QUIÉN ES JESÚS HOMBRE LIBRE (4)
 


Tal vez el rasgo más sorprendente de Jesús y el que más impacta a quien se acerca a El por vez primera es su libertad. Jesús es el hombre libre que no se deja atar por nada ni por nadie que trate de apartarlo de su misión. Basta observar cómo se mueve en el entorno social de su tiempo, escuchar sus palabras de fuego o verlo romper toda clase de prejuicios y costumbres para defender a los más desvalidos.

Jesús es libre frente a su propia familia. El se debe a su misión, no a sus familiares. No permite que los suyos lo subordinen a sus propios intereses. Cuando comienza su vida de profeta por los caminos de Galilea, su madre y sus parientes se lo quieren llevar de nuevo a casa pues piensan que está "loco". La reacción de Jesús es firme: ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?' "El que cumple la voluntad de Dios ése es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Mc. 3,34-35). Jesús está pensando en otra gran familia, más allá de la familia de la sangre, en la que todos se sientan hermanos y hermanas pues son hijos de Dios.

Jesús no se deja tampoco manipular por el círculo, de sus discípulos y seguidores. Comparte con ellos su vida pero no cede ante su cerrazón o sus presiones. Cuando Pedro, su mejor amigo, quiere apartarlo de su misión invitándole a evitar la cruz, Jesús reacciona con un duro reproche: "Apártate de mí, Satanás, porque tus pensamientos no son los de Dios" (Mc. 8,33).

Jesús sabe también enfrentarse a los escribas de la Ley, la clase de mayor prestigio moral y religioso en aquella sociedad. Discute continuamente con ellos pues interpretan la Ley según conveniencias sociales y lo deciden todo desde una visión legalista de Dios y de la vida, olvidando a los pequeños, los ignorantes, los débiles. Jesús los critica porque "atan cargas pesadas insoportables" sobre la gente pero "ellos no mueven un dedo para llevarlas" (Mt. 23,4). Como señala CH. Duquoc con toda razón, "la rebeldía de Jesús contra los maestros de la Ley es una rebeldía a favor de los pequeños". Jesús se les enfrenta para anunciar a todos que Dios no es el tirano de la ley sino un Padre que sólo sabe amar y perdonar.

Jesús es totalmente libre frente al poder político. Como habitante de Galilea, Jesús fue durante toda su vida súbdito de Heredes Antipas, un hombre cruel y arbitrario que mantuvo su poder eliminando uno tras otro a sus adversarios. En cierta ocasión alertan a Jesús porque Herodes, que ha ejecutado ya al Bautista, quiere matarlo también a El. Jesús no se acobarda: "Id y decid a ese zorro... que hoy, mañana y pasado tengo que continuar mi viaje." (Lc. 13, 32-33).

Cuando al final cae en manos de la autoridad romana, no suaviza sus palabras ni modifica su lenguaje. No se pliega a lo que desean de El. Pilato le advierte de que tiene autoridad para crucificarlo, Jesús le responde con total serenidad: "No tendrías contra mí ningún poder si no se te hubiera dado desde arriba" (Jn. 19,11). Nadie puede dudar de que Jesús se mantuvo "libre frente al stablishment político-religioso" (Hans Küng).

Por eso, es también manifiesta la libertad de Jesús frente al Sanedrín de Jerusalén, órgano central de gobierno en el pueblo israelita donde estaban representadas todas las fuerzas de la sociedad judía. No cede ante las presiones de la alta nobleza sacerdotal ni ante la ideología conservadora de los aristócratas saduceos ni ante las maquinaciones de los juristas fariseos. Jesús mantiene con firmeza su vida súbdito de Heredes Antipas, un hombre cruel y arbitrario que mantuvo su poder eliminando uno tras otro a sus adversarios. En cierta ocasión alertan a Jesús porque Herodes, que ha ejecutado ya al Bautista, quiere matarlo también a El. Jesús no se acobarda: "Id y decid a ese zorro... que hoy, mañana y pasado tengo que continuar mi viaje." (Lc. 13, 32-33).

Cuando «al final cae en manos de la autoridad romana, no suaviza sus palabras ni modifica su lenguaje. No se pliega a lo que desean de El. Pilato le advierte de que tiene autoridad para crucificarlo, Jesús le responde con total serenidad: "No tendrías contra mí ningún poder si no se te hubiera dado desde arriba" (Jn. 19,11). Nadie puede dudar de que Jesús se mantuvo "libre frente al stablishment político-religioso" (Hans Küng).

Por eso, es también manifiesta la libertad de Jesús frente al Sanedrín de Jerusalén, órgano central de gobierno en el pueblo israelita donde estaban representadas todas las fuerzas de la sociedad judía. No cede ante las presiones de la alta nobleza sacerdotal ni ante la ideología conservadora de los aristócratas saduceos ni ante las maquinaciones de los juristas fariseos. Jesús mantiene con firmeza su posición aunque el sumo sacerdote "se desgarre la túnica" y todos lo declaren "blasfemo" (Mc. 14, 6364).

Esta es la conclusión de quienes estudian la trayectoria de Jesús; aunque pueda sorprendernos, Jesús no aparece vinculado a la ideología de ningún grupo determinado (fariseos, saduceos), ni de ninguna profesión (rabí, sacerdote), ni de una clase social (aristócrata,. burguesa, proletaria), ni de una minoría (esenios, círculos apocalípticos). Jesús resulta inasible, inclasificable, libre. Esta libertad frente a todas las ideologías tiene su raíz en la libertad que vive frente a la Ley de la que derivan, de alguna manera, todas las corrientes ideológicas de la sociedad judía.

El prestigioso exégeta Ernest Kasemann, que ha subrayado como pocos la libertad de Jesús, señala que encontramos en El esta libertad "porque, en nombre de Dios y con la fuerza del Espíritu Santo interpretó y midió, a partir del amor, a Moisés, a la Escritura y al dogma, y con ello permitió a los hombres piadosos que sigan siendo humanos".