su señor mandó llamar, y le dijo: ¡Siervo malvado! Yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me suplicaste; ¿no debías tu también perdonar a este tu compañero del mismo modo como yo me compadecí de ti? (Está todo el tiempo hablando de compasión). Y encolerizado, le entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

La parábola es trágica. Es turbadora. Los oyentes ya ven que Jesús. se ha ido muy lejos. Un rey así tan poderoso, con unas finanzas tan fabulosas...; con una crueldad, con una arbitrariedad, puede disponer de sus siervos, los puede vender, meterlos en la cárcel para que los atormenten los verdugos. Eso se daba en los grandes imperios de los paganos. Habían conocido cosas de esas terribles, sobre todo con Heredes el Grande, y también como Antipas.

¿De qué quería hablarles Jesús esta vez? Vamos a ver la parábola.

Un rey descubre que uno le ha estafado. Un siervo que le debe diez mil talentos. ¿Sabéis cuánto es? Cien millones de denarios. Es una cantidad que no es posible imaginar. Nadie podía imaginar una cantidad así. Flavio Josefo dice que Herodes el Grande en la recaudación de un año obtuvo novecientos talentos. Aquí se está hablando de diez mil talentos. Se calcula que los campesinos de Galilea podían tener en casa de quince a veinte denarios. Nadie podría reunir jamás esa cantidad.

Entonces el rey toma una decisión cruel: que el funcionario, su familia, todos sean vendidos como esclavos. Por supuesto no va a recuperar el dinero, pero por lo menos servirá de escarmiento. El funcionario se echa desesperado a sus pies, no tiene salida, le dice: Ten paciencia conmigo, que te lo pagaré todo. El mismo sabe que es imposible. Los oyentes se echan a reír..., ¡Qué está diciendo que le va a pagar!

La situación es desesperada. Pero de forma inesperada aquel rey se conmovió. Tuvo entrañas y le perdonó la deuda. Y en lugar de ser vendido como esclavo sale del palacio restaurado en sus funciones, sigue siendo el administrador.

La segunda escena ya la conocéis: se encuentra con su compañero que le debe cien denarios, ¡Cien denarios, nada! Le agarra del cuello, le exige el pago inmediato. El pobre hombre le dice lo mismo: Ten paciencia que ya te pagaré. Y le podía pagar, porque no era tan difícil para un siervo de un rey conseguir cien denarios. No era difícil. Los que oyen la parábola piensan que tendrá piedad de su compañero; el mismo acaba de ser perdonado de nada menos que de cien millones de denarios. ¿Cómo no le va a perdonar?. Todos piensan así. Pero no.

Este hombre no tiene ninguna piedad y la mete en la cárcel. La reacción de todos los que están escuchando a Jesús, es la misma que la nuestra: eso no se hace, eso es injusto. Actuar así sabiendo que él vive gracias al perdón del rey... Actuar así no tiene nombre. Eso mismo fue lo que sintieron los compañeros de la parábola. Escandalizados, entristecidos... El rey tiene que hacer algo. Eso no se puede permitir.

La reacción de rey es terrible. ¡Siervo malvado! ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero del mismo modo como yo me compadecí de ti.? Ya de genio, le retiró el perdón. Le retiró el perdón y le exigió de nuevo la deuda. Esta vez no le recibe como esclavo. Le Llevó a los verdugos para que le atormentaran, hasta pagar lo que debía, es decir, para siempre.

Su destino no era ya ser vendido como esclavo, sino ser torturado sin fin. No es nada fácil saber cuál es la intención original de la parábola. La parábola ha comenzado muy bien, era prometedora. Ha comenzado con el perdón generoso del rey. Y ha terminado de una manera brutal. Todo termina mal. Aquel gesto bondadoso del rey no ha conseguido cambiar el talante, la manera de ser de sus subordinados. El hace un gesto de compasión y de perdón, pero no ha conseguido meter ese estilo de compasión y de perdón en sus subordinados. Sus subordinados siguen actuando con la misma crueldad de siempre.

Pero es que el mismo rey no ha cambiado. Este rey sigue prisionero de su sistema. Parecía en un principio que podía comenzar un nuevo mundo, una nueva era de perdón, nueva manera de entender las cosas desde la compasión, pero al final hasta el rey vuelve a olvidarse de la compasión. Y al final la compasión desaparece. Ni el rey, ni el siervo sin entrañas, ni los compañeros del siervo, ni los que han escuchado a Jesús han dado la última palabra de perdón.

¿Qué han hecho los compañeros? Han pedido al rey que desde luego haga justicia. ¿Por qué? Porque éste no ha sabido perdonar. Piden al rey que haga justicia. Pero si el rey retira la compasión. ¿no estará de nuevo todo en peligro? Y han vuelto otra vez al rey a pedir justicia, a pedir castigo... Pero el reto de Jesús: ¿Si un día se deja de lado la misericordia, y si le pedimos al rey de nuevo justicia, no estamos entrando en un mundo tenebroso?

¿Tendrá razón Jesús? ¿No será la última salida ser compasivos corno es compasivo vuestro Padre del cielo? ¿No será eso lo único que nos pueda liberar de esta locura de un mundo que termina actuando sin piedad? Basta abrir cualquier espacio del telediario..., cómo todo o casi todo es muerte, tortura, el mal, haciendo de todo...

Si desaparece la compasión, esto es una locura. Esta parábola, dice algún autor, es como una especie de trampa que prepara Jesús para sus oyentes.

Fijaos: todos estaban de acuerdo que el perdonado debía perdonar al compañero. Y que el perdón era lo normal. Lo menos que se podía esperar. Entonces si todos estarnos viviendo de la compasión de Dios, ¿qué estaba queriendo decir Jesús? ¿Había que introducir un nuevo orden de cosas donde la compasión no tiene que ser ya la excepción? Hay gente que es muy buena, y. que sabe perdonar... Pero, no es lo normal. Que nos vayamos perdonando unos cuantos denarios es lo normal. A todos se nos ha perdonado diez mil talentos. ¿Será esta la manera de acoger el Reino de Dios.

Todos, en todas las religiones y en todas las culturas, han pensado siempre lo mismo: lo importante para que las cosas vayan bien es asegurar el orden, cumplir las leyes y castigar , a los delincuentes, seguridad...

¿Esa es la manera mejor para hacer más humano este mundo? ¿Se puede introducir en este mundo otro camino? ¿Se puede imaginar un mundo donde se pueda actuar, incluso política y religiosamente, dando supremacía a la compasión? Esto es nuevo en la historia de las religiones. Este desafío es de Jesús. Es de Jesús.

Y ahora un pequeño paréntesis: Desde el principio, las comunidades cristianas tuvieron la impresión de que no le podían seguir a Jesús. Hay un libro que hoy se estudia con mucho interés, llamado Didajé. En algún tiempo pertenecía al Nuevo Testamento, luego quedó fuera. Se discute la fecha, pero es muy antiguo. Probablemente de comienzos del 200, otros dan otras fechas anteriores.

Este libro Didajé que se encontró hace dos años en Jerusalén, refleja un momento en el que van desapareciendo los itinerantes, porque después de la Resurrección de Jesús en Galilea siguieron algunos itinerantes, por los menos hasta que fue destruida Jerusalén, el año 70. En Galilea hubo gente, descalzos, sin dinero..., querían cumplir lo de Jesús, muy radicales, carismáticos, itinerantes. Pero poco a poco se iba constituyendo la iglesia, no en ese plan itinerante, si no Comunidades con sus autoridades: Pedro, Pablo, Santiago... Y este libro refleja una situación de desánimo en la que se ven los primeros cristianos. Probablemente la Iglesia, en buena parte, nació con la conciencia de que era muy difícil seguir a Jesús. Nació diciendo: Vamos hacer lo que podamos. Esta Religión tiene sólo 20 siglos; ¿qué será cuándo hayan pasado 50 siglos más, qué será de esta Religión tal como hoy está estructurada? Podemos también nosotros repetir: "Vamos a hacer que podamos".

Voy a terminar con una parábola tremenda, inolvidable dónde se dice que sólo la compasión salvará al mundo, es el único criterio para decidir la suerte final. Es una parábola diferente, muy complicada. Se combinan dos cosas una descripción grandiosa del juicio final, y la asamblea de las naciones reunidas ante el rey. Luego se cambia en una escena pastoril. El pastor que deja las ovejas a un lado y las cabras al otro.

Hoy tal como está la parábola es una composición de Mateo. No conocemos exactamente el relato original de Jesús. Pero sí sabemos que esta parábola está recogiendo la verdadera revolución de Jesús.

Es el cap. 25 de Mateo. Se trata del Juicio final. Es una escena grandiosa. Está el Hijo del Hombre, que llega con un cortejo, acompañado por todo sus ángeles, y se sienta en el trono. Tiene delante lo que se llama la asamblea de las naciones, gentes de todas las razas, de todos los pueblos. Es el momento de la verdad. Allí están todas las religiones, culturas de todas las generaciones de todos los tiempos. Allí estamos los del siglo 21. Todos..., para ser juzgados. Algo impresionante.

El rey empieza a separar -aunque no parece mucho de Jesús eso de separar, sino que era de acoger-. La escena es fácil de entender: al anochecer las ovejas las recogía a un lado para dejarlas al fresco durante la noche. En cambio, las cabras al revés. Estas había que meterlas dentro, porque el frío de la noche no les hacía bien. Y todas las noche las separaban.

Pues bien, aquí el rey y pastor, empieza a dialogar. Propiamente no es un juicio, no es una sentencia: se les invita a ir a unos a un lado y a otros al otro. Les dice al primer grupo: "Venid, benditos del Padre". Son hombres y mujeres de todos los tiempos, de todas las religiones, de todas las culturas..., paganos, musulmanes... Hombres y mujeres de todos los tiempos reciben la bendición de Dios: Id al Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo, Reino de misericordia.

Y al segundo grupo no les dice malditos, no les dice malditos de mi Padre, porque Dios no maldice, pero sí les dice apartaos de mí, malditos. Estos van a quedar sin el Reino de Dios.

Como veis no hay propiamente una sentencia judicial, sino a cada uno se le invita a que vaya al sitio que ha escogido. Unos han orientado su vida hacia la compasión... pues terminan recibiendo la compasión y el amor. Los otros la han excluido, no han querido vivir del amor y de la misericordia, se quedan fuera del amor y de la misericordia de Dios.

Y ¿cuál fue el criterio para empezar a aclarar las cosas? ¿Cuál es el criterio final para ver por dónde van bien las cosas, y por dónde mal, para hacer un juicio global de los políticos, de las culturas, de la religiones, de los seguidores de Jesús, de las iglesias? ¿Cómo nos podemos aclarar? La parábola dice sólo con la compasión.

Pero habla de seis problemas. Seis problemas básicos, fundamentales, situaciones muy reales y que se dan en todos los pueblos de todos los tiempos. En todas partes hay hambrientos y sedientos, en todas partes hay inmigrantes y desnudos, en todas partes hay enfermos y encarcelados. Eso siempre ha habido y habrá en la historia de la humanidad.

Y ¿qué hay que hacer? El relato no emplea grandes palabras. No se habla de justicia, de solidaridad, de igualdad; eso es cosa de los papeles. Aquí se habla de comida, de algo de beber, de un techo para acoger. No se habla tampoco del amor. No es verdad eso que decimos en el canto: "Al final de la vida nos juzgarán sobre el amor". ¡No! Desde luego a cualquier cosa llamamos amor.

Aquí se habla, no de amor, sino de cosas muy concretas: dar, acoger, visitar, acudir, atender... Aquí no hay nada teórico. Aquí hay compasión para llevar ayuda al que está necesitado.

Y eso es lo que va a ir aclarando la Religión: ¿Ha seguido a Jesús o no ha seguido a Jesús? ¿Esta política, esta cultura, este pueblo, esta generación... ha seguido a Jesús en la compasión? ¿Si o no?

La sorpresa de la Parábola es tremenda. La sorpresa se produce cuando el rey dice: "Lo que hicisteis a uno de esos hermanos más pequeños, me lo hicisteis a mi". El primer grupo se asombra: "Si nunca hemos visto al rey. A nosotros jamás se nos ocurrió ver al rey enfermo, encarcelado, nunca hemos pensado en eso. Nosotros hemos pensado en el que estaba sufriendo. Les hemos ayudado". Y lo mismo pasó al segundo grupo: "Ni se nos había pasado por la cabeza que estábamos desatendiendo al rey?. Ellos estaban dejando de lado a enfermos, a gente desgraciada.

Pero el relato insiste: "¡No, no!, en ese sufrimiento estaba yo. Lo que hacíais o dejabais de hacer, lo habéis hecho o habéis dejado de hacer conmigo". ¡Tremendo, tremendo... !

Los hombres y mujeres de todos los tiempos, de todas las culturas, de todas las religiones, serán benditos del Padre, no porque han actuado por motivos religiosos: estos han actuado sencillamente por compasión, como el samaritano. O sea que -según Jesús- no es la religión, no es la adhesión explícita a Jesús, no es la fe cristiana la que conduce al reino de Dios... Es la compasión práctica, y la ayuda al que está necesitado. Así que el camino que conduce a Dios no pasa necesariamente por una religión, por un culto, por una confesión de fe; lo que sí pasa es por la compasión hacia los pequeños.

Probablemente esta escena tal como está hoy, no ha sido presentada por Jesús. No es su estilo. No es su lenguaje. Pero no hay duda -me he preocupado de ver incluso a los exégetas más críticos, no hay duda de que esto es una composición post-pascual de Mateo.. Todos piensan que en esta parábola se recoge, sin temor a equivocarnos-, se recoge la gran revolución de Jesús. Porque abrió un camino, una vía de acceso a Dios distinta.

Ya la religión no tiene el monopolio de la salvación. Si en la religión no hay compasión, no sirve para encontrarnos con Dios. El camino más acertado es la misericordia, la compasión.

Y el gran reto de Jesús no sólo es a sus seguidores que llevan veinte siglos detrás de El, sino también a toda la historia. El gran desafío es éste: La humanidad progresará, la humanidad será más humana cuando sepa atender a los desgraciados de este mundo. La humanidad se echará a perder, la humanidad no tiene futuro si vive indiferente ante el sufrimiento.

¿Cuál es el problema religioso hoy? ¿Cuál es el verdadero problema de nosotros, los discípulos de Jesús? No haber logrado introducir con más fuerza y más eficacia ni en Europa, que dicen que tiene raíces cristianas, ni en el mundo, la compasión de Jesús. ¿Qué ha podido ocurrir para que las naciones "cristianas", entre comillas, hayan ido a Africa a cazar esclavos durante tantos siglos? Con la Religión de la Iglesia, con documentos impresionantes...

¿Qué esta ocurriendo hoy para que los fieles cristianos, a los que se les ve incluso con la Biblia en la mano en los domingos... grandes hombres, poderosos de las multinacionales que parece que son cristianos, van a los oficios religiosos con la Biblia en la mano, hablan de Jesús... ¿Qué ha podido ocurrir para que no se haya entendido ni la "a", y para que sigamos pretendiendo repetir que hay unos del eje del mal'; y luego estamos los del 'eje del bien'. Nosotros podemos machacar a todos, y nosotros podemos poner orden y nueva justicia, un nuevo orden internacional porque Dios está con nosotros.

¿Qué es esta política blasfema? Esta sí que es una política sacrílega. ¡Y cómo hay que denunciarla! En Adviento, ¿de qué tenemos que hablar? Podemos hablar de muchas cosas ciertamente. Pero no hay que olvidar lo siguiente: aunque todos tengamos la impresión de que no estamos siguiendo fielmente a Jesús, y aunque tengamos que vivir en nuestras comunidades cristianas con esa humildad y sencillez de la Didajé, digamos de corazón: Hagamos lo que podamos, lo que podamos...

Jesús no rompió con la gran Tradición religiosa de Israel, sino que cogió lo mejor de la tradición judía. Pero la recogió con tal fuerza, con tal convicción desde su propia experiencia personal, que hoy ha quedado esta frase, que yo dejo aquí: Vosotros haced lo que podáis... Pero sed misericordiosos como es misericordioso vuestro Padre del cielo.

Para terminar, yo me contentaría sólo con esto: con que aquí a alguno o alguna se le haya pasado por la cabeza esto: ¡a ver si no he entendido nada hasta ahora! Porque sería que hemos conseguido algo importante: no dar por supuesto nada.

Y poder convertirnos al Evangelio desde la Religión cristiana, que es lo más difícil.

Y darnos cuenta de que "a ver si he entendido muy poco, a ver si tengo que empezar a cambiar la cabeza"...

Sólo esta pequeña sospecha para mi sería un grano de mostaza, pequeño pero que puede ir creciendo.

 

Fin

Inicio Tiempo Ordinario PowerPoint para la Eucaristía Homilias Lecturas y reflexion diaria Pagina de Jose A. Pagola Familia cristiana