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DOMINGO, EL DIA DEL SEÑOR

 

 

COMENTARIOS SOBRE EL EVANGELIO DEL DOMINGO

PEDRO MARI ZALBIDE

 

10 Domingo Ordinario

11 Domingo

Natividad de San Juan Bautista

 

 

 

10 de Junio de 2018

10º Domingo T.O. Mc 3,20-35

¿QUE QUIERE DIOS DE MI?



El pasaje evangélico de hoy nos presenta, en primer lugar, una desfachatez por parte de unos maestros de la Ley, que pretendían tildar a Jesús de loco, asegurando que actuaba poseído por el diablo y que por eso tenía poder de expulsar demonios. Pero el Mesías, una vez más, les tapó la boca con rapidez y elegancia.
"¿Cómo puede Satanás -les dijo- expulsar a Satanás?". Y se callaron inmediatamente.

Solucionada la impertinencia, el evangelista cambia de escenario. Resulta que María, la madre de Jesús, deseosa de conocer las andanzas de su hijo, solía de vez en cuando introducirse hábilmente, como auténtico polizón, entre la muchedumbre del auditorio al que se dirigía el fruto de sus entrañas. Y hoy tiene lugar una de estas operaciones...
Le pasan el aviso: "Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y te buscan". Y la contestación de Jesús fue ésta: "¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?" Y, mirando a su alrededor, añadió: "Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre".

La pregunta obvia es ésta:
"¿Cuál es la voluntad de Dios?". Una vez más, me encuentro perplejo y como tanteando a ciegas. ¿Quién soy yo, un pobre ser humano, para tratar de asimilar y definir la esencia de todo un Dios? Sin embargo, salvando la distancia, y apoyado en las enseñanzas de Jesús, me atrevo a delinear una aproximación, más o menos verosímil, de lo que Dios quiere y espera de nosotros.

En primer lugar, Dios desea que nos sintamos hermanos, que nos amemos, nos respetemos y nos ayudemos unos a otros. Y ello exige por nuestra parte una actitud de solidaridad y colaboración, un corazón despejado donde resplandezca la disponibilidad y quede pulverizado, destruido;
cualquier atisbo de odio, venganza o rencor. Las guerras, las enemistades, los malos quereres no entran en el diccionario de Dios.

Otro lote de manifestaciones de la voluntad de Dios reside en el extenso campo de los valores humanos y cristianos que se nos inculcaron desde nuestra más tierna infancia: el aprecio de la vida, la fidelidad a la verdad, el celo por la justicia, la maravillosa joya de la paz, la generosidad, el desprendimiento, la responsabilidad, la cordura, la amabilidad, el encanto de la sonrisa...

Y en tercer lugar,
apoyados en las enseñanzas y conducta de Jesús, podemos adivinar otro perfil de la voluntad de Dios. Me vienen al recuerdo actitudes y actividades del Nazareno: el gesto de tristeza que se dibujaba en su rostro al contemplar la pobreza, seres humanos con hambre, con enfermedades, hundidos en la soledad, sedientos de amor y de felicidad; y multiplicó panes y peces, curó enfermos y ofreció puñados de comprensión y felicidad... A ello hay que añadir: la ternura y delicadeza con que trató a la mujer apedreada por haber sido sorprendida en adulterio, la actitud cariñosa con que acogía a los pecadores, la pena que le dio la indecisión del joven rico, la veneración que derrochaba ante los niños... Y otras pautas de conducta, consejos y recomendaciones: el amor al enemigo, la necesidad de perdonar a quien nos ha ofendido, la corrección fraterna, la fidelidad al Pastor manifestada en la finura de oído para captar su silbido, el "dar juego" a los denarios recibidos a fin de que reporten intereses, el no parecernos a la higuera perezosa que se negaba a dar fruto...

Con todo este bagaje de sugerencias y recomendaciones, nos preguntamos desde la desnudez de la sinceridad:
¿Qué quiere Dios de mí? Y la respuesta la encontramos en algunos de los personajes. del Antiguo Testamento: "Habla, Señor, que tu siervo escucha", "Señor, ¿me has llamado? ¿qué quieres que yo haga?", "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad".

 




11 domingo T.O.

LA LUPA MÁGICA



En un pueblo de Málaga visité en una ocasión el taller de un miniaturista que, con su santa paciencia, reproducía imágenes y textos a una escala tan sumamente reducida que, para contemplar sus figuras o leer sus escritos, era necesario servirse de una potente lupa que agrandaba y hacía crecer el producto, culminando así su "milagro".

Yo siempre he admirado a las personas que, con su esfuerzo y constancia, han conseguido alcanzar puestos relevantes en la sociedad. Jóvenes adolescentes que ingresaron en un banco ocupando el modesto rango de "botones" y que luego ascendieron hasta ser directores de la susodicha entidad bancaria. Aprendices de un oficio que comenzaron de "pinches" en su lugar de trabajo y que, después de los años, lograron ocupar altos cargos en la empresa... Todo lo grande sólo merece la pena cuando se consigue desde la sencillez de las realidades pequeñas, desde la insignificancia de los detalles cuidadosamente aprovechados. Y es que el esfuerzo y el tesón son la lupa milagrosa que agranda y vuelve admirables las cosas más nimias.

¿Hay algo más insignificante que la pequeñez de una semilla?
Y sin embargo, mirad por dónde, Jesús hoy compara el reino de Dios con la sencillez de una semilla que germina y crece hasta producir su fruto. Concretamente utiliza el símil de un grano de mostaza: "Al sembrarlo es la semilla más pequeña pero, una vez sembrada, crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que, a su sombra, anidan los pájaros.

Jesús, con este símil, nos invita encarecidamente a que cuidemos los detalles más insignificantes, sin soñar con la vanidosa tentación de ser héroes de la santidad, sino conformándonos con ejercer de modestos peones en el oficio de hacer el bien. En la vida, muchas veces, una sonrisa a tiempo, un gesto amable, una palmada en la espalda sin articular palabra alguna... convencen más que mil sermones pronunciados con una exquisita oratoria. No se trata de halagar el oído de nadie, sino de introducirse delicadamente en el corazón de cada uno.

Esto me lleva a improvisar una colección de pequeños detalles que podrían sugerirnos pautas de conducta interesantes: visitar a un enfermo, consolar a quien está triste ayudándole a salir del cuarto oscuro de la soledad, orientar a quien ha perdido la brújula, socorrer al necesitado, sembrar alegría donde hallemos pesimismo y desesperanza, acompañar en silencio a la familia que ha sufrido una desgracia grave no esperada, colaborar mediante un voluntariado o de cualquiera otra forma con alguna institución benéfico-social...
son pequeñas semillas que pueden fructificar y contribuir a la constracción del reino, el gran "árbol" de Dios según la predicción de Jesús.

No me cabe duda de que nuestro Padre del cielo toma buena nota de todos estos gestos y atenciones y nos los premiará con creces... Y es que Dios posee la lupa misteriosa que agranda nuestras miniaturas, nuestras modestas buenas acciones convirtiéndolas en algo maravilloso, y hace que, incluso cuando estamos dormidos, el grano de mostaza germine hasta convertirse en un árbol frondoso en cuyas ramas anidarán los pajarillos de la alegría, el descanso y la felicidad consumada. Y ello con carácter incombustible. Sin apagarse nunca... Para siempre.

 

 

 

24 de Junio de 2018

Natividad de San Juan Bautista

Lc 1,57-68.80

ACTORES DE REPARTO



En cualquier espectáculo teatral se dan cita diversos actores que encarnan diferentes y variados personajes, cada uno cumpliendo con su misión. Nos encontramos en primer lugar con la figura estelar del espectáculo, el o la protagonista que despierta en nosotros el interés y la atención, observando minuciosamente todos sus movimientos, su parlamento, su dicción, su fidelidad al personaje encomendado... Y luego, el resto del elenco se ocupa en representar con mesura a los diferentes personajes; éstos, aparentemente de menor importancia, están sin embargo llamados a guardar un equilibrio cabal para dar vida a su personaje sin excederse, midiendo escrupulosamente sus gestos, el tono de voz..., al objeto de no hacer sombra y obstaculizar a la figura estelar; estos actores reciben el nombre de "secundarios" o "actores de reparto".

Hoy celebramos la fiesta del nacimiento de san Juan Bautista, hijo de Isabel y Zacarías, pariente allegado de Jesús y su precursor, encargado de preparar al pueblo para recibir al Mesías. Es curioso que ambos primos se mantuvieran en silencio hasta cumplir los treinta años. Supongo que en todo ese tiempo hablarían, se comunicarían, ahondarían en el proyecto de salvación... Sin embargo, estas conversaciones no aparecen en absoluto en los evangelios. Al parecer, los dos primos optaron por el silencio, la observación discreta, el anonimato. Cumplido el tiempo, se levantó el telón de la representación. Multitud de personajes: Jesús, la figura estelar. El resto del elenco lo formarían: María y José, san Juan Bautista, los doce apóstoles, los pobres, los enfermos, los marginados de la sociedad...

San Juan Bautista es uno de los actores secundarios, "de reparto", en la representación escénica de nuestra salvación, pero sin duda enormemente importante y transcendente en el comienzo de la vida pública de Jesús, lo que significa que su papel era de los más difíciles de encarnar, ya que debía ser prudente, discreto, situado en la sombra pero de gran eficacia y responsabilidad. Se le verá, preferentemente, predicando la conversión y luego aparecerá bautizando a su pariente el Mesías. El resto fue todo silencio, ausencia, discreción absoluta.

Al predicar la conversión, los evangelistas ponen de relieve su austeridad, su sencillez, su conciencia de considerarse tan sólo el precursor de quien era más grande que él, y a quien no era digno desatarle la correa de las sandalias. Fueron sus tres condiciones más significativas: austeridad de vida, humildad ejemplar en su delicada actuación, y firmeza constante en la preparación de los caminos pada recibir al Salvador.

No cabe duda de que las vidas de los santos son para nosotros "señales de tráfico" que nos orientan en nuestro caminar. Conocemos al Jesús del evangelio, pero a la hora de poner en práctica sus enseñanzas, son de gran utilidad las actitudes, disposiciones y modo de ser y de vivir que tuvieron estos héroes de la santidad.
Y hoy san Juan Bautista nos da lecciones de austeridad de vida, nos incita a que nos convirtamos cada mañana y cada noche, y nos enseña la belleza que contiene la humildad, esa maravillosa virtud que nos conduce a la sencillez, al anonimato, a no hacer bulto innecesario en nuestras relaciones con los demás.

En la difícil representación del inicio de la vida pública de Jesús, el precursor nos ha dado lecciones de cómo los actores secundarios, "de reparto", que somos todos nosotros, hemos de actuar, medir nuestras palabras, administrar nuestros gestos, mimar nuestros silencios... para merecer los elogios y el aplauso del público, es decir, de todos cuantos conviven con nosotros.
 

 

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