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J. A. Pagola

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SEGUNDA SEMANA DE PASCUA

Eucaristía de cada día

 

  LUNES

Nacer de nuevo
 

Monición de entrada. La resurrección de Cristo mantiene en pie de alegría a la Iglesia durante la cincuentena pascual. Con ella permanecemos nosotros en celebración de fe y oración. Como lo hizo la primera comunidad cristiana en la oración comunitaria recogida en la lectura de los Hechos de los apóstoles que escucharemos hoy.
El gozo pascual no queda empañado por la persecución sufrida por Pedro y Juan, antes bien, se convierte en súplica confiada de corazones unidos. Era una comunidad renacida en el Espíritu del Resucitado, bien cimentada por tanto en una fe firme que no se deja mover por cualquier viento que sopla. A esa comunidad, por esa misma fe, en ese mismo Espíritu, hemos renacido los bautizados en Cristo, cuya resurrección seguimos celebrando en la Eucaristía.

Acto penitencial. Pero nosotros sí que nos movemos a veces por impulsos que no son del Espíritu, sino de la carne, del pecado. Por eso necesitamos renacer a la vida de Dios por el perdón y la gracia que humildemente solicitamos.

Con el corazón lleno de acción de gracias, porque Dios nos quiere con un amor eterno, pedimos perdón.

 - Tú que has vencido a la muerte con tu resurrección. Señor, ten piedad. 

- Tú que con tu resurrección has dado sólido fundamento a nuestra fe. Cristo, ten piedad.

- Tú que por tu resurrección nos llamas a vivir una vida llena de esperanza. Señor, ten piedad.

 Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

 

Colecta. Oremos. Te pedimos, Señor, que nos hagas capaces de anunciar la victoria de Cristo resucitado, y pues en ella nos has dado la virtud de los dones futuros, haz que un día los poseamos en plenitud. Por NSJC...

 

Primera lectura. Todos juntos invocaron a Dios (He 4,23-31). Los Hechos nos cuentan esa primera oración comunitaria de la Iglesia a la que hacíamos referencia al comenzar. Ha sido la respuesta de la comunidad creyente a la valentía de Pedro y Juan ante la persecución sufrida. Es un valioso testimonio de cómo aquella iglesia incipiente ha tomado conciencia de su puesto en la historia de la salvación. La persecución de Jesús ha sido el cumplimiento del anuncio de David: «Los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías»; la persecución de ahora es continuación de la de Cristo. Se saben, pues, continuadores de la obra de Jesús y por eso confían que Dios siga presente en ellos y piden -es lo único que piden- valentía en el testimonio.

Salmo responsorial. Dichosos los que se refugian en el Señor (o Aleluya) (Sal 2). El texto de David al que hacía referencia la lectura procede de este salmo que nos sirve de respuesta. Es un anuncio del triunfo del Mesías contra sus enemigos, al que Dios declara «mi Hijo» y a quien constituye en Señor de las naciones.

Evangelio. El que no nazca de nuevo no puede entrar en el Reino de Dios (Jn 3,1-8). El evangelio de hoy es posiblemente una primitiva catequesis bautismal, y forma parte del encuentro de Nicodemo con Jesús, que se prolongará durante los próximos días. San Juan, como de costumbre: por el detalle a la profundidad. De la oscuridad de la noche: «Fue a ver a Jesús de noche», a la luz de la fe; nada menos que la luz de un nuevo alumbramiento: «El que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».
Pero Nicodemo, ilustre maestro judío, no podía entender el alcance inmenso de aquella afirmación. Suponía un cambio de vida desde sus raíces: en vez de vivir «en carne», vivir «en espíritu». Es decir, en vez de apoyarse en sí mismo, en la debilidad y finitud humana, trascender la existencia desde Dios, desde su profundidad infinita. Es el nacimiento a la vida nueva que Cristo nos conquistó definitivamente con su resurrección y a la que hemos renacido por el bautismo. Una vida que nos exige vivir de otra manera: en el espíritu y no en la carne.

 

Oración universal: Presentamos al Padre nuestros mejores deseos.

 1.- La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma.

 - Para que el Señor nos ayude a todos los hombres y mujeres de este mundo, a vivir unidos en el amor y en la alegría. Roguemos al Señor.

 

2.- Todos ponían en común sus bienes.

 - Para que sepamos compartir, por lo menos, nuestros proyectos y trabajar juntos. Roguemos al Señor.

 

3.- Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor.

 - Para que nuestro testimonio no sea sólo de palabra, sino de todo un estilo de vida. Roguemos al Señor.

 

4.- Y gozaban todos de gran simpatía.

 - Para que resulte agradable vivir entre nosotros, los cristianos. Roguemos al Señor.

 Te lo pedimos por JNS.

 

Padrenuestro. Nacidos a la vida de Dios por el bautismo, como Hijos suyos, rezamos con Jesucristo la oración de los hermanos.

Comunión. Cada comunión nos trae a raudales la vida nueva de Cristo resucitado a la que renacimos por el bautismo. Cada comunión nos trae juntamente el compromiso de vivir según el Espíritu en amor fraterno, como hijos de Dios.

Poscomunión. Oremos. Escucha, Señor, nuestras oraciones, para que la participación en los sacramentos de nuestra redención nos sostenga durante la vida presente y nos dé las alegrías eternas. Por JNS.

 

Despedida. ¿Según la carne o según el Espíritu?
Nuestra condición de renacidos a la vida de Dios nos exige vivir según el Espíritu. Sus frutos: verdad, justicia, amor... Ya tenemos programa para hoy.
 


MARTES
La vida de Dios
 

Monición de entrada. Acompañamos a la Iglesia en las celebraciones pascuales de la resurrección. A su vez, la Iglesia nos acompaña a nosotros y va desplegando cada día una nueva página del rico contenido que la Pascua entraña para la vida cristiana. El ideal de vida en común al que aspiraba la primera comunidad cristiana será el mensaje de la lectura de los Hechos de los apóstoles, y la vida de Dios alcanzada por la fe en Jesús será la enseñanza del evangelio. Dos propuestas fundamentales que hoy se nos proponen para revisar y revitalizar.

Acto penitencial. Ese ideal de compartir contrasta con nuestro egoísmo, y esa fe en Cristo para obtener la vida de Dios no es la fe desganada y des-comprometida con la que nos conformamos. Por eso, ¿no os parece que debemos comenzar pidiendo perdón?

Con un corazón agradecido, porque Dios nos quiere con un amor eterno, pedimos perdón.

 - Tú que has vencido a la muerte con tu resurrección. Señor, ten piedad.

 - Tú que con tu resurrección has dado sólido fundamento a nuestra fe. Cristo, ten piedad.

 - Tú que por tu resurrección nos llamas a vivir una vida llena de esperanza. Señor, ten piedad.

 Dios nuestro Padre tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

Colecta. Oremos. Te pedimos, Señor, que nos hagas capaces de anunciar la victoria de Cristo resucitado, y pues en ella nos has dado la dignidad de hijos tuyos, haz que un día lo vivamos en plenitud. Por NSJC...


Primera lectura. Todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común (He 4,32-37). Los pasajes de los Hechos de los apóstoles que describen el estilo de vida, o más bien el ideal de vida de la primera comunidad cristiana reciben el nombre de «sumario». De los tres sumarios que se nos ofrecen, hoy leemos el segundo, que desarrolla ampliamente el aspecto de la comunidad de bienes.
¿Lo que aquí se cuenta es la vida real o el ideal de vida? Es posible que lo segundo, pero apoyado en un hecho real: el de Bernabé, que vende su campo y entrega el dinero a los apóstoles. Partiendo de este hecho se propone el ideal cristiano, que es lo que realmente interesa y al que debe aspirar toda comunidad que desee ser auténticamente cristiana.
Lo esencial es la unión entre los miembros de la comunidad: de sentimientos y de corazón. Presupone el desprendimiento de los bienes que Jesús pide en el evangelio a sus seguidores. Ha de nacer del amor que el Señor exige como signo de identificación con él. Ha de superar la barrera de lo mío y lo tuyo, para entrar en comunión de vida y de bienes. Y ha de extenderse hasta llegar a los más pobres y necesitados, que son los predilectos del Señor.
Salmo responsorial. El Señor reina, vestido de majestad (o Aleluya) (Sal 92). El vivir la fe en común tiene la ventaja de que encontramos el ánimo y el apoyo de quienes caminan junto a nosotros. En momentos difíciles sentimos cerca a los hermanos y con ellos recobramos la confianza de que el Señor, vencedor y victorioso, viene a nuestro lado.

Evangelio. Todo el que cree en el Hijo del hombre tiene la vida eterna (Jn 3,11-15), El pasaje de Jesús con Nicodemo da un paso decisivo con respecto al de ayer. Cristo había planteado la necesidad de renacer a la vida del Espíritu. Hoy añade que esa vida de Dios, que es la vida eterna, se obtiene por la fe en el Hijo del hombre: todo el que cree en él tiene la vida eterna. Es el objetivo que san Juan propone desde la primera página de su evangelio hasta la última: Cristo es la Vida, y el que cree en él la alcanza. Seguimos al Señor y celebramos su victoria sobre la muerte. El es la Vida. Nuestra fe nos identifica con él; viviendo su estilo de vida estamos ya resurgiendo a esa vida suya, plena y eterna que es la vida de Dios.

Oración universal: Presentamos al Padre nuestros mejores deseos.

 1.- La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma.

- Para que el Señor nos ayude a todos los hombres y mujeres de este mundo, a vivir unidos en el amor y en la alegría. Roguemos al Señor.

 2.- Todos ponían en común sus bienes.

- Para que sepamos compartir, por lo menos, nuestros proyectos y trabajar juntos. Roguemos al Señor.

3.- Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor.

- Para que nuestro testimonio no sea sólo de palabra, sino de todo un estilo de vida. Roguemos al Señor.

 4.- Y gozaban todos de gran simpatía.

 - Para que resulte agradable vivir entre nosotros, los cristianos. Roguemos al Señor.

 Te lo pedimos por JNS.

 

Padrenuestro. «En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo». Con esa unión de mente y corazón rezamos al Padre los que en Cristo formamos la familia de sus hijos.

Comunión. La comunión total con Cristo, con su persona y con su vida, que realiza la eucaristía, sólo puede tener una respuesta: nuestra comunión también total, de persona y de bienes, con nuestros hermanos.

Poscomunión. Oremos. Al darte gracias, Señor, por esta celebración gozosa; te pedimos nos ayudes a vivir unidos en la fe, garantía de que encontraremos el ánimo y el apoyo de quienes caminan junto a nosotros. Por JNS.

Despedida. ¿Queremos ser comunidad cristiana? Pues vivamos en comunión, poniendo en común nuestro pensar, nuestro querer y nuestros bienes; sin olvidar uno de los bienes más preciados: el de nuestro tiempo.



MIÉRCOLES
Tanto amó Dios al mundo

 

Monición de entrada. «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna». Este texto de san Juan que nos va a proclamar el evangelio de hoy es tan trascendental y consolador que lo queremos proponer como el mejor saludo para iniciar la Eucaristía.
Nos movemos en el amor de Dios. Nos envuelve el amor de Dios. Nos salva el amor de Dios. Un amor tan grande que ha entregado a su propio Hijo a la muerte para que nosotros tengamos su vida. No es extraño que quien se convence de tan inmenso amor sea capaz de darlo todo y sufrirlo todo con tal de no perderlo. Así lo entendieron los apóstoles que, sufriendo la cárcel por predicar ese amor demostrado por Dios en Cristo, se sienten acompañados y liberados por él. La primera lectura lo refiere.

Acto penitencial. La Eucaristía actualiza y aplica el misterio del amor de Dios en Cristo. Para que nos alcance y penetre, apartémonos del obstáculo que supone el pecado. Pidamos perdón.

Cada uno de nosotros pedimos perdón en silencio y, a la vez damos gracias a Dios por esta gran noticia que hoy celebramos.

 Yo confieso ante Dios todopoderoso...

Dios, nuestro Padre, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

 

Colecta. Oremos. Al revivir nuevamente este año el misterio pascual, en el que la humanidad recobra la dignidad perdida y adquiere la esperanza de la resurrección futura, te pedimos, Señor, que el misterio celebrado en la fe se actualice siempre en al amor. Por NSJC...



Primera lectura. Dios libera de la cárcel a los apóstoles, para que continúen con su testimonio (He 5,17-26). Si la fe mueve montañas, el amor no conoce obstáculos. Los apóstoles se han dejado seducir por el amor de Dios en Cristo resucitado y ya no hay nada ni nadie que pueda detenerlos. Ni siquiera los barrotes de la cárcel serán suficientes para retener el ímpetu que les impulsa a anunciar a los demás el amor que les desborda.
Un creyente convencido no pregunta quejumbroso ante las pruebas: «¿Dios mío, por qué?», sino: «¿Qué quieres, Señor, de mí?». Precisamente en la cárcel interpretan los apóstoles el deseo de Dios de que sigan predicando al pueblo este modo de vida desde la fe en el amor de Dios.

Salmo responsorial. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha (o Aleluya) (Sal 33). Las dificultades son para el hombre de fe un motivo más para acercarse a Dios, expresarle su confianza e incluso bendecirle y entonarle su alabanza. Gustad y ved -Sal 33-, de Madurga, en «El Señor es mi luz», San Pablo.

Evangelio. Tanto amó Dios al mundo... (Jn 3,1621). Para algunos autores la cita de san Juan con la que comenzábamos esta celebración, es la más importante de todo su evangelio; es el resumen de todo él. La primera frase —tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único»- condensa toda la obra salvífica de Dios en la historia: Dios que nos creó por amor, nos redime por amor, un amor hecho hombre en Jesús, anunciado en sus palabras y confirmado con sus signos, llevado a la locura de la cruz, y resucitado de la muerte a la vida eterna de Dios. La segunda frase para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna»- es el objetivo pretendido por el amor de Dios, que no es otro que nuestra salvación. ¿Salvarse o condenarse?
Cuestión transcendental, inquietud máxima del hombre que, a buen seguro, surgió en la conversación entre Jesús y Nicodemo. Dios ha hecho lo posible y lo imposible por salvar al hombre. Sólo falta que éste quiera y se decida por Cristo que es la salvación y la vida de Dios para el hombre que cree en él.

Oración universal: Pidamos a Dios nuestro Padre por nosotros y por todos los hombres.

 1.- Para que la Iglesia manifieste siempre la Resurrección de Jesús como la victoria del amor sobre el desamor; de la vida sobre la muerte. Roguemos al Señor.

 2.- Por los que han roto con toda práctica religiosa y se han apartado de Dios, para que, como Nicodemo, puedan descubrir a Jesús como el único Salvador. Roguemos al Señor.

3.- Por todos los que corremos el continuo riesgo de sentirnos satisfechos; que sintamos hambre de una mayor justicia y deseos de una felicidad más plena. Roguemos al Señor.

 4.- Para que los creyentes nos dejemos seducir por el amor de Dios en Cristo resucitado y ya no haya nada ni nadie que pueda detenernos. Roguemos al Señor.

 Escúchanos, Señor, y concédenos lo que te pedimos con fe. Por JNS.

 

Padrenuestro. Con el amor de Dios en nuestros corazones, sintiéndonos sus hijos queridos y salvados en Cristo, rezamos.

Comunión. ¡Qué misterio tan asombrosamente pleno el que Dios realiza en este gesto tan sencillo del pan eucarístico comulgado! Nada menos que todo el amor de Dios, toda su historia salvadora, entregada en el cuerpo y la sangre que Cristo comparte en su pan. En él comulgamos la vida eterna.

Poscomunión. Oremos. Después de comer del mismo Pan, te pedimos, Señor, que nos mantengas unidos en tu amor, presentándonos ante el mundo como verdaderos testigos de Cristo. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Despedida. Quien ha comulgado con Cristo y en él con el amor de Dios y con su vida eterna, no puede por menos que salir a comunicarlo a los demás: de palabra y de obra; en amor.


JUEVES

Creer en Cristo
 

Monición de entrada. Del testimonio en la cárcel al testimonio en el templo: es lo que Dios va a pedir a los apóstoles al liberarlos de la reclusión que padecían por predicar el nombre de Jesús. Sin llegar a tanto como a la cárcel, también a nosotros se nos invita a alternar nuestro testimonio entre la iglesia y la calle, o mejor, a unir de tal modo -fe y vida, que ambas caminen estrechamente unidas.
Para el que ha encontrado a Jesucristo y cree en él no puede ser de otra manera: «Hemos de obedecer antes a Dios que a los hombres», afirmará Pedro en la primera lectura; «el que acepta su testimonio, certifica la verdad de Dios», expresa san Juan por boca de Jesús en su conversación con Nicodemo.

Acto penitencial. Entonces, queridos míos, ¿por qué ese divorcio tan escandaloso entre nuestra fe y nuestra vida? Una vela a Dios y otra al diablo; mucho: «Señor, Señor», y poco amor al prójimo; mucho decir y poco hacer... Por lo que encierran de cierto tales acusaciones, pedimos perdón.

Porque no siempre nos inquieta la difusión de la Buena Noticia de Jesús, pedimos perdón.

- Porque muchas veces olvidamos el amor que Tú nos tienes. Señor, ten piedad.

 - Porque no amamos a los demás como Tú nos amas a nosotros. Cristo, ten piedad.

 - Por nuestros pecados de omisión y de olvido de los que más nos necesitan. Señor, ten piedad.

 Dios, nuestro Padre, tenga misericordia de nosotros perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

Colecta. Oremos. Te pedimos, Señor, que los dones recibidos en esta Pascua den fruto abundante en toda nuestra vida. Por NSJC...

 

Primera lectura. Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres (He 5,27-33). En las diferentes confrontaciones entre los apóstoles y las autoridades judías quedan resaltadas las diversas características del auténtico testimonio cristiano: la fe en Cristo resucitado; el anuncio del amor de Dios en Cristo; el estar dispuesto a todo; y el hacerlo con la libertad y la fuerza del Espíritu.
Es el Espíritu el que se manifiesta a través de los testigos; él los llena de su impulso y su valor; él pone en sus bocas las palabras elocuentes; él guarda sus vidas en medio de la persecución; y él las resucita, como la de Cristo, cuando el testimonio se rubrica con la muerte. Con qué seguridad lo afirma Pedro hoy: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres (...). Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo que Dios da a los que le obedecen».

Salmo responsorial. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha (o Aleluya) (Sal 33). El tema de la persecución es el mismo que ayer; por tanto la respuesta también será la misma: confiar en el Señor en medio de la aflicción, porque él libra al justo de todos los males.

Evangelio. El que cree en el Hijo posee la vida eterna (Jn 3,31-36). ¿Recordáis que decíamos ayer que para algunos autores aquella frase «Tanto amó Dios al mundo...» era la más importante del evangelio de Juan? Pues abundando en lo mismo, san Juan nos ofrece hoy una afirmación que resume la alternativa que presenta en todo su escrito y la solución a la misma: creer en Cristo y obtener la vida; no creer en Cristo y quedarse en la muerte.
Con su típico lenguaje de contrastes, Juan habla en este breve pasaje de cielo y tierra, verdad y mentira, vida y muerte... La conclusión a la que llega: «El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su
mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no cree en el Hijo, no verá la vida».

Oración universal: Acudimos con fe a Jesús, para pedirle por las necesidades del mundo. Decimos: “Señor, danos paz y alegría”.

 1.- Concede, Señor, el espíritu de justicia y de paz a los gobernantes de todas las naciones,

- y ayúdales para que trabajen por el bien de los más necesitados. Oremos.

 2.- Refuerza la fe de tu Iglesia, peregrina en la tierra,

- para que dé ante el mundo testimonio de tu resurrección. Oremos.

 3.- Tú que, después de haber pasado por mucho sufrimiento,  has entrado en la gloria del Padre,

- ayuda a los que están tristes, a los que sufren por cualquier causa. Oremos.

 4.- Haz que nuestra vida, escondida con Cristo en ti, brille en el mundo,

- como signo que anuncie el cielo y la tierra nuevos. Oremos.

 Te lo pedimos por JNS.

Padrenuestro. «El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano». Y en el Hijo nos ama a nosotros y en nuestras manos pone su ayuda y su gracia. Basta con que se la pidamos con la confianza con que el Señor nos enseñó a rezar.

Comunión. Todo el amor, la vida misma divina que Dios ha puesto en manos de su Hijo Jesucristo, éste nos las comunica del modo más pleno en la eucaristía, en la comunión total con él y con su vida. Comulgamos así el mismo amor y la misma vida de Dios con Cristo y con los hermanos.

Poscomunión. Oremos. Dios todopoderoso y eterno, que en la resurrección de Jesucristo nos has hecho renacer a la vida eterna, haz que los sacramentos pascuales den en nosotros fruto abundante, y que el alimento de salvación que acabamos de recibir fortalezca nuestras vidas. Por JNS.

Despedida. De la iglesia a la vida. Del amor de eucaristía al amor fraterno de cada día. Es el testimonio diario al que se nos envía al final de cada celebración. Que nuestra fe y nuestra vida vayan juntas; que el pan aquí compartido siga compartiéndose en el pan de nuestro amor a los demás.
 

 

VIERNES
El signo del pan
 

Monición de entrada. Después de seguir al Resucitado con el ejemplo del testimonio valiente de los apóstoles y con el mensaje bautismal del encuentro con Nicodemo, la liturgia nos propone a partir de hoy y durante los próximos días el tema eucarístico presentado por san Juan en la multiplicación de los panes y en el discurso del pan de vida. Mientras tanto, el libro de los Hechos continuará narrando la vivencia de la comunidad apostólica que va organizando sus ministerios y llega a su primer testimonio de sangre con la muerte de Esteban. Hoy son los apóstoles los que comparecen en juicio y son azotados; pero salen contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús.

Acto penitencial. El Señor va a multiplicar su pan para nosotros, como aquel día lo hizo para la muchedumbre hambrienta. El se compadece de nuestra indigencia y limitación. Pidámosle que su misericordia llegue hasta el fondo de nuestra pequeñez, hasta nuestro pecado, del que nos arrepentimos y pedimos perdón.

Porque continuamos en nuestra vieja vida, pedimos perdón al Señor.

 - Por nuestra falta de fe para reconocer al Señor en su Palabra. Señor, ten piedad.

 - Por nuestra falta de fe para reconocer al Señor en la fracción del Pan. Cristo, ten piedad.

 - Porque no sentimos necesidad de dar testimonio de nuestra alegría cristiana. Señor, ten piedad.

 Dios, nuestro Padre, tenga misericordia de nosotros perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

Colecta. Oremos. Oh Dios, que para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por NSJC...

 

Primera lectura. Intervención de Gamaliel y alegría de los apóstoles por padecer por el nombre de Jesús (He 5,34-42). Nadie tiene la exclusiva de Dios; ni siquiera el creyente. Dios actúa a través de cualquiera, máxime por medio de personas de buena voluntad. Hoy es Gamaliel, fariseo y doctor de la ley, quien pone un punto de sensatez en el juicio contra los apóstoles: si lo que hacen es cosa de Dios, de nada servirá ir contra ellos, porque sería ir contra Dios. Los apóstoles aún llevan más lejos su fe de que obran en nombre de Dios, porque obran en nombre de Jesús: tan seguros están, tan orgullosos se sienten de su papel, que después de ser azotados salen contentos de haber sufrido por el Señor.

Salmo responsorial. Una cosa pido al Señor: habitar en su casa (o Aleluya) (Sal 26). El salmo de respuesta es una ampliación del sentimiento de los apóstoles: «El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?». El gozo sentido en las dificultades no es sino el adelanto del «que espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida». (El Señor es mi luz, de Madurga en «El Señor es mi luz», San Pablo).

Evangelio. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió (Jn 6,1-15). La catequesis eucarística del pan de vida debió ser una de las preferidas de la comunidad apostólica. Nada menos que seis veces se recoge la multiplicación de los panes en los evangelios. Pero es san Juan quien profundiza en el signo de este milagro con el «discurso del pan de vida», que expone como parte doctrinal del mismo. La precisión inicial de que «estaba cerca la pascua» y el detalle de los gestos de Jesús que «tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió», dan al acontecimiento un carácter pascual y eucarístico. Bien lo entendió la primitiva Iglesia que muy pronto prodigó los símbolos del pan y del pez para representar al cristianismo.

Oración universal: Con un corazón agradecido, acudimos al Padre con nuestras necesidades. Decimos: Señor, enséñanos a amar.

 1.- Para que también nosotros veamos las necesidades de todos los hombres y mujeres y sepamos estar junto al que más sufre. Oremos.

 2.- Para que ante los grandes problemas humanos: el hambre, la falta de paz, la injusticia social, la violencia... aportemos cada uno lo poco que tengamos; nuestros panes y nuestros peces. Oremos.

 3.- Para que seamos siempre muy agradecidos con Dios y sintamos la necesidad del alimento que Él nos ofrece. Oremos.

 4.- Para que demos testimonio de la fe en nuestro mundo, al igual que lo hicieron los primeros cristianos en el suyo. Oremos.

Te lo pedimos por JNS.

 

Padrenuestro. Jesús multiplica el pan para la muchedumbre hambrienta. Nosotros acompañamos su gesto con nuestra oración pidiendo el pan de cada día y adoptando la actitud fraterna de compartir nuestro pan con los demás.

Comunión. Por el signo del pan multiplicado, la gente interpretó que Jesús era el profeta que tenía que venir al mundo. Por el signo del pan eucarístico nosotros entramos en comunión con Cristo, el Señor resucitado, pan de vida bajado del cielo.

Poscomunión: Oremos. Dios todopoderoso, no ceses de proteger con amor a los que has salvado, para que así quienes hemos sido redimidos por la muerte de tu Hijo podamos alegrarnos en tu resurrección. Por JNS.

Despedida. El pan compartido con los hermanos será el signo por el que demostremos que hacemos vida de nuestra vida el pan comulgado en la eucaristía. ¿Quién nos necesita con más urgencia? ¿Cuál es el pan que podemos compartir? La respuesta constituirá nuestro compromiso para el día de hoy.


SÁBADO
La tempestad y la calma
 

Monición de entrada. En nuestro caminar por la vida hay momentos en los que parece que la fe se oscurece y tambalea. Es el momento de la tempestad que parece amenazar con tragarnos, como a los apóstoles en el evangelio de hoy. Nos consuela un poquito el conocer que ellos, con todo lo apóstoles que eran, también pasaron miedo. Como nos consuela otro poquito el comprobar en los Hechos que también la primera comunidad cristiana atravesó la oscuridad de la división y falta de entendimiento. Ni ellos fueron una excepción ni nosotros tampoco la somos. Lo importante es que coincidamos en la solución: encontrar a Cristo, y en él el apoyo para las dificultades y la unidad para las diferencias.

Acto penitencial. Lo que pasa es que muchas veces la desconfianza y la desunión nace de nuestras propias actitudes de falta de fe o de individualismos egoístas. Facilitemos la llegada del Señor con nuestro arrepentimiento.

Pedimos perdón por las veces que rompemos nuestra unión con Dios y con la Iglesia.

- Porque no aceptamos tu llamada y nos apartamos de tu camino. Señor, ten piedad.

- Porque nos apartamos de ti para seguir nuestros propios criterios. Cristo, ten piedad.

- Porque no somos fieles al Evangelio de Jesús y rompemos la unidad en la Iglesia. Señor, ten piedad.

Dios todopoderoso, tenga misericordia de nosotros perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

Colecta. Oremos. Señor, tú que nos has concedido la salvación y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por NSJC...


Primera lectura. Elección de los siete diáconos (He 6,1-7). Cuando todo iba tan bien en la comunidad, aparecen las primeras discordias. Nada demasiado extraño, por otra parte, teniendo en cuenta el aumento considerable de creyentes. El propio libro de los Hechos parece exculpar un tanto el suceso con ese dato: «Al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea». La causa de las quejas: que las viudas no eran atendidas debidamente.
Pero, como siempre que existe buena voluntad, las diferencias, lejos de separar, terminan por enriquecer, si se sabe atender razones y buscar en común las soluciones oportunas. Conclusión: los apóstoles confirman su misión de tales: oración y predicación; y la comunidad se enriquece con un nuevo ministerio, el de la diaconía o servicio a la caridad en sus múltiples aspectos. A destacar la participación activa y responsable de todos los miembros de la comunidad eclesial en la marcha de la Iglesia.

Salmo responsorial. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti (o Aleluya) (Sal 32). La comunidad de los creyentes, reforzada en la unidad del amor, vuelve a entonar las alabanzas del Señor que tiene puestos sus ojos en sus fieles y en los que esperan su misericordia.

Evangelio. Jesús se acercó a la barca y dijo: «Soy yo, no temáis» (Jn 6,16-21). Entre la multiplicación de los panes y el discurso del pan de vida, Juan introduce este pasaje de la tempestad en el lago, calmada por la presencia de Jesús. Pero, lejos de ser un pegote, es un inciso que pone en situación.
«Al oscurecer» y «era ya noche cerrada»: ¡no hay luz!, no está Jesús. «El lago se iba encrespando»: ¡peligro!, no está Jesús. El miedo cesa cuando descubren que realmente es el Señor el que camina sobre las aguas porque él mismo se manifiesta: «Soy yo, no temáis». A partir de ese «soy yo», que recuerda la manifestación del Señor a Moisés, sólo quien sea capaz de aceptar a Jesús como manifestación divina, podrá aceptarlo como pan de vida, y podrá comulgar con él para tener la vida eterna. Y a la inversa: los que comemos el pan de vida en la eucaristía, no podremos estar seguros de haber comulgado con el verdadero Jesucristo hasta que lo reconozcamos en el «soy yo» con que el Señor se nos manifiesta en situaciones a veces difíciles y en personas a veces confusas.

Oración universal: Pidamos unidos al Padre que nos llene de su gracia para que podamos superar toda dificultad.

1.- Por la Iglesia, para que busque los mejores medios para llevar al mundo de hoy la Buena Noticia de Jesús. Roguemos al Señor.

2.- Para que los cristianos estemos dispuestos a colaborar en la Iglesia atendiendo a los necesitados sin descuidar la Palabra de Dios.  Roguemos al Señor.

3.- Para que  los seguidores de Jesús anunciemos con alegría y entusiasmo el Evangelio con nuestra forma de vivir, en casa, en el trabajo, con los amigos y en nuestras relaciones sociales. Roguemos al señor.

4.- Particular.

Escucha, Padre, las inquietudes de tus hijos. Te lo pedimos por JNS.

  

Padrenuestro. Cristo trae la paz y la confianza. Con ellas en nuestro corazón, oramos.

Comunión. Reconocer al Señor en el pan y en los hermanos: era una de las conclusiones del evangelio. Buscar la unidad en la comunidad: era una conclusión de la primera lectura. Comunión en fraternidad: es la conclusión de quienes recibimos a Cristo en su pan.

Poscomunión. Oremos. Después de recibir los santos misterios, te pedimos, Señor, que la Eucaristía, celebrada como memorial de tu Hijo, nos haga progresar en el amor. Por JNS.

Despedida. Después de la Eucaristía, la vida. Tras la comunión con Cristo, la comunión con los hermanos. Que superemos las discrepancias, que aliviemos tensiones, que contribuyamos a vivir la paz del Señor en el ambiente en que nos desenvolvamos.
 

 

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